Entre tu dominio y mi pecado

All Rights Reserved ©

Summary

Valenthia siempre ha tenido cara de inocente. Pequeña, dulce, con una voz suave que engaña a cualquiera... excepto a Jacob. Él piensa que la conoce, pero no tiene idea de lo que ella es capaz de despertar dentro de alguien. Porque Valenthia no es la niña buena que todos creen. Tiene una mente afilada, oscura, peligrosa... Una forma de mirar que ordena. Una forma de hablar que compromete. Y una forma de tocar que manda. Jacob, alto, fuerte, moreno y de ojos chinitos, siempre aparentó ser el que controlaba todo. Pero frente a ella, su mundo se dobla. Valenthia lo observa, lo guía, lo provoca. Y él... se deja. Se entrega. Se arrodilla emocionalmente sin darse cuenta. En la universidad, esa tensión se vuelve insoportable. Cada palabra de ella lo marca. Cada silencio lo educa. Cada orden lo quiebra un poco más... y lo excita un poco más. Ella es su dominio. Él es su pecado favorito. Una historia de amor oscuro, deseo mutuo, control psicológico, sumisión emocional y placer tan intenso que duele... y que ninguno de los dos quiere detener.

Genre
Erotica
Author
Valerit
Status
Complete
Chapters
15
Rating
n/a
Age Rating
18+

CAPÍTULO 1 - EL DESPERTAR

Valenthia siempre había tenido esa apariencia que desarma: pequeña, dulce, rostro tierno, mirada suave.

Una cara de “yo no rompo ni un plato”... que solo servía para ocultar lo que realmente era: una mujer que disfruta el poder.

Jacob lo descubrió sin querer.

El primer día de la universidad, él llegó con su cuerpo grande, su espalda ancha, esa presencia física que imponía en cualquier lugar. Pero solo necesitó cruzarse con la mirada de Valenthia para sentir algo que jamás había sentido:

Obediencia.

Ella estaba sentada en la primera fila, revisando su cuaderno de Hospitality and Hotel Industry. Cuando él pasó frente a ella, Valenthia levantó la mirada sin mover la cabeza. Apenas un centímetro de elevación de sus ojos.

Y Jacob se detuvo. Sin saber por qué. Sin entenderlo. Como si ella hubiera dicho “quédate” con solo mirarlo.

—Eres nuevo aquí —dijo ella, sin dejar de mirarlo. No fue una pregunta. Fue una afirmación. —Sí, yo... —Jacob tragó saliva— Estudio Pedagogía en Actividad Física.

Ella sonrió despacio. Una sonrisa pequeña, peligrosa. Una que no mostraba ternura... sino control.

—Siéntate atrás de mí.

Jacob parpadeó. Ni siquiera procesó la orden. Solo obedeció.

Su cuerpo grande se movió siguiendo la indicación de una chica de rostro angelical. Pero no fue el rostro lo que lo movió. Fue la forma en que ella lo dijo.

Como si tuviera derecho sobre él. Como si ya lo conociera.Como si él le perteneciera desde el primer minuto.

Valenthia sintió su obediencia. La notó en el aire. Y eso la encendió más que cualquier caricia.

Durante la clase, Jacob no pudo concentrarse. Ella no lo miraba. Pero lo sentía.

Sentía cómo él la observaba la nuca, los hombros, las manos pequeñas escribiendo con una precisión que lo dejaba inquieto.

Cuando el profesor preguntó algo, Jacob levantó la mano. Y Valenthia, sin voltear, dijo en voz baja:

—No respondas.

Jacob bajó la mano sin pensarlo.

El profesor lo vio confundido. Él mismo no entendió por qué obedeció. Pero la voz de Valenthia tenía un peso imposible de ignorar. Tenía ese tono suave que parecía inocente... pero que llevaba escondido un tipo distinto de mando. Uno que se siente en la piel.

Ella sonrió, sabiendo que él había seguido su orden.

Al final de la clase, todos salieron. Jacob también intentó hacerlo, pero Valenthia habló:

—Quédate.

Su cuerpo se detuvo al instante. Un reflejo. Como si su voluntad respondiera primero que su conciencia.

Ella guardó sus cosas sin apuro. Cerró el cuaderno. Acomodó su cabello. Todo muy lento, muy calculado. Luego se giró y lo miró desde abajo, con esos ojos que parecían suaves, pero no lo eran.

—Te gusta que te diga qué hacer —dijo ella.

Jacob abrió la boca, pero no salió ninguna palabra.

Valenthia dio un paso hacia él. Pequeña, pero con una presencia que lo empujaba contra el pupitre. Le tomó la barbilla con solo dos dedos, firme, sin brusquedad, pero con autoridad.

—No tienes que admitirlo —susurró—. Yo ya lo vi.

Jacob sintió cómo se le tensaba el cuerpo, no de miedo...sino de una necesidad que nunca había sentido.

Una necesidad de seguir sus órdenes. De pertenecerle. De ser suyo.

Ella soltó su barbilla, pero él no se movió. No podía.

—Buenas noches, Jacob —dijo ella, dándole la espalda. —Bue... buenas noches —respondió él, bajito.

Cuando salió del aula, sintió algo extraño en su pecho.

Valenthia no lo había tocado realmente. Pero lo había marcado.

Y él sabía que eso no iba a detenerse. Ella ya había puesto un pie dentro de él.

Y lo peor de todo era que no quería que lo sacara.

Ese fue el inicio. No del deseo. Sino del dominio. Su dominio. Y el pecado de él.