ACUERDOS
PRÓLOGO
Eleonor Zumárraga jamás imaginó que terminaría obligada a casarse para reparar uno de los tantos errores de su hermano Sebastián.
Mucho menos imaginó quién sería la novia.
Sharon Sinclair Yin. Su amor imposible.
La misma mujer que llevaba años amando en silencio.
FLASHBACK
—Tranquila, Eleonor… quizá tu padre se retracte y la amenaza nunca llegue a cumplirse —intentó consolarla su mejor amiga, Luciana.
Pero Eleonor apenas podía mantenerse quieta.
Caminaba de un lado a otro dentro de su habitación mientras se quitaba los pendientes con evidente frustración.
—¡No entiendo cómo terminé involucrada en otro desastre provocado por Sebastián! —exclamó molesta—. Siempre es lo mismo… él causa problemas y yo debo solucionarlos para evitar que el apellido Zumárraga termine en todos los periódicos.
Luciana suspiró desde el sofá observándola.
No era la primera vez que ocurría algo así.
Sebastián llevaba años utilizando la influencia y el dinero de la familia para escapar de las consecuencias de sus actos, mientras Eleonor terminaba cargando con responsabilidades que no le correspondían.
Pero esta vez era distinto.
Mucho peor.
Eleonor se dejó caer sobre la cama y cubrió su rostro con ambas manos.
—Pero esto… esto es demasiado.
Su voz se quebró ligeramente.
—Perder mi soltería por culpa de Sebastián… jamás.
Luciana la observó con cierta preocupación.
—¿Tu padre realmente habló en serio?
Eleonor soltó una risa amarga.
—Cuando se trata de negocios, mi padre jamás bromea.
Hubo un breve silencio antes de que Luciana preguntara con cautela:
—¿Y quién es la mujer con la que quieren casarte?
Eleonor abrió la boca para responder con fastidio…
Pero las palabras murieron en su garganta apenas recordó el nombre.
Sharon Sinclair Yin.
Solo pensar en ella hacía que el pecho le doliera.
Porque Sharon no era cualquier mujer.
Era la única persona que Eleonor había amado en silencio durante años. La mujer que jamás pudo tener… y que ahora, por ironías del destino, estaba a punto de convertirse en su esposa.
EL ENCUENTRO
ELEONOR
Mi padre siempre educó a mis hermanos y a mí para proteger el negocio familiar y respaldar cualquier decisión que beneficiara a la empresa. Desde pequeños aprendimos a movernos entre empresarios, políticos y socios peligrosos sin mostrar debilidad.
Y aquella noche no sería la excepción.
Fuimos vestidos con nuestras mejores galas: Maximiliano, mi hermano gemelo; Sebastián, el menor de los Zumárraga; y yo, acompañando a nuestro padre a una importante reunión de socios.
Se suponía que sería una cena para cerrar un negocio que llevaba meses negociándose.
Aunque, siendo honestos, mi padre prácticamente nos llevaba como guardaespaldas elegantes.
No confiaba en nadie fuera de nuestro círculo.
La reunión se celebró en un hotel de cinco estrellas que él mismo había rentado por completo para los invitados importantes y sus familias. Todo estaba lleno de lujo: lámparas enormes, música suave, copas de cristal y personas sonriendo falsamente mientras negociaban millones.
Yo ya estaba aburrida.
Llevaba más de una hora tomando tequila y fingiendo interés en conversaciones sobre inversiones y exportaciones. Lo único que deseaba era regresar a mi casa, quitarme los tacones y dormir como una persona decente.
Como decía mi abuela:
—Nada se compara con la tranquilidad del hogar.
Estaba de espaldas observando las luces de la ciudad desde una ventana cuando Max me tomó del brazo y me hizo girar.
Y entonces la vi.
El mundo pareció detenerse.
Una mujer rubia caminaba hacia nosotros con una elegancia imposible de ignorar. Llevaba un vestido rojo que rozaba sus tobillos y un escote en la espalda que dejaba al descubierto una constelación de pequeñas pecas sobre su piel clara.
Y esas curvas…
Dios.
Simplemente divina.
Sus ojos azules, ligeramente rasgados, eran idénticos a los de su madre, Julieta Sinclair Yin, una mujer famosa tanto por su fortuna como por su belleza.
Sentí cómo el aire abandonaba mis pulmones.
Maximiliano conocía perfectamente el efecto que ella tenía sobre mí.
Porque Sharon Sinclair Yin no era una desconocida.
La conocía desde que tenía quince años.
Aún recordaba la primera vez que la vi caminando por los jardines de su escuela. Desde ese instante quedé completamente fascinada con ella.
Pero aquella versión adulta…
Era otro nivel.
Simplemente deslumbrante.
Años atrás, sus padres se la habían llevado a Washington y desde entonces solo sabía de ella por revistas de sociales, donde aparecía constantemente como una heredera sofisticada, elegante y con una enorme labor altruista.
Perfecta.
Inalcanzable.
Max sonrió con diversión al notar mi expresión completamente perdida.
Él ya había tratado antes con Sharon, así que decidió hacer las presentaciones.
—Sharon, ella es mi hermana Eleonor.
Tomé aire intentando aparentar normalidad y le ofrecí mi mejor sonrisa.
Y para mi desgracia…
Ella me sonrió exactamente de la misma manera.
ELEONOR
Me resistía a ir con papa y dejar a merced de cualquiera a Sharon, ya que la tenía cerca, no permitiría que se fuera sin saber a qué sabían sus labios. Por lo que estaría pendiente de ella; era adictivo verla.
Max y yo estuvimos al lado de papa, más de una vez me dijo, ya deja de verla que la espantaras, y pon atención a la plática para retirarnos más rápido.
SHARON
Me empecé a reír, cuando Max casi se lleva a rastras a Eleonor.
su padre le hablo, ¡se veía tan linda!, a mí me convenia, porque me quitaba el aliento su belleza, hasta los temas de conversación se me olvidaron.
tenía que aprovechar, para sacarle, aunque sea su número, me extraño no conocerla personalmente, pues habíamos estado en lugares similares por la empresa, pero por alguna razón no habíamos coincidido, aunque si su reputación, con muchas personas tanto hombres como mujeres y ahora ya sabía porque, su belleza era cautivante.
No vi llegar a Sebastián hasta tenerlo a unos metros de mí, con su sonrisa y su porte conquistador presentándose a sí mismo como el más guapo de los Zumárraga, cosa que ya difería con pruebas físicas, pues tenía a todos los Zumárraga cerca y podía ver quien era la persona más guapa del lugar y definitivamente no era él. Por lo que me reí de su comentario, aproveché a llevarlo con mis amigas para deshacerme de él.
MAX
Soy el mayor de los Zumárraga, mi padre confía en mí, a mis 25 años debo hacerme cargo de la compañía junto a mi hermana Eleonor mi gemela, sé que ella va más por la seguridad cosa que hace muy bien ya que es en lo que se especializo y yo en lo administrativo.
Mientras que Sebastián siempre hace lo que quiere sin preocuparse por nada, sin embargo, sé que le gusta la pintura, cosa que a papa le molesta diciendo que eso es para vagos.
eso fastidia a mi hermano por eso siempre le lleva la contraria, saliendo en revistas amarillistas, creando cosas polémicas y haciendo que mi hermana Eleonor lo saque de esos líos ¡eso ya está hartándola! Sebastián lo disfruta ya que dice que es la consentida de papa.