Capítulo 1: Necesidad
La cabaña estaba vieja, abandonada, con las paredes cubiertas de polvo y la madera crujiente bajo nuestros pies.El baño era pequeño, tan estrecho que apenas podía girar sin rozar la pared con la espalda.Pero ese espacio reducido solo hizo que la urgencia fuera más intensa, más peligrosa.
Jacob no perdió tiempo.
Me empujó contra la pared sin avisar, sus manos fuertes agarrando mi cintura con firmeza, apretando hasta sentir mi piel ceder.
Sentí sus dedos deslizarse bajo la tela de mi pantalón, rozando mi piel caliente y húmeda.
Me metió un dedo, lento, para preparar el terreno, y mi cuerpo se arqueó sin querer.
Me lamió el cuello, bajando hasta mi pecho, su lengua caliente y áspera, rozando mis pezones erectos.
Después, lamió uno de mis senos, chupándolo con hambre, mientras sus dedos jugaban con mi clítoris a través de la tela.
No había espacio para la ternura.Sus movimientos eran brutales, desesperados.
Me bajó la ropa interior y metió dos dedos dentro de mí, apretando y moviéndolos rápido, haciéndome gemir contra la pared.
Me la metió con fuerza, sin aviso, entrando hasta el fondo, y el dolor se mezcló con un placer tan intenso que temblé de inmediato.Gemía, apretando los dientes, mientras él me follaba con una fuerza que parecía querer arrancarme la piel.
El baño se llenó de nuestros gemidos, de las respiraciones agitadas y el sonido húmedo de su verga entrando y saliendo de mi cuerpo.
Sus manos agarraron mis tetas con fuerza, apretándolas y pellizcándolas, mientras su boca bajaba a morder mi hombro.
Sentí su aliento caliente en mi cuello, susurros ásperos y llenos de deseo.“Eres mía,” me dijo, y me volvió a hundir contra la pared con un embiste que me hizo temblar de placer y miedo.
No podía sostenerme, mi cuerpo temblaba, y él seguía, sin pausa, metiéndola rápido y profundo.Me hizo venir una y otra vez, mis piernas flaqueando, mis gemidos ahogándose en sus susurros y mordidas.
Sus uñas se clavaban en mi espalda mientras me hacía correr al borde del desmayo.Cuando parecía que iba a perder el control, me levantó y me giró para que le mirara los ojos, llenos de fuego y hambre.
No paró.Me la metió con furia, fuerte, hasta que el baño parecía temblar con nuestros cuerpos chocando.Me mordía el cuello, chupaba mi clavícula, mientras con una mano me sujetaba del pelo y con la otra me apretaba las nalgas.
“Te voy a romper”, me susurró con voz ronca, y no pude hacer más que gemir y pedirle más, más fuerte, más profundo.Cuando por fin me sentí vacía, rendida, temblando, sudorosa y mojada, él no paró.Me jaló contra su pecho, con la respiración agitada, y me dijo que esa noche no había terminado.Que nos quedaba toda la noche para seguir perdiéndonos en el deseo.