Prólogo
Cuando el Amor Llega Tarde… o Justo a Tiempo
Dante siempre había creído que el amor verdadero llegaba con señales claras: mariposas en el estómago, un cielo más azul de lo normal y una canción cursi sonando de fondo.
Lo que nunca imaginó es que, cuando finalmente empezara a sentir todo eso, sería por alguien que apareció de la manera más absurda posible: chocando contra él en un pasillo estrecho de un café, derramándole encima una bebida que ni siquiera sabía pronunciar.
Ian, por su parte, llevaba tiempo asumiendo que el universo tenía un extraño sentido del humor con él. Después de varias citas incómodas, conversaciones fallidas y uno que otro tipo que confundió “romanticismo” con enviarle fotos de sus reptiles, ya no esperaba nada emocionante.
Hasta que un día vio a un chico distraído, con ojos amables, tropezando con su propia sombra… y sintió que algo dentro de él hacía clic.
Ese fue el primer momento. Un torpe, caótico y ligeramente pegajoso instante que ninguno de los dos supo interpretar, pero que marcaría el inicio de una historia que iba a descomponer sus rutinas, derribar sus muros y hacerlos reírse de sí mismos más veces de las que se podían contar.
Porque el amor no siempre llega bonito.
A veces llega tarde.
A veces llega en forma de desastre.
Y a veces, simplemente… llega cuando dos personas ya están demasiado cansados de buscar.