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El club estaba apenas comenzando a llenarse cuando Taehyung cruzó la puerta. Luces violetas, humo tenue, música que hacía vibrar el piso. No había ido a divertirse, sino a distraerse; llevaba semanas sintiéndose inquieto sin razón.
Pero apenas dio dos pasos, lo sintió.
Esa mirada.
Clavada en él. Como un roce invisible en la piel.
Giró la cabeza y lo vio apoyado contra la barra, un vaso en mano y el cabello oscuro cayéndole sobre los ojos: Jungkook.
Taehyung lo conocía solo de vista… pero cada vez que coincidían, pasaba lo mismo: Jungkook lo miraba como si supiera cosas que nadie más sabía.
Como si pudiera leerle los pensamientos más escondidos.
Taehyung fingió que no pasaba nada, avanzó hacia una mesa, pero su cuerpo ya estaba reaccionando: piel erizada, pulso acelerado, el tipo de nervios que no molestan… que provocan.
“Deja de mirarme así”, pensó, acomodándose la camisa.
Pero cuando volvió a levantar la vista, Jungkook ya estaba frente a él.
—No sabía que vendrías hoy —murmuró Jungkook, voz baja, grave.
—Ni yo —respondió Taehyung, algo seco, algo curioso.
Jungkook sonrió despacio. Esa sonrisa peligrosa, la que sugiere cosas que no se dicen en voz alta.
—Entonces tuve suerte —añadió, inclinándose un poco. Su cercanía era electricidad pura—. No suelo tenerla.
Taehyung tragó.
Demasiado cerca.
Demasiado intenso.
—¿Y qué tiene que ver eso conmigo? —preguntó, intentando sonar firme.
Jungkook soltó una risa suave.
—Todo.
Un calor inesperado se le instaló bajo la piel. Taehyung apretó la mandíbula, pero antes de responder, Jungkook extendió una mano y rozó apenas su muñeca; no un agarre, solo un toque.
Ligero.
Peligroso.
Ese simple contacto le recorrió el cuerpo como un rayo.
—No deberías hacer eso —susurró Tae, sin moverse.
—¿No? —Jeon inclinó la cabeza—. Entonces… ¿por qué no te apartas?
Taehyung odiaba admitirlo, pero no podía moverse.
No quería.
Jungkook acercó los labios a su oído, lo justo para que su respiración le calentara la piel.
—Sabía que vendrías. No sabía que te verías tan… dispuesto.
Taehyung se estremeció.
Ese hombre tenía el maldito talento de desarmarlo sin siquiera tocarlo de verdad.
—No estoy dispuesto a nada —mintió, arriesgando a levantar la mirada solo para encontrarse con esos ojos oscuros, encendidos.
Jungkook le sostuvo la mirada… y la tensión fue un hilo tirante entre los dos, casi visible.
—Eso también es mentira —susurró Jeon.
La música subió. La gente bailó más cerca. Las luces bajaron.
Y Jeon, sin pedir permiso, tomó suavemente la parte baja de su mentón, inclinándoselo hacia arriba, obligándolo a verlo directo a los ojos.
—Si te quedas —dijo despacio— voy a hacerte perder esa compostura que tanto intentas proteger.
Taehyung sintió que el corazón se le desbocaba, pero aun así respondió:
—¿Y si no me quedo?
Jungkook sonrió apenas.
—Voy a hacer que quieras volver.
Y Taehyung supo, en ese instante, que ya había perdido.