DÍA 1:
Es estúpido, tonto y hasta ridículo. Nosotros, los seres humanos, pensamos, creemos y necesitamos esa costumbre arraigada lo más profundo de nuestros miedos: creer que al morir tendremos algo esperándonos del otro lado. Porque, si el humano no tiene nada después, simplemente su vida será llena de pecados, lujuria y simplemente aceptando su verdadera naturaleza.
Porque, claro, nosotros debemos reprimir lo que en realidad somos. La sociedad nos preparó para convivir porque somos seres de convivencia, pero ¿realmente es necesaria acaso esa creencia? ¿Creer que algo tan grande existe y que le importamos? Solo un reflejo del egocentrismo que tiene el hombre y la necesidad que tenemos de crear a dioses semejantes a nuestros pensamientos.
Quizás Dios no creó al hombre, sino que el hombre lo creó a su imagen y semejanza, sintiéndose importante y creyendo que hay algo más grande esperándolo. Sin embargo, bajo mi pensamiento, realmente esto no es nada, no somos nada, no significamos absolutamente nada. En individualismo somos una gran cantidad de mentes, personas, sentimientos, emociones, entre una gran amalgama de cosas que nos forman.
Pero, grupalmente, solo somos un montón de seres vivos en un pequeño insignificante planeta, mitad de la nada, que orbita y no llega a ningún lado. Se estanca dando vueltas, al igual que nuestro pensamiento y nuestra existencia, estancados en un ciclo donde no llegaremos a ningún lado. Nos mantendremos aquí, viviremos aquí, y pensar que hay alguna grandeza más alto que ello es simplemente tonto.
La gente se rehúsa a aceptar la realidad, pero solamente basta con mirar a tu costado y darte cuenta de que no hay grandeza, no hay nada, en un planeta insignificante y abandonado de la mano de cualquier creación, de cualquier creador y de cualquier ser fuente superior que afirma, jura y perjura que realmente el planeta es algo de su incumbencia, o que tan siquiera voltea a mirarlo y se pregunta si la raza que habita en él sigue con vida.
Pero no importa. Nosotros debemos acostumbrarnos a habitar entre animales que se hacen llamar seres humanos, cuyos pensamientos reprimidos y forzados a la creencia los han vuelto escépticos, tontos, incultos, ciegos. Sus ojos se rehúsan a ver la realidad del mundo. Donde, si echaran un vistazo a la verdad absoluta, morirían, llorarían y suplicarían que sus almas fueran olvidadas para siempre, que sus recuerdos muriesen en las manos de quienes creyeron alguna vez intentaron salvarlos, que sus deidades destruidas cuando el ego humano se quiebra.
Pero no están listos para escuchar todo esto. Porque necesitan creer. Porque seguramente tú necesitas creer. Porque crees que hay algo importante esperándonos. Pero nosotros solo somos formas de vida insignificantes orbitando en un planeta que, como he dicho anteriormente, no va hacia ningún lado. Se mantiene en su eje, pero aun así deseas creer que tu alma irá a algún destino en particular.
Si las deidades o la deidad existe realmente, es un observador. Es simplemente alguien que se sienta, analiza, profundiza, idealiza y nada más. Porque somos parte de una conciencia mucho más grande, en una unificación tan perfecta, impecable, que haría que nuestras mentes exploten si el individualismo fuera realmente individualismo.
Pero todos compartimos ciertas cosas porque somos la unión de un ente mucho más grande. Y al morir, solamente regresaremos a ello y volveremos a nuestro ciclo de repetición eterno. Pues todo fue así desde un principio, y será así por el resto de una eternidad que muy seguramente tampoco abarcará la suficiente lógica como para que alguna alma muy superior a la nuestra lo comprenda, que no esté al alcance de ser un ente mucho mayor.
Pero realmente no importa, porque simplemente la humanidad tarde o temprano conocerá su final. Entenderemos que nada jamás importó; nuestras acciones insignificantes, recuerdos que pensábamos invaluables, serán olvidados, menospreciados, escupidos por el universo, asegurándonos que realmente nada lo valió. Pero, en gran profundidad y en gran medida, al ser nosotros parte de una conciencia mucho mayor, quizás sí tuvimos un sentido: insignificante, nada glorioso, nada de gloria ni de pasión, amor, solo la soledad que nos acompañará por el resto de nuestra eternidad.
Eso es bueno, en gran medida. Aprenderemos que, a través del dolor, el conducto más puro en la soledad romperá con el esquema de lo que nosotros anteriormente habíamos llamado conciencia, vida y toda la significancia. Las creencias humanas atormentarán por siglos a las generaciones futuras, que deberán romper estas cadenas para poder ser libres de pensamiento. Solo espero que en algún momento puedan llegar a comprender mis palabras, aunque cuesten, aunque difíciles de creer. Muy seguramente muchos dudarán, se justificarán y se jactarán de llamarme persona con problemas mentales. Pero esto es solo porque ellos no lo entienden, no lo ven; su imperfección aturde a los otros, pero yo me aseguraré de que todos puedan verlo. Todos deben saber que la realidad ha estado siempre delante de nosotros, pero nos rehusamos a ver.
Porque yo sé que es doloroso. Yo sé que es frustrante entender que tu vida jamás tuvo un sentido concreto. Yo soy consciente de la soledad que las personas sienten. Vivo eternamente solo por dentro, me siento incompleto, pero sé que, a través de este conocimiento, la verdad saldrá a la luz, satisfacerá todas mis necesidades y moriré olvidado. Moriré en un vacío del cual jamás regresaré, pues muerto ya estoy, solo que físicamente me rehúso a abandonar este cuerpo porque necesito darle algún sentido a algo que no lo tiene. Vana necesidad humana que debemos quebrantar, pero ¿quiénes somos para juzgar? Quizás la necesidad de creer en algo nos mantenga vivos y cuerdos. ¿No lo crees?