Benditos Los Rotos

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Summary

Antes que nada, perdón por hacer la portada con IA, es que no se dibujar ni tengo a nadie que dibuje por mi :( En una fría noche de abril nacieron Isaac y Axel en Buenos Aires, dos niños destinados a caminos distintos: uno rodeado de amor, el otro de lujos y soledad. Desde pequeños, un silencio y una mirada bastaron para forjar un vínculo profundo, un lazo que ni el tiempo ni el dolor podrían romper. Entre guitarras, bajos y melodías de rock y metal, encuentran un refugio que los salva de la vida. Pérdidas, traiciones y cambios los empujan al límite: Axel se transforma en Azrael, dejando atrás su pasado para sobrevivir. Isaac será su sostén, su hermano, el único capaz de entender que incluso los más rotos merecen seguir adelante. Entre música, lágrimas y secretos, nace NuncaJamás, la banda que será su escape y su voz. Una historia de amistad, dolor y música que demuestra que sostener y amar puede ser el acto más valiente de todos.

Genre
Young Adult
Author
Jose
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
5.0 1 review
Age Rating
13+

Benditos Los Rotos Capitulo I

En una fría noche de abril, el cielo se cubrió de sombras, la lluvia hacia el amor acariciando el firmamento, y en un hospital de Buenos Aires Argentina, nacieron Isaac y Axel, unos chicos que nunca pudieron imaginar lo que había nacido con ellos esa noche.

La infancia de Isaac fue normal, vivía en un hogar amoroso y atento, en una familia de clase medía, no tenía ningún problema, siempre fue el niño alegre del hogar, el que veias en la calle y su sonrisa te alegraba el día.

Por otro lado estaba el pequeño Axel, vivía en lujos, con una familia de clase alta, comía y bebia lo que quería cuando quería, jugaba con lo que quería, pero, no con quién quería, el precio de ser medianamente rico, era no tener amor, sus padres eran indiferentes con el, si crío entre niñeras y criadas, sin recibir nunca afecto real, lo cuál hizo que el viera el cariño como un lujo difícil de conseguir, era, casi un mito para el.

A los 5 años, estos 2 pequeños engendros entraron a la escuela, y ahí, entre tantos niños, ambos se sintieron abrumados, llegó el recreo y Axel se fue a lo más perdido y oscuro, del colegio, en unos salones abandonados detrás de todo, y justamente al pequeño Isaac también se le ocurrió ir ahí sin nada que hacer, y ahí lo vio, Axel estaba solo, comiendo, con una cara de seriedad impresionante para alguien de su edad, pero con una tranquilidad perturbadora de cierta manera. Axel volteo y vio a Isaac y simplemente esbozo una pequeña sonrisa casi imperceptible, y volvió a mirar a la nada, cosa que a Isaac le dió curiosidad y se sentó a su lado, ambos en total silencio, como si no fuera necesario más, y así, cuando termino recreo, ambos volvieron al salón juntos, y se sentaron uno al lado del otro, sin mediar palabras, solamente una conexión ciega que empezaba a nacer, en todo el día no cruzaron palabras, pero se miraban, sonreían a veces, se entendían con solo la mirada.

Al día siguiente, al llegar al salón, Axel encontró a Isaac ya sentado al lado de su asiento otra vez, y ahí, fue donde cruzaron palabras por primera vez.

-Isaac: ¿Te vas a sentar aquí otra vez?.

Axel se quedó quieto un segundo e inclino sutilmente la cabeza de forma inocente.

-Axel: Si...

Isaac suelta una pequeña sonrisa.

Isaac: Soy Isaac, creo que no te lo dije ayer.

Axel simplemente lo miro, con esos ojitos de niño pequeño que no lastimaban nadie, y se calló por 3 segundos, como si quisiera que el nombre no se le olvidará.

-Axel: Yo... Yo soy Axel.

A Isaac le brillaron los ojos automáticamente.

Isaac tenía una habilidad rara: leer a la gente sin abrir la boca. Era como si hubiera nacido con un radar emocional que nadie más tenía, incluso a los cinco años.

Por eso se acercó a Axel, no por curiosidad, sino porque vio en su mirada ese tipo de soledad que no se dice, pero se nota.

Isaac siempre fue así, el niño que se da cuenta antes que todos, aunque actúe como si no entendiera nada.

-Isaac: ¿Rose?.

-Axel: Me gustaría... Pero no.

-Isaac: ¿Si sabes quién es?.

-Axel: Si, mi papá escucha mucho su música, le gusta mucho.

-Isaac: El mío también.

-Axel: Pero me gustan más Nirvana y Korn.

-Isaac: Está bien, pero a mí me gusta más Metallica y Linkin Park...

Ambos niños terminaron hablando de música todo el día, de Rock y Metal principalmente, gracias a sus padres conocian bastante, y les gustaba mucho el genero. Desde ese día, nació ese pequeño dúo que algún día iba a marcar la diferencia.

Durante muchos años fueron conociendose y haciendose más cercanos, y descubriendo más cosas del otro, y estando en momentos claves para cada uno, como cuando se descubrió que Axel tenía daltonismo monocromático, por lo cual solo podía ver blanco negro y escalas de grises, no podía percibir ningún color. O cuando Isaac decidió empezar a tocar la guitarra, cosa que se le hizo demasiado compleja, así que decidió cambiarse a tocar el bajo, lo cual si lo hacía sentirse más cómodo, seguido a ellos le regaló su guitarra, una Martin D-18E muy bonita, de un color marrón brillante el cual Axel veía como un gris oscuro con reflejos blancos, Isaac se sentó a su lado, sus dedos rozando los de Axel mientras sostenían el instrumento. “Vamos a hacer que esto sea algo especial para nosotros”, susurró sin darse cuenta, y Axel sintió por primera vez que alguien realmente lo entendía. y Axel sin nada más que hacer decidió intentarlo, y le termino encantando el instrumento, naciendo así su primera pasión real.

Mientras tanto Isaac era disciplinado de una forma casi obsesiva. Practicaba hasta que le dolían los dedos, hasta que se le dormían los brazos, hasta que su papá le decía que apagara la luz.

Era terco, eso sí, pero esa terquedad fue la que lo llevó a encontrar su sonido, su estilo, y su fuerza.

Y aunque él creía que era Axel el que lo inspiraba, en realidad, Isaac era la columna vertebral del dúo. El que empujaba. El que daba dirección. El que convertía impulsos en metas.

Ambos aprendiendo a tocar sus instrumentos, dando base a lo que algun día se conocería como "NuncaJamas".

Años después, ellos ya eran mejores amigos, inseparables, vivian más en la casa del otro que en la suya, incluso Isaac tenía una llave de la casa de Axel, eran hermanos prácticamente, ya tenían 11 años para aquel entonces, eran felices con sus vidas y con ellos mismos, tenían todo... Y no lo sabían.

Un año después, al cumplir 12 todo se fue al carajo, Murió la madre de Isaac, cosa que fue devastadora para el, ya que el le tenía un cariño profundo a ella, y por si no fuese suficiente, eso causo que su padre se volviera alcohólico, y se volviera ausente.

Isaac empezó a cargar a los demás sin darse cuenta. A su papá. A Axel. A sí mismo. Nunca pedía ayuda, nunca mostraba debilidad, nunca exhibía un “no puedo”.

Y esa costumbre silenciosa de sostener a todos fue la que empezó a quebrarlo por dentro, lentamente, como si lo estuvieran presionando contra una pared invisible.

Pero él siempre siguió adelante, porque si él no mantenía el equilibrio, sentía que todo a su alrededor iba a caer.

Y aunque sonara como que la muerte de su mamá fue solo “algo que pasó”, como cuando un niño pierde una galleta en el recreo, la realidad fue muy distinta. Porque sí, Isaac parecía tranquilo por fuera, pero por dentro se le partió el mundo en pedazos, y nadie lo veía. Ni su papá, que se escondió en botellas. Ni los vecinos que daban el pésame como si estuvieran devolviendo un recibo. Ni los compañeros del colegio, que lo miraban raro solo por no llorar en público.

La casa también cambió de golpe. Ya no olía a café recién hecho en las mañanas ni a esa mezcla rara de perfume barato y suavizante que solo las mamás tienen. Ahora olía a silencio, a polvo acumulado en las esquinas, y a un padre que ya no sabía ni cómo sostenerse de pie.

Isaac, que antes era luz, empezó a apagarse de maneras que nadie supo notar. Caminaba igual, sonreía igual, hablaba igual, pero no era él. Era una versión rota que se pegaba a los pedazos con terquedad porque no sabía ser otra cosa. Se volvió más callado, más observador, más de encerrarse en su cuarto con la puerta entreabierta, escuchando música bajito para no despertar a nadie, aunque no hubiera nadie que despertar.

Y Axel... bueno, Axel lo miraba sin entender. Porque él no sabía lo que era perder algo que amabas. Para él, el cariño siempre había sido un mito, algo lejano, algo que nunca había tenido. Pero ver a Isaac tan roto fue la primera vez que entendió lo que era perder algo irremplazable, algo que te cambia para siempre.

Ese fue el punto donde su amistad dejó de ser simple niñería. A partir de ahí, dejaron de ser solo amigos. Se volvieron algo más raro, más profundo. Dos criaturas partidas del mismo modo, agarradas una a la otra para no deshacerse en el aire. Axel no sabía cómo consolar a su amigo, ya que en toda su vida su única relación "real" ha Sido la amistad de Isaac, y una mascota, un perro llamado Chester, nunca pudo entender lo que era el cariño de alguien realmente, incluso, hace unos cuantos años los padres de Axel se habían separado, y el no sintió nada, por su falta de sensibilidad a las relaciones, excepto por Isaac y por su perro, no sabía que hacer. Y por parte de Isaac, el se veía tranquilo, pero no lo estaba, y Axel lo sabía, porque Issac era así, nunca expresaba lo que sentía, solamente se tragaba todo y cuando estaba solo se derrumbaba a llorar.

Pasaron los meses y poco a poco las aguas se calmaron, el dolor seguía, pero se siente menos pesado porque se vuelve costumbre.

Un día, ya pasado un año, cuando ya todo parecía estár más tranquilo, el perro de Axel fue atropellado. Axel no sabía cómo sentirse, una parte de el estaba sintiéndose mal, pero la otra estaba fría, casi inerte, pero le dolía, de una forma extraña, única de el, pero le dolía.

La casa se quedó demasiado grande sin Chester. Era ridículo, era un perro, pero el silencio que dejó pesaba como si hubieran arrancado una pared entera. Axel caminaba por los pasillos esperando verlo salir de cualquier esquina, moviendo la cola, pidiendo atención como si fuera lo único importante en el mundo. Y cuando no aparecía, el vacío se hacía más jodido.

No sabía llorar por cosas así. No sabía si debía sentirse culpable por no sentirlo “como se supone”. Solo sabía que algo le faltaba, como si una parte de la poca calidez que tenía su vida se hubiera evaporado sin pedir permiso.

Y entre tanto gris de su visión, ese perro era de las pocas cosas que le había dado color sin necesitar colores.

Isaac lo notó de inmediato. Lo vio caminar más lento, lo vio hablar menos, y lo vio disimular esa desconexión rara que siempre cargaba, pero amplificada. Como si Chester hubiera sido su puente al mundo. Y sin ese puente, Axel estaba otra vez metido en su propia cabeza, encerrado con candado, alejándose de todos como si amar fuera peligroso.

Ese fue el primer indicio, el primero de muchos, de que Axel no sabía perder.

Ni cosas.

Ni personas.

Ni animales.

Ni nada que hubiera aprendido a querer, aunque fuera poquito.

Y por si no fuera suficiente con su desgracia, se enamoró.

Emily, era tan hermosa como venenosa, pero hacia sentir a Axel vivo, como nada antes lo había hecho, y Isaac solo se alegraba de ello, por fin ver a ese cadáver viviente que tenía de compañero de vida tener una chispa.

Isaac lo observaba, intentando descifrar cada sonrisa, cada mirada de Axel. Era su amigo, sí, pero en ese instante, también era quien debía sostener la cuerda floja de su mundo. No podía dejar que se deshilachara.

Fue una relación complicada cierta forma, como cualquier otra, tenía sus carencias pero Axel era feliz, aunque Emily era ciertamente confusa en cuanto a si ella lo era también...

Pasaron 6 meses, los meses más felices de la vida de Axel, y los 6 meses en los que Isaac se sintió más orgulloso de su amigo en toda la vida. Pero todo lo que empieza tiene un fin y esa es la razón de la vida, Emily decidió terminar con Axel, y el sin rencor, y con los ojos que parecieron inexpresivos toda su vida viéndose cansados y llenándose de lágrimas, el solo se resignó a decir

-Gracias... Gracias por ser el amor de mi vida, y... Me disculpo contigo, sinceramente, por no ser suficiente, por no poder ser yo el amor de tu vida, y espero que algún día encuentres a alguien mejor que yo, alguien que si sepas querer.

Sinceramente ya estaba esperando este momento hace mucho tiempo, solo no sabía cuando llegaría...

Y sin mediar más palabras, Axel simplemente se fue llorando. Esa misma tarde cuando Isaac llegó a su casa lo encontró llorando, con los ojos inyectados de sangre por llorar tanto, tocando su guitarra, porque no le encontraba más sentido a hacer nada más, era lo único que podía calmar su mente un tiempo...

Isaac no sabía que había pasado, pero decidio callarse, para que Axel hablara. Isaac solo hizo una pequeña seña con los ojos y Axel empezó a hablar.

Paso más de una hora en la que Axel solo lloraba y hablaba, y Isaac escuchaba. Y después de terminar de hablar, Issac solo dijo:

-Issac: No te voy a decir que no sufras, no te voy a decir que pasará o que encontraras a alguien mejor, solo voy a decir que espero que todo lo que hayas aprendido de amistad y amor quedé en tu alma, porque estás roto, siempre lo has estado, y eso no esta mal, solamente trata de que esto no te consuma, es lo único que te podría decir.

-Axel: Pero...

-Isaac: No, cállate, no estás en posición de opinar, creeme, lo sé, te estás dejando llevar por lo que sientes.

-Axel: está bien.. supongo...

Desde ese día, Axel no salia de su cuarto, ni siquiera cuando llego su cumpleaños número 14, Isaac simplemente no sabía que hacer por el, porque es como si estuviera perdiendo la cordura, solo investigaba sobre temas y se obsesionaba con todo sin saber que más hacer con su vida, hasta que un día, mientras Isaac estaba sentado en el parque, Axel se acercó a el.

-Isaac: ¿Axel? ¿Saliste? Por fin mierda.

-Azrael: Axel está muerto, no me vuelvas a decir así, yo soy Azrael.

-Isaac: ¿Azrael?... ¿Estás drogado?.

-Azrael: No, lamentablemente no, este es el nuevo yo.

-Isaac: Axel, te estás volviendo loco..

Isaac ni siquiera termino de hablar cuando Azrael lo agarro del cuello y le dijo.

-Azrael: ni se te ocurra volver a decirme así, ese tal "Axel" ya no existe, asimilalo.

Luego de decir eso, solto a Isaac y este solo podía agarrase el cuello pensando "¿Tanto daño le hizo esa perra?"

Isaac tragó saliva, aún sobándose el cuello, tratando de asimilar que el niño al que conoció comiendo solo en un salón abandonado ahora lo estaba mirando como si fuera un extraño. Como si los años juntos fueran un borrador mal hecho.

Azrael se quedó parado ahí, respirando raro, entre rápido y cortado, como si dentro de él hubiera un motor que nunca descansa. Sus ojos, esos ojos que antes tenían un brillo inocente, ahora parecían dos agujeros sin final, vacíos y al mismo tiempo llenos de algo que Isaac no había visto nunca. No era tristeza, no era rabia... era otra cosa, como un hambre de entender su propio dolor.

Isaac quería decir algo, cualquier cosa, pero su garganta lo traicionaba. Y Azrael solo lo miraba, fijo, como midiendo si podía confiar en él o si iba a romperse en pedazos otra vez.

-Azrael: No me mires así...

Isaac no sabía si responder o correr, pero se aguantó, porque si algo sabía era que su mejor amigo estaba destrozado por dentro, y cuando algo está roto no lo tiras, lo intentas arreglar.

-Isaac: Solo... solo estoy tratando de entender.

-Azrael: No hay nada que entender. Axel era un idiota. Y yo no pienso seguir siendo ese idiota.

Isaac cerró los ojos un segundo. Ese “Axel era” le taladró la cabeza. No sabía si era una fase, un delirio, una forma rara de duelo o un quiebre emocional de esos que hacen que una persona no vuelva a ser igual nunca. Pero lo que sí sabía, es que si lo dejaba solo, lo iba a perder para siempre.

Isaac fue el primero en entender que ese “Azrael” no era una fase. No era una pose. No era un berrinche adolescente.

Era una fuga.

Una tabla de salvación retorcida.

Y aunque le dio rabia, miedo y tristeza verlo así, entendió que alguien tenía que quedarse con él para asegurar que no se perdiera más.

Ese alguien fue él, como siempre.

-Isaac: Está bien... Azrael. Si quieres que te llame así, está bien.

Azrael levantó una ceja, sorprendido. No esperaba que Isaac aceptara tan fácil.

-Azrael: No lo dices porque lo entiendes...

-Isaac: No, lo digo porque eres mi hermano. Siempre vas a serlo, aunque te cambies el nombre cada semana, cabrón.

Azrael soltó una risa tan corta que casi ni existió, pero Isaac la notó. Y esa pequeña risa fue como ver una grieta en una pared de concreto. Algo quedaba ahí dentro. Algo seguía vivo.

Y así, sin más palabras, ambos empezaron a caminar. No dijeron a dónde iban, ni por qué. Solo caminaron. Isaac con la mano aún temblando y Azrael con la mente hecha un incendio.

El mundo alrededor seguía normal, como si nada pasara, como si a nadie le importara que un niño se había roto por dentro tan fuerte que tuvo que renombrarse para no sentir. Como si nadie escuchara el eco de lo que no se dice.

Caminaron por cuadras, por calles que habían recorrido desde pequeños. El parque donde jugaban ya no parecía un lugar feliz, ahora era solo un sitio donde el silencio pesaba. Azrael pateó una piedra y siguió caminando, Isaac detrás, cuidando que no se desplomara de golpe.

A lo lejos, se escuchaba una banda de estudiantes practicando música para algún acto del colegio. Un tambor desafinado, una flauta que sonaba como si quisiera suicidarse, y un teclado que no seguía ni el ritmo ni las ganas. Azrael se quedó quieto, escuchando.

-Isaac: ¿Qué?

-Azrael: Nada… solo… es ruidoso.

-Isaac: Para ser alguien que toca guitarra todos los días, te quejas mucho del ruido.

-Azrael: Es diferente.

Isaac lo miró. Y en esos dos segundos, entendió algo importante: el ruido en la cabeza de Azrael era peor que cualquier banda escolar desafinada. Era un ruido que no se apagaba. Uno que lo estaba consumiendo.

Y ahí fue cuando Isaac decidió que no iba a dejar que su hermano se perdiera.

No esta vez.

No tan fácil.

No por culpa de alguien que nunca lo supo querer.