Chapter 1
Decidí escribir este diario para guardar nuestras memorias. Para que algún día podamos abrir estas páginas y recordar cómo empezó todo: lo que sentí, lo que aprendí y lo mucho que te quiero.
(Este libro no es con fines de hacerse popular ni nada de ese estilo, simplemente es tal y como lo dice su nombre, un diario, pero si era chismoso y quieres leerlo y apoyar eres libre de hacerlo.)
Día 1:
Era de madrugada. Recuerdo que no podía dormir y decidí distraerme un poco jugando videojuegos. También recuerdo que tenía ganas de conocer a personas nuevas y hacer amigos. Estabas en una esquina de la sala, con otros jugadores, y de alguna manera llamaste mi atención. Quise acercarme para hablar contigo, pero algo en mí no me dejaba. Se me hizo raro, porque normalmente me acerco a las personas y hablo con total normalidad, pero contigo no podía hacerlo. Me puse nervioso; además, parecía que varias personas te rodeaban, y creí que estabas acompañado.
Aun así, no pude evitar estar pendiente de ti.
Saltando un poco los detalles, al final terminamos hablando esa noche. Tal vez fui intenso al tener la confianza de llenarte de mensajes cuando te habías disculpado, pero yo lo vi como un pase para seguir conversando… y así lo tomé.
Día 2:
Comenzamos a hablar por la tarde, porque en la mañana estabas ocupado con tus estudios. Para mi mala suerte, yo tenía mis clases justo por la tarde… pero mis ganas de seguir conociéndote eran más fuertes que cualquier horario. Confieso que, en ese momento, mis clases pasaron a segundo plano: mi atención estaba contigo.
Hablamos y hablamos sin aburrirnos ni un segundo. Incluso recuerdo escribirte mientras estaba en medio de un examen, como si detener la conversación fuera imposible. A veces pensaba si estaba robándote tu tiempo, si estaba siendo grosero por no preguntarte si estabas ocupado. Pero en ese entonces, mi única idea fija era seguir hablando contigo… hasta que tú decidieras detenerte.
Pero nunca lo hiciste.
Y por eso seguimos conversando hasta las dos de la madrugada, hasta que finalmente nos deseamos buenas noches y cada uno se fue a descansar.
No recuerdo cada detalle de ese día, pero sí recuerdo la emoción. Te pregunté de todo para empezar a conocerte, y cada respuesta tuya se quedó grabada en mi mente: tus canciones favoritas, tus pasatiempos, las pequeñas cosas que te gustan, lo que te da calma, lo que te hace reír. Sentí que con cada palabra tuya una parte de tu mundo se abría para mí.
Y así siguieron los días: hablábamos más y más, con una naturalidad que me sorprendía. Compartimos historias, miedos, sueños y partes de nuestras vidas que pocas veces se cuentan tan pronto. Cada día te conocía un poquito más, y cada día me gustaba seguir haciéndolo.