Cap .2- Intenciones
La Navidad llegó rápido, demasiado rápido.
La empresa estaba repleta de decoraciones navideñas, luces doradas como pequeñas estrellas, árboles de Navidad en el área principal, el olor a chocolate caliente en vez de café, el frío que llega hasta los huesos. Hoy se daría el evento que organizaba la institución cada 23 de diciembre, un pequeño encuentro para celebrar las fechas e iniciar las vacaciones de invierno. El asistente (sí, el molesto asistente de Taejoo) casi arrastra a Erika a ir a este evento. A ella, que de por sí no le gustaban los lugares muy abarrotados de personas, solo pudo rodar los ojos ante la insistencia, teniendo que pensar qué se pondría.
Con un vestido rojo vino (su color favorito) y un maquillaje algo inexperto, pero que funcionaba, Erika se presentó al encuentro. Observó que había muchas personas que no formaban parte de la empresa, inversionistas, supuso.
No tomó mucho tiempo en divisar a su jefe, quien parecía muy a gusto con algunas damas metiéndole conversación. Eran jóvenes, de piernas largas y probablemente modelos. Eri solo alzó una ceja, notando que algunas de ellas llevaban un anillo de matrimonio bastante visible en el dedo anular, aunque eso no pareció detener al señor Kang, quien, como igual hizo con ella anteriormente, colocó un mechón de cabello negro detrás de la oreja de una de las chicas. Él no les sonreía, tampoco decía nada muy vulgar, pero era bastante obvio que él disfrutaba de la atención. Aunque Erika pensaba que no era obvia (cuando literalmente estaba de pie a unos pocos metros de él, y observándolo fijamente), las miradas de ambos se conectaron, el señor Kang notando que Erika lo estaba observando. Ella rápidamente se aclaró la garganta, intentando disimular y simplemente fue hacia el área de aperitivos. —Tonta, tonta, tonta... —se repetía a sí misma, avergonzada. Ahora este payaso creerá que ella le da relevancia.
Cuando estuvo a punto de tomar una pequeña galleta de la bandeja, el señor Kang la detuvo, tomando lentamente su mano.
—Señorita Erika —dijo él como saludo, su aliento con un ligero olor a alcohol.
—Supongo que ahora sí me saluda. —Expresó Erika, no era una provocación, solo un simple comentario.
—Veo que no estas usando el listón amarillo —Susurró el, eso sí que fue una provocación.
Erika no disimulo su mirada fastidiada, alejando su mano de forma brusca y continuando caminando, lo que el no tardó en "acompañarla", aunque siempre iba unos pocos milímetros en frente, como si incluso caminando debía dejar en claro que estaba por delante de ella.
—Esto es un evento, no creo que yo necesite algún tipo de letrero que diga: "cuidado, aquí viene la autista" —refutó ella.
—Considero que estoy siendo inclusivo al dejar una pequeña señal sutil de tu situación, para que otros sepan como tratar contigo y te respeten —mintió, lo último que le importaba de todo esto era ser inclusivo, sabía que cuando otros vieran con confusión el listón amarillo y su significado, excluirian a Erika, esto a el no le sumaba ni le restaba, era puro capricho
—Que lindo de su parte, Señor Kang. Pero no creo que alguien necesite algún tipo de "señal sutil", como usted tan cómodamente le llama. Yo digo que por el simple hecho de ser una persona, y que de paso ofrece sus servicios a usted, ya me hace bastante merecedora de respeto.
—Eres solo una simple becaria —recalcó él, sintiendo que Erika se estaba dando una estima demasiado alta.
—Esta simple becaria ha dado más ideas e innovaciones a proyectos que cualquiera de sus empleados. —Cualquiera que haya escuchado eso podría admitir que Erika estaba siendo arrogante, pero joder, ¿simple becaria?
—No te des mucho crédito, ninguna de tus ideas han sido utilizadas —bufó él.
—¿No? Porque le recuerdo que el proyecto al cual usted irá mañana a inaugurar, ese proyecto que hará que la empresa pueda expandirse al extranjero, ¿de quién cree usted que fue idea?
Taejoo se detuvo, frunciendo el ceño. Ese proyecto era la mejor oportunidad del año, el más estable (y el más estratégico, definitivamente). Nah, eso no podía ser cierto. Erika, viendo que él se quedó atrás, aprovechó para escaparse un rato.
Taejoo sacó su teléfono de su bolsillo tan rápido que casi rompe la tela, marcó un número y se lo acercó al oído.
—¡S-señor Kang! Felices fiest-...
—¿A nombre de quién está el proyecto de mañana? —Interrumpió él, queriendo ir directo al punto.
—Uh... no lo comprendo, ¿A qué se refiere con a nombre de quién? —Preguntó el otro lado de la llamada con confusión, aunque un poco incómodo de la posibilidad de que su jefe lo trate de estúpido.
Taejoo solo pidió paciencia y contó hasta cinco para no tirar el teléfono al suelo al no recibir una respuesta directa.
—Los proyectos siempre se ponen a nombre de quien los creó y planeó —dijo él como si fuera lo más obvio. Después de un pequeño silencio donde la voz del otro lado de la llamada buscaba la información, respondió:
—Una tal... Erika Valdez. Imposible.
Taejoo directamente colgó la llamada desde que escuchó las tres primeras letras del nombre. No sabía qué le molestaba más, si que no fuera a él a quien se le haya ocurrido la idea, o que haya sido específicamente a ella. ¿Cómo la mejor maldita idea que se había logrado sacar de todo el puto año salió de la extranjera, de la autista? De-... de-... ¡de ella! La había visto por los pasillos, había visto cómo ella se encogía por el ruido, cómo practicaba guiones para poder socializar con alguien.
Sentía rabia, furia. Pero ahora sentía algo más peligroso... curiosidad.
2 días después del evento, 25 de diciembre.
Esta era la primera vez que Erika pasaba Navidad sola. Aunque la ciudad le había encantado y amaba el sentimiento de independencia que le daba tener un apartamento para sí misma, no podía evitar sentir que extrañaba a sus padres, al arbolito sin luces parpadeantes, pero sí lleno de regalos, de ese pan de pasas que ella odiaba, pero que ahora extrañaba... Ahora, el departamento se sentía más pequeño de lo que ya era.
Se sobresaltó al escuchar el ruido de alguien tocando la puerta, rompiendo su pequeño momento depresivo. Intentó arreglarse un poco el cabello y acomodarse el pijama con estampados de búhos y nubes, cuando vio que era inútil, ya que aún se seguía viendo desastrosa; solo suspiró y abrió la puerta. Afuera no había nadie, solo una pequeña caja envuelta en papel de regalo color rojo, con un sello de K.T Corporation. Ella ladeó la cabeza con confusión, arrodillándose para arrancar la etiqueta y empezando a leer.
《"Enhorabuena, el proyecto fue un completo éxito, considera esto como un... agrado, y un deseo de que tenga felices fiestas, señorita Erika."》 Firmado con las iniciales K.T.
Solo pudo quedarse arrodillada, releyendo varias veces el mensaje. ¿Cómo sabía que ella vivía justamente ahí? Bueno, en realidad no es como si fuera tan alocado que él supiera, ya que era la misma empresa quien costeaba su estadía en el departamento, pero aun así, dudaba que la intención de este "regalo" fuera meramente desearle una feliz navidad; sentía que esto era más como... un recordatorio, de que él ya sabía quién era ella.
Con manos algo inseguras, Erika desgarró el envoltorio, abriendo la caja.