Clases y amistades
¡Vamos rápido al colegio! —dijo la hermana.
—Ya, ya voy —respondió Leynad.
Eran las 6:15 y estaban desayunando con mucha rapidez, porque recordaron que hoy había formación.
—Listo, vamos al colegio —dijo la hermana muy apurada.
Se agarraron de la mano y salieron desde el pueblo Mesones Muro, corriendo hacia la pista para dirigirse al colegio.
Llegaron justo cuando iniciaba la formación. Se soltaron de las manos y Leynad se dirigió a la tercera fila, donde estaba Marde: una chica pequeña, buena estudiante y alcaldesa del colegio. Era aparentemente alegre y feliz, aunque guardaba ciertos misterios detrás de su sonrisa. La saludó, ella respondió el saludo, y conversaron sobre su mañana hasta que acabó la formación.
Luego llegó su profesor de matemática, un señor mayor de unos 40 años. Entró al aula y empezó a dictar la clase sobre ecuaciones lineales. Leynad se sentaba frente a Reylek y le preguntó si había traído “los dos grandes”. Él respondió que sí. Los “dos grandes” eran una calculadora antigua de botones grandes; todos se reían por el nombre y siempre trataban de ocultarla del profesor.
Cuando terminó la clase, Leynad conversó con Marde, que se veía feliz como siempre.
—¿Cómo te fue con tu enamorado? ¿Conversaron o se pelearon? —preguntó Leynad.
—Sí, me fue bien. ¿Y a ti, Fergie? —respondió Marde.
—También me fue bien. Hoy en la hora de almuerzo voy a hablar con él —dijo Leynad.
—Oye, por cierto… ¿todo bien con lo… ya sabes?
—Sí, todo bien. No te preocupes, no va a arruinar mi plan.
Mientras hablaba, a Leynad se le cayó una lágrima.
—Bueno, si tú lo dices. Recuerda que para cualquier cosa aquí estoy. Yo te apoyo. No te sientas mal, sé fuerte. Además, si yo no estoy, estará tu enamorado… aunque no me da buena espina —dijo Marde.
—Sí, ok —respondió Leynad.
Luego llegó la profesora Mari y entregó unos textos para responder preguntas. Tocó el timbre y Marde seguía sentada junto a Leynad. Eran como dos hormigas: siempre confiaban la una en la otra, como dos sabios compartiendo su conocimiento. Se apoyaban cuando una estaba triste.
Después, Leynad fue al aula de quinto donde estaba su mejor amiga Salomé, una chica de diecisiete años de sonrisa aparente. Conversaron:
—Hola, Salomé, ¿cómo amaneciste?
—Bien, ¿y tú?
—También. ¿Y Libertad?
—Durmiendo, creo.
—¿Qué? ¿No durmió anoche?
—No, estuvo haciendo su tarea hasta muy tarde.
—Jajaja. Oye, una pregunta…
—¿Qué cosa?
—¿Es cierto que tu ex…?
—No me hables de eso. No quiero saber nada. Él me terminó sin motivo. Seguro ya estaba buscando a alguien más y por eso me dejó.
—Perdón, no volverá a pasar. Pero no debes ponerte así. Puede que él ya no te quiera, pero llegará alguien mejor que te dé lo que tú mereces: amor de verdad.
Salomé era su mejor amiga porque siempre encontraban formas de hacerse reír y cubrir sus tristezas con bromas.
Cuando terminó el recreo, Leynad volvió a tercero. En clase de awajún, el profesor habló sobre cómo funcionaban las preposiciones en esa lengua. Mientras lo escuchaba, recordó que debía hablar con su enamorada, con quien llevaba dos días sin conversar.
En la hora de almuerzo, Leynad fue con Reylek al aula de cuarto para ver a Dukap, su mejor amiga, una chica de dieciséis años, de cabello rizado y personalidad un poco inmadura pero seria cuando era necesario. Reylek, su enamorado, la acompañaba.
Después, Leynad se despidió de Dukap y fue a segundo grado para buscar a Fergie. Salieron a conversar:
—¿Cómo amaneciste, Fergie?
—Bien.
—¿Qué soñaste anoche?
—Soñé contigo, Leynad.
Él se quedó pensando y respondió:
—Ah, ok… gracias. Espera un momento.
Se detuvieron en una esquina y Leynad tomó su mano. Notó en su muñeca unas marcas que le preocuparon.
—Fergie… en serio, cuídate. ¿Por qué tienes esto?
—No sé…
—Si necesitas hablar, estoy aquí. No quiero que te pase nada.
—Ok, no te preocupes —respondió ella.
Leynad la abrazó y ella aceptó el abrazo.
Siguieron conversando mientras iban al baño. Se contaron sobre Imaptin y Alberto, y rieron un poco. Antes de irse, Leynad le recordó:
—No le diré nada a Imaptin, pero prométeme que te vas a cuidar.
—Sí, está bien.
Terminó la hora de almuerzo, se dieron un beso en la mejilla y cada uno volvió a su aula.
—Hasta luego, mi “Saketín”.
—Ok, mi “Shimptín”.
Ya en clase, Reylek llegó después de despedirse de Dukap. Conversaron:
—¿Y mano, cómo te fue con tu enamorada?
—Bien, mano. Hoy le di su abrazo de recuerdo en el baño. ¿Y tú?
—Yo solo hablé nomás. Estaba un poco molesto.
—¿Por qué?
—Nada, cosas nomás.
Leynad no quería contarle a Reylek lo que había visto porque temía que fueran a dirección.
La tutora, la profesora de CyT, llegó al aula y saludó a todos. Escribió “TABLA PERIÓDICA” en la pizarra y explicó cómo se organizaba. Leynad anotó lo más importante en su agenda, igual que Marde. Algunos alumnos hacían chistes para alegrar el día; la profesora a veces se molestaba, otras se reía.
Finalmente tocó la campana. Leynad buscó a su hermana y se fueron a casa, como siempre de la mano, conversando sobre cómo les fue en el colegio.