¡¿Andrés con vestido?!

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Summary

-Un juego estupido. -Un vestido robado. -Una peluca mal puesta. Quién diría que darían como resultado a la chica de la cual me enamoré. El problema es que "ella" es Andrés, ¡mi mejor amigo! (inspirada en "Andrew in Drag")

Genre
Lgbtq/Drama
Author
nefefeli
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
13+

Única parte

Puedo decir que cacho al Andrés desde que éramos guaguas, ya que nuestros padres eran amigos y nacimos con siete días de diferencia. Desde esos días a estos, puedo decir que él fue y es mi mejor amigo.

Durante estos 16 años junto a él, aprendí lo que le gustaba y lo que no.

​La primera vez que vi llorar a Andrés ya siendo adolescente, fue cuando escuchamos una canción que le dedicó a su ex de ese entonces, se llamaba Alicia. A ella le gustaban las canciones que la incitaban a bailar. Le terminó porque el wn de mi amigo bailaba como el pico, era terrible malo.

​Yo sigo sin entenderlo. He tenido pololas y a todas les he dedicado canciones para conquistarlas, pero cada vez que escuchaba esas canciones, no sentía ni pena ni nostalgia. Me daba lo mismo, igual que terminar con ellas. Mis relaciones duraban algunos meses y a mi corta edad cambiaba de mujer como cambiar un cepillo de dientes.

​Hoy es un nuevo día. Iba a juntarme con Andrés, dijo que tenía algo planeado, pero que no me diría hasta que llegara a mi casa. Estaba curioso por lo que tenía planeado, ya que siempre resultaba en un desastre, pero tengo que admitir que siempre lo pasamos bacán.

​Me puse a escuchar SOAD para animarme y cuando ya iba por la cuarta canción, siento que alguien toca la puerta de mi pieza.

​—Pasa —digo mientras bajo el volumen de la música.

​La persona que entra es Andrés, vestía una camisa y unos short baggy. Su pelo azabache, como siempre, estaba desordenado, ya que él ni porque sea el fin del mundo se arregla esa weá de pelo. Llevaba unas zapatillas Converse de las típicas con caña alta y me percaté que tenía un bolso deportivo colgado en su hombro izquierdo.

​—¡Hola! ¿Qué traí ahí? —dije mientras nos dábamos nuestro típico saludo de manos.

​Al cachar que mencionaba su bolso, me da una sonrisa, la típica de que se traía algo entre manos.

​—Esto —señala mientras abría la bolsa—. Es lo que haremos hoy.

​Da vuelta el bolso y cae lo que había adentro: era ropa... ¿de mujer?

​—¿Un vestido? ¿Qué onda? ¿Qué haremos con eso? ¿De dónde la sacaste esa weá? N —Andrés me silencia.

​—Shhh... Es de mi hermana, vino por las vacaciones de verano. Está recién lavado y secado, solo nos faltaría una peluca.

​Andrés tenía dos hermanas, una mayor y una menor. Su hermana mayor ya está en la U y viene todas las veces que puede de vuelta a la ciudad.

​—Tenía pensado pedirle una prestada a tu hermana.

​Yo tengo una hermana mayor que ya salió de la U. Ella en sus tiempos libres es cosplayer, así que demás tiene una peluca, pero la cosa es ver si nos la presta.

​—Tení suerte, mi hermana no está, así que podemos tomar una “prestada” antes de que llegue y así nadie va a cachar nada de nada.

​Andrés vuelve a sonreír.

​—Bacán po, pero... —Su sonrisa cambió a una más pícara—. ¿Quién será el que use el vestido?

​Yo lo miré con una cara de “¿Me estai weando?“.

​—Obvio que tú, tú fuiste el de la idea, así que tienes que hacerlo tú.

​—¡NAAAA! ¡NI CAGANDO! ¡HAGAMOS CACHIPÚN! —dice en forma de reclamo. Podía jurar que si no aceptaba, este se tiraría al suelo a hacer una pataleta.

​—Bueno, lo que tú digas, me da igual, pero debe ser al mejor de tres, si no, no juego.

​El juego consiste en que haríamos cachipún hasta ganar tres veces. Creí que sería fácil, pues estaba todo en la probabilidad, pero Andrés iba ganando 2 - 0. Yo estaba ansioso, realmente quería demostrar desinterés, pero tenía miedo de perder.

​Andrés suelta una carcajada de satisfacción.

​—Parece que vas a tener que vestirte tú, tranqui, tal vez no le diga a nadie.

​Yo bufé de frustración, pero mi cara cambió cuando el destino decidió favorecerme: ahora íbamos 2 - 2. Mis manos comenzaron a sudar y mi corazón se aceleró, no podía perder, de ninguna forma.

​—¡CA - CHI - PÚN! —gritó Andrés y revelamos nuestra decisión. Él había sacado tijeras y yo piedra.

​La felicidad en mí fue enorme, había ganado. Al final el que ríe último, ríe mejor. Pensé que Andrés se enojaría, pero cuando lo vi, su expresión era de total tranquilidad.

​—Bueno, perdí —dice mientras pone su cabeza de forma cabizbaja en forma de juego—. Me vestiré si tú vas a buscar la peluca, así que rápido, partiste a buscarla.

​Hice una señal de que capté la misión al estilo militar y salí de mi pieza. Entré a la de mi hermana. Era una pieza de color melocotón, decorada con dibujos, notas, patrones de diseños de sus cosplays y el olor de su perfume de frutilla se podía distinguir en el ambiente. Traginé por todos lados y no encontré ninguna peluca, aparte de la que pude ver a primera vista; es una que estaba en un maniquí. Debatí mentalmente si llevarla o no, pero el grito de Andrés llamándome me hizo tomarla de una.

​Era una peluca larga, podría llegar como a la cintura, era lisa, tenía una chasquilla que podía llegar hasta un poco arriba de las cejas y de color negro, como el cabello de Andrés. Llegué a mi pieza y le tiré la peluca. Me dijo que me tapara los ojos y me diera vuelta. Yo solo acaté y esperé a que me diera nuevas órdenes.

​Realmente no podía ver a Andrés vestido de mujer, no me lo imaginaba por más que me planteaba la situación. Además, ¿por qué estamos en esta situación tan tonta? No sé por qué acepté... Quizás una parte de mí quería ver lo que ocurriría al final.

​—¡YA! Te puedes dar vuelta y ver.

​Suspiré para calmar los nervios que me quedan por jugar al cachipún, me giré, abrí los ojos y lo vi.

​—¡Chachán! ¿Qué tal me veo? —dijo mientras hacía poses como modelo de revista, pero de forma exagerada.

​Yo solo podía verlo con la boca abierta. Me pellizqué para ver si la persona que estaba viendo era realmente mi mejor amigo. «Puta la weá» pensé. Realmente esa peluca le quedaba bacán, a pesar de que no esté tan bien puesta, y ni hablar de ese vestido, que aunque le quedara grande de pecho, realmente lo hacía ver lindo.

​—¡Yapo, dime cómo me veo! —exigió.

​—Te ves... muy bien —al decir lo último intenté dibujar una sonrisa en mi rostro en forma de aprobación, pero no podía. Aún sigo con elshockde verlo así. Además, tenía miedo que con una sola sonrisa delate los nuevos sentimientos que acababa de surgir dentro de mí.

​—Parece que sí, desde aquí puedo ver que se te cae la baba weon —hace una pose cubriéndose el pecho con los brazos—. Hermano, será mejor que dejes de verme así o pensaré que tienes otras intenciones conmigo.

​—Cállate un siglo —le digo lo más “enojado” que puedo sonar en este momento—. Solo dije que te veías bonito nomáh.

​Andrés ríe y se acerca a abrazarme.

​—Ya, ya, no te enojes, oye. Mejor vayamos a la pieza de tu hermana a buscar más ropa.

​Y como si esa fuera la idea más brillante que se le hubiera podido imaginar. Moví la cabeza en forma de aceptación y cuando estábamos abriendo la puerta de la pieza, nos encontramos con una versión enojada de mi hermana.

​—¡CON QUE USTEDES TOMARON MI PELUCA! —inmediatamente después de decir eso, nos agarra de las orejas y nos jala hasta su cuarto. Chuchadas salían de su boca igual a un dragón escupiendo fuego.

​Como perros retados, nos sentamos en su cama para recibir el sermón de nuestra vida. Pero su rostro de enojo cambió cuando vio la maravilla de Andrés con vestido.

​—¿Andrés? ¿Eres tú?

​Él asiente.

​—Sí... sí soy yo —dice chillando.

​Mi hermana ríe y nosotros la vemos confundidos.

​—¿Pero por qué estás vestido así? tení la peluca mal puesta y despeinada.

​Él niega.

​—Solo era como juego, así que no importa cómo esté la peluca —los dos asentimos: él con determinación a que le creyeran y yo solo en forma de “es broma, pero si quieres no es broma”.

​—Mmm, bueno ya que me arruinaron la peluca y la tendré que peinar de nuevo más tarde... decidí que los voy a perdonar si Andrés se deja maquillar.

​—¿Qué? —dijimos al unísono.

​Yo estaba a punto de negarme. Si bien era algo que quería ver, no podía obligarlo a hacer; no me lo perdonaría nunca si él llegase a sentirse mal por eso.

​—Bueno, está bien —dijo malhumorado.

​—Pero Andrés, ¡¿Cómo se te ocurre decirle que sí?!

​Él me mira y me guiña un ojo.

​—Tranqui, si esto nos libra de un castigo peor, está bien.

​—¡PERFECTO! Te dejaré muy bonita, Andrés —la felicidad de mi hermana nos asustaba, y más por esa sonrisa espeluznante que tenía en la cara.

​Antes de maquillar a Andrés, mi hermana me saca de la pieza.

​—Tú no puedes ver, será una sorpresa.

​Y antes de que pudiera decir algo, cierra la puerta.

​No me quedó más que irme al living a ver la tele y esperar a que ellos terminaran de hacer lo que sea que hicieran.

​Realmente no podía centrarme en lo que decían en la tele. Mi mente no podía dejar de ver a Andrés en aquel vestido y aunque fuera un vestido blanco simple, le quedaba muy bien.

​Me hizo sentir algo que no había sentido con ninguna otra chica. Según mi mamá era algo que iba descubriéndose con la edad y que aún era cauro para entenderlo, pero veo que ahora no. ¿Estaré loco?

​Realmente no me gusta esto, de que un chico se vista como mujer, pero verlo a él así, me deja completamente desquiciado, pero una forma buena.

​Es injusto que él sea hombre. Apuesto a que si Andrés fuera mujer, sería el amor de mi vida. Dejaría de ser un pendejo con las mujeres con tal de poder estar con él... o en este caso hipotético, estar con ella.

​Suspiro estresado, debo estar terriblemente enfermo para pensar en eso...

​En eso siento las pisadas de que están bajando las escaleras. Pongo atención a la tele para fingir desinterés. Veo lo que estaban dando y era un canal de televentas, decidí mejor apagarlo.

​—¡YAAA ESTÁ! —dice mi hermana en un tono cantado—. Déjame presentarte a la más linda de todas... ¡Andrés!

​Yo estaba por mostrar mi mejor expresión de “me da igual”, pero al verlo me dejó con el hocico abierto. Loco... era la “mina” más bonita que había visto.

​Fue tal cual película romántica en la cual el tiempo se detiene y me permitía ver atentamente a Andrés. Es impresionante lo que puede hacer un poco de maquillaje en una cara que ya es bonita.

​—Lo dejé her - mo - so. Estoy feliz con mi trabajo —lo dijo con un tono de satisfacción y superioridad.

​Andrés solo reía tímidamente, como una señorita. Se acomodó el flequillo y se puso un mechón de cabello en la oreja.

​Por mi parte seguía impactado. Ese labial rosado, medio transparente le quedaba genial en sus labios... me pregunto si me dejaría saborearlo. Además de que hasta esta distancia podía sentir el olor a perfume de frutilla de mi hermana. Lo admito, lo odiaba por empalagoso, pero los podía tolerar si venía de Andrés.

​—¿Y? ¿Qué te parece? —dice Andrés con un tono dulce y coqueto.

​—Pareces... —no, él no podía saber lo que realmente pensaba—.Un completo maricón.

​Sentí un poco de alivio al decir eso, pero podía sentir cómo una punzada aumentaba en mi pecho.

​Por otra parte, lo que dije hizo que Andrés se largara a reír. Mi hermana, por el contrario, se enoja y agarra una de sus chalas y me la lanza en la cara sin que yo pueda esquivar.

​—¡Cállate, cauro culiao! Estamos en un siglo actualizado, fíjate. Si tienes ese pensamiento, cámbiate a las cavernas, simio.

​—Tranqui, Cami —Andrés intenta tranquilizarla—. Si esto es un juego nomás. Realmente no me gusta esto y en verdad había traído este vestido pensando en que tu hermano se lo pondría, pero perdí yo en esa weá de juego.

​—¡Pero Andrés! Te vi entero mina, deberías considerarlo —mi hermana le dice en tono de súplica.

​—Naaaa, no es lo mío. Sé que me veo regio y voltearía algún wn, pero este no es mi estilo.

​Y tenía razón, ya me volteó a mí, en un segundo; podría tener a quien quiera si se lo propone.

​Después de eso, subimos de nuevo a la pieza de mi hermana. Estuvimos un buen tiempo socializando y la Cami aprovechó de hacer una sesión de fotos a Andrés, que seguía con el vestido, y yo seguía totalmente embobado pensando en cómo robarle un beso.

​Para cuando llegaron mis papás, Andrés ya se había desmaquillado y quitado el vestido. Se puso su camisa, su short y sus zapatillas.

​Estábamos tomando once cuando a Andrés le llegó un mensaje de su hermana, la cual estaba muy molesta porque uno de sus vestidos había desaparecido. Supo que él fue el que se lo había robado porque su hermana menor lo delató.

​Así que comió rápido y partió a su casa. Su hermana le había dado un tiempo límite para llegar o si no pagaría las consecuencias.

​Por mi lado, solo pasaron las horas hasta que me tuve que acostar. Solo podía pensar en Andrés con ese vestido, con esa peluca, con ese labial y con el delineador haciendo una combinación perfecta.

​«Dios, si es que existes, por favor haz que esta experiencia se repita. Si lo haces, pediré disculpas a todas las chicas que les hice mal, me convertiría en el mejor hijo y hermano, daría mi bicicleta y con el dinero ayudaría a alguien. Todo con tal de pasar el resto de mi vida con Andrés con vestido. Sé que fue como un juego, una forma de pasar el tiempo y pensé que sería divertido, pero para mí fue real, este sentimiento que tengo fue muy real. Así que por favor, Dios, por favor, hazlo realidad». Pensé antes de decir amén. No soy alguien muy religioso, todo lo contrario, pero si alguien está por acudir a mi petición, me volvería de su religión al instante.

​Me iba a dormir después de eso, pero me llega un mensaje. Fue mi hermana, eran las fotos que le sacó a Andrés acompañado de un mensaje. El mensaje decía que se había dado cuenta cómo miraba a Andrés esa tarde y que si realmente me gustaba, ella me apoyaría.

​No pude evitar sonreír por el recuerdo que aún estaba fresco en mi memoria y que duraría gracias a las fotos. A mi hermana le contesté con un “na que ver” y un emoji riendo. Cerré los ojos con el deseo de ver a Andrés con vestido otra vez.

​Pero ese día nunca llegó y ningún Dios acudió a mi petición. Pasaron los días, las semanas, los meses y los años. Para Andrés ya no existía ese recuerdo, pero para mí seguía estando más que vivo. Después de eso no tuve ninguna relación más, no me acosté con nadie más... no miré a nadie de la misma forma nunca más. Decidí ser soltero por la eternidad.

​Nunca más veré a esa chica, porque fue una simple broma. Es una pena que ella, de quien me enamoré y que nunca imaginé que extrañaría, ya no existiera, solo en fotos que llevo en el celular, porque al final de esto, el único maricón fui yo al ver a Andrés con vestido.