Capitulo 1
El día era lluvioso, los relámpagos retumbaban, haciendo que las paredes tiemblen muy poco. Las gotas de lluvia caían sin piedad, mientras que peleaban sin control alguno, tirándose en el suelo, intentando clavarse la navaja que tenian en la mano, nadie los detenía, nadie llamaba a la policía, así eran las cosas, buscar el lugar indicado para atacar, un callejón sin salida, terrenos baldíos, un hogar donde no había nada más que soledad y un olor profundo a abandono.
—¡MALDITO HIJO DE PUTA! — lo empujó con una fuerza brutal, haciendo que cayera al pavimento mojado. — ¿CREÉS QUE ACABARÁS CONMIGO? —le clavo la navaja en el costado de su abdomen.
Esté no se inmutó, frunció el ceño de manera muy sutil y junto la fuerza necesaria.
—¡Te voy a matar! — lo tiró hacia un lado, frunció el ceño, sintiendo como la sangre comenzaba a brotaba de su costado.
—¿Crees que puedes en ese estado? — pregunto incrédulo.
—He estado peor — se levantó tan rápido que aquel no pudo reaccionar. Lo tiró, y lo apuñaló, hundiendo gran parte del metal afilado.
—¡AHHH! — frunció el ceño de dolor.
—Puedo acabar contigo— sonrió — incluso puedo hacer que me ruegues para que te mate — clavo más la navaja.
—¡AHHH, JODER ! — apretó los dientes, lo empujó reuniendo la fuerza suficiente. Se levantó como pudo y empezó a meter y sacar la navaja en el mismo lugar donde ya había apuñalado.
Frunció el ceño, intentando alejar a aquel que lo apuñalaba con fuerza. Perdia sangre, su cuerpo se debilitaba, veía borroso. Pero aún así no se detenía.
—No puedes acabar conmigo — se paró con una mueca de dolor por las heridas.
—¡Te encontraré y te mataré hijo de perra! — se intento parar. Sus ojos se nublaron, los relámpagos y rayos se escuchaban lejanos.
Intentó pararse una vez más, fallando en el intento. Se tocó el costado donde salía líquido rojo, y se levantó como pudo. Cada vez perdía más sangre, buscaba con la mirada alguna señal, algo que le pudiera decir dónde se había ido, pero no había ningún rastro, solo unas cuantas gotas de sangre que se iban borrando por la lluvia.
Sus pies se debilitaban con los segundos, caminaba a paso lento, tambaleándose, solo tenía que llegar a su departamento, sanar sus heridas y seguir buscándolo hasta encontrarlo.
La lluvia no cesaba, seguía cayendo con fuerza, su cuerpo se debilitaba más con los segundos. Presionaba el costado donde salía sangre sin control, su mano yacía manchada de sangre, las gotas de agua que caían en su mano tomaban color de un rojo profundo.
Cayó al suelo en un golpe secó, intento pararse pero no pudo, su vista se nublo, la lluvia sonó lejana, y sin poder evitarlo, se quedó tirado en el suelo mojado, con la lluvia aún cayendo con fuerza.
Fue cerrando los ojos con lentitud, lo intentaba abrir, pero no podía. Se sentía frustrado porque nunca le había pasado eso, nunca había fallado.
Ahora estaba inconsciente, bajo la lluvia, nadie lo veía, nadie notaba su presencia. Nadie pasaba allí.
Todo estaba completamente solitario.
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Se acercó cauteloso, había mirando que había un chico tirado a mitad de una calle a la que nadie pasaba, se acercó un poco con la sombrilla en la mano, cubriendo su cuerpo de la gran tormenta.
—¿Estás bien? — checo su pulso.
El pulso era débil, pero aún estaba con vida, aquel suspiro aliviado.
—Llamare a una ambulancia — estaba por sacar su teléfono hasta que el chico lo tomo del brazo.
—Ni se te ocurra — advirtió. Tenia los ojos amenazantes, profundos.
—Pero estás herido — frunció el ceño sintiendo dolor en dónde estaba el agarré.
—No le llames a nadie — apretó el agarré hasta que sus nudillos estaban blancos.
—Me estás lastimado — hizo una mueca de dolor.
Esté soltó el agarré de manera brusca, se levantó y comenzó a caminar.
—Espera... — comenzó a seguirlo.
—¿Qué quieres? — lo miró con desdén.
—Déjame ayudarte... Soy enfermero — trato de explicar.
—No quiero — dejo de mirarlo, frunció el ceño al sentir el dolor en el costado de su abdomen.
—No diré nada, solo déjame ayudarte, no te haré daño...
—Crees que me importa si me quieres hacer daño — soltó una carcajada seca — Yo puedo hacerte más daño a ti.
—Solo quiero curar tus heridas...
—Puedo hacerlo solo.
Aquél chico no dejo de seguirlo, esté al darse cuenta volteó con esa mirada fría, profunda.
—¿Puedes dejar de seguirme? — pregunto con la voz irritada.
—Solo déjame curar tus heridas, estás grabé, tu pulso está débil.
Hubo un silencio, él sabía perfectamente que era cierto, miraba todo medio borroso, la voz suave y preocupada de aquel se escuchaba lejana.
Suspiro y asintió.
—Está bien — apretó el costado de su abdomen.
Esté al escuchar la respuesta se acercó de inmediato, paso una de sus manos por su hombro y puso una mano en la cintura de aquel chico.
Lo llevo a su auto y lo metio con sumo cuidado. Subió a su auto y tomo camino hacia su departamento.
Aquél miraba hacia la ventana, nuevamente se sentía más débil, sentía que sus ojos pesaban. Miró de reojo al chico que le había ayudado, el rostro de aquel se veía preocupado.
Se preguntó porque se preocupaba por alguien desconocido, alguien que no conocía.
Al llegar al departamento subieron de inmediato. Entraron y él se sentó en una de las sillas que se encontraba cerca.
—Iré por un botiquín — cerro la puerta y entro a una habitación. Segundos después salió con el botiquín.
Le fue desabotonado la camisa, mirando su torso trabajado. Noto que habían cicatrices en más partes de su cuerpo, miró el rostro de aquel y saco un algodón con alcohol.
Comenzó a curar sus heridas. Esté no hacía ningún ruido, ya estaba acostumbrado a ese tipo de dolores. Le era normal en su vida.
Al terminar vendo la herida, sin antes ponerle un medicamento y una gasa.
—Estarás mejor dentro de unos días — hablo con voz suave.
Kyehoon sin decir palabra alguna, se abotono la camisa y se dirigió hacia la entrada.
—¿Qué haces?
—Me voy — dijo como si fuera lo más normal del mundo.
—Pero...
—¿Ya hiciste lo que querías no? — lo miró.
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