Nacidos entre las sombras, libro 1

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Summary

Él está destinado a ser el líder de su manada, pero solo desea escapar. Cuando un ataque inesperado se cobra la vida del Alfa, se ve forzado a asumir el liderazgo, convirtiéndose en el más joven en la historia de su clan. Descubre que su linaje ha sido un engaño y que un nuevo enemigo ha nacido en sus propias filas. Para apaciguar la guerra latente, se ve obligado a revelar la existencia de su gente a los humanos. La paz no dura. Un ataque directo contra su compañera humana que la deja al borde de la muerte y sin recuerdos de su amor. El destino de la manada se desmorona cuando un último y devastador golpe sumerge a Frederick en un coma. ¿Podrán Frederick y Alekssandra recuperar su pasado y salvar a su pasado y salvar a su gente?

Status
Complete
Chapters
39
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n/a
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16+

Capítulo uno.

Nunca olvidemos aquellos momentos fugaces que nos definen como personas.

Atesoremos esos momentos que nos vuelven, Humanos.

Nacidos entre las sombras.

Vulpak Cruces y Rosas

Todo es confuso, no sé cómo es que llegue a este lugar, los recuerdos que tengo son realmente vagos. Me encuentro en el despacho personal del Alfa, este se ubica en el veinteavo piso de la Torre del este. En el enorme castillo del Valle de los Lobos. Dentro de la oficina se encuentra una pequeña habitación utilizada como almacén, al que solo un par de personas ajenas tienen acceso. Donde se encuentra algo de vital importancia para mí, y sé que debo sacarlo de allí, pero no estoy seguro de que es, ni de por qué...

desde la ventana del lugar, puedo ver hacia la entrada del castillo, la noche hace horas ha caído y hay oscuridad a mi alrededor, esta vez la luna no guía mis pasos. Pero puedo verla con claridad, allí esta ella, la que se supone era mi mejor amiga… la que no me interesaba en lo más mínimo, la única que logra ponerme en este estado de confusión por todo lo que acaba de pasar.

La odio por eso.

Puedo ver las lágrimas en sus ojos y sus mejillas sonrosadas, no sé si de furia, de pena o de tristeza. Su rostro refleja mis emociones, confusión total. Duda entre quedarse o partir, la observo dar media vuelta ante la mirada atónita de mis amigos. Sale del Valle de los Lobos sin mirar atrás, sin siquiera decir adiós.

En ese momento percibo a Iris y Dante, corriendo hacia la Torre, justo en mi dirección. Pero presiento que están demasiado lejos, tiene que atravesar la plazuela. Dante levanta la vista y su mirada captura la mía, la vos de Iris me llega como un susurro.

“—Allí esta, date prisa Dan... Antes de que intente saltar.”

¿Qué? ¿Por qué querría yo saltar de un veinteavo piso? No soy un suicida….

Entonces lo recuerdo, todo esto todo... este desastre comenzó unos dos años atrás. En este mismo Valle, justo en el corazón del Vulpak, las decisiones se tomatón en esta misma oficina, desde el corazón mismo de la manada.

Dante y yo hemos sido compañeros de vida desde que salimos de nuestras madres, claro que no en sentido tan literal. Pero, somos como hermanos, y ese año cumpliremos los dieciocho años Humanos, nuevamente. Mi amigo y yo hemos compartido un montón de cosas, incluidas un par de novias o amiguitas, fumábamos, tomábamos y para ser honesto utilizamos un poco de droga alguna vez o muchas debo admitir.

La vida no había sido tan justa para ambos, aunque proveníamos de buenas familias, bien acomodadas, sin nada que nos faltara. Salvo, quizá la convivencia con nuestros padres, pero hasta aquí se parecen, solo aquí. Sus padres no participan en las actividades que lo involucren, en tareas escolares, ni siquiera los vemos cuando salimos de fin de semana del Vulpak o del Valle de los Lobos. Los mios, bueno, no existen.

Si, una puñetera vida feliz.

Todo comenzó, cuando el Alfa de la manada se vio forzado a abrir las puertas del Valle a las mujeres de la manada, hijas nacidas de Lobos o hijas nacidas de Lobos y Humanos, incluso a las hijas adoptivas en ambos casos. Debido a un reciente aumento en los ataques de los Cazadores mejor conocidos como los Venántium a ellas. Para poder albergarlas en el corazón de la manada o Vulpak se construyeron enormes edificios que servirían de dormitorios, todo lo que por años se había considerado territorio solo de los machos de la manada. Fue como si nos dieran un golpe en las pelotas con un ramo de espinas, algo más que doloroso.

Incluso el nombre del Vulpak que era el que identificaba al hogar del Alfa fue modificado, de modo que solo los de la raza supieran que era el “santuario” para todas esas jóvenes y mujeres, ¿Quién hace esa clase de estupidez con un lugar que tiene siglos de tradición? El imbécil de Alfa y su camarilla de borregos del consejo, solo porque no saben dónde tener a sus hijas para mantenerlas vigiladas.

Demasiado injusto, ¿No?

En fin, dejo de ser La Cruz Dorada, para convertirse en: Cruces y Rosas.

¿Qué mierda era eso? Pero ese no fue el mayor de nuestros problemas, ¡OH no! Mi vida tenía que complicarse más, tenía que joderse a niveles insospechados… esto se dio cuando llegaron con dos chicas, Iris Martínez y.… en especial ella. Alekssandra Vasíliev.

Por alguna justa y buena razón mi abuelo detestaba a los Humanos, y nada tenía que ver el hecho de ser descendiente de Lobos. Ese odio no iba de aspecto político, eso se lo dejaba a los Humanos. Sospecho que su odio tenía que ver con su primer amor y su mejor amigo. Pero esa historia no la conozco en su totalidad.

Alekssandra, era la chica más hermosa que había visto, unos ojos tan azules como el cielo, unos labios y un cuerpo diseñados para el pecado, y malditamente tímida. No hablaba con nadie, salvo su amiga de quien no parecía despegarse e incluso apenas si hablaba en clases, y nada más aparecía yo en escena y ella, ¡Puff! Se esfumaba. Eso provoco que perdiera el interés en ella paulatinamente, y por los dioses que debí dejar que todo se desvaneciera ante mis ojos y no mover un solo dedo.

Estúpido, engreído, crédulo.

Dentro del Vulpak se tenían escuelas o instalaciones, para instruir a los cachorros, e incluso “Meter un poco de historia y cultura en sus cabezas huecas” en palabras del segundo al mando de la manada. Pues bien, yo no tenía necesidad de utilizar dichas instalaciones, pero estaba encargado de monitorizar a los cachorros y este año a los nuevos miembros. Así que casi al final de esa segunda mitad del año, yo estaba saliendo con una chica, Patricia... Patricia no sé qué.

No era físicamente como Alekssandra, era abismalmente distinta, y en la cama era fenomenal. Incluso le gustaba que Dante participara con nosotros de vez en cuando y, no dudo que se lo tirara a mis espaldas.

Pero no finjamos sorpresa, eso ni siuiera me importaba.

Una tarde después de que ella saliera de sus actividades, caminando por el pasillo de las oficinas de la Torre del este, y admirando el tan “femenino” escudo que habían elegido para el Vulpak. Que era una cruz y una enredadera de espinas que la rodeaba encerradas en un círculo con la corona en la parte superior y las guirnaldas en la inferior, en colores negro, plata y morado. Que ahora adornaba las paredes y pronto sus uniformes.

En fin, alli me encontraba yo, cuando escucho la voz quebrada de Alekssandra proveniente de uno de los “salones”. Al principio no entendía lo que decía por su llanto, levante la cabeza y el pasillo estaba inevitablemente vació. La mayoría de los cachorros ya se habrían retirado del Vulpak por ser fin de semana, los que no vivian dentro del Vulpak o del Valle, como otros idiotas como yo se quedarían a pasar el fin de semana allí, digo: ¿Para qué volver a casa a estar solo?

Lo que rompió la atención que tenía en mis pensamientos deprimentes y absurdos fue lo que ella dijo después.

—No quiero hacerlo, ¿No entiendes eso?

Como buen estúpido caballero decidí entrar en la habitación de dónde provenía su voz, la escena fue confusa, o eso quiero creer. Ella estaba sentada en el escritorio del fondo, con la falda enrollada hasta arriba del muslo, la blusa ligeramente abierta y ¿Una chica? Entre sus piernas.

—!Te dije que lo vas a hacer y punto, ahora abre las putas piernas que quiero cogerte!

Cuando Alekssandra levanto su rostro y me vio, un pequeño grito salió de su garganta, lo que alerto a su acompañante. Mi corazón brinco de alegría al ver que no era una chica, era Eduardo Pinzón, un imbécil con la apariencia tan afeminada que creíamos era mujer. Las malas lenguas desmentían su delicadeza.

—Ella te dijo que no, Eddy.

¿Por qué mierda me metí?

—Esto no es asunto tuyo, Von der Rosen.

—Quizá no, Eduardo. Pero la chica dijo: No.

Alekssandra sollozaba ligeramente ocultando su rostro entre sus manos, Eduardo no dejaba de acariciarle las piernas.

—¿Será que quieres unirte a la fiesta Vonder?

Odiaba el entupido sobrenombre que tenía, y este bien que lo sabía.

—No va a haber ninguna fiesta.

—No seas capullo Vonder, esta piba no es más que una puta que quiere ser follada.

Los sollozos de Alekssandra se hicieron más fuertes, entonces comprendí que no estaba allí por su gusto.

—Voy a decirlo una vez, como el guardian del Vulpak que soy, te voy a ordenar que dejes a esta chica en paz.

Los ojos de Eduardo se abrieron como plato, el echo era que jamas utilizaba mis credenciales para doblegar a ningún miembro de la manada, y como había puesto las cosas, si desobedecía corría el riesgo de perder la cabeza. Es castigado severamente no obedecer, pero por razones muy distintas a las que los muchos ignoraban, solo aquellas que ignoraban la naturaleza real del Valle de los Lobos, imaginaban. Eduardo no tuvo más elección que alejarse de ella, mostrándome un infinito odio en su mirada.

Me acerque con cuidado mientras Eduardo salía del salón, la imagen de ella era perfecta, bien podía aprovechar las circunstancias, pero, opte por olvidarme de esa idea. Le abotone la blusa, la sentí temblar bajo mis manos, le baje la falda y caballerosamente la cubrí con mi chamarra.

—¿Te encuentras bien?

Ella me miraba sorprendida, creo que esperaba que fuese tal y como todo el mundo decía que era. Un maldito hijo de puta.

—Grrr... Gracias.

—No me des las gracias señorita Vasíliev.

—Solo dime Alekss— Me dijo con apenas un hilo de voz.

—Bien Alekss, ¿Cómo estás?

—Mejor.

—Vamos, te escoltare hasta tu dormitorio.

Me gire hacia la puerta esperando que me siguiera, pero ella seguía sentada en el escritorio.

—¿Si trata de hacerlo de nuevo?

—¿Qué? — Pregunte, no porque no supiera lo que trataba de decir, solo no entendía. —No te preocupes, siempre estaré allí.

—Me ha acosado por meses...

—Lo sé, conozco bien a Eduardo. Te prometo que voy a solucionar esto, no volver a a acercarse ti. Ven, vamos.

Por fin se bajó del escritorio, arropándose más con mi chamarra, camino con temor hasta donde estaba yo.

—¿Lista?

Solo asintió, salí con ella al pasillo, ya era algo tarde para estar en los pasillos de la Torre. Caminaba con ella en silencio, Alekssandra no media arriba del 1.50 de estatura, lo que provocaba que pareciera una niña a mi lado.

—Gracias... Vonder.

—Por favor, odio eso... mejor dime Frederick o Fred... ¡Pero nada de Fredy!

Su risa me tomo por sorpresa.

—Bien, nada de Fredy, prometido.

—De acuerdo Alekss.

—Pero, de todas maneras, gracias.

—Ya te dije que no lo agradezcas, lo habría hecho por mi hermana menor.

—¿Tienes una hermana?

—No, pero si la tuviera, lo habría hecho.

El resto del camino fuimos en silencio, hasta llegar a la entrada al edifico de los dormitorios femeninos.

—Bueno señorita Vasíliev, llegado sana y salva.

—Gracias señor Von der Rosen.

Le sonreí genuinamente, hasta que una voz chillona me llamo de la forma que más odiaba.

—¡Hola mi amado Fredy!

—¡Patricia!

Patricia se me colgó al cuello como un simio, eso era molesto e infantil. La bese en los labios mientras la apretaba más hacia mí, digo, ¿Por qué desperdiciar lo que se te da gratis? La baje al suelo y para mi sorpresa Alekssandra seguía allí.

—Ah, mira Patricia ella es la señorita Vasíliev... acabo de rescatarla de Pinzón— Le presente, ella sabía el tipo de hombre que este era.

Patricia se volvió a Alekssandra.

—¡Por dios! ¿Te encuentras bien Alekss?

—Sss...Si, gracias a Frederick.

—Pero mira, aun tiemblas— Patricia se dirigió a mí. —Mi amor, llevare a Alekss a su habitación y te buscare más tarde.

Ni tiempo me dio a responder cuando rodeo por los hombros a Alekssandra y se dieron la vuelta para entrar en el edificio. Así era Patricia, fingía interés en las tragedias ajenas. Sip, esa clase de persona era mi novia. Pero siendo honesto yo no era mejor que ella, deje de interesarme en las cosas de la manada, asi que menos me interesaban los de los Humanos.

Tal como lo prometió Patricia vino a mi dormitorio un par de horas más tarde, y me hizo olvidar totalmente mi encuentro con Alekssandra. Patricia era una mujer alta, de un buen metro con setenta y ocho centímetros. Su pie de un dorado bronceado y sus pechos tundentes y perfectos. Su estrecha cintura y una cadera amplia con unas largas piernas perfectamente torneadas.

Era como Eduardo había definido a Alekssandra, “Una piba que no era más que una puta que quería ser follada” y sinceramente ese era uno de mis deportes favoritos, además del fútbol. Cerca de las tres y media de la mañana, mientras dormía plácidamente con Patricia aun lado de mí, completamente desnuda y saciados, alguien toco a mi puerta...

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