Aprende amar sin ver [GL]

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Summary

Una historia que podría gustarte si te gusta el cuento infantil La Sirenita. En la búsqueda de un amor entre dos mujeres, que perdieron algo importante para salvar a la otra; se encontraron así mismas en el sacrificio y devoción. Una nigromante que odia a la muerte y una sirena discapacitada que proviene de una familia de guerreros.

Genre
Fantasy
Author
Venus
Status
Ongoing
Chapters
7
Rating
n/a
Age Rating
18+

Una noche tormentosa

Seguí corriendo por la orilla del mar. El rugido de las olas chocaba contra el arrecife, mientras un cielo oscuro se iluminaba con truenos estruendosos. Parecía que el mismo cielo se caería esta noche, y que los secretos del mar serían finalmente descubiertos.

Sabía que moriría si paraba de correr. Había pisado varios vidrios, y mis pies sangrantes dejaban un rastro sobre la arena. En el mar, una sombra se escabullía con rapidez. Pude ver cómo un tentáculo emergía del agua, revelando su especie y sus intenciones asesinas.

No podía correr hacia el bosque: estaba infestado de monstruos. Por ellos terminé en esta situación. Por mi debilidad elegí la peor ruta posible. Vi la mirada hambrienta de esas criaturas y supe que solo podía elegir cómo morir.

Soy terrible en el combate. No puedo invocar a ningún animal viviente, mucho menos a un espíritu. Mi única forma de sobrevivir siempre ha sido esconderme y huir.

Ahora, mi última escapatoria se desvanecía al ver a una criatura gigantesca emerger del mar, mirándome con aquellos penetrantes ojos grises.

Su cuerpo estaba cubierto de cicatrices y de runas de magia druida. Esa magia se perdió durante la guerra, junto a la civilización que la creó. Fueron exterminados por ser aliados de los enemigos de los reinos terrestres: los Octupus.

No era posible que uno de ellos existiera, y mucho menos en estas aguas poco profundas. Desaparecieron sin razón cuando tenían todo a su favor, a punto de conquistar el continente. Sumergieron las tierras en el mar, excepto la isla de los dragones, que flota en el cielo.

Algunos dicen que fueron derrotados cuando todas las especies se unieron por primera vez y los desterraron a una prisión del tiempo. Pero nadie conoce la verdad absoluta.

Lo único cierto es que ahora tengo frente a mí a uno de esos antiguos guerreros, y no parece tener intención de dialogar.

Sería una pena, porque en él podrían estar las respuestas a uno de los misterios más importantes de nuestra historia. No perdía nada con intentar hablarle; de cualquier forma, iba a matarme.

—Señor guerrero, lamento haber huido de usted —grité, con la voz quebrada por el viento—. Sin embargo, me perseguía, y no pude evitarlo. Quisiera saber, su eminencia, cómo podría obtener el perdón de mi miserable vida.

Si mi tribu viera mi actitud dócil, como la de un perro que muestra el vientre en sumisión, me expulsarían para siempre.

El monstruo no se movía. Su mirada recorrió los alrededores antes de clavarse en mí. No sabía si entendía mi idioma. Me arrodillé con lentitud y lancé lejos mis armas.

Por desgracia, las arrojé al mar. Solo pude ver cómo las olas se las llevaban, arrastrando también mi última defensa.

Pensé que, si lograba aburrirlo, tal vez me dejaría ir. Pero no podía confiarme: podía matarme por cualquier motivo o por simple capricho. Pese a mi gesto de sumisión, me enrolló con brusquedad en uno de sus tentáculos.

La lluvia caía sobre mi piel como una caricia de lástima, mientras el líquido viscoso de sus ventosas ardía como fuego. Cada vez apretaba más. Sentía que mis órganos se romperían y escaparían de mi cuerpo. El dolor era insoportable: mis costillas rotas perforaban mis pulmones, y apenas podía respirar.

Aquel pulpo horrible parecía disfrutarlo. Era consciente de lo que hacía, porque no me concedió una muerte rápida. Vi en sus ojos la satisfacción de verme sufrir.

Me costaba cada vez más respirar. Inhalé, esperando que fuera la última vez, deseando caer en los brazos piadosos de la muerte.

Vivo con tan mala suerte que hasta mi muerte sería patética.

Si mi padre encuentra mi cuerpo, ojalá piense que luché con honor. Que, por una vez, esté orgulloso de mí.

Perdóname, padre, por ser tan cobarde y no ser la hija que querías. Nunca seré una guerrera como tú, ni una nigromante talentosa. Me asustan los cementerios y los cadáveres.

Ahora, al borde de la muerte, comprendo lo que realmente importa: mi familia.

Quisiera volver a escuchar tus gritos en los entrenamientos, y probar una vez más el pay de plátano de mamá.

Las lágrimas me ardían en los ojos. Justo cuando sentí que mi cerebro se rompería por el dolor, me desmayé y caí en un profundo abismo.