Do you like scary movies? 'Cause you're in one

Summary

Ring. Ring. Ring. - ¿Hola? - ¿Te- te gustan las películas de terror? ***** Eres una amante del terror, que termina siendo protagonista de su propio horror, pero ¡Hey! ¿Al menos eres el tipo del asesino?

Status
Complete
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
18+

Final girl you know I'm Running for my life

Te encuentras boca abajo, moviendo tus caderas desesperadas sobre el vibrador. Cuando tu orgasmo te alcanza, te obligas a apagar a tu querido compañero rosa.

Gimoteas al darte la vuelta sobre la cama.

- Eso estuvo genial.- te dices a ti misma estirando tu cuerpo como un gato feliz sobre tu cama.

Te levantas después de contemplar unos segundos el techo de tu habitación compartida, en lo que tu respiración se equilibra. Tienes que limpiar para tu flojera. Vas al baño privado dejando el vibrador sobre el lavabo, lo lavaras después; te sientas en el inodoro y orinas, limpiando al terminar con el papel tus fluidos de paso.

Vas y quitas la toalla que habías colocado en tu cama para evitar manchar algo. Así que sales de tu cuarto mirando de reojo el pasillo de la casa para estudiantes. Como esperabas, no hay nadie, son vacaciones y los pocos que se quedan están de fiesta, por lo que no te preocupas en ponerte algo, solo llevas una camisa que te queda algo grande y tus calzoncillos.

Tarareas para ti misma mientras bajas hasta el sótano donde está la lavandería. Frunciendo el ceño al ver el bote de ropa repleto, literal hay prendas hasta en el suelo; por eso decides lavar tu ropa aparte a pesar de lo que digan tus compañeras sobre ahorrar el agua, realmente se esperan hasta que esté atiborrado para comenzar a lavar y luego andan pidiendo unas a las otras que se presten algo de ropa.

Metes tu toalla y de paso algunas que dejaron por allí. Detrás de ti, una de las cajas de detergente se cae, suspiras pero no puedes evitar una pequeña sonrisa mientras vas a recoger la caja.

- Muy gracioso pequeña fantasma.- dices a la nada.- La próxima vez quizá quieras hacérselo a Tiffany.

Ninguna respuesta.

Vuelves a subir, admirando por un momento la casa vacía. Se siente extraño, casi siempre hay alguien, alguna de las chicas, amigas o novios, pero alguien. Pero estás sola. Lo cual estabas buscando desde hace meses, pero ahora se siente algo inquietante.

- Supongo que me acostumbre.- te dices a ti misma.

Para evitar que el lugar se sienta como un backroom, vas a la gran televisión de la sala de estar, entrando a la cuenta compartida de Netflix, quizá encuentres algo que ver.

- Quizá algo de miedo para seguir con el ambiente.- te dices a ti misma divertida.- O quizá algo divertido, The Rocky Horror Show o The Boy, para soñar con un chico monstruo que te coja.

Dios, eres tan rara. Te regañas mentalmente, por hablar sola y fantasear con un “chico monstruo” y hablar con “el fantasma de la casa”. Ahora entiendo porque no les agrado. Suspiraste algo desmotivada, al principio realmente lo intentaste, incluso encontraste gustos en común con las demás para llevarse bien, pero al final pareces ser demasiado rara para ellas. Empezaron excluyendote y luego las encontraste varias veces hablando a tus espaldas.

Ring. Ring. Ring.

Saltaste por el repentino ruido. Es el teléfono de la casa, uno de esos teléfonos inalámbricos aun con teclas, la verdad nadie lo usa más que para pedir comida a domicilio. Estos dormitorios habían sido una de esas casas de ricos hace mucho tiempo, hasta que comenzaron a modificarlas para que fueran habitables en la pequeña universidad. Los electrodomésticos de la casa son bastante modernos, pero la estructura y el lugar es viejo, desde que llegaste, te pareció el tipo de casa que se ven en las películas de misterio que tienen que ver con internados. Incluso te imaginaste caminando entre los pasillos con ese vestido blanco que tienes con algún portavelas antiguo, casi como en el Fantasma de la Opera.

Caminaste con tus pies descalzos hasta el teléfono, presionando la tecla verde.

- ¿Hola?

- ¿Te- te gustan las películas de terror?

Esa voz. No vas a negar que es atractiva, aunque el tartamudeo te descoloco un poco. Tiene un tono brusco y profundo, pero con algo que se siente torpe, quizá fuese por el tartamudeo.

- Muy gracioso.- murmuras molesta por la cita de terror, seguro que es alguno de los novios de las chicas haciéndote una broma, no sería la primera vez.- Si eres el novio de TIffany, o ese chico de los tatuajes que anda con Fran, ya dejó de ser gracioso después de las primeras tres veces.

- Solo te- tenia curiosidad.- responde la voz al teléfono. Un ruido como si la señal fallara se escucha del otro lado.

- Jodanse.

Cuelgas. Pero apenas te apartas del teléfono este vuelve a sonar. Tomas una bocanada de aire antes de contestar, aun con un tono molesto.

- ¿Qué?

- No respondiste mi pre- pregunta *sht, tic*.

Suspiras molesta, frunciendo el ceño por el ruido del teléfono, hasta donde sabes la señal funciona bien. Bien, les seguirás el juego.

- Si, me gustan. Ya lo saben.- respondes rodando los ojos.

De hecho esa es una de las cosas por las que te molestan. Lo que te parece estupido, estamos en pleno 2025 y ellas siguen actuando como adolescentes de los 90´s.

- ¿Cuál es tu favorita?

- Escuchen, hoy tengo la casa para mí. Vayan a molestar a alguien más.

Dices esta vez con voz más amena esperando que se dejen de bromas.

- Se que ti- tienes la casa sola *tic, sht*. Ha- haces, haces sonidos muy bonitos cuando te masturbas con la cosita rosa.

Se te heló la sangre, tu estómago se revolvió.

- ¿Quién eres?- preguntaste asustada.

- Ya me conoces.

- Creo que recordaría a un chico que tartamudea y espía a las chicas. Voy a marcar a la policía.- dices asomando por una de las tantas ventanas, pero no ves a nadie, solo la calle de noche alumbrada por las farolas de la antigua casa.

Tratar de correr para pedir ayuda es estupido. La caseta de la policía del campus está lejos de los dormitorios, la otra opción es ir a uno de esos puestos de vigilancia con botón de emergencia, pero se ha comprobado que solo existen para dar una falsa sensación de seguridad, nunca funcionan.

- No lo harás, sé exactamente lo que haces… Solo quiero hablar.

Su tono al final te desconcierta, se escuchó casi suplicante. Como si no acabara de prácticamente insinuar que te tiene vigilada.

Durante ese rato cerraste las cortinas del piso de abajo, asegurando que todas las ventanas y puertas estén cerradas. Por desgracia, no puedes revisar las del cuarto de tus compañeras porque todas cierran con llave sus respectivas habitaciones, pero es bueno… excepto que pudiese escalar al segundo piso (lo cual no es imposible, has visto a los novios de tus compañeras hacerlo) y romper los seguros o las ventanas no es complicado.

- Scream

Detrás de la línea escuchas un sonido inquisitivo, junto a algún sonido que parece un crujido.

- Mi película favorita, de las clásicas, es Scream y Urban Legend. De las más nuevas mi favorita es Scary Stories To Tell In The Dark.

- La mi- mia es The Texas Chain Saw Massacre.- dice el chico, su tono de voz cambió ya no suena tan amenazadora, pero sigues sintiéndote intranquila.- No he visto muchas películas últimamente *tic, tic*.

Piensa. Piensa. Piensa.

Te dices mentalmente. Quizá estés a salvo mientras hables con él ¿Llamar a emergencias? Puedes ir por tu celular y tratar de usar la opción de mensajes, no podrías tener dos conversaciones al mismo tiempo ¿Y si ya está en la casa? El lugar es enorme, podría ya estar adentro y te acabas de meter en la boca del lobo al encerrarte.

El chico sigue hablando, sobre la película y porque le gusta, luego menciona algo sobre Halloween. Tu mente no presta mucha atención tratando de pensar qué hacer, es más como un sonido de fondo.

- … A tu mamá no le gustó que te disfrazaras de Ghostface con ese trajecito. A mi si me gusto ¡Gustar!

Te quedaste paralizada, con el grito en el oído. Eso fue el Halloween pasado, hace meses, tus compañeras te convencieron de que fueses más sexy con tu disfraz, y pensaste ¿Porque no? Después de todo llevarías máscara, compraste uno de esos leotardos de gimnasta color negro que te dejaba las piernas completamente desnudas con un escote bastante pronunciado. Tu mamá vio las fotos en tus estados y te regañó casi por una hora por teléfono por ir como una puta.

- ¿Quién eres?- volviste a preguntar, esta vez no pudiste disimular el temblor de tu voz. Sientes que tienes la respuesta en la punta de la lengua, pero tu miedo no te permite pensar claro.

- ¿Aún no lo sabes?- suena decepcionado, puedes notar cierto acento en su voz.- Y-Yo, yo, te estuve mandando re- regalos, pero las chicas de la casa los esconden. No sabía cómo hablarte.

Tu corazón se achico. Suena realmente triste ¿Él te dejaba regalos? ¿Entonces es un acosador?

- Nunca recibí nada…

- Lo sé. Una a- amiga ¡amiga! *tic* te vigilo por mi. Ella vio como esas chicas los escondían.

Te quedas allí, de pie en medio de las escaleras que habías comenzado a subir para ir por tu celular. ¿Y si no es un loco acosador? Quizá solo a un chico al que le gustaste y recién se está atreviendo a hablarte… te recuerdas que él te vio masturbándote, pero ahora la idea no te asusta, se siente diferente, bien.

Él chico río al otro lado de la línea. Una risa extraña, torcida, pero linda.

- Te gustó mi “maquillaje" .- dijo remarcando la palabra.- Dijiste que mi herida parecía muy real, estuvimos hablando. Cite *tic, tic* esa canción de zombies…

¡Oh!

- If I were a zombie, I´d never eat your brain.- cantaste en voz baja, recordando.- I´d just want your heart. Yeah, I´d just want your heart, I´d just want your heart … ¿Toby?

No pudiste evitar el entusiasmo en tu voz. Ahora tiene sentido, un nerviosismo cruzó tu cuerpo con entusiasmo. Casi lo habías olvidado, porque no creías que lo volverías a ver. Ahora los sonidos del teléfono tienen sentido, no es la línea o el aparato fallando, son sus tics.

Ese Halloween las chicas te dejaron ir con ellas, porque tu disfraz encajaba más con lo que ellas llevaban, nunca has estado en contra de que la gente se disfrace, como y de lo que quiera (al fin y al cabo eso es lo divertido de la festividad) pero nunca te sentiste cómoda con esa clase de disfraces sexys, siempre te esforzaste por realmente dar miedo o hacer lo más parecido a los personajes de tus películas favoritas. Tenias muchas ganas de agradarles, asi que saliste con solo el leotardo, unas botas con un ligero tacón y la máscara, pero como siempre, poco a poco fueron ignorándote.

Fueron a la clásica fiesta universitaria, deseando irte apenas llegaste. En algún punto subiste a uno de los cuartos para despejarte de la música y encontraste a un par de chicos peleando en la habitación, pensaste en irte para no interrumpir, pero el chico de la sudadera blanca y sucia con una máscara de lobo salió empujando tan agresivamente que casi te caes.

Toby se había acercado disculpándose por el comportamiento de su amigo. En ese momento tuvo un tic que te asustó porque pensaste que iba a darle un ataque de compulsión o que algo estaba mal, hasta que te explico que eso era normal para él, y de allí simplemente… la conversación fluyó. No vas a mentir, al principio fue difícil seguir la conversación con sus tics y cambios de tono en todo momento, pero incluso habías encontrado lindo cuando hacía un silbido al azar o repetía una palabra como un pensamiento intrusivo.

Se quedaron hablando en ese cuarto hasta que una pareja demasiado cariñosa, prácticamente los ignoraron cogiendo en el lugar frente a ustedes, ambos salieron riendo por la situación.

Decidieron dejar la fiesta. Te habías sentido tan cómoda con él, que cualquier sentido común sobre no irse con un chico extraño salió por la borda.

Por esa noche, te sentiste como en esas películas, donde la protagonista se queda con el chico lindo, porque muy rara vez te habían llegado a coquetear, y aunque no se sentía exactamente como un ligue, fue agradable hablar con alguien con gustos similares sin parecer una loca. Literalmente terminaron hablando sobre canibalismo y temas parecidos, estas segura que muchos estudiantes que caminaban por la calle les miraron con miedo.

Fue cuando te mostró su herida. Habías pensado todo ese tiempo que era maquillaje hasta que retó a tocarlo, la piel nunca cicatrizada y el interior de su boca que muestra algunos de sus molares. A cambio tu también le mostraste una cicatriz que tienes en la espalda, de una de las tantas golpizas de tu madre que dejó una marca permanente, una que parecía que te hubiesen abierto desde la espalda por la mitad; justo por debajo del cierre del leotardo. Se sintió bien tocar esos temas sensibles entre ustedes, solo se sentía natural de alguna manera.

Solo te diste cuenta de cuánto tiempo habían pasado juntos cuando comenzó a amanecer. Simplemente te acompaño hasta la casa de estudiantes, y como tonta le diste un beso en la mejilla escapando como colegiala avergonzada, cerrándole la puerta en la cara. Solo hasta unos minutos después tu cerebro reaccionó, abriste la puerta para pedirle su número, y ya no estaba. No pensaste en volverlo a ver, porque él mismo había dicho que no era de allí, lo cual no es inusual durante fiestas, personas que no son estudiantes van y vienen del campus todo el tiempo.

- Si me recuerdas.

No pudiste evitar que un sonrojo llegara a tu rostro, su voz suena tan esperanzada que se te encogió el corazón.

- Claro, yo ¿Cómo conseguiste este número?

- …Un amigo me hizo un fa- favor, favor ¡Espiar! Quería volver a hablar contigo, pero no sabía cómo.

Te sentaste sobre las escaleras casi en cámara lenta.

- Dijiste que me dejaste ¿Regalos?

Preguntaste dudando de haberlo escuchado decirlo.

- Si. Yo pensé que así podría acercarme *tic, tic*, pero esas compañeras tuyas los escondieron ¡Esconder!.

Gruñiste molesta. Estas de acuerdo que no les caigas bien ¿pero eso? Ya es extremo y estupido de nivel secundaria.

- Lo siento tanto. Yo no tenía idea.

- Es- esta bien, esta bien. No es tu culpa.

Miraste a la nada un segundo.

- ¿Me has estado stalkeando?- preguntaste con duda.

Detrás de línea escuchaste esa risa, el recuerdo de su curiosa risa regresó a tu mente, fresca como si fuese ese mismo día.

- ¿Y si digo que sí?

El sonido de pies en el piso de arriba hizo que casi soltaras el teléfono. Miraste sobre tu hombro hacia el pasillo, pero los postes de las escaleras no te dejan ver bien. Del otro lado de la línea escuchas un crujido, su tono de voz parece bajar.

- En- Entonces *tic, tic* .- se aclara la garganta recuperando el control de su voz.- ¿Tienes novio?

Empiezas a subir por las escaleras, recordando el diálogo de tu película favorita:

- ¿Por qué? ¿Me vas a pedir que salgamos?

Dices tratando de no sonar nerviosa mientras terminas de subir las escaleras y comienzas a caminar por el largo pasillo hasta tu habitación.

- Tal vez…

Jurarias que su voz sonó más profunda, causando un cosquilleo familiar entre tus piernas.

- No…

- No me has dicho tu nombre.

Tu mano tiembla mientras tomas el pomo de la puerta, de repente el suelo se siente helado bajo tus pies descalzos. Abres la puerta de tu habitación de manera casi tortuosa.

- Ya lo sabes.- dices, ya sin seguir el diálogo de la película, pero luego te aclaras la garganta diciendo:- ¿Por qué quieres saber mi nombre?

- Para saber a quién estoy viendo.

Cuelgas la llamada para encontrarte con el chico sentado sobre el borde de tu cama. Tus nervios no hacen más que aumentar cuando ves lo que tiene en sus manos. Te parece curioso que lleve la misma ropa que ese Halloween, solo que sin las gafas y esa mascarilla que parecía bozal.

- No he podido lograr dejar de pensar en ti todo el tiempo.- dice admirado demasiado cerca tu vibrador.- Unos amigos están cerca y pen- pensé ¡Pensar! ¡Matar! Que podría visitarte… no pensé que te encontraría haciendo algo tan sucio.

Toby lleva una de sus manos llenas de cicatrices a la parte redonda del virador, tocando con la yema de sus dedos tus fluidos, jugando con ellos. El chico te miro, y sin apartar la vista, llevo esos dedos a su boca, lamiendo.

Tragaste saliva, aun estática en tu lugar.

- Ahora tengo estos pensamientos que tú misma causaste ¡Hacer! .- un tic hace que algunos de huesos crujan, lo escuchas silbar junto a algunos sonidos al azar, no puedes evitar sentirte atraída, caminando hacia él que no a apartado la mirada de ti.- Deberías ser buena y ayudarme.

- ¿Con qué?- preguntas con voz gomosa mirándolo a los ojos.

Él te toma con fuerza de la muñeca atrayendote hacia él y obligandote a sentarte en su regazo. Un suspiro entrecortado sale de ti al sentir el bulto de su pantalón pegando justo contra tus muslos. Tu misma mano que tiene sujeta la lleva hasta sus pantalones, colocando tu mano sobre su bulto.

- Con esto.

Toby lleva su rostro muy cerca del tuyo, casi de manera tortuosa haciendo que compartan el aliento. Una ligera risa salió de ti por la situación, con tu otra mano lo tomaste del rostro con él inclinándose a su tacto.

- ¿El truco de stalkear a las chicas siempre te funciona para coquetear?

El chico se encogió de hombros, sin apartarse de tu tacto a la vez puedes sentir su erección pulsando sobre tu mano.

- No suelo coquetear.

No lograste evitar sonreír, de manera casi tonta. Bueno, no es que yo sea muy normal. Piensas.

- Bien. Porque a mí sí me gusta.

Te acercaste lo suficiente para que sus labios se rozaran. Toby gimió, llevando una de sus manos a tu cabeza, atrayéndola más para profundizar el beso. Habías quitado tu mano de su entrepierna para sostenerte de su hombros; el vibrador había quedado olvidado en alguna parte del colchón mientras ambos seguían besándose.

Sus lenguas jugaban en la boca del otro: Húmedo, sonoro, casi torpe. Metálico.

Te separaste al sentir el sabor de la sangre en tu boca. Toby te miro desconcertado. Tu ya estabas inspeccionando la herida cicatrizada de su boca.

- ¿Qué pasa?- preguntó en voz baja, mirándote con cierta desesperación.

- ¿Estás bien?- preguntas moviendo su rostro para ver si la herida se había abierto o algo.- Sentí el sabor de la sangre, pense que tu-

Él te interrumpió quitando tus manos de su cara, sosteniendolas frente a ambos.

- Estoy bien, algunas veces san- sangra ¡Sangre! ¡Sangre!

Su cuello trono dolorosamente mientras repetía la palabra un par de veces más, lo escuchaste maldecir en voz baja, recuperando el control de su voz.

- ¿No es nada de lo que me tenga que preocupar?

Recuerdas que tampoco puede sentir dolor, lo cual no sería tan malo si eso no implica que podría lastimarse sin saberlo. Quizá el haber metido tu lengua en su boca de esa manera había abierto alguna cicatriz o algo.

Su mirada te estremeció. Oscura. Deseosa.

- No.- dijo contundente, soltando tus manos y llevándolas a tus caderas.

Jadeaste al sentir su miembro aun vestido sobre tu entrada, puedes sentir tus pantys mojadas, la presión solo te hace querer más.

- Bien.- respondiste sin tratar de ocultar la desesperación en tu voz.

Volvieron a besarse con la misma intensidad de antes. Toby paseando sus manos por todo tu cuerpo, deteniéndose sobre tus senos, que solo están cubiertos por la camisa porque no te habías puesto sostén, apretando, pellizcando. Hiciste lo posible por quitarle el montón de sudaderas ¿Porque lleva tanta ropa? se pregunta tu cerebro excitado.

Se separaron para recuperar un poco el aliento. Usando ese momento para empezar a quitarse la ropa. Te arrastraste en la cama solo con bragas, mientras disfrutas de ver al chico quitarse cada una de sus prendas. Por un momento al mirar su cuerpo solo ves el montón de cicatrices, preguntándote cómo se las hizo; el hecho de que no sienta dolor, no quita el hecho de que son graves. Pero el chico desvía tu atención cuando queda solo en calzoncillos.

Tu mirada es obvia, tragas saliva al ver el vello bajar en “v”, con su erección claramente marcada. Toby ríe con unos tics de por medio, lo que hace que te pongas roja.

- ¿Te gusta?

Pregunta comenzando a arrastrarse sobre ti en la cama.

- Si…

Susurras deseosa. Su cuerpo sobre el tuyo te hace sentir tan pequeña, tan excitada. Una de tus manos comienza a recorrer su cuerpo desde su abdomen hasta su cuello, la otra busca su muñeca, sentir su pulso sobre tu piel te pone más caliente de ser posible, que él se estremezca bajo tu toque te hace sentir tan bien. No puedes evitar verlo fijamente, sus ojos reflejan los tuyos: la lujuria, el deseo entre ambos.

- Llevo mucho tiempo queriendo hacer esto contigo.

Admite con voz ronca y grave, lo que provoca en ti una sensación extraña, casi te sientes tímida. Toby se inclinó, besando, chupando, dejando pequeñas marcas sobre tu cuello. Haciéndote jadear. Tratas de atraerlo más hacia ti, clavando ligeramente tus uñas al sentir sus dientes por tu piel.

Por un momento se suelta, lo sientes bajarse los calzoncillos mientras sigue atacando tu cuello, más agresivo, mordiendo. Puedes sentir su miembro palpitar sobre tu estómago, deslizándose, húmedo por el líquido preseminal.

- Por favor.- súplicas, moviéndote para verlo a la cara.

Él se separa, observando, sientes que casi te devora con la mirada.

- ¿Qué es lo que quie- quieres? *tic, tic* ¡Linda! *Tic* ¡Ave! ¡Ave!

- Por favor, solo te quiero dentro mío, por favor.

Él sonríe, pero no es una sonrisa normal, es casi oscura. Pero tus pensamientos dejan de tener coherencia cuando lo sientes, rozando tu entrada, burlándose de ti. Solo frotándose. Gimes desesperada, en respuesta él sigue frotando jadeando, riendo, con esa mirada; le gusta, le gusta tenerte suplicando.

- Por favor.

Pides esta vez enredando tus piernas en sus caderas tratando de atraerlo. Él sigue riendo; sostiene tus piernas por los muslos con demasiada fuerza que duele, abriéndolas para él.

- Mírate.- dice bajando para lamer tu abdomen.- Tan desesperada, tan desesperada ¡Débil! ¡Ciervo! *tic* Pídelo.

- ¡Carajo Toby! ¡Solo cojeme!

Gritas tratando de sentarte para besarlo, para tocarlo. Pero él te empuja con tanta facilidad al colchón. Si decir una palabra o avisar, se abre paso dentro de ti.

Gimes porque entra tan dolorosamente lento. Lo sientes moverse fuera para entrar por completo de una sola estocada. Un grito abandona tu labios de la impresión, te sientes tan llena. Él sigue moviéndose sin esperarte, obligándote a mantener una pierna sobre su hombro, mientras deja que la otra cuelgue enganchada a su cintura.

Miras hacia abajo, es tan lascivo la manera en que puedes ver como su pene desaparece dentro de ti. Él te mira con esa sonrisa, que se ensancha con su herida. Se inclina, sus labios se encuentran e ignoras por completo el sabor metálico de la sangre, su lengua casi te ahoga por la manera en que que se abre paso en tu boca.

Gimes de manera descoordinada con sus estocadas. Gritas, cuando al separarse de ti va a tu hombro y muerde, pero no como antes, si no, como si de verdad buscará arrancarte un trozo de tu piel.

- ¡Toby! - le gritas en medio del dolor que se junta con el placer.

- ¿Cómo te verías…?- empieza a decir, separándose lo suficiente para hablarte al oído.- ¿Cómo te verías en un charco de tu propia sangre? ¿Cómo sería que tu vida se escapara mientras te tengo así?

Pasas saliva, con un grito saliendo de tus labios, su pene tocando algo en tu interior que te hace poner los ojos en blanco. Puedes escucharlo gemir sobre tu oído, agradeciendo que sea tan sonoro como tu. Sabes que estás cerca, porque tus caderas comienzan a moverse con voluntad propia, mientras jadeos que piden más salen de ti.

La presión de tu estómago se esparce por tu cuerpo, tu espalda se arquea, lo que Toby parece tomar como una invitación para morder uno de tus pezones.

Tu cuerpo se estremeció, él se retiró lentamente aun erecto, mirando tu vagina abierta y goteante. Antes de poder preguntar algo, volvió a tomar tus caderas, abriendolas para abrirse paso una vez más, penetrando profundo. Tu vulva roja e hinchada por el orgasmo duele al sentirlo buscar su propio placer, gimiendo y jadeando sobre ti, pequeñas lágrimas asoman por tus ojos por la sobre estimulación. Toby se inclina, tomando tus muñecas a los lados de tu cabeza, apoyando todo su peso, haciendo que te duelan. Sin detener sus embestidas.

- Es lo que querías ¿No?- pregunta con cierta burla en su voz.

- Si.- alcanzas a murmurar, algo de saliva escapa de tus labios. Es como si todo tu cuerpo perdiera el control.

Toby separa una de sus manos de tu muñeca para entrelazarla con la tuya. Gruñe. Puedes ver sus piernas temblar, su pene palpitar en tu interior.

- Te quiero.- le dices jadeando.- Sigue, sigue, sigue.

Le pides hundiendo tu cabeza en el colchón, arqueando tu espalda sintiendo como un segundo orgasmo se aproxima.

Tus piernas se cierran de manera inconsciente sobre sus caderas, tus paredes se aprietan a su alrededor. Y eso parece ser suficiente para sentirlo venir. Tibio, cálido, demasiado. Como si fuese alguien que no acostumbra masturbarse, lo sientes venirse de manera desbordante en tu interior. El pensamiento de que no usaron ningún tipo de protección llega tan rápido a tu mente cómo se va.

Toby se deja caer sobre ti, recargando todo su peso. Por un momento piensas que el movimiento de su espalda es una clase post orgasmo, hasta que escuchas los tics y el crujir de sus huesos. Alzas tu mano, acariciando ese cabello grasiento, masajeando su cuello cabelludo.

Ahora con todo en calma, te das cuenta que sigue siendo bastante grande, con su pene blando aun dentro de ti.

- Per- perdon.- tartamudea cerca de tu oído, intenta levantarse, pero lo sientes quedarse en su lugar sobre ti.

Una pequeña sonrisa aparece en tus labios. Tú también estás agotada.

- ¿Por qué?

Preguntas curiosas sin dejar de acariciar su cabello.

- Por lo que dije *tic, tic* ¡Matar! ¡Linda!

Lo escuchas gruñir molesto, hundiendo su rostro en tu cuello. No estás segura si es por lo que dijo o por sus tics.

- Bueno… No es como que vayas a hacerlo de verdad ¿Cierto? Además, creo que cuando hablamos este Halloween te dije cosas igual o más raras.

Suspiras divertida al recordar las conversaciones que tuvieron esa vez. Supongo que si somos un par de raros. Piensas aún con una sonrisa.

Toby comienza a separarse, la sensación de él saliendo de ti te hace sentir vacía, él cae como peso muerto a tu lado. Antes de que digas algo o intentes levantarte para limpiarte. El chico se acurruca a tu lado, recargando su cabeza sobre tu hombro, dejando uno de sus brazos cómodamente sobre tu abdomen. Decides que puedes limpiarte después, cerrando los ojos con calma, igualando su respiración con la tuya.

Por un momento sientes que vas a caer dormida cuando escuchas algo caerse en la habitación. Ambos levantan la cabeza, en el suelo hay uno de tus cuadernos de clase junto a unos lápices, solo para ver caer del mismo escritorio un libro bastante grande para decir que se cayó. Un frío extraño invadió el cuarto, como si tuvieras la ventana abierta en invierno.

- Si te digo que hay un fantasma en esta casa ¿Me creerías?

Dices tratando de sonar humorística para no asustarlo. No es la primera vez que pasan este tipo de cosas en tu cuarto, y realmente no te molesta más allá de tener que levantar las cosas del suelo. Curiosamente, casi siempre es en tu cuarto donde pasan estas cosas. A tus compañeras se les terminan perdiendo algunas cosas y luego aparecen en tu cuarto, por lo que te han tachado de ladrona muchas veces, ninguna te ha creído cuando les dices que es el fantasma del lugar.

Toby gruñe, no molesto, si no, cansado. Con el crujido de algunos huesos mientras se sienta en la cama. El chico toma tu almohada y te la pone encima, tú solo abrazas la tela sin entender.

- Sa- Sally ¿Qué tanto viste?

Miras desconcertada al chico, viendo entre él y el espacio vacío en tu escritorio.

- Bien. Vete… S- Si estamos bien… Después… Cosas de gran- grandes- s ¡Adultos! Mierda, mierda… Si, te veo afuera con los demás…

Tal como el frío había llegado, desapareció. Te giraste a ver al chico con claro desconcierto los engranajes de tu mente uniendo piezas.

- … La amiga que dijiste que mandaste a vigilarme ¿Era un puto fantasma?

Toby te mira con una sonrisa torcida.

Te dejaste caer sobre el colchón aun abrazando la almohada, cubriendo tu cuerpo desnudo con esta.

- ¿Era una niña?- preguntas preocupada recordando que dijo “cosas de grandes”, igual tu habías intuido que el fantasma de los cuartos era un infante por ciertos comportamientos.

- Si.- se recostó de lado, con una sonrisa despreocupada.

- Genial. Acabo de traumatizar a una niña fantasma.

- No nos vio. Solo que vino a ver si estábamos bien porque te escuchó gritar.

Tu rostro se pone totalmente rojo, te cubres la cara con la almohada de la vergüenza. Al menos no estoy loca. Te dices a ti misma recordando como cada vez que sentías la habitación helada hablabas con el fantasma, o para tus compañeras: sola. Suponías desde antes que era una niña, porque había veces que escuchabas una risa infantil femenina.

Toby te quita la almohada de la cara, con una sonrisa ladeada. Le respondes la sonrisa girando para verlo. Llevas tu mano a su rostro, acariciando su mejilla, tu corazón da un vuelco cuando él sostiene tu mano, como si disfrutara tu toque.

El cómodo silencio que había entre ambos es interrumpido. Escuchas la puerta de abajo azotarse. Un llanto femenino y una clase de grito.

Te sientas en la cama con el ceño fruncido, mirando a Toby para ver si escucho lo mismo que tu. Pero mientras tu estas preocupada, él parece molesto, probablemente por la intrusión.

- Deben ser mis compañeras. Voy a ver…

Te levantas rápido de la cama, buscando tu ropa interior; solo encuentras el sostén, te pones rápido la camisa holgada que llevabas, aun buscando tus bragas por el suelo.

- ¿Buscabas esto?

Toby sostiene tu panty entre sus dedos, casi como un trofeo. Te acercas para tomarlos, pero él los sostiene con fuerza lejos de ti, la sangre se te sube a las mejillas al verlo acercarse la tela a la cara, aspirando su aroma. Un tic en su cabeza acompañado del crujir de sus huesos solo hizo que te pusieras más caliente, como si tu cerebro no pudiese evitar verlo adorable y jodidamente sexy.

- Quédatelos.

Murmuras casi como si no te importara, aunque sientes la sangre correr a tus mejillas. Importando poco que el chico esté en la habitación, por la emergencia, abres el cajón de tu ropa interior y sacas unas nuevas, es incómodo, estas toda húmeda y manchada, incluso puedes sentir algo deslizarse sobre tus muslos, pero no tienes tiempo para limpiar.

Finalmente solo te pones un short de los que usas para tu periodo y bajas corriendo. Esperando que solo sea que tus compañeras lleguen borrachas o algo así.

Pero no es nada como eso:

La imagen es digna de alguna de tus películas de terror: Sarah (otra de las chicas con las que vives) entra sin camisa, sostiene a Tiffany por el brazo para evitar que caiga. Tiffany tiene el cabello rubio revuelto y lleno de tierra, pero lo que se ve preocupante es una mancha creciente de sangre en su pecho y una grave herida cubierta por la camiseta de Sarah sobre su muslo. Sarah te mira con alivio pero sin dejar de verse perturbada.

- ¿Pero qué pasó?- preguntas acercándote para ayudar a poner a Tiffany en el sillón, que importa ahora que se manche de sangre. Ves el intento de torniquete sobre el muslo, se ve feo, la sangre parece abrirse paso a través de la tela.

Sarah se aparta cerrando la puerta con urgencia. Vuelves a preguntar que paso cuando ves a la morena revisar las ventanas.

- Están bien cerradas, revise hace rato.

Bueno, igual Toby pudo meterse, pero seguro ya estaba adentro. Piensas, mientras te debates, si es buena idea dar explicaciones ahora.

Sarah te mira dudosa un momento. Pero parece creerte.

- Hay unos locos allá afuera.- chilla Tiffany, la chica es un desastre, con mocos y lágrimas, jamás la habías visto sin estar perfectamente arreglada.

- ¿Qué?- preguntas sin entender.

- ¡No sé!- grita Sarah hacía ambas.- Estábamos bebiendo con Tony y sus amigos. Todo era normal hasta que empezamos a jugar 7 minutos en el cielo. Lynda y Cameron no volvían, Kara fue a ver pero-

- Kirah.- le corriges, siempre dicen mal su nombre.

- ¡Ella! ¡Kirah! ¡Tampoco regresó! Cuando menos nos dimos cuenta teníamos a tres tipos vestidos como si fuera La Purga persiguiéndonos.

- ¿Ya llamaste a la policía?

- No seas idiota ¡No crees que ya lo intentamos? ¡Algo le pasa a los teléfonos! - te grito Tiffany mientras la desabrochando la blusa.- Ay dios ¿Se ve mal?

Les pregunta mostrándoles sus pechos. Claro, implantes. Quien diría que eso le salvaría la vida, se puede ver que la apuñalaron justo en el seno derecho, la herida tiene algo de sangre, pero por lo demás solo se ve un poco del silicón, supones que le duele por la manera en que sisea al tocar la herida.

- Creo que tenemos cosas más importantes en las que preocuparnos que por tus tetas falsas.

Contienes una risa por el comentario de Sarah. Pero tiene un punto, lo que te recuerda…

- Quizá solo les fallaba la señal. Mi celular está arriba con el teléfono de la casa. Hay que subir.- dices acercándote para ayudar a Tiffany a levantarse.- ¡Oh! Hay, un chico, quizá pueda ayudarnos.

La mirada que ambas te dan debe ser la más desconcertante del mundo. Entonces ambas parecen escanearte con la mirada notando lo evidente.

- Nosotras literalmente estábamos corriendo por nuestras vidas ¿Y tu vagina de telarañas logró cogerse a alguien?

No te la madrees. No te la madrees. Te repetiste mentalmente, tratando de que tu rostro no mostrara ninguna emoción.

- ¿Quieres subir o no?

Antes de ir al cuarto, pasate por la cocina y tomaste los primeros tres cuchillos que tus manos alcanzaron. Por si acaso.

La rubia no paró de chillar y quejarse por su pierna mientras subían por las escaleras. Te preguntas si Toby puede escuchar sus lloriqueos y si se está vistiendo para ver qué está pasando.

Finalmente llegan al segundo piso.

Sarah decide llevar a la rubia a su cuarto para ver qué más puede hacer con sus heridas. Tú corres a tu cuarto, para ponerte rápido algo más cubierto, dejandoles los cuchillos. Tienes que avisar al chico.

Vacío.

La única muestra de que algo paso son las sabanas de tu cama revueltas y el olor a sexo en la habitación, ni siquiera su ropa esta alli. Lo llamas por su nombre, pero nadie responde ¿Quizás bajo o salió? Para asegurarte te asomas por tu ventana, pero no hay nada que indique que saliese por allí, pero si notas algo, o alguien, solo ahí de pie como si fuera Michael Mayers: lleva una sudadera blanca que destaca entre las hojas de otoño, te sorprende su piel tan blanca como la misma sudadera, su mirada es… inquietante. Por un momento parece voltear a tu ventana y solo alcanza a tirarte al suelo para que no te vea.

- Mierda.

Te arrastras por el suelo hasta el cuarto de baño, tomando una toalla para limpiarte de todos los fluidos, tomando algo del cesto de la ropa sucia para ponerte encima, pero no encuentras tu celular, ni el teléfono, estás segura que los dejaste en tu habitación.

Revisas rapido el bolsillo de tu pantalón, es la alarma de violación que les dan obligatoriamente las universidades. Giras los ojos, pero la vuelves a meter al bolsillo.

Sintiéndote más cubierta vuelves a arrastrarte por el suelo para ir a la puerta de tu habitación, entonces notas por debajo de tu cama algo que no es tuyo: es un hacha, una de esas pequeñas para campamentos, también ves por allí botado tu vibrador, pero lo ignoras. En ese momento no lo cuestionas y tomas el hacha para llevarla contigo, sales hasta el pasillo, levantándote para correr hasta el cuarto de Tiffany.

Ninguna de las chicas cerró la puerta, por lo que entras de golpe. Ambas sueltan un grito de terror, tú solo ruedas los ojos, cerrando con seguro detrás de ti.

Sarah está vendando la herida de Tiffany, solo entonces notas los dedos de la chica, como si alguien le hubiese cerrado una puerta sobre ellos con fuerza, te sorprende que pueda moverlos.

- Deja, yo lo hago.

- ¿Y el chico?- preguntó la morena sentándose agotada en la cama.

- No está. No se ha dónde podrá haber ido.

- Te diria que alucinaste, pero hueles a sexo.- dice Tiffany quejándose cuando apretas la venda con cinta del botiquín.- ¿Qué vamos a hacer? ¿Y tu teléfono?

- Tampoco lo encontré, debí dejarlos en otro lugar, pero tengo esto.- dices mostrándoles el hacha que habías puesto en tu espalda para que se sostuviera con el pantalón.

Sarah saca su celular, parece que alguien lo estrelló contra el suelo, pero aun funciona. Ella intenta marcar forzando la pantalla del celular, pero este parece tener un fallo y un pitido agudo hace que lo suelte por el susto, el ruido es horrible.

- ¡Apagalo!- le dices cubriendo tus oídos. En vez de eso, Sarah lo pisa hasta que se quiebra, pero el sonido ha parado.

- ¡Te dijimos! No funcionan, lo mismo pasó cuando tratamos de marcar a la policía.- explicó Sarah viendo su celular en el suelo.

- Ok… llegaron hasta acá ¿No tocaron puertas o algo?

- Nadie nos abrió, gritamos pero no creo que hubiese alguien, casi todos se fueron por las vacaciones.- dijo Tiffany, alzó la vista para ver a Sarah.- ¿Crees que los demás están bien?

La morena no respondió, solo volvió a sentarse en la cama con la mirada perdida.

- ¿Cuentos eran? Los, quienes los atacaron.- aclaras.

- Yo solo vi tres, pero creo que hay otro que fue el que apuñaló a Tiffany ¡Son tipo raros! No dudo que pertenezcan a una secta, o sean unos locos como los de tus películas, llevan máscaras bastante extrañas.

- Ok.

Comienzas a pensar qué hacer. ¿Separarse? Eso siempre sale mal en las películas y por una buena razón. Lo mejor sería esconderse. Pero ya viste a ese tipo afuera, seguro las siguió hasta la casa, sobre todo si vinieron gritando. Este lugar es enorme, incluso si aseguran que nadie pueda entrar, siempre algo puede escaparseles.

Además está Toby, no tienes idea de donde pueda estar. Y podría estar en peligro. Piensas con preocupación.

- Deberíamos bajar.- empiezas a sugerir.- Quizá salir por la ventana del sótano o allanar uno de los edificios de la escuela, encontrar uno de esos postes con alarmas o algo para llamar a la policía.

- Ya no puedo seguir.- llora la rubia pulsando la herida en su muslo.

- Es eso o quedarte aquí sola, lo peor que podemos hacer es separarnos.

- ¡Mierda! ¿Por qué no lo pensé?- dice Sarah para sí misma.- ¡Mira! Podemos bajar a Tiff por el elevador de la comida, baja hasta la lavandería ¿No?

Sabes que se refiere al montacargas que todas usan para bajar los montones de ropa porque pasa por ambos pisos hasta el sótano. Tiffany parece estar bien con eso. No es que tengan muchas opciones para moverla.

Las tres salen del cuarto, tu en frente con el hacha en mano. Te relaja escuchar solo silencio y que solo se escuchen el ruido de sus propios pasos, sabes que la rubia está poniendo todo su esfuerzo en no gemir del dolor. Abres la puerta del montacargas, ayudando a la morena a subir a su amiga. Le muestras rápido a Tiffany a usar la cuerda para ir bajando sin estrellarse. Acuerdan en que no salga hasta que ustedes lleguen al sótano, y que sea lo más silenciosa posible.

Tu y Sarah comienzan a caminar a las escaleras con todo el cuidado posible, pero las viejas vigas de madera no ayudan. Las escaleras bajan en forma de caracol, dejando un círculo en el medio que deja ver el viejo candelabro que tiene varios foquitos fundidos, por lo que tienen que rodear ese círculo hasta el inicio de las escaleras.

Justo cuando están por bajar, ven algo al final de uno de los pasillos, una sombra.

- ¿Toby?- preguntas en un susurro, temiendo lo peor.

Pero no es Toby. Ambas gritan a la vez cuando ven a un sujeto grande camina a grandes zancadas hacia ustedes: lleva una mascara azul, con evidentes manchas de sangre y esta vestido totalmente de negro. Ambas corren, Sarah gritando a tu oído.

- ¿¡Cómo entro!?- grita entre llanto Sarah.

- ¿Yo que mierdas se?- le contestas con la misma desesperación.

Al final de las escaleras entre tu pánico no te das cuenta hasta que chocas contra alguien, tropezando, de un vistazo rápido te das cuenta que es el chico de tatuajes con el que Fran estaba ligando, no recuerdas su nombre, pero se ve mal, tiene varios corte por todo su cuerpo y puedes ver que le falta una oreja.

El grito de Sarah hace que te despabiles y ayudas al chico a mantenerse de pie, los tres corren a la misma dirección: la puerta.

La puerta está completamente abierta, seguro por allí entró el ligue de Fran; en eso un sujeto con sudadera amarilla que no deja ver bien su rostro aparece, lo que solo hace que Sarah grite con fuerza.

Por poco, el sujeto de la máscara azul le da en la cabeza a Sarah con una clase de martillo. Pero el chico de los tatuajes pareció retomar fuerza, porque lo taclea con una fuerza sorprendente para alguien herido. Tomas a Sarah de la mano para empezar a correr, lo primero que se te ocurre es ir al comedor, por detrás escuchas al chico de los tatuajes quejarse de dolor, el sonido de un cuchillo siendo enterrado, sangre borboteando.

Ese lugar tiene dos puertas, una que lleva a la cocina y otra a la biblioteca que usan como cuarto recreativo. Te sientes mal, pero no puedes evitar desear que esos tipos se entretengan asesinado al chico y las dejen tranquilas

Sarah sostiene temblando el cuchillo que le diste, mirando como siguen apuñalando a ligue de Fran del que nunca supiste su nombre, no crees que la chica pueda defenderse.

- Ve a la cocina y escóndete en el refrigerador.- le ordenas empujándola a la cocina.

Es uno de esos refrigeradores gigantes para carne, uno que no está funcionando, porque nadie lo necesita, por lo que no se congelara y la puerta es bastante resistente como para que puedan entrar. En ese momento el tipo con máscara azul entra, antes de que vaya a por Sarah, tomás uno de esos jarrones decorativos y se lo lanzas a la cabeza para llamar su atención, el sonido del jarrón rompiéndose hace eco en el lugar.

Juras que gira con una lentitud horrible. Sarah entra llorando a la cocina. El tipo parece tomar la decisión de a quien cazar porque comienza correr hacia ti.

Corres. Escapas a la biblioteca sin soltar el cuchillo en tu mano. El hacha que llevas en el pantalón se pega dolorosamente a ti, pero tampoco piensas dejarla.

Dioses Toby ¿Dónde estás?

Te preguntas mientras caminas hasta una de las ventanas de la biblioteca de espaldas, para no perder de vista a ese sujeto en lo que piensas a dónde ir. El tipo parece notar que estás atrapada, porque no corre hacia ti, solo te acecha en el cuarto, sin hablar, ni emitir ruido alguno.

Justo cuando decides que vas a saltar hacia él para tratar de atacar. Escuchas el vidrio romperse detrás de ti, y un brazo te sostiene del cuello, gritas tratando de zafarte del agarre. Cuando ves al tipo de las máscara azul más cerca, lo pateas con fuerza en las bolas, empujándolo hacia atrás, usas el cuchillo para cortar el brazo que te sostiene, logrando hacer un corte profundo, escuchas la voz de un chico detrás quejarse por ello.

De una mirada rápida ves al mismo tipo de blanco que viste por la ventana de tu cuarto, él se sostenerse el brazo, mirando hacia ti con una sonrisa perturbadora.

Corres directo a la sala, con la puerta aún abierta, el chico de los tatuajes en un charco de sangre a los pies de las escaleras. Piensas que salir no es lo mejor, con ese tipo afuera, te devuelves para ir al sótano; sigue siendo tu mejor plan.

Cierras la puerta del sótano detrás de ti, bajando las escaleras, escuchando con claridad como uno o ambos tipos están tratando de abrirla a patadas. A la distancia, escuchas el grito de una mujer. No tienes mucho tiempo para pensar cuando ves el montacargas, sólo para mirar aterrorizada: Tiffany yace allí, degollada y con una gran herida en la cabeza como si le hubieran dado un hachazo en el cráneo, con un gesto de terror en su rostro.

Justo cuando estas por gritar por el miedo. Una mano enguantada te cubre la boca y otra sostiene con demasiada fuerza la mano donde tienes el cuchillo.

- Está bien. Soy y- yo ¡Yo!.

Tu cuerpo se relaja al escuchar esa voz familiar junto a los tics. Toby te suelta y tu sales de su agarre lentamente.

- ¡Toby! - exclamas aliviada de que esté bien, abrazandolo, dejando caer el cuchillo al suelo.- Hay uno tipos. Tiffany. Ella esta-

Tratas de explicar pero no puedes ordenar tus ideas.

- Lo sé.- dice el chico con calma mirando el cuerpo de la rubia. Solo notas que lleva esas mismas gafas amarillas y ese cubrebocas que parece un bozal que usaba ese Halloween.

- Tenemos que-

El ruido de la puerta rompiéndose te interrumpe. Tomas a Toby de la muñeca dispuesta a llevarlo contigo para esconderse. Pero él no se mueve, aunque tiraste con fuerza no lograste moverlo de su lugar.

El tipo de la sudadera blanca baja sosteniéndose un brazo sangrante.

- Ah, mierda me ganaste.

Comenta casual. Solo entonces te das cuenta que su sonrisa son cicatrices, y que sus ojos totalmente abiertos están inyectados en sangre.

- O podemos matarla entre los dos, no me molesta compartir. Me debe un corte.- dice alzando el brazo herido.

Miras entre ambos chicos, asustada.

- Toby ¿Qué…?

- Jeff.- comienza a hablar el Toby, solo entonces notas como el chico sostiene un hacha idéntica a la que llevas en el pantalón, con algo de sangre fresca en esta.- Ella no.

Uno de sus tics hace que su brazo se tuerza, haciendo sonidos como silbidos y tics.

Parece que hay un extraño intercambio de miradas entre ellos que no percibes, o palabras que no escuchas. Porque el tipo de blanco comienza reír como desquiciado, sosteniéndose de las rodillas.

- Ahora entiendo porque no nos dejabas matar por aquí.- el tipo “Jeff” se recupera de su risa.- Bien, bien. Pero cuando te aburras, tienes que dejarme cortarla.

Toby no dice nada, pero se para derecho y tiene otro tic que hace que truene su cuello de manera dolorosa, logrando de alguna manera que se vea más amenazador. En este punto, tú habías dado un par de pasos hacia atrás, ahora que la comprensión te invadía.

Claro que el primer chico que me gusta en años tenía que ser un asesino ¿Porque soy tan estúpida? Estupida, estupida.

El sujeto de blanco sube de nuevo por las escaleras. Toby se gira hacia ti, extendiendo una mano para tomar la tuya, das un paso hacia atrás.

- ¿Por qué?

- ¿Por qué?- te pregunta de vuelta como si no entendiera tu pregunta.

- ¡Cajaro!- te regañas a ti misma.- ¿Es en serio? Solo… ¿Vas a matarme?

Preguntas dando más pasos hacia atrás mientras él se acerca.

- No quiero hacerlo… ¡Loco! Lo, lo ¡Asesino! ¡Asesino! ¡Mierda!- su grito de regaño a si mismo te asusto, puedes verlo tomar aire, forzando a su voz para que diga lo que él quiere.- Lo di- dije en serio. Me gustas.

Tu espalda toca la pared fría, arriba tuyo está la ventana semi abierta. Toby toma esa oportunidad para acorralarte; de fondo la lavadora que habías dejado termina su ciclo. El calor de su cuerpo cubre el frío de la ventana, de repente lo sientes muy grande, demasiado alto.

- ¿Y si uno de tus amigos me atrapaba? ¿Solo iba a ser un ”accidente”?

Uno de sus tics hace que se contorsione frente a ti soltando más sonidos al azar. De repente ya no lo hace ver tan lindo como antes y solo tienes miedo.

- Por eso vine a- aquí ¡Aquí! Pensé que terminarían las cosas en esa casa y yo te tendría para mi. Si tengo que cul- culpar ¡Culpa! *tic, tic* a alguien de que las cosas no salieron bien, es a Jeff.

- Si, pues que mala suerte.

Contestas de manera sarcástica. Sabes que no siente dolor, aun así, intentaras pelear.

Mueves un pie por detrás del de él una vez que lo tienes demasiado cerca y lo empujas con todas tus fuerzas haciendo que caiga al suelo. Quizá fuese la adrenalina, pero logras escalar la repisa de metal, para meterte por la ventana, y arrastrar tu cuerpo con una velocidad impresionante. Escuchas como cae la repisa al suelo al salir, pero no te atreves a voltear para ver si le cayo a Toby o si te persigue.

Una vez fuera: corres. Tomas el hacha entre tus manos al sentir como te lastima al correr en la espalda. No te sientes segura de gritar, así que corres a uno de los edificios escolares esperando poder esconderte.

Cerrado. Cerrado. Cerrado.

Golpeas el vidrio de las entradas con desesperación, pero nadie abre.

- Mierda.- murmuras usando el mango del hacha para golpear uno de los cristales del edificio C, te quitas la camisa y la usas para quitar los pedazos restantes y meter tu mano para sacar el seguro.

Sabes que verán el vidrio roto. Pero aun así corres dentro del edificio, no es uno de los más grandes, pero tienes una idea. Subes y subes por las escaleras sintiendo como el aire te va faltando, tus pulmones arden, pero te obligas a continuar, el sudor cayendo por tu espalda al aire hasta llegar a tu meta: En el último piso está el cuarto de radio.

No sabes muy bien como funciona todo, pero logras encenderlo, del bolsillo de tu chamarra, sacas la alarma de violación, desbloqueas el seguro y dejas que suene justo en el microfono. El agudo pitido debería estarse escuchando por toda escuela, incluso tú te tapas los oídos por lo insoportable que es. Eso debería llamar la atención de seguridad o cualquier persona que esté en el campus.

Finalmente tus piernas flaquean y te dejas caer al suelo. La ira se acumula en tu pecho, hacia ti misma, hacia Toby. La imagen de Tiffany y ese chico muertos llegan a tu mente.

Gritas.

Un grito desgarrador, ni siquiera te importa si alguno de esos locos entra al edificio y pueda escucharte.

- ¿Cómo pude ser tan estúpida?

Te preguntas a ti misma, golpeando tu cabeza sobre la pared acolchada de la habitación de radio. Quizá debiste sospechar algo desde el principio pero…

- ¿Por qué los más lindos tienen que ser los más locos?

Pasaron varios minutos cuando lograste escuchar algo por sobre el sonido de la alarma. Por si acaso, te escabulliste hasta un armario del lugar, haciendo espacio en lo que parece ser el equipo de sonido.

No puedes ver nada, y te aferras al hacha, pensando qué hacer si te encuentran. Escuchas a alguien moviendo las cosas en el lugar, el sonido de la alarma se detiene. Te tapas la boca sintiendo que tu respiración es demasiado fuerte.

Alguien abre la puerta, alzas el hacha y la dejas caer: No hay nadie.

- ¿Qué…?- preguntas a la nada, el lugar se siente helado, junto a la sensación de ser observada.- ¿Sally?

La risa fantasmagórica de una niña se escucha en el cuarto. Desearías poder verla como lo hace Toby.

- Escucha Sally, necesito salir de aquí… No puedes decirle a Toby donde estoy.

Silencio.

La puerta del estudio se abre de un portazo, sin saber qué más hacer, caminas hacia allá. El pasillo está desolado.

- ¿Sally…? Escucha.- dices con voz temblorosa.- Si me ayudas a salir de aquí, prometo.- piensas que decir ¿Qué podría querer una niña fantasma?.- Jugar contigo…

Por un momento piensas en como negociar con un jodido fantasma, pero antes de decir algo más, el vello de tu cuello se erizó mientras una voz infantil te dice al oído:

- Pero ya tengo con quienes jugar.

Empiezas a correr, mientras las luces del pasillo se prenden y se apagan de manera discontinua, apenas dejando ver algo en la oscuridad, juras que puedes escuchar esa risa como un eco a tu alrededor.

Tropiezas golpeando a alguien. Este tipo no lo habías visto con el resto, pero es obvio que viene con ellos, lleva una máscara blanca que te recuerda mucho al tipo de The Boy. Te arrastras para tratar de alcanzar el hacha, pero el tipo te sujeta con fuerza arrastrándote por el suelo sin esfuerzo hasta él.

El tipo empieza a asfixiarte. Tratas de quitarlo de encima tuyo, pero te es imposible, es mucho más grande que tu, incluso llevas tus manos a la máscara tratando de quitársela, pero parece que la tiene pegada a él.

Justo cuando realmente piensas que pelear es inutil, alguien empuja al chico de las máscara fuera de ti. Toses tratando de recuperar el aire. Reconoces el brillo amarillo del armazon de unas gafas. Hablan entre ellos. No entiendes qué dicen, tus sentidos se sienten embotados, intentas arrastrar tu cuerpo a las escaleras una vez más.

Pero alguien te da la vuelta: Toby.

Un grito ahogado sale de ti cuando una aguja se clava en tu cuello y sientes un líquido entrar. Tu reacción fue igual de rápida que el piquete, que cuando lo apartaste, la aguja te deja un rasguño, pero ya está medio vacía.

- Perdon.- se disculpa Toby separandose de ti, viendo como tus ojos parpadean tratando de no cerrarse.- Iba a usarlo cuando durmieras des- despues de tener sexo ¡Sexo! *tic, tic*.

Tu mente se siente pesada, como si perdieras las últimas fuerzas; puedes sentir los cálidos brazos de Toby rodearte. Alzas tu vista, mirando hacia ese armazon amarillo, tratando de ver sus ojos a traves de este. Una de tus manos se alza débilmente para intentar quitarselo, pero tu mano solo se desliza sin fuerza al suelo.

Toby se acerca tu oído susurrando:

- Está bien. Estás a salvo conmigo.

Puedes sentir su calor y sus brazos a tu alrededor mientras tu conciencia se apaga, casi como si te quedaras dormida.