Entre dos sombras del destino

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Summary

Dos sombras persiguen un mismo corazón, sin saber que el destino les tenía muchas sorpresas guardadas a los 3.

Genre
Fantasy
Author
Micaela
Status
Complete
Chapters
36
Rating
n/a
Age Rating
16+

La maleta que no pude cerrar.

El aeropuerto de Milán estaba lleno de pasos apresurados y voces metálicas en varios idiomas. Pero Evoni, todo se reducía a una sensación: despedirse de Italia a los dieciocho años era como arrancarse una piel que aún no había terminado de crecer.

Eros caminaba a su lado, cargando parte de su equipaje como había hecho siempre desde niños. Tenía veinte, pero en su torpeza todavía asomaba la dulzura del chico que jugaba con ella en los patios soleados de la villa.

-¿Segura que quieres hacerlo? -preguntó, esforzándose por sonar adulto.

-No puedo rechazar esta beca – respondió Evoni, escondiendo la voz quebrada tras una sonrisa-. Londres es… otra vida.

Eros bajó la mirada, pero apretó los labios como si guardara una promesa sin pronunciar.

Y entonces apareció él.

Emeric. El mellizo mayor, dos años por delante, pero toda una vida en distancia. Alto, elegante, con ese aire que imponía respeto incluso entre sus iguales. Para Evoni, siempre había sido el horizonte inalcanzable.

-Haz lo que tengas que hacer, Evoni –dijo con su media sonrisa, cargada de ironía y orgullo-. Solo recuerda: los trenes que se van, no siempre regresan.

La frase se clavó en su pecho.

Quiso abrazarlo, confesarle lo que nunca se atrevió a decir, pero su orgullo se lo impidió. Él parecía intuirlo, y por eso mantenía el muro de frialdad intacto.

La bocina del altavoz anunció la última llamada.

Eros la abrazó con fuerza, como si temiera que en ese momento pudiera desvanecerse. Emeric apenas la rozó con un gesto breve, casi formal. La diferencia entre ambos abrazo a le dolió más que la despedida.

Ya en el avión, Evoni apoyó la frente contra el cristal. La pista se difuminaba bajo la lluvia que empezaba a caer, como si Milán mismo llorará su partida.

Sacó su cuaderno de notas, y con letra temblorosa escribió:

“Si me quedo, me rompo. Si me voy, lo pierdo.”

Cerró los ojos. Londres la esperaba, pero Italia se quedaba con su primera herida.