Antros, Libros y un supermercado
En el año 2000, cuando la humanidad todavia peleaba contra el Internet lento y los teléfonos con tapa, sucedió algo que nadie esperaba... pero todos recordarian por siempre.
LOS ANTROS APARECIERON.
No salieron de un portal o esperimento secreto.
Simplemente... empezaron a presentarse en la Sociedad. Como si llevarán siglos existiendo, esperando el momento perfecto para salir.
Los Antros (como se les llamo) eran... diferentes.
Altos, bajos. De piel suave, peluda o escamosa. De orejas y colas. De cuernos o garras.
El mundo en aquella época estalló. Todo mundo estaba confundido. Los científicos se volvían locos. La ética estaba pensando en qué hacer. Los gobiernos se preguntaban si también pagarían impuestos.
Muchos no aceptaron el cambio. Protestaron, formaron y gritaron. Otros los recibieron con los brazos abiertos. Pero los Antros no reaccionaron mal. Sorprendentemente fueron pacientes, tranquilos y amables.
Hoy en día. En el 2025. Ya es algo completamente normal. Puedes ver multitudes de Antros y humanos en plazas. Familias mixtas conformadas por las dos especies. Ver en los supermercados a humanos y Antros comprando cereal.
El mundo cambió demasiado. Pero en esta ocasión... ese cambio no fue malo.
...
PRESENTE
William habría los ojos cuando su despertador sonó con un "¡BIP-BIP-BIP-MIAU-BIP!".
Lo había comprado barato, de segunda mano, y por alguna razón tenía incorporado el sonido de un gato enojado entre las alarmas. Nunca supo porqué. Ni el vendedor. Ni la fabrica.
Era lunes. Y aunque fuese un mundo de humanos y seres Antropomorficos. El lunes seguía siendo igual de pesado.
William se levantó lentamente de la cama mientras se estiraba como un gato que ha dormido pesadamente.
Su apartamento era pequeño, pero en el edificio vivían humanos, un Antro ciervo que hacía yoga a las 5 AM y un Antro tiburón que siempre pedía hielo prestado... cuando William salió del pasillo se topo exactamente con eso.
—¡will! ¿Te queda hielo? —pregunto TiburShawn, un enorme tiburón gris con camiseta hawaiana.
—Shawn... son las siente de la mañana...
—sí, pero quiero un batido de fresa.
William suspiro apenas, le pidió un momento y trajo la bolsita de hielo y siguió camino al ascensor.
Pero como de costumbre, estaba ocupado por Sorriel, un Antro ciervo obsesionado con el yoga, que hacia estiramientos imposibles dentro del pequeño espacio metálico.
—muy buenos días mi amigo humano —dijo mientras se estiraba como si no tuviera huesos.
William solo lo miraba sin saber si admirarlo o preocuparse por su columna.
Después de unos minutos de viaje en autobús, llegó finalmente al centro comercial.
William trabajaba en la librería "el susurro del papel", justo en la salida de la gigantesca plaza comercial. Era un lugar tranquilo. Hasta que entraba un Antro hiperlargo, super ruidoso o que no sabía usar bien sus dedos.
Al llegar y abrir la puerta, vio a sus dos compañeros de trabajo cargando cajas. Apenas lo vieron se lanzaron a abrazarlo.
—hola, bro, ¿preparado para hoy? —dijo Cristofer, mientras lo abrazaba con fuerza, un mapache demasiado alto como para serlo.
—espero que no termines en una pila de libros como ayer —dijo Isabel. Una coneja de orejas largas y pelaje blanco como nieve.
William, apretado por los dos Antros, a duras penas y podía respirar sin parecer que iba a estallar como un globo.
—chicos... y-ya, gracias.
El día empezó. Tan caotico como siempre.
No pasaron ni diez minutos para cuando el primer cliente raro llegó.
—hola, señor —dijo un zorro naranja, apoyando el hocico en el mostrador. —busco un libro que... uh... tenga muchas letras, pero no tenga tantas letras.
William parpadeo confundido.
—¿un libro... con letras... sin tantas letras?
—exacto.
—como... ¿un libro corto?
—no, no, no —negó el zorro—. Que parezca largo. Para que mi novia piense que soy inteligente.
—ah... tengo uno de decoración, lleno de páginas en blanco. Parece muy intelectual.
—¡me lo llevo!
El zorro salió orgullosisimo con un libro completamente vacio.
Después vino una ardilla Antro que hablaba tan rápido que parecía un radio a velocidad x3.
—Holabuenosdiastienesunlibrodehistosriadelosárbolesoalgoparecido
William se quedó callado un momento, intentando procesar lo poco que logró escuchar. Suspiro y respindio:
—sí. Tercera estantería, lado derecho.
La ardilla salió corriendo tan rápido que casi hace caer a Cristofer con dos cajas encima.
Después se acercó el señor Murray, un tigre alto y musculoso.
—hola, William. ¿Tienes algún libro de filosofía que recomendarme?
—...¿algo especifico?
—algo que haga sufrir al lector —dijo muy serio.
—Aquí tiene Nietzseche.
—muchas gracias, Will. El insomnio está asegurado.
Para cuando todo parecía más calmado, entonces llego... "EL CLIENTE"
Apareció un Antro elefante gigantesco, de dos metros y medio, musculoso y de color azul, y con nombre de Actor de Novela:
Gustavo Laguardia.
Era un tipo amable. simpático. Pero... hablaba MUY fuerte.
—¡¡¡BUEN DÍA, WILLIAM!!! ¡¡¡QUIERO UN LIBRO DE COCINA!!! ¡¡¡PARA HACER GALLETAS!!!
toda la tienda vibro. Una lámpara temblo. Y la pobre Isabel cayó de cara contra el piso.
—G-Gustavo... —dijo William mientras se frotaba los oídos— puedes pedir las cosas sin causar un terremoto, ¿sabes?
Antes de que dijera otra palabra y le sangraran los oídos, le entrego un recetatario ilustrado. Gustavo se fue de la librería completamente feliz y con pasos que hacian TUM TUM TUM como si fuese un jefe final de centro comercial.
Por desgracia, el estruendo provocado por los pasos de Gustavo, hiso que una pila de libros cayera encima de Isabel que apenas y se lograba levantar.
La hora del almuerzo. Pareceria que esa seria un tiempo de calma... pero lo único que encontró fue más caos como es habitual.
En la plaza, un grupo de Antros gatos dormían sobre las bancas, dos Antros pájaros peleaban por una papa frita y había un Cuervo robando servilletas, porque... bueno... cuervos.
El final del día llego y la reja metálica bajo, William suspiro con cansancio.
Era un día normal. Completamente típico en este mundo.
Con zorros raros, ardillas veloces, Tigres filósofos y elefantes ruidosos.
William camino fuera del negocio con las manos en los bolsillos, penso:
—supongo que... vivir aquí no es tan aburrido.
Y justo entonces. Un Antro rata pasó corriendo con un carrito de supermercado, gritando:
—¡NO ES ROBO SI SALGO CORRIENDO LO SUFICIENTE RÁPIDO!
—...sí...nada aburrido...