EL SECRETO ENTRE NOSOTROS

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Summary

Entre escenarios, luces y mentiras, ellos se prometieron que sería solo un error. Una noche. Un beso. Un secreto. Pero los secretos no se entierran cuando el deseo sigue ardiendo. Y en un mundo donde cada movimiento es vigilado, enamorarse del hombre equivocado puede costarte la carrera... o el alma. El problema no fue besarlo. El problema fue no poder dejar de hacerlo.

Status
Ongoing
Chapters
28
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1. Nuevo comienzo

El cielo sobre Seúl estaba encapotado, como si presintiera el peso en el pecho de Eidan Cruz. El aire de la ciudad era distinto al que recordaba de su último paso fugaz por Corea. Ahora no venía de paso ni de turismo: venía a intentar no perderlo todo.

Caminaba con una maleta en una mano y el estuche de su laptop colgando del hombro. Su chaqueta negra estaba algo arrugada por el vuelo eterno y el cansancio le nublaba los sentidos, pero sus ojos, verdes y decididos, escaneaban la entrada del edificio como si buscara pistas. Era el cuartel general deSOL Entertainment, una de las agencias más grandes del país. Iba a trabajar allí. Bueno, al menos por unas semanas.

Le habían prometido que sería algo “temporal”. Un reemplazo de emergencia. “Unos ensayos, unos ajustes, no te encariñes”, le habían dicho. Pero Eidan no quería encariñarse. Solo quería recuperar su nombre. Limpiar su reputación. Y bailar.

El interior del edificio era moderno, limpio, casi clínico. Todo olía a éxito y disciplina. Recepcionistas con auriculares, trainees con ropa de entrenamiento, y pantallas mostrando clips de grupos famosos. Eidan tragó saliva cuando reconoció uno de ellos:7RAY, la banda estrella de la compañía. Siete rostros perfectos, trajes brillantes, sincronización milimétrica. Y uno de ellos, al centro, con una presencia tan magnética que parecía traspasar la pantalla:Jae-Hwan Kim.

—Ese es el líder visual —le había dicho su antiguo colega cuando le contaron del proyecto—. Jae. El favorito de la prensa. Frío como el hielo, pero nadie baila como él.

Eidan lo recordaba. No personalmente, claro, pero sí de entrevistas, fancams, presentaciones. Admiraba su talento, aunque le provocaba cierta incomodidad esa perfección inalcanzable. Como si ese chico nunca se hubiera permitido fallar.

Una voz femenina lo sacó de sus pensamientos.

—¿Eidan Cruz? —preguntó una mujer alta, de cabello recogido y expresión seria—. Soy Hana Lee. Manager general de 7RAY. Acompáñame.

Sin tiempo para presentaciones, lo hizo caminar por pasillos angostos hasta una sala con espejos, barras de estiramiento y un parlante conectado al sistema central. Ya había ruido, risas, zapatillas sobre el piso de madera. Los integrantes del grupo estaban allí. Y uno de ellos, apartado del resto, lo miró como si acabara de entrar un intruso.

—Equipo, este es Eidan Cruz, su coreógrafo temporal —anunció Hana, sin emoción—. Desde hoy estará a cargo de los ensayos. El coreógrafo principal está enfermo, y el tour no se detiene.

Un murmullo generalizado se escuchó entre los chicos. Algunos lo saludaron con una leve inclinación. Otros solo lo observaron, con curiosidad. Y Jae... simplemente lo ignoró.

—No necesito que alguien de afuera me diga cómo moverme —dijo Jae más tarde, en voz baja, mientras se estiraban frente al espejo.

Eidan se detuvo, sus ojos en el reflejo.

—Tampoco yo necesito que un idol creído me diga cómo hacer mi trabajo —respondió con calma, sin mirarlo directamente.

Jae alzó una ceja.

—¿Creído?

—Solo estoy devolviendo el gesto. Tú ni siquiera saludaste. Supongo que tus músculos son muy importantes para perder tiempo en eso.

Una risa suave se escapó del otro lado del estudio. Era Minho, el rapero, que parecía disfrutar del choque de egos. Noah, el estilista, miró a ambos con algo de nerviosismo desde una esquina, como si presintiera que el fuego recién empezaba.

Eidan respiró hondo. No había venido a hacer amigos, pero tampoco pensaba dejarse pisotear.

Los primeros movimientos del ensayo fueron torpes. No por parte del grupo —eran increíblemente profesionales—, sino por la energía tensa que se respiraba. Jae se retrasaba medio segundo en las marcaciones que daba Eidan, como si lo hiciera a propósito. Eidan no decía nada, pero cada gesto suyo era más firme, más desafiante.

—De nuevo —dijo Eidan, por tercera vez en media hora.

—Ya salió bien —respondió Jae, con la frente húmeda por el esfuerzo.

—¿Y? No estoy buscando que salga “bien”. Estoy buscando que sientan lo que están bailando. No quiero robots.

El resto del grupo bajó la mirada. Nadie se atrevía a intervenir. Minho tarareaba por lo bajo, tensionando el ambiente aún más.

—¿Quieres emoción? —dijo Jae, dando un paso al frente—. ¿Por qué no lo haces tú? Muéstrame.

El reto estaba lanzado. Eidan lo miró directo a los ojos, luego se quitó la chaqueta, revelando una musculatura discreta, entrenada, y caminó al centro.

—Con gusto.

Puso la pista. Sintió el ritmo recorrerle la columna. Y se dejó llevar. Su cuerpo fluyó con una naturalidad casi dolorosa. Cada paso tenía peso, cada giro era una respuesta. Los chicos lo miraban en silencio. Incluso Jae.

Al terminar, Eidan se acercó y dijo:

—Eso es sentir. Inténtalo.

Jae no respondió. Solo volvió a su posición. Y por primera vez, bailó como si su corazón estuviera en juego.

Al finalizar el ensayo, todos salieron uno por uno, sudorosos, en silencio. Noah se acercó a Eidan y le ofreció una botella de agua.

—No sé si te odia o si le gustaste —susurró, divertido.

Eidan bebió y sonrió apenas.

—No me importa. Solo necesito que baile.

Pero mientras recogía su bolso, su mirada se cruzó con la de Jae, que aún estaba frente al espejo, observando el reflejo de Eidan como si intentara descifrarlo.

Y por primera vez en mucho tiempo, Eidan sintió una punzada de algo que no era rabia... ni orgullo. Era otra cosa.

Peligrosa. Sutil.

Inesperada.