Chapter 1 manicomio: traumas
Daniel era un estudiante recién llegado, con la maleta aún en la mano, cuando se dio cuenta de que alguien lo observaba desde un rincón del pasillo. Una figura de baja estatura, con cabello castaño suelto y una mirada aguda, desconfiada como la de un halcón.
Eriecne Vera detuvo su avance justo frente a él. Sus ojos verdes lo midieron con decepción, como si fuera una tarea aburrida.
—Perfecto. Otro nuevo en este manicomio académico. Espero que no vengas con intenciones de hacer amigos o de armar ruido, porque eso me produce más hastío que una tarde en una biblioteca vacía —dijo. Hizo una pausa, inclinando apenas la cabeza, sin esbozar la más mínima sonrisa—. Dime, ¿quién eres y qué clase de molestia te trajo hasta Nasty? Antes de que intentes extender la mano o, peor aún, ofrecer un abrazo… te advierto que detesto el contacto físico. Lo considero un virus social. ¿Quién eres y qué clase de anomalía te trajo hasta Nasty?
Daniel la observó de arriba abajo con las manos en los bolsillos, sin pensar siquiera en sacarlas.
Eriecne respondió con desconfianza, su mirada fría y analítica recorriendo cada detalle de su apariencia. —Tu postura relajada y manos en los bolsillos sugieren cierta indiferencia… o tal vez una fachada para ocultar algo más profundo. Dime, ¿qué clase de rareza eres tú? ¿Un psíquico con secretos ocultos? ¿Un licántropo luchando contra su instinto? O quizás algo aún más interesante.
Aún manteniendo su postura, Daniel respondió: —No tengo que explicarte nada, Eriecne Vera.
Los ojos de Eriecne se entrecerraron ligeramente ante esa respuesta evasiva. —Bien, si deseas mantener tus rarezas en secreto, respetaré eso… por ahora. Pero no creas que dejaré de observarte y analizar tus acciones. En Nasty, la curiosidad es una herramienta poderosa y yo soy una maestra en su uso.
Daniel le dirigió una leve mirada. —Quizás deberías preocuparte más por desarrollar tus habilidades… —La vio de frente, sin sacar las manos del bolsillo—... y dejar de curiosear la vida de los demás.
Una sonrisa sarcástica se dibujó en los labios de Eriecne ante el comentario. —Mis habilidades están más que desarrolladas, gracias. Pero admito que tienes razón en una cosa: debería concentrarme en mis propios asuntos… al menos hasta que descubra algo verdaderamente interesante sobre ti.
Daniel soltó una pregunta punzante: —¿Segura que están bien desarrollados?... Dime... ¿Desde cuándo no te desmayas tras una visión?
La sonrisa de Eriecne se hizo más amplia, aunque seguía sin alcanzar sus ojos. —Ah, así que has oído rumores sobre mis… limitaciones. Bien, déjame aclararte algo: hace mucho tiempo que no me desmayo tras una visión. De hecho, ahora soy yo quien las provoca.
—¿En serio? —preguntó Daniel con una sonrisa burlona—. Entonces, ¿qué haces preguntándome cosas?... Deberías poder saber quién soy con solo verme… ¿O recuerdas haberme dicho tu nombre, Eriecne ?
La sonrisa de Eriecne se desvaneció y sus ojos se estrecharon, estudiándolo con más intensidad. —Tienes razón, debería poder saber quién eres con solo mirarte… pero por alguna razón, mi habilidad falla contigo. Es intrigante.
Daniel actuó. Con una mano tocó el rostro de Eriecne , dándole un vistazo de su vida, algo insignificante. Ella se desplomó en el suelo más rápido de lo que él pensó.
—Eso fue rápido… —musitó Daniel—. ¿Creí que lo controlabas o tal vez me excedí?
Eriecne se incorporó lentamente, sacudiendo la cabeza para aclararla. Miró su mano temblorosa, sorprendida por la intensidad de la visión.
—Tú… tú eres diferente —dijo con voz débil—. No solo ocultas secretos, sino que los proteges con una fuerza que nunca antes había sentido.
Daniel la miró con una expresión fría y decepcionante. —Eres débil… No solo débil… La más débil que conozco con ese don que tienes.
El rostro de Eriecne se endureció ante las palabras de Daniel, una mezcla de ira y curiosidad bullendo en su interior. —Débil… ¿eso crees? Bien, entonces prepárate para ver lo que ocurre cuando alguien como yo decide demostrar su verdadero poder.
Eriecne cerró los ojos, concentrándose. Cuando los abrió, un aura oscura rodeó su cuerpo. La temperatura bajó drásticamente a su alrededor. Sus ojos, ahora completamente negros, se fijaron en Daniel con intensidad.
—¿Eso es todo? —preguntó Daniel, con una actitud decepcionante.
El aura oscura de Eriecne palpitó con furia contenida. —¿Eso es todo lo que tienes que decir? ¿Un simple bostezo? Muy bien, si quieres jugar así, juguemos. De repente, imágenes rápidas y confusas invadieron la mente de Daniel. Visiones de su pasado, presentes y futuros posibles se mezclaron en una vorágine desordenada.
Daniel volteó, viendo cosas que había olvidado, con una sonrisa.
La expresión de Eriecne cambió de la furia a la confusión al ver su reacción. —¿Estás… riendo? Eso no es posible. Nadie ha resistido mi poder de esta manera antes.
Daniel volvió a verla. —Ah, perdón, ¿terminaste?... Me toca...
Daniel no hizo alarde de sus habilidades. No salió un aura poderosa, ni tampoco cambió su aspecto, solo una mirada fija en ella. De un golpe conceptual, todos sus traumas salieron a flote. No solo eran recuerdos; el dolor y la angustia volvieron con cada uno. Se desplomó al suelo en cuestión de segundos.
Daniel se acercó a sostenerla. —Estás bien... fue mucho para ti, lo siento… —dijo, siempre con una expresión de burla.
Eriecne se desplomó, sus ojos muy abiertos mientras luchaba contra la oleada de dolor y recuerdos traumáticos que inundaban su mente. Su corazón latía desbocado y su respiración se volvió superficial. Cuando las manos de Daniel la sostuvieron, un escalofrío recorrió su cuerpo.
Lentamente, sus ojos se enfocaron en él. —¡¿Qué… qué has hecho?! —Su voz salió temblorosa y débil—. Nunca antes alguien había… había sido capaz de…
Se incorporó lentamente, aún tambaleante. Su mirada se volvió más intensa, una mezcla de miedo y fascinación. —Eres diferente… muy diferente. Nunca había encontrado a alguien con un poder igual o superior al mío.
—¿Igual? —la expresión de burla de Daniel no desapareció—. Ya quisieras que fuera igual a la tuya…
La expresión de Eriecne se volvió más seria, casi respetuosa. —Tienes razón… tu poder es único. No se parece a nada que haya visto antes. Dime, ¿cómo lo haces? ¿Cómo controlas esa habilidad sin que te consuma?
—Con práctica… Mucha práctica —respondió Daniel, con un tono de superioridad—, y también porque soy mejor que tú.
La mandíbula de Eriecne se tensó ante su tono de superioridad. —Mejor que yo… eso aún está por verse. Pero admito que has despertado mi interés. Nunca antes había encontrado a alguien que pudiera desafiarme de esta manera. Bien, parece que tenemos un desafío en nuestras manos. Veamos quién es realmente el más fuerte entre nosotros dos. Pero te advierto… no me gusta perder.
—No, gracias… No me gusta perder mi tiempo… eres muy débil —Daniel se paró frente a ella con su risa burlona y caminó hacia una mesa donde estaban unos bocadillos, tomó uno y se lo comió.
El rostro de Eriecne se endureció ante sus palabras despectivas. —Muy bien, si eso es lo que piensas, entonces no hay nada más que decir entre nosotros. Pero recuerda mis palabras… algún día tendrás que enfrentar la realidad de tu poder y cuando lo hagas, espero estar allí para verlo.
Daniel volteó a verla, su risa burlona se hizo más grande. —Eso… ya pasó… ¿Y qué crees?... No estuviste. Pero tranquila, estoy aquí para ver cómo enfrentas la tuya… espero que no llores.
La mirada de Eriecne se volvió gélida ante su burla. —Eso lo veremos. Cuando menos lo esperes, estaré allí para demostrarte quién es realmente el más fuerte.
—Sí, sí, claro, todos dicen lo mismo… —Daniel le dio la espalda, se alejó unos pasos antes de desaparecer en un remolino ante sus ojos.
Los ojos de Eriecne se abrieron, sorprendidos, ante la repentina desaparición de Daniel. —¿Qué…? ¡Espera! ¡No puedes simplemente…!
Se quedó allí, sola, mirando el espacio vacío donde antes había estado. Una mezcla de ira y confusión se agitó en su interior. —Esto no ha terminado… lejos de eso —murmuró—. La próxima vez que nos encontremos, estaré preparada.
Con un suspiro frustrado, se dio la vuelta y se alejó, su mente ya planeando su próximo movimiento. —No sé quién eres realmente, pero una cosa es cierta: nunca antes había encontrado a alguien que pudiera desafiarme de esta manera. Y ahora… ahora estoy ansiosa por descubrir tus secretos.