Chapter 1
BROOKLYN
RUSIA
La noche estaba tan oscura que parecía tragarse el mundo entero, pero yo avanzaba como si la oscuridad fuera mi territorio natural. No vacilaba; no dudaba.
Mi cabello rizado bailaba con el viento frío, y mis ojos color miel —afilados, inquietos, calculadores— escaneaban cada rincón. Si algo intentaba sorprenderme, iba a fallar. Yo siempre veía primero.
La misión del día había sido catalogada como “fácil”. Había soltado una risa seca cuando me lo dijeron. Fácil no existía. No en mi mundo. Y esa noche me lo estaban confirmando.
Había llegado a un callejón sin salida, donde la persecución se había vuelto humo. Esos hombres se esfumaron como si hubieran tenido un mapa de las sombras. Eso me picaba el orgullo, y a mí no me gustaba perder ni un centímetro de control.
Ajustó mi pinganillo, refunfuñando para mí misma.
—Te escucho —dije, con un tono que no ocultaba mí molestia.
—Brooklyn, tienes que volver ahora. El auto ya va en camino —ordenó mí compañero. Él siempre sonaba nervioso cuando yo estaba irritada.
Yo fruncí los labios, haciendo un puchero que en cualquier otra persona sería adorable; pero en mí, era puro sarcasmo.
—Perfecto… —murmuré— Noche productiva.
El auto se parqueó a mí lado. Jack, el chófer, me saludó con su formalidad de siempre.
—Hola, Jack
—Hola, señorita Brooklyn
Yo levantó una ceja.
—Puedes decirme Brooklyn, no muerdo… casi nunca.
Él no respondió; Jack nunca sabía si yo bromeaba o hablaba en serio. Eso siempre me divertía.
Dentro del auto, abrí mi portátil. Mis dedos se movían rápidos, seguros, mientras revisaba las cámaras. Había visto miles de persecuciones, miles de huidas… pero la forma en la que esos hombres desaparecieron me incomodaban. Y a mí no me incomodaba casi nada.
—No tiene sentido —pensé en voz baja—. Nadie desaparece así sin dejar rastro.
Cuando el auto se detuvo frente a la agencia, Jack me anunció la llegada. Yo salí sin esperar a que él terminara la frase.
En la entrada, Rita la recepcionista me sonrió, nerviosa como siempre que yo llegaba con esa aura de “algo anda mal”.
—Buenas noches, Brooklyn.
—buenas noches, Rita—respondí mientras presionaba el botón del ascensor.
Las puertas se cerraron, reflejando mi rostro serio, elegante, con ese brillo peligroso en mis ojos.
El ascensor subió con ese zumbido grave que yo conocía demasiado bien. Al llegar al piso siete, las puertas se abrieron a un pasillo iluminado solo por luces blancas, frías, tan impersonales como la agencia misma.
A mí me gustaba así. El calor distrae; el frío obliga a pensar.
Al entrar a la sala de operaciones, mí compañero —Evan— levantó la vista del monitor. Siempre parecía más pequeño cuando yo llegaba en modo “no me jodas”.
—Llegaste más rápido de lo que pensé —dijo él, intentando sonar relajado.
Yo dejo caer mi mochila sobre la mesa metálica.
—Sí, bueno… cuando uno pierde a tres tipos que literalmente se esfuman frente a mis narices, la motivación para volver aumenta.
Evan tragó saliva.
—No te culpes. Eso le pasa a cualquiera.
Yo levanté la mirada, afilada.
—Evan, a mí no me pasa. Por eso quiero saber qué se me escapó.
Evan desvió la mirada, incómodo.
Yo no lo decía para presumir: era un hecho. Mí récord de misiones exitosas era el mejor de la agencia. Y por eso mismo, perderles la pista me hervía por dentro.
Me senté frente al monitor principal. Evan ya sabía lo que venía y me abrió espacio sin discutir. conecté mi portátil, y las imágenes de la persecución comenzaron a reproducirse en múltiples pantallas.
—Míralos —dije— Tres hombres, misma dirección, misma velocidad…
Me acerco más, entornando los ojos.
—Y aquí es donde todo se vuelve raro.
Los hombres entraban al callejón.
Tres segundos.
Cinco.
Ocho.
Y luego: nada.
Como si la noche los hubiera tragado.
Evan soltó un suspiro débil.
—Tal vez conocían algún túnel…
—No hay túneles —respondí—. No en esa zona. Ya la revisé entera hace meses.
—Entonces… ¿qué hicieron?
Me incliné hacia atrás, cruzando los brazos.
—Eso es lo que estoy aquí para averiguar.
La gente cree que trabajar en la oscuridad te acostumbra a ella. No es cierto. La oscuridad nunca se vuelve cómoda; solo aprendes a caminar dentro de ella sin tropezarte.
Aprendes a escuchar cuando todos callan, a ver lo que otros pasan por alto.
Y cuando algo no encaja… lo sientes en los huesos.
Mí tono no era de frustración, sino de desafío.
Yo no huía de los misterios; los perseguía.
Y este… olía a problema grande.
—————————————————————
Al otro lado de la ciudad. Caminaba por un pasillo privado dentro de un edificio donde nadie entraba sin permiso.
Mí presencia llenaba el lugar incluso cuando no decía una palabra.
Llevaba una camisa negra remangada hasta los antebrazos y mí cabello azabache aún húmedo, como si acabara de salir de una ducha rápida después de una noche… complicada.
Uno de mis hombre se me acercó.
—Señor Hawthorne —dijo con cautela— Una agente se cruzó con la operación….Ya confirmamos que no alcanzó a ver nada.
Apoyé los dedos sobre la mesa, relajado, casi indiferente.
—Nombre—Ordené.
—Brooklyn Benedict, señor. Agente de investigación. Muy buena —respondió el hombre.
Exhalé suavemente; en otro hombre habría sido una risa
—Brooklyn...—repito el nombre, saboreándolo en mi acento ruso, firme y profundo.
—manténla vigilada– Ordené con un tono desinteresado, como si el asunto apenas valiera mi tiempo.
Él asintió en silencio y salió, el silencio volvió a llenar la oficina. Permanecí unos segundos inmóvil, mirando la mesa como si ya hubiera pasado a otro asunto mucho más importante.
Acomodé el reloj en mi muñeca y retomé los documentos frente a mí. Tenía operaciones que sí requerían mí atención, amenazas reales, no una agente que había tenido la mala suerte de cruzarse en el lugar equivocado.
Para mí, esa tal Brooklyn no era más que una coincidencia irrelevante en una noche rutinaria. Sin talento suficiente para descubrir lo que de verdad importaba. Sin capacidad para acercarse a su mundo.
POR FAVOR VOTEN🙏