Capítulo 1. " Raíces de mi historia "
Me llamo Isabel, nací en la década de los sesenta. Siendo la penúltima de siete hermanos. Eran los últimos años de la dictadura en España, y mi familia tuvo que emigrar de un pueblo de Andalucía a Cataluña, en busca de un mejor futuro.
Creci en un barrio humilde rodeada de gente trabajadora. Mi infancia aunque marcada por luces y sombras, fue en esencia feliz. De pequeña sufrí episodios de acoso escolar que dejaron en mi ciertas inseguridades. Sin embargo con el tiempo aprendí a transformar esas heridas en fortaleza. Era una niña tímida y noble, pero con un espíritu que poco a poco fue templándose. Mi madre, una mujer incansable y luchadora, trabajaba sin descanso. Cada vez que podía, la acompañaba a limpiar las casas, o al cine donde ella trabajaba. A su lado aprendí no solo el esfuerzo, sino también valiosas lecciones de vida. Hoy le agradezco haberme transmitido su fortaleza, esa fuerza silenciosa que aún me sostiene.
Solía salir con mi hermana, tres años mayor que yo. Fue entonces cuando creí conocer el amor. Con un niño de mi edad, hermano de la amiga de mi hermana. Un amor puro, de infancia, cuando apenas se empieza a experimentar.
El tiempo pasó, y sobre los once años, ya tenía mi propio grupo de amigas.
Salíamos juntas y, aunque yo todabia era una niña, físicamente estaba muy desarrollada para mi edad.
Íbamos a bailar o al cine, y nos empecemos a relacionar con chicos de otro barrio, asín conocí a mi primer amor de adolescencia. Con el que me di mis primeros besos, y con el, supe lo que sufres cuando pierdes un amor.
El tenia tres años más que yo. Se llamaba Jorge, y aunque fue una relación de juventud, me hacia sentir bien. De caracteres éramos muy parecidos y nos conpletabamos de una forma que, parecía que nos reflejabamos el uno en el otro.
La relación duro casi un año. No sé por qué motivo llegó a su fin, pero lo cierto es que lo pasé realmente mal. A raíz de aquello me separé del grupo y comencé a salir con dos amigas. Las tres salíamos juntas, conocíamos chicos, pero sin nada serio. A mediados de mayo de 1979 instalaron la feria en mi barrio. Mis amigas y yo solíamos ir casi a diario a la pista de autochoques. Fue así como entablemos amistad con el matrimonio encargado de la pista, y también con algunos de los chicos que trabajaban allí.
Fue entonces cuando conocí a Toni, un chico cinco años mayor que yo. Todo parecía emocionante y nuevo. Mis amigas empezaron a tontear con dos chicos y, cuando desmontaban la feria, nosotras viajábamos a los pueblos vecinos para volver a verlos.
Lo mío con Toni apenas duro un mes. En el siguiente pueblo donde montaron la feria conoció a otra chica y se fue con ella. Yo seguí saliendo con mis amigas, decidida a no perder la ilusión. Mis pasos parecían guiados por la musica y las luces de aquellas ferias, que se iban repitiendo de pueblo en pueblo como si fueran estaciones de un mismo tren. Entre risas, y desencuentros y primeras ilusiones, yo todabia no sabía que en uno de esos viajes, casi sin esperarlo, estaba a punto de conocer a la persona que marcaría para siempre él rumbo de mi vida