Un sentimiento extraño
El día que marcó el final de la guerra contra la liga de villanos quedó para siempre grabado en la mente y los corazones de todo el mundo. En el centro de todo el caos, un chico pequeño de rebeldes rizos de jade sonreía, a pesar de las lágrimas que surcaban sus mejillas y la sangre que escurría de sus sienes. Izuku había dejado que su amigo de la infancia, Kacchan Bakugo, descansará su cabeza en su regazo.
Los jóvenes héroes estaban vivos, habían ganado la guerra. La imagen de los dos chicos se quedó en el recuerdo colectivo, aún un año después los civiles se acercaban a los chicos para pedir una foto o un autógrafo de los héroes más grandes del mundo; justamente eso sucedía en ese preciso instante, en su recorrido por el centro comercial un grupo de chicos de instituto se acercaron al héroe Deku para pedir un autógrafo, cosa que Izuku aceptó con gusto.
Cuando los chicos se fueron el par de amigos de la infancia continuó su camino en silencio, Katsuki había estado pensando en lo rápido que cambiaron las cosas y en lo mucho que mejoraron, hasta hace un año él era un completo idiota, un poco ególatra y demasiado arrogante para llevar una relación sana con cualquiera, y sin embargo, ahí estaba ahora, pudiendo llamarse de nuevo “el mejor amigo” de Izuku. Katsuki sonrió ante ese hecho, le alegraba sobremanera no ser un completo imbécil.
En ese momento un tirón en su antebrazo lo hizo detenerse, Izuku lo miraba con una sonrisa emocionada mientras apuntaba algo detrás de ellos.
—¡Mira Kacchan!, ¡una máquina medidora de fuerza! ¡Vamos, pruébala!
Katsuki sintió que no podía negarse, no con esos ojos de cachorrito que Izuku ponía cuando se emocionaba, además el chico de pecas ya estaba tirando de su brazo hacia la máquina.
—¿Por qué no lo pruebas tú, Izuku?
El rubio ya había puesto las monedas para iniciar el juego, con un ademán le indicó a Izuku que podía golpear. El chico de pecas puso una sonrisa desafiante y golpeó con toda la fuerza de su brazo derecho, su acción produjo un golpe sordo que llamó la atención de otros jugadores de la zona de arcade; Katsuki simplemente aplaudió.
—Es bueno saber que no eres un debilucho… —se burló Katsuki, mientras ponía más monedas en la máquina.
Aún sin quirks había una gran diferencia entre la fuerza de aquellos dos chicos, tal cosa quedó al descubierto cuando al golpear, la fuerza de Katsuki reventó el cristal de la máquina e hizo rebotar la pera de box.
Izuku contuvo un suspiro de sorpresa. Su profesor Aizawa tenía razón, ellos dos no podían estar un día sin causar algún incidente. Mientras tanto Katsuki seguía mirando la máquina pensando cómo demonios iba a pagar por los daños.
Por suerte para ellos, el seguro del centro comercial cubría ese tipo de accidentes, aunque el pequeño percance los dejó sin tiempo para jugar otras cosas en el arcade. A media tarde se hallaron en la entrada del cine, Izuku seguía riéndose en la cara de Katsuki por lo rojo que se había puesto al romper el cristal de la máquina.
—¡Ya cierra la boca, Izuku! ¡Fue tu idea! —gritó Katsuki avergonzado.
Su voz era estridente, áspera, para el resto de personas en el lugar anunciaba problemas, para Izuku, sin embargo, fue solo la actitud calmada de Kacchan; aún así tuvo que contener su risa, hinchó sus mejillas sonrojadas e intentó cerrar la boca; por desgracia Katsuki seguía rojo de vergüenza. De solo recordar su expresión Izuku volvió a reír.
—¡La rompiste! —gritó apuntándole.
—Izuku… —masculló Katsuki, rechinando los dientes.
En un movimiento sujetó a Izuku por el cuello, debajo de su brazo izquierdo, y con los nudillos hizo fricción sobre su cabello rebelde.
—¡Suéltame idiota, me despeinas! —gritó Izuku sin poder dejar de reír.
Detrás de ellos un hombre se aclaró la garganta, Katsuki giró aún sosteniendo a Izuku. Ambos vieron al oficial de policía que acudió cuando se reventó el cristal de la máquina, el hombre los miraba con una ceja levantada. Inmediatamente Katsuki soltó a Izuku, el chico de pecas se levantó intentando poner en orden su cabello.
Izuku forzó una sonrisa, luego sujetó el brazo de Katsuki y tiró de él hacia la taquilla del cine. Tuvo que pararse sobre las puntas de sus pies para murmurar en el oído de Katsuki:
—Tú compra las entradas, yo voy por las palomitas antes de que nos arresten.
Dicho eso, Izuku soltó a Katsuki y corrió hacia la fila de las palomitas. La mujer de la taquilla sonrió con la escena.
—Tú novio es muy tierno —dijo ella.
Katsuki, que había estado mirando a Izuku, se giró de inmediato.
—No, no es mi novio…
—No te desanimes, seguro que pronto lo será. ¿Para qué película son las entradas?
Katsuki escogió los asientos, siguió a Izuku por el pasillo y se sentó junto a él en la oscuridad. La película era un mini documental de la batalla contra AFO, Izuku casi se queda sin voz por tanto gritar de la emoción; mientras tanto Katsuki se había perdido en su mente agitada, la idea de ser novio de Izuku le pareció demasiado agradable.
Pero una pregunta se había instalado en su cabeza, ¿qué era eso que estaba sintiendo?
[...]
Cuando subieron al autobús que los llevaría de vuelta a UA, Katsuki intentó no quedarse dormido, sin embargo, estuvo cabeceando casi todo el camino. En uno de sus tantos despertares vio a Izuku pegado al cristal de la ventana, con una mirada nostálgica que entristecía demasiado su expresión.
—¿Qué te sucede, pecas?, normalmente no puedo hacer que te calles.
Izuku giró para mirar a Katsuki con una mirada desafiante y una sonrisa burlona, no perdió oportunidad de golpear su hombro por molestarlo.
—Solo pensaba…
—¿En cómo dejar de ser un nerd?
Katsuki se ganó otro golpe en el hombro.
—Ya sé, vas a raparte para al fin tener un peinado decente.
—¡Kacchan, eres un idiota! —gritó Izuku riendo, mientras golpeaba de nueva cuenta a Katsuki.
El rubio solo pudo reír, al menos había conseguido borrar esa expresión triste en el rostro de Izuku.
—Ya hablando en serio, pecas ¿qué te sucede?
Izuku lo meditó un momento, bajó la mirada hacia sus manos, estaba jugando con sus dedos; Katsuki lo conocía lo suficiente para saber que estaba nervioso. Por eso se aventuró a sujetar sus manos intentando transmitirle confianza. Al encontrar la mirada de Katsuki, Izuku suspiró.
—Estaba pensando en estudiar para ser docente cuando termine el curso de héroe… Quería estudiar en la capital pero…, All Might me ofreció la oportunidad de estudiar en Estados Unidos, me consiguió una beca completa.
Katsuki tuvo que esforzarse para que su expresión no delatará sus propios nervios.
—¡Eso es genial, Izuku! Es una oportunidad que no puedes desaprovechar.
—Pero no quiero dejar a mis amigos, mi hogar…
—Oye, tus amigos vamos a esperar el tiempo que haga falta, pero estaremos orgullosos si persigues tus sueños.
—¿Me extrañarías si me voy?
—Por supuesto, ¿dónde más voy a encontrar un nerd tan necio como tú?, eres único en tu especie.
—¿En mí especie?, no soy un animal.
—Lo eres, el más feo de tu especie.
—¡Kacchan, eres un idiota!
[...]
Si lo pensaba con calma le parecía una mala broma del destino. Siendo niños él estaba orgulloso de su fuerza, y no aceptaba la idea de que Izuku, aún sin quirk, fuese más cercano a un héroe que él. Sin embargo, que Izuku obtuviera un quirk solo sirvió para que eso quedará en evidencia, Izuku era más fuerte que nadie, el mejor de los héroes. Y ahora, el niño que antes se burló de Izuku, quien se creyó superior, había aceptado que desde siempre fue él quien corrió siguiendo la luz del héroe Deku.
Katsuki llevaba toda la tarde pensando en ello, en cómo había cambiado tan rápido su relación; estaba tan disperso que ni siquiera prestaba atención a la conversación que tenía lugar en la sala común del dormitorio, donde Momo, Mina y Ochako explicaban su organización para la fiesta de graduación.
La conversación no le fue interesante, hasta que sintió a Izuku moverse a su lado, luego ese chico pequeño que ocupaba sus pensamientos descansó su cabeza sobre el hombro de Katsuki. El rubio dio un respingo, luego se quedó quieto como una estatua sin llegar a entender el porqué. De pronto pensó que Izuku estaría incómodo en esa posición; tomó uno de los cojines del sofá, lo puso en sus piernas y levantó el brazo para guiar a Izuku a recostarse. Todos en la sala común lo notaron, pero al conocer el temperamento de Katsuki nadie lo mencionó.
Aquella reunión se extendió más de lo planeado, para cuando se dieron cuenta era casi medianoche. Denki se había dormido a media reunión, su cabeza colgaba hacia atrás y tenía un hilo de saliva escurriendo por su mejilla. Entre los caídos también figuraba Izuku; quien en ese momento, ante los ojos de Katsuki, era simplemente adorable, sus mejillas se habían enrojecido por el calor de la manta que Momo le puso encima, el cabello le caía sobre el rostro, lucía exactamente como las doncellas de las películas de amor.
De pronto Katsuki se volvió consciente de sus pensamientos y de la sonrisa que se había instalado en su rostro, entonces sacudió la cabeza y se obligó a fruncir el entrecejo.
—¿Ya terminaron?, quiero dormir —dijo, cuidando que su voz no fuera un grito, no quería despertar a Izuku.
—Mejor lo dejamos aquí por hoy —concedió Momo—, ¿te ayudamos a llevar a Midoriya a su habitación…?
Cuando Momo terminó de preguntar, Katsuki ya se había puesto de pie, llevando en sus brazos a Izuku.
—Puedo solo. Asegúrense de ordenar la sala antes de irse, o los mataré en la mañana —amenazó antes de avanzar hacia las escaleras.
—¡Buenas noches bro! —gritó Kirishima.
El rubio continuó su camino con prisa, sentía a Izuku temblar por el frío. Al llegar a la habitación de Izuku por un momento pensó que debió pedir ayuda, resultaba difícil abrir la puerta cuando tenía las dos manos ocupadas, sin embargo, lo logró. En el último año había pasado tanto tiempo en esa habitación que ya la conocía de memoria, ni siquiera tuvo que encender las luces para llegar a la cama, fue ahí donde por segunda vez pensó que debió pedir ayuda.
Las luces se encendieron de pronto, Katsuki giró hacia la puerta, Ochako estaba ahí.
—¿Necesitas ayuda?
Katsuki bufó.
—Sí, por favor.
Ochako sonrió por la forma en que Katsuki respondió como un niño regañado.
—¿Por qué con Deku eres tan amable y a nosotros nos sigues tratando como extras? —preguntó ella mientras avanzaba por la habitación.
—No soy amable con él.
Ochako se detuvo en su labor de hacer a un lado las mantas para mirar a Katsuki con una ceja levantada, no creía posible que el gran Dynamight no se diera cuenta de su actitud alrededor de Izuku. Lo miró de arriba a abajo, señalando el hecho de que lo estaba cargando, cuando pudo despertarlo para que él mismo se fuera a dormir.
—¿No te das cuenta o te estás haciendo el tonto? —insistió ella.
—¿Darme cuenta de qué?
La expresión gruñona de Katsuki no vaciló ni un poco, de verdad no se daba cuenta. Ochako suspiró, era demasiado tarde para lidiar con la torpeza de ese hombre testarudo.
—Olvídalo, dile a Mina que te lo explique.
A pesar de la insistencia de Katsuki, ella continuó haciendo espacio entre las mantas, y salió de la habitación cuando Izuku estuvo bien abrigado.
Katsuki permaneció de pie junto a él, mirándolo aunque fuera raro. Su cuerpo se movió sin que él pudiera pensarlo mucho, apartó uno de los mechones de Izuku y acarició una de sus mejillas. Izuku giró la cabeza hacia él y por un momento abrió los ojos.
—Kacchan —murmuró sonriendo, luego volvió a quedarse dormido.
—Buenas noches, Izuku.
[...]
Había estado pensativo durante la mañana, no entendía a lo que se refería Ochako. Para él las cosas eran normales, su trato hacia Izuku era más suave, pero no extraño, o eso creía él.
Para la hora del almuerzo, Izuku comía en la mesa del frente junto a Iida, Todoroki, Tsuyu y Ochako; cada tanto las miradas de jade y escarlata se encontraban, ambos se sonreían, luego volvían su atención a su mesa, o al menos Izuku lo hacía, pues Katsuki parecía no poder apartar la mirada.
Sus acompañantes: Mina, Eijiro, Momo, Jiro, Kaminari y Sero, miraban a Katsuki, luego a Izuku, se miraban entre ellos y repetían el proceso.
—¿Por qué no dejas de mirarlo como un acosador y por fin le confiesas lo que sientes? —preguntó Mina.
—¿Confesarle qué?
Sus amigos le dirigieron una mirada extrañada.
—Lo obvio, que estás loco por Midoriya, dah.
—Para ser de los mejores de la clase eres bastante tonto, amigo.
Katsuki entornó la mirada hacia Kaminari.
—Dejando a un lado sus bromas, ¿de qué demonios se supone que hablan?
De nuevo sus amigos se dirigieron “esa” mirada.
—¿En serio no te has dado cuenta? —intervino Mina.
—¡Carajo! ¡¿Darme cuenta de qué?! —gritó Katsuki.
Las chicas se miraron, luego suspiraron decepcionadas.
—¡Ochako! ¡Nos urge esa noche de películas! —gritó Mina de nuevo.
Ochako giró la cabeza hacia ella, con los ojos brillantes de emoción.
—¡Las tengo listas!, ¡que sea hoy!
Las chicas se unieron en un raro plan de ver películas, y Katsuki siguió sin comprender de qué estaba tratándose la conversación. Pero lo comprendió esa misma noche, cuando las chicas aburrieron a toda la clase con sus cursis películas románticas.
Y en cada una de las escenas de hombres estúpidamente enamorados se identificó con un sentimiento extraño. Aquello que se sentía como una bocanada de oxígeno antes de ahogarse, como la calidez del sol bañando la piel en un frío invierno, la comodidad de una cama luego de un largo día, el aroma de las flores en primavera, esa sensación de paz en el pecho y una felicidad plena con una sola sonrisa. En medio de sus vacilaciones vio perfectamente nítido el rostro de Izuku, su sonrisa, y esa preciosa mirada soñadora.
Tuvo que hacerse pequeño en su sitio, se cubrió el rostro por el calor que invadió sus mejillas mientras aceptaba un hecho innegable; eso que sentía por Izuku Midoriya, no era otra cosa más que amor.