Bajo la lluvia de meteoritos

All Rights Reserved ©

Summary

Leia es una chica corriente, pero desde que tiene uso de razón siempre ha querido estudiar en una universidad prestigiosa de Estados Unidos para ampliar sus conocimientos. Es por eso que en su primer año de carrera decide emprender su mayor sueño y lo logra entrando en una de las mejores universidades de allí. Pero, a pesar de estar cumpliéndolo, su pasado no deja de hacerla creer culpable y con ello su vida se vuelve un tormento. Kenai es un chico popular, conocido por muchos por ser el Quarterback del equipo de la universidad, pero dentro de esa faceta se esconde un terrible pasado del que no logra salir, poco a poco lo atormenta y tiene un gran temor por el futuro. Ambos se encuentran en una etapa de su vida en la que realmente necesitan apoyo, es por ello que sus mundos conectan, pero, ¿realmente lograrán superar sus miedos y enfrentarse a la cruda realidad que les depara?

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1

Leia

—¿Lo llevas todo? —Me repite mi madre por tercera vez consecutiva mientras yo cojo las maletas.

—Siiii —le contesto ya irritada porque me lo había preguntado unas cien veces.

Odio cuando hace eso, ¿no te he dicho ya que sí mil veces? No insistas. En fin, las madres. Supongo que ese talento es una cosa que se adquiere cuando te conviertes en una.

Dentro de menos de media hora tengo que estar en el aeropuerto y a este paso voy a llegar tarde y perderé el avión.

—Leia, te recuerdo que soy tu madre, no me hables con ese tono —me señala con el dedo y se le empieza a marcar una de las venas de la cara. Pone esa mirada que significa que va a coger un cabreo si yo no me callo la boca.

—Perdona mamá —me disculpo porque no quiero empezar una discusión por una tontería—, es solo que estoy ya muy cansada y todavía me queda mucho camino hasta llegar a Estados Unidos —hago una pausa mientras cojo una última cosa que tenía encima de la cama—, e hice las maletas hace un par de días, no creo que me haya dejado nada atrás.

Hace un año, justo cuando terminé bachillerato, mandé la solicitud a varias universidades de Estados Unidos para poder cursar mi primer año allí y justo hace un mes desde que me llegó una carta de una de las universidades más prestigiosas del país en la que me decían que me aceptaban.

Desde que era pequeña mi sueño siempre ha sido vivir una vida universitaria en este país, así que por eso le pedí a mis padres que me encantaría poder cumplirlo, y ellos, bueno, al principio no estuvieron muy conformes con la idea, eso de dejarme sola en un país que no he pisado en mi vida pues no es una cosa que agrade mucho, pero poco a poco fui convenciéndoles hasta que por fin accedieron.

Antes de mandar las solicitudes me informé acerca de todas y cada una de las universidades en las que podría tener una oportunidad, y sorprendentemente, la mejor de todas y la que más me llamó la atención ha sido en la que me han aceptado. Inédito, lo sé.

Al parecer tiene uno de los mejores programas de medicina de todo el país, así que espero poder aprender mucho sobre los conocimientos del gremio.

Así que aquí estoy ahora, preparándome para un nuevo comienzo. Son las seis de la mañana y el vuelo sale a las ocho y media, porque claro, a mis padres no les es suficiente el llegar al aeropuerto media hora antes o como mucho una hora, así que a mi pesar me dirijo hacia el coche donde mis padres y mi hermana me están esperando.

Entro en la parte trasera del coche y mi madre ya está montando un drama llorando a más no poder. Mi hermana tiene las lágrimas saltadas así que me acerco y le aprieto el hombro en señal de afecto y que todo va a salir bien. El único que parece mantener la calma es mi padre, que nada más ve que me he puesto el cinturón de seguridad, arranca el motor del coche y pone mi playlist de Spotify en la pantalla grande que tiene este en el medio. Empieza a sonar Taylor Swift y es entonces cuando a mi hermana se le quita toda la pena y empieza a cantar a todo pulmón —o eso intenta ya que todavía tiene 5 años y mucho inglés no es que sepa—, ya que es su cantante favorita. A mí también me encantan sus canciones, por lo que me pongo a cantar con ella You belong with me, que es la canción que está sonando ahora mismo.

Después de una media hora cantando y riendo con mi hermana, por fin llegamos al aeropuerto.

Aparcamos en el parking y nos dirigimos hacia la puerta de entrada, una vez dentro me recorre por el cuerpo un escalofrío, y es que es aquí donde tengo que despedirme de mi familia, lo cual supone que no los volveré a ver hasta pasado un año, porque con todo el dinero que se han gastado en la matrícula me temo que va a ser muy difícil que puedan venir a visitarme o incluso que yo viaje hasta allí antes de que acabe el curso.

Espero que este sacrificio merezca la pena y que realmente esta universidad me transmita mejores conocimientos que a la que iba a ir en España si no hubiera decidido irme.

Nos apartamos a un lado de la puerta y es ahí cuando sé que es la hora de decir adiós a mi familia.

—Bueno cariño, ya me contarás tu experiencia por territorio americano —intenta bromear, pero en el fondo sé que es tan difícil para él como lo es para mí el hecho de no vernos durante un año entero. Abre sus brazos y voy directa hacia ellos. Me aprieta con tanta fuerza que no puedo ni respirar.

—Cielo ven aquí. —Mi madre busca atención y hundo mi cara en su pecho, nos quedamos así unos segundos que se me hacen eternos. ¿Habrá sido una buena idea? ¿De verdad tengo que hacerle esto a mis padres solo por un capricho mío? Mi madre parece leerme el pensamiento y se despega de mí, mirándome fijamente a los ojos—. Oye, ni se te ocurra pensar que esto no merecerá la pena, porque te aseguro que si lo hará, ¿estamos? —Asiento un par de veces y noto cómo una lágrima resbala por mi mejilla, mi madre la enjuga y me da un beso en la frente.

Me giro y veo a mi hermana intentando forzar una sonrisa, pero sus ojos la delatan ya que se están empezando a tornar a un color rojizo y está a punto de llorar.

—Ivy ven —la señalo con el dedo para que se acerque y pueda despedirme de ella.

—Te voy a echar mucho de menos Leia —me susurra al oído mientras estamos abrazadas.

—Yo también a ti pequeña —aumento la presión del abrazo, Ivy es mi única hermana, la pequeña, y desde que nació siempre nos hemos llevado muy bien. Aunque todavía sea una enana traviesa, es súper lista y entiende de todo. Realmente la echaré mucho de menos, es mi persona favorita en este mundo y la elegiría a ella mil veces más por encima de cualquier otra persona.

Nos separamos y le paso el dedo pulgar por las mejillas ya que finalmente se le han caído un par de lágrimas mientras estábamos abrazadas.

Mi padre y mi madre nos cogen a las dos y nos damos todos un último abrazo grupal antes de irme.

—Estaré bien —les aseguro a todos para que estén tranquilos.

—Acuérdate de llamarnos siempre que puedas, ¿vale? —Me hace saber mi madre, que ya está otra vez a punto de llorar.

—Os prometo que lo haré.

Les lanzo un beso al aire y cojo las maletas para irme a la zona en donde me hacen el check-in, enseño todos los papeles y documentos necesarios y dejo mis maletas que tienen que facturarse.

Una vez lo paso, camino hacia el control de seguridad, en el que siempre paso el momento más estresante de toda mi vida. Hay que hacerlo todo a la velocidad de la luz y encima como lleves zapatos que te lleguen por encima de los tobillos te hacen quitártelos, por no hablar de que todo lo que tengas de tecnología tienes que sacarlo también de la maleta y colocarlo en una bandeja aparte. Realmente es superfrustrante.

Cuando salgo por fin del exhaustivo momento, me siento en unos asientos que hay al lado de la puerta de embarque por la que tendré que entrar en un buen rato y me pongo los cascos para escuchar algo de música y relajarme antes de entrar en el avión.

Tiempo después, la gente empieza a hacer cola para enseñarle a la señora que está en el pequeño mostrador de la puerta el DNI y el billete de embarque. Una vez que le he enseñado las cosas necesarias a la señora, me dirijo hacia el avión, pasando por el estrecho pasillo en el que, por cierto, hace algo de calor, aunque ya estamos a principios de septiembre. Entro en el avión y busco mi asiento que es el 24A, por lo que me tocará sentarme junto a la ventana. Llego al que es mi asiento y me acomodo poniéndome el cinturón. Al cabo de unos minutos llega una señora mayor y toma asiento junto al mío.

—Hola jovencita —me saluda— ¿Te importa si me siento aquí a tu lado?

—Por supuesto que no —le sonrío, ya que si en su billete de embarque pone que ese es su asiento yo no puedo hacer nada, y además, no me molesta que se siente a mi lado, ya he volado muchas veces en avión y he estado sentada al lado de todo tipo de gente.

—¡Genial!, siempre lo pregunto cada vez que me subo a un avión por si a alguien le molesta o algo. Por cierto, soy Aurelia.

—Encantada de conocerla Aurelia, yo soy Leia.

—Leia…, —hace una pequeña pausa— ¡qué nombre tan bello!

—Muchas gracias —le muestro una sonrisa y noto cómo se me calientan las mejillas. Siempre que me elogian o me dicen algo bonito me pongo nerviosa y se me ponen los cachetes colorados.

Nos quedamos hablando durante un buen rato, me cuenta sobre su familia, dónde viven, cuántos años tienen cada uno incluyendo ella, que si va a clases de yoga por las mañanas y que si va a practicar salsa por la tarde para poder bailar con su marido, entre otras muchas cosas.

Yo también le cuento que voy a ir a una universidad en Connecticut y que estudiaré medicina porque me gustaría ser médico en un futuro para poder ayudar a personas que lo necesiten.

—Anda qué casualidad, ¿sabías que mi hijo mayor también estudió esa misma carrera? De hecho si no recuerdo mal, también fue a la universidad a la que tú vas y luego se mudó por esa zona hará ya unos pocos de años. Encontró al amor de su vida, que es su esposa actualmente y tuvieron a mi primer nieto, que ahora está estudiando también en esa misma universidad.

—Anda eso es magnífico, seguro que se alegrarán de verla.

—Ya lo creo que lo harán, no les he dicho nada de que iré, será una sorpresa —me hace saber mientras sostiene una sonrisa malévola.

—Pues entonces estoy segura de que la recibirán con los brazos abiertos —le muestro mi más sincera sonrisa.

El viaje se me está haciendo eterno, menos mal que tengo al lado a Aurelia que saca temas de conversación como si no fuera un mañana, la verdad es que me sirve de mucha ayuda para que así se me haga más ameno.

Pasan las horas y por fin llega la hora de comer, la azafata recorre el pasillo con el carrito de la comida y me ofrece agua y un plato de ensalada, junto con otro de pasta a la carbonara. Los cojo con efusividad, «qué hambre» no había comido nada desde que desayuné en casa antes de irme al aeropuerto. A Aurelia también le ha dado la comida, así que las dos nos ponemos a comer mientras seguimos charlando.

Después de dos escalas de viaje, y horas y horas de aeropuerto en aeropuerto, por fin estamos en el último avión. Miro el reloj, faltan unas tres horas para llegar a Connecticut todavía. Decido dormirme para poder descansar algo, la cabeza me da punzadas como si me estuvieran apuñalando el cerebro. Aurelia se acaba de quedar dormida y a mí se me están empezando a cerrar los ojos lentamente.

—Leia, Leia, despierta que ya estamos aterrizando —oigo la voz de Aurelia y abro los ojos, efectivamente como ella dice, estamos a punto de llegar.

Miro por la ventanilla y veo el hermoso amanecer, el cielo está de un color anaranjado precioso. Me pongo a pensar en mi hermana y lo mucho que le gustaría este amanecer, a ella le encantan. Se me escapa una lágrima y la seco con un pañuelo que me regaló mi abuela antes de fallecer, es lo único que conservo de ella. Me preparo para salir ya que acabamos de aterrizar y cojo mi chaqueta que está en la cabina de arriba de nuestras cabezas. Salgo del avión junto con Aurelia, pero antes nos despedimos de la azafata y del personal del avión.

Cruzamos el pasillo que une el avión con el aeropuerto y noto el frío helándome los huesos así que me coloco la chaqueta. Aquí por las mañanas suele refrescar un poco. Llegamos a la zona en la que hay que recoger las maletas, que están circulando por una cinta mecánica. Una vez las hemos cogido, miro a Aurelia con una expresión de tristeza, ya que probablemente no nos volvamos a ver nunca más y la verdad es que me ha caído súper bien, pero ella me mira con una sonrisa expectante y me muestra su teléfono.

—Ten querida, toma mi teléfono y guárdame tu número en él, me has parecido una persona maravillosa. Si te encuentras en problemas o no tienes nada que hacer y quieres compañía, llámame y así nos podremos ver.

—Muchísimas gracias Aurelia, usted es una persona de muy buen agrado de verdad —cojo su teléfono y grabo mi número en él—. Gracias a usted se me ha hecho el viaje más corto y más ameno, de verdad que se lo agradezco mucho.

—Tutéame querida, yo seré una señora mayor, pero nunca una vieja amargada —se ríe, sonsacándome una sonrisa— ¡Ven aquí que te dé un buen abrazo!

Me estruja contra su pecho y me llena la cara de besos, no parece en absoluto que nos hayamos conocido hace unas horas, pero me alegra haber conocido a una persona como Aurelia. Son esa clase de personas que te alegran el día con solo una palabra.

Nos separamos y finalmente nos despedimos, le hago un saludo con la mano, y nos marchamos en distintas direcciones. Me voy afuera, hacia la zona en la que se encuentran todos los taxis y alzo la mano para que me vea uno.

El conductor se baja y coloca mis maletas en el interior del maletero. Me subo al asiento trasero del taxi y el hombre me pregunta la dirección a la que me tiene que llevar, se la digo, comprobando que es cierta desde mi móvil. Apoyo la cabeza en la ventana pensando en mi familia y en el qué estarán haciendo ahora mismo, entonces cojo mi móvil, acordándome de que le tengo que mandar a mi madre un mensaje diciéndole que ya he aterrizado aquí en Connecticut y que me acabo de montar en un taxi de camino a Mapleford, donde se encuentra la universidad .

Una vez lo he hecho, me reclino otra vez sobre la ventana y al final me quedo dormida. Me levanto y veo en el móvil que faltan solamente quince minutos para llegar, así que mientras tanto me coloco los auriculares y escucho música. Una vez que hemos llegado cojo las maletas y le doy el dinero correspondiente al conductor.

Me dirijo hacia la recepción de la universidad —que está situada en el centro del campus y es un edificio enorme—, para tomar un informe de todo y para saber dónde se sitúa mi habitación.

Al llegar, me encuentro con una muchacha, no mucho más mayor que yo, de pelo rojizo y cortado por los hombros que es bastante llamativo, lleva puesto un uniforme azul con una corbata roja que va a juego con su pelo.


Por lo que he podido observar en el camino del taxi hasta aquí, es bastante común el uso del uniforme, aunque según lo que he estado leyendo en la página web de la universidad, no es obligatorio usarlo, y en el caso de que lo quisieras llevar tendrías que pagar una cantidad considerable de dinero al mes, así que creo que va a ser que no voy a comprarme ningún uniforme, ya tendré tiempo de ir a comprarme más ropa.

—Buenos días, soy Leia, una estudiante internacional, vengo para ver si me podrías explicar todo lo que tenga que saber.

—Buenos días Leia, bienvenida —me saluda amablemente—. Aquí tienes un informe que es necesario que rellenes, es sobre tus datos personales y alguna que otra cosilla más.

—Está bien, gracias —relleno el folio que me ha dado, poniendo toda la información que se pide y se lo devuelvo.

—Aquí tienes la llave de tu habitación, es la 220, tienes que subir esas escaleras que ves desde aquí —me señala unas escaleras que están a mano derecha—, y al llegar a la segunda planta te vas a encontrar con dos puertas, la tuya es la de la izquierda.

—Muchas gracias, ¿sabrías decirme si tengo algún compañero o compañera de habitación? —Me da curiosidad saber si voy a tener que compartir cuarto con otra persona.

—Sí claro —se pone a buscar en el ordenador y finalmente me muestra a través de la pantalla la foto de una chica, tiene el cabello rubio y bastante largo, su tez de cara es fina como una hoja de papel, muestra una sonrisa, parece simpática. Yo soy mucho de guiarme por las intuiciones y solo con haberle visto el rostro me da la sensación de que nos vamos a llevar bien—. Ella es Chloe Watson, será tu compañera a lo largo de todo el año.

—Perfecto, muchas gracias por informarme —miro la chapa que lleva puesta en la chaqueta y leo su nombre—, Lina, un placer.

—El placer es mío señorita Cruz —me hace un gesto de despedida con la mano y yo se lo devuelvo dirigiéndome hacia las escaleras que me ha indicado para llegar a mi habitación.

Las subo con hastío, los músculos me pesan y las gotas de sudor frío caen por mi frente. Me giro hacia la izquierda donde efectivamente se encuentra la puerta con el número 220, la abro y echo una ojeada a la habitación, parece que no hay nadie en ella, puede que Chloe esté dando clases ahora mismo. Si no recuerdo mal, creo que hoy era el día de presentaciones y tal.

Al entrar hay un pequeño pasillo con una especie de armario diminuto a la derecha, creo que es para guardar los zapatos ya que está abierto y hay unos tacones rojos en el interior. Sigo caminando y me encuentro a mano izquierda con una puerta, llamo antes por si alguien estuviera dentro, como nadie contesta la abro y resulta que es el baño, no es gran cosa, pero está bastante bien para ser un baño de una habitación de universidad —estuve mirando en Internet cómo eran las habitaciones de universidad, y mejor no recordarlo—, cuenta con un inodoro, una ducha con mampara y un lavabo.

Salgo del baño y siguiendo hacia delante se encuentran las dos camas paralelas la una a la otra con un armario enorme de cuatro puertas justo enfrente —supongo que serán dos puertas para cada una—, y a ambos lados del armario hay dos escritorios, el de la izquierda está abarrotado de cosas, así que supongo que será el de Chloe. El otro lo cogeré para mí. Una vez que me he familiarizado con el lugar, abro para comprobar una de las puertas del armario para ver si no hay nada en el interior, pero resulta que hay mucha ropa, así que la cierro y abro otra de las puertas, en esta ya no hay nada así que me apropio de ella y me dispongo a meter toda la ropa y demás cosas que tenía en las maletas dentro del armario.

Cuando acabo estoy mucho más cansada que antes, la cabeza me da vueltas así que me pongo el pijama y me meto en la cama para acostarme lo que queda de día. Se me vienen a la mente muchas cosas, pero me digo a mí misma que tengo que dejar de sobrepensar y que todo va a salir bien, ya que sino no voy a poder descansar un rato. A mi parecer soy una persona que piensa una y otra vez las cosas y sé que no es bueno para mí, pero es que no puedo evitarlo. Finalmente consigo quedarme dormida pensando en mi familia, pero sobre todo en mi hermana. La quiero tanto.