The End

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Summary

Vida, muerte, sol y Luna, destinados a nunca encontrarse entre sí y aún así siendo complementos Un joven humano siendo entusiasta y cambiante como el fuego, un joven vampiro frío como el hielo siendo su mejor amigo, complementos, sol y luna en un perfecto eclipse. Sin embargo, tal y como la Luna, su relación podría entrar en una fase distinta, ya que quizá en medio de su amistad había más que risas, quizá y sólo quizá, el amor comenzaba a colarse entre ellos.

Genre
Romance
Author
ZEKE
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

1- Vuelos y más vuelos

𝘡𝘦𝘬𝘦

Sentía que me asfixiaba, tenía una almohada sobre mi rostro, o mejor dicho, cientos de almohadas rodeandome.

Me desenterre del montón de almohadas y peluches en los que la estúpida de Charlie me había enterrado.

— Charlie... ¿¡¿Por que mierdas hiciste eso?!? — Ella estaba parada en el borde de la puerta observando sus uñas, admirandolas como si fueran oro.

— Papá quiere que vayas a recoger a los gemelos Diggory.

— ¿Al aeropuerto? — Me frote los ojos para no cerrarlos y quedarme dormido de nuevo, solo hacía falta parpadear para quedarme completamente dormido.

— No. — Una sonrisa de burla se le dibujó en el rostro. — ¡Hasta la puerta de su casa en Londres!

— Ésto debe ser una broma.. — Me levante y a pasos arrastrados fuí a abrir las cortinas.

¡La Luna seguía en la cima del cielo!

— ¡Ni siquiera sale el sol todavía! ¡A está hora todavía salen los anuncios de jade cook! — Mi hermana "contuvo" una carcajada. — ¿De que te ríes cara empimientada?

— ¡No me digas así, que eres igual! — Se quejó arrugando la nariz, cuando hacía eso sentía como sí lo hubiera visto antes, pero no recordaba donde.

— Seh, pero más guapo — dije bostezando antes de cerrarle la puerta en la cara, aún pensando un poco en como arrugaba su nariz de duende.

3:32 am, vuelo de Roma a Londres

Cuando iba en el avión con mis maletas hechas no pude evitar pensar

— Tres treinta y tres.. A está hora sale el ayuwoki-.. ¿Será que él invento la escuela o porque dan tanto terror los exámenes? ¿Y porque se llama escuela? ¡Cárcel le deberían de decir!

𝑹𝒂𝒊𝒅𝒆𝒏

— ¡Padre! ¿Donde están mis calcetines de colores?

— ¡Los puse donde siempre, cariño, en el último cajón!

Eran las cuatro de la mañana.. Demasiado temprano hasta para mí.

Podía escuchar a mi hermana preguntar a gritos como una loca por ciertas cosas. Raven podía ser muy organizada, pero se le olvidaba donde terminaba su cuello y empezaba su cabeza cuando tenía los nervios de punta.

Yo por otro lado volví a cubrirme con la manta, eso hasta que escuche la puerta de mi cuarto abrirse. Me destape a medias y un orangután me cayó encima.

— ¡Raiden! — Zeke se me había abalanzado como un perro. Resople y le sonreí de mala gana.

— Pecas.. ¿Que haces aquí? ¿No deberías dormir hasta las 7:00 y llegar a la Academia justo al último momento? — Puso los ojos en blanco y quitó la almohada de debajo de mi cuello.

— Ja-ja. Que gracioso. — Dijo sarcásticamente antes de levantar la almohada y comenzar a golpearme con ella, una y otra, y otra vez en una especie de venganza, bastante infantil para mí gusto.

— ¡Se está poniendo salvaje! — Zeke se detuvo cuando fue golpeado en la espalda por un peluche de dinosaurio. Más específicamente, un saurópodo.

— ¡Zeke, bajatele de encima a Raiden! — Ordenó mi gemela en un grito. Tuve que contener una risita cuando ví la cara de miedo de Zeke ante el tono de Raven.

Pero el momento que antes disfrutaba se acabó en el preciso instante en el que Raven puso su mirada en mí.

— Y tú. — Me señalo de forma acusadora. — ¡Quiero tus maletas hechas en diez minutos!

— Son las cuatroooo — Me queje.

— Sí.. Lo que dice el vampirillo.. — Me gire, Zeke se había acurrucado junto a mí, lo hubiera echado, pero.. Apoyaba mi punto.

Mi hermana salió a resoplidos de mi habitación, entonces finalmente empuje a Zeke fuera de la cama.

— Quítate tú. — Él me miro con ojos adormilados.

— Malo. — Sus manos cubiertas de pecas (como la mayoría de su cuerpo) se aferraron a mi cobija y la jalaron para envolverse a sí mismo en ella, acurrucadose en el piso.

— Pareces vagabundo. — tome una esquina de la cobija y lo arrastre escaleras abajo hasta la sala. — Quédate aquí, haré mis maletas. — Está vez no me miro, sólo se envolvió de pies a cabeza subiéndose al sillón.

Ponía mis últimos libros en mi mochila, y justo antes de colgarla sobre mis hombros.. mi mirada se desvió hacia un peluche de zorro sobre el mueble de madera barnizada, ése peluche con el que dormí durante años y que ahora conservaba como un recuerdo de la niñez.

Pensé en tomarlo y llevarlo conmigo, aunque mis manos se movían hacía el con duda, algo me decía que era bastante grande como para éstas cosas.

— ¡Escondeme. Tu hermana me quiere matar por tu impuntualidad! — Pude oír la voz de Zeke y sus pasos resonando al entrar por mi habitación, yo me apresure a esconder el peluche.

Zeke se calló y me miro de forma inusual.

— No sabía que estabas embarazado. — Dijo con una sonrisa burlona. Por las prisas había escondido el peluche debajo de mi chaleco.

— Cállate. — Rápidamente saque el peluche de debajo de mi chaleco con el rostro rojo de vergüenza.

Sus ojos se abrieron más de lo normal al ver lo que había debajo de mí camiseta. - Aún.. Aún lo tienes..- Logró pronunciar con incredulidad.

— Eh... Pero que bonito techo — Mire hacia arriba evitando su mirada, al menos eso traté hasta que me arrebató el peluche de las manos.

Zeke, mi mejor amigo, quien acababa de entrar, había visto aquel zorro antes, pues era él quien me lo había regalado, lo que me pareció raro fue su sorpresa por ver que aún lo conservaba, aunque me apenaba que lo descubriera.

— Bueno, es un recuerdo de infancia..

— ¿Me lo prestas?

- ¿Que? - lo miré desconcertado ante la pregunta.

— ¡Que si puedo llevarlo! - repitió en un tono más alto, como si creyera que estaba sordo.

— Esque.. No quiero dormir solo.. ¡Entonces si me prestas tu peluche, estaré acompañado por él!

Tuve que parpadear un par de veces más para procesar su petición y motivo, sabía que Zeke era raro, pero nunca pensé que tanto.

—Zeke, ¿estas conciente de que éste es nuestro último año?

-Eh.. Si, sé que tengo cara de pendejo pero eso no significa que lo sea. - dijo mientras esculcaba algunos cajones.

No me refería a eso.

— Bueno, eso es debatible, ¡y deja eso! - lo sujete de las muñecas por detrás cuando vi que tomaba uno de mis libros de la estantería.

—Buuu. Que aburrido eres, rairai.

—No soy aburrido, tu eres un mete narices.

Me empujó hacia atrás y al darse la vuelta lo vi riéndose, probablemente de mi, siempre encontraba de que burlarse.

-Vaya, que adjetivo más original, mi amigo español. En fin.. ¿Puedo llevarlo? - Pregunto un a vez más, seguía sosteniendo el peluche entre sus manos, sus dedos jugando con una de las orejitas del zorro. Así no iba a ser capaz de quitárselo...

— De acuerdo.. - Suspire en señal de rendición - Puedes llevarlo.. Pero si lo pierdes te juro que voy a cocinarte vivo y le daré tu carne a los perros de la calle. — lo amenace señalandolo.

Pero sin duda alguna solo puso atención al hecho de que yo había accedido a su infantil petición, porque ésas simples palabras hicieron que su mirada se iluminará como rayos de sol cruzando la copa de un árbol.

Una sonrisa comenzó a dibujarse en mi rostro hasta que entró mi hermana a la habitación. Carraspee y me miré al espejo como si estuviera ocupado con mi apariencia.

— Bueno ¿Estaban cogiendo o porque no bajan? — Ésa pregunta, aunque completamente incorrecta, me tomó por sorpresa. Y mientras mis ojos estaban abiertos con sorpresa, los de Zeke voltearon a verme con picardia, y a su vez, acercaba su rostro al mío, pero lo aparte con un empujón en la mejilla.

— Sandeces. Zeke, vámonos. — Lo tomé de la mano para llevarlo abajo antes de que comenzará a pasearse de un lado a otro por mi habitación como sí buscará que más llevarse.

Eso solía hacer años anteriores.

Su piel era cálida, diferente a la frialdad de mis manos, sus manos eran grandes y blanditas, las mías delgadas como-

— ¿Te han dicho que tus manos son delgadas como las patas de un pollo?

Mis ojos se abrieron y lo miré con disgusto a la vez que apartaba mi mano de la suya.

— idiota..

𝘡𝘦𝘬𝘦

Me veía como mi papá, era pendejo como mi papá, pero al parecer no encantador, no parecía dar la talla en su forma de coquetear aún sí era de broma.

°6:00 am, aeropuerto de Londres°

Había atravesado un viaje de Italia a Londres sólo para recogerlos ¿y que gané a cambio? Que me dejarán solo con las maletas. Raven había ido a comprar unos audífonos de cable, podía verla desde lejos, era fácil encontrarla cuando su cabellera rubia brillaba con la luz del sol cómo sí fuera una especie de metal.. Ejem, y mi supuesto mejor amigo había ido al baño ¡Sin mi! desgraciado..

Me habían dejado sólo ¡A mí! Esos fresas de la alta.. Así que decidí que no iba a quedarme cómo un tonto esperándolos ahí sentado.

Ni que fuera mi mamá para andar esperando a mal agradecidos.

Estaba tranquilo en una esquina del aeropuerto comiendo una torta de chilaquil que me había regalado un vagabundo cuando sentí una mano fría pellizcar mi nuca.

— ¡Ay! — Me gire. Raiden me estaba viendo de una forma extraña antes de levantarme del suelo de un tirón.

— Vámonos.

𝑹𝒂𝒊𝒅𝒆𝒏

Salí del baño con la tranquilidad de que Zeke estaba dormido y no se habría ido a cualquier otro lado, pero para mí mala suerte sólo estaba mi suéter con el cual lo había tapado cuando se quedó dormido.

— Ay niño..

Raven regresó apenas unos segundos después que yo, así que la dejé a cargo de las maletas para ir a buscar a Zeke.

— Raven, quédate aquí, voy a buscar a Zeke.

— ¿Que? ¿¡Por que yo me tengo que quedar aquí!? ¡No estamos en Latinoamérica!

De igual forma la ignore.

Me abría paso entre la gente buscando a mi amigo, sin embargo no lograba verlo por ningún lado.

— ¡Zeke! ¡Zeke! — Grite su nombre, y a falta de respuesta mi preocupación se fue tornando en una creciente angustia. La atención de mi mirada se intercalaba nerviosamente entre mi reloj y la multitud, debía encontrarlo rápido o perderíamos el avión.

— ¡Zeke! — Grité una vez más, de nuevo, no obtuve respuesta.

Me apoyé a la pared de cristal, prácticamente rendido, cuando dejé caer mi cabeza a un lado ví que a unos pasos de distancia estaba Zeke, lo reconocería aún sí lo único que podía ver de él eran sus rizos, estaba sentado y comiendo una extraña combinación de alimentos de forma despreocupada junto a un vagabundo.

Le pellizque de la nuca como cuando éramos pequeños, era un forma de llamar su atención bastante efectiva.

— Nos vamos. — Dije ignorando el hecho de que lo había asustado momentáneamente. No me iba a disculpar, él casi me provocaba un infarto.

Mientras tiraba de él en dirección a donde había dejado a mi hermana y las maletas, él sonreía como bobo.

— Raiden, mira. — Extendió su mano en un puño que abrió lentamente dejando ver un par de monedas relucientes.

— Zeke.. ¿Te volviste carterista?

— No, me lo dieron. — Sonaba orgulloso al decirlo, pero en mi cabeza algo hizo click, lo habían confundido con un limosnero.

Por el bien de su estado de ánimo y la paz en el aeropuerto decidí no decirle nada.

— Sí, sí.. Muy bonito. Ahora, no quiero que siquiera intentes alejarte, no más ¿okey?

El asintió como un niño pequeño antes de guardar las monedas en su bolsillo.

Vuelo 203, Londres, Reino Unido a Roma, Italia

— Raideeen. — Arrastraba la penúltima letra de mi nombre de forma perezosa, yo alzé mi mirada de mi libro y giré mi cabeza hacía él.

— ¿Sí?

— ¿Puedo dormir en tu hombro?

— Bueno pero ni que fueras un duendecillo. — me reí.

— No, no, no, me refiero a, apoyar mi cabeza en tu hombro para dormir mejor.

Lo miré unos segundos procesando lo que quería hacer, en serio él.. ¿Queria apoyarse en mi hombro para dormir?

— ¿No llevas una almohada en tu mochila?

Él negó con la cabeza.

¿¡¿Entonces porque su mochila estaba tan abultada?!? ¿Se había traído consigo al perro o que?

No me quedó más que suspirar y dejar mi libro a un lado.

— Vamos, recargate. — El sonrió como si le hubiera puesto un fajo de billetes frente al rostro y apoyo su mejilla sobre mi hombro, al cabo de unos minutos se quedó completamente dormido.

Sus párpados cerrados hacían caer sus pestañas sobre sus pómulos, se veía tan tranquilo durmiendo que incluso podría decir que era lindo, tan lindo como para hipnotizarte.