Capítulo 1: La Fractura de Diez Años
El sonido del mar en la costa de Malibu era el telón de fondo de toda la vida de Malachi Barton (21). No era solo el sonido de las olas; era el sonido de Sofía Knife (20) y Makonnen (21), sus dos mejores amigos desde que los tres aprendieron a andar en bicicleta juntos.
Durante diez años, los tres habían sido inseparables: la "Tríada de Acero". Malachi y Makonnen eran hermanos de sangre, y Sofía, la hermana menor de Makonnen, era su confidente, su ancla, y, sin que nadie lo supiera, el centro de su universo.
Malachi estaba en el garaje de Makonnen, que servía como su improvisado estudio de música. Él golpeaba acordes en una guitarra acústica, intentando componer una canción que nunca se atrevería a mostrarles.
—¿Qué haces? Suena a funeral —dijo Sofía, entrando con dos cervezas.
Sofía se dejó caer en el sofá de cuero raído. Llevaba unos shorts y una camiseta de la banda que amaban en la secundaria. Era completamente informal, y para Malachi, era lo más hermoso que había visto. Era tan ella: honesta, fuerte y con esa risa fácil que siempre había sido su droga.
—Es una progresión melancólica. Pensé en... una amistad que se rompe —murmuró Malachi, evitando su mirada.
—Nuestra amistad no puede romperse. No después de diez años y todas las estupideces que hemos hecho —dijo Sofía, dándole una cerveza—. Somos una unidad, Malachi. Makonnen, tú y yo. Es imposible.
Malachi tomó un largo sorbo, sintiendo que la cerveza helada era el único contraste al fuego que ardía en su pecho.
—¿Y si uno de nosotros quisiera algo más? —preguntó Malachi.
Sofía se rió, sin entender la seriedad de su voz. —¡Imposible! Makonnen solo quiere pizza y videojuegos. Y tú... tú solo quieres que dejemos de robarte la ropa.
—No hablo de Makonnen. Hablo de ti, Sofía.
El silencio cayó pesado. Sofía dejó de reír y lo miró. La expresión de Malachi era cruda, desprovista de su habitual humor.
—¿De qué estás hablando?
—Hablo de que te amo. —La palabra salió de Malachi como una bala, sin adornos, sin música, solo la verdad desnuda—. No como mi mejor amiga. Te amo como el sol ama a la Tierra. Te he amado desde que tenías doce años y te rompiste el brazo tratando de hacer skate en mi entrada. Te he amado en cada momento de estos diez años.
Sofía parpadeó, su rostro se quedó en blanco. La honestidad de su confesión era abrumadora. Era el tipo de amor que no se podía ignorar, el tipo de amor que lo rompía todo.
—Malachi, yo... no...
—"Yo quería que me amara nada más" —murmuró Malachi, citando su propia canción interior. Se levantó, dejando la guitarra a un lado—. No tienes que decir nada. Solo quería que lo supieras. Ya no puedo seguir fingiendo que el mejor momento de mi vida no es simplemente sentarme a tu lado en un estúpido garaje.
Malachi se dirigió a la puerta, sintiendo que acababa de asesinar la cosa más importante que tenía: su amistad con Sofía.
Sofía, que nunca se quedaba sin palabras, estaba paralizada. No había un desprecio en sus ojos, sino una mezcla de confusión, sorpresa y una profunda tristeza. Ella lo amaba... pero como un hermano.