Capítulo 1 - Entre olas tranquilas
Todos los veranos eran iguales:
amigos, playa, surf y competencias ridículas para demostrar quién era el mejor en… bueno, en absolutamente cualquier cosa.
Y aunque este verano —que ya casi terminaba— había sido prácticamente lo mismo, algo dentro de mí sabía que las cosas iban a cambiar cuando empezaran las clases.
No sabía cómo ni por qué, pero lo presentía.
Nada volvería a ser igual.
---
Habíamos pasado toda la tarde en la playa, cansados pero felices. El cielo comenzaba a oscurecer y el aire tenía ese olor a mar mezclado con la brisa tibia del final del día. Nos sentamos cerca de la orilla para ver cómo el sol se hundía lentamente detrás del horizonte.
Me encantaba pasar el verano con ellos.
Con mis amigos me sentía en casa, como si nada en el mundo pudiera salir mal.
Todo estaba en calma… hasta que un grito rompió el momento.
—¡¡¡Oigan, mírenme!!! —gritó Oliver.
Nos giramos casi al mismo tiempo.
Allí estaba él: de pie en la punta del muelle, sobre una tabla de madera que se movía con cada ola, haciendo equilibrio como si fuera un experto… pero el detalle más absurdo era lo que tenía en la mano.
Un libro.
El libro de Ava.
El mismo que ella había estado leyendo esa mañana.
Oliver levantó la mano, orgulloso, y gritó:
—¡Miren esto!
Ava, al verlo, se puso de pie en un salto.
—¡¡¡OLIVER!!! ¡Suelta eso ya mismo si no quieres que te mate!
—Tranquila, Avaaa —respondió él, como si no estuviera pendiendo de un hilo—. No me voy a caer. El libro me ayuda a equilibrarme.
—¿¡DE QUÉ TE VA A SERVIR UN LIBRO PARA HACER EQUILIBRIO, IDIOTA!? —gritó ella, indignada.
Varias risas se escucharon detrás de nosotros.
Era imposible no reírse.
Oliver agitó el libro como si su teoría tuviera sentido.
—Lo sostengo porque sé que no puede caer al agua. Dah. Es obvio.
Ava ya estaba casi llegando al muelle cuando ocurrió lo inevitable.
Oliver perdió el equilibrio.
Todo pasó en un parpadeo.
Él cayó al agua con un chapuzón gigante,
y Ava, con una rapidez impresionante, saltó hacia adelante y alcanzó el libro en el aire antes de que tocara siquiera una gota de agua.
Nos quedamos mirándola, sorprendidos.
Después estallamos en aplausos y gritos, como si hubiera salvado un tesoro nacional.
Oliver salió del agua empapado y con una expresión de ofensa total.
—¿En serio? ¿Me caigo, casi me muero, y ustedes celebran porque ella salvó su libro?
Sienna cruzó los brazos y respondió:
—Te caíste por tonto. Y estás vivo, así que no hay nada de qué preocuparse.
Oliver abrió la boca, indignado, como si le hubieran faltado al respeto a su honor.
Ava levantó el libro y dijo, triunfante:
—¡Ja! Quédate con esa, Beaumont. Eso te pasa por querer hacerte el gracioso.
Oliver la imitó, exagerando cada gesto, como si fuera él el ofendido.
Brett se levantó y caminó hacia él. Le dio una palmada en el hombro.
—Vamos, amigo… lo tenías merecido. No puedes enojarte.
Oliver lo miró con drama puro.
—Se supone que eres mi mejor amigo. ¡Deberías defender mi honor!
Brett se rió, dándole otra palmada.
—La próxima será. Anda, vamos.
Oliver bufó, pero terminó siguiéndolo como siempre.
Todos empezamos a recoger nuestras cosas mientras el cielo se teñía de rosa y naranja, despidiéndose del día.
Y aunque reíamos por la tontería de Oliver, algo dentro de mí sabía que ese verano…
iba a terminar de una manera muy distinta a las anteriores.
Algo grande se acercaba.
---
Iban caminando por la arena húmeda, volviendo hacia la surfvan que esperaba estacionada cerca del muelle. El cielo ya estaba teñido de tonos naranjas y rosados, y la brisa fresca anunciaba que el día había llegado a su fin.
Theo, que caminaba al lado de Paige, rompió el silencio con una media sonrisa.
—¿Lista para volver a la rutina?
Paige lo miró de reojo, soltó un suspiro cansado y respondió:
—Sí… creo que sí. No tengo muchas ganas de volver a los estudios, pero es lo que hay.
Theo soltó una risa suave, esa que siempre se le escapaba cuando ella decía algo tan honesto.
—Si es porque se te complica —dijo con calma—, sabes que puedes preguntarme lo que sea. Te voy a ayudar a estudiar hasta que lo entiendas, de cualquier materia. Ya lo sabes, Paige.
Ella, por dentro, estaba saltando de emoción. Estudiar con Theo siempre había sido uno de sus momentos favoritos aunque jamás se lo admitiría a nadie.
Carrapeó un poco, intentando que no se le notara la sonrisa tonta que quería escaparsele.
—Sí… sí, tranquilo —respondió intentando sonar casual.
Theo la observó de nuevo, como asegurándose de que realmente estaba bien, y simplemente asintió con una sonrisa suave.
Desde que tenían memoria, él la ayudaba con todos los estudios. Paige nunca fue buena en materias teóricas; siempre brilló más en el arte, el surf y cualquier cosa que involucrara movimiento o creatividad. Theo lo sabía mejor que nadie, por eso siempre estaba ahí para apoyarla. Sabía también que, aunque su padre fuera buena onda, cuando se trataba de estudios, podía ponerse estricto.
Al llegar a la surfvan, uno por uno fueron subiendo entre risas, toallas mojadas y restos de arena pegados en las piernas. El interior olía a protector solar, mar y verano del bueno.
Brett se acomodó en el asiento de conductor, mirando de reojo cómo Theo seguía hablando con Paige. Oliver entró haciendo ruido, quejándose del frío. Ava subió guardando su libro como si fuera un tesoro nacional. Sienna llegó última, todavía indignada por el episodio del muelle.
La puerta se cerró con un golpe seco.
El día había terminado.
Pero lo que estaba por comenzar… todavía ninguno lo veía venir.
La Surfvan fue un regalo del padre de Brett. Él sabe que siempre estamos juntos para todo, así que decidió regalarnos algo que pudiéramos usar en nuestras locuras.
Ese día todos estábamos felices; fue un regalo demasiado especial para nosotros.
La familia Harrison siempre fue muy querida por el grupo. Ellos nos han apoyado en todo… y especialmente en las ocurrencias de su hijo.
Mientras avanzábamos por la carretera costera para ir a nuestras casas, no pude evitar pensar en cada uno de ellos.
Brett Harrison.
Espontáneo, divertido y carismático sin esforzarse. De esos que se meten en problemas pequeños por ser tan intensos, pero nunca con mala intención. Es protector, leal y cariñoso, aunque odia mostrarse vulnerable. Él y Oliver son el alma del grupo, siempre haciéndonos reír. Es increíblemente bueno en el surf: el segundo mejor, como todos le dicen.
Liam Rosenthal.
Mi mejor amigo. Hermano de otra madre. La persona más confiable, fuerte y madura que conozco. Su familia es complicada, pero él siempre está ahí para nosotros. Dice que, como sus padres nunca estuvieron para él, quiere ser diferente… y lo es. Es la persona más buena del mundo. Todos lo queremos.
Oliver Beaumont.
El que siempre te saca una sonrisa, incluso si estás llorando. Contará un chiste malísimo, pero de alguna manera terminará haciéndote reír. Está enamorado de Harper como un tonto, aunque nunca lo admitiría… y ella tampoco lo ve. Es travieso, sin filtro, y la mitad del tiempo todos quieren golpearlo por lo que dice. Un rebelde sin causa, pero nuestro rebelde.
Ava Delacroix.
La tímida del grupo. Siempre en su mundo de fotografía, capturando hasta los detalles más pequeños. Sueña con el amor; cree que algún día llegará su propio Jack Ross. Dice que puede esperar toda una vida si es necesario. Su sola presencia hace que quieras protegerla.
Sienna Calloway.
La chica que ama la moda. Segura de sí misma, directa y sin pelos en la lengua. Si tiene que mandarte al demonio, lo hará sin dudar. Es novia de Enzo. Chocan todo el tiempo por sus personalidades fuertes, pero su amor es tan profundo que supera cualquier cosa.
Enzo Valmont.
Callado cuando quiere, de carácter fuerte. Ama el surf desde que su hermano mayor se lo enseñó; él es su ejemplo a seguir.
Harper Sinclair.
Mi mejor amiga. Sabe absolutamente todo de mí. Es confiable, sincera, cariñosa y muy apegada. Está enamorada de Oliver desde que tiene memoria. Lo observa en secreto cuando él hace sus travesuras… pensando que nadie se da cuenta, aunque todos lo sabemos. Todos menos él.
Theo Cavindash.
El chico del que he estado enamorada durante años. El que solo me ve como una amiga. Calmado, ordenado, inteligente y con sentimientos más profundos de lo que demuestra. Parece frío, pero es increíblemente sensible. Piensa antes de actuar. Lo contrario a Brett.
Y, por último… yo.
Paige Lennox.
Algunos me llaman la chica del mar. Amo el surf, amo pasar tiempo con mis amigos.
Dicen que soy firme, que sé plantarme cuando hace falta.
El surf es mi lugar seguro. Amo surfear más que cualquier otra cosa.
Siempre dicen que soy la mejor, que tengo una facilidad natural…
Supongo que lo heredé de mi mamá. Ella también era una leyenda en las olas, y me gusta pensar que cada vez que entro al mar, una parte de ella está conmigo.
Aquí, todos amamos surfear.
Sea por diversión, por pasión o por competir, el surf nos mantiene unidos. Somos Marea Azul. Estamos juntos a pesar de las diferencias, en los buenos días y en los malos.
Porque siempre, absolutamente siempre, terminamos igual:
juntos, en la playa, sobre una tabla, surfeando.
---