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Soobin y Yeonjun se conocieron en la cafetería de la universidad.
Soobin, estudiante de Ingeniería Civil, estaba revisando unos planos mientras se comía un emparedado mal armado. Yeonjun, de Ingeniería Industrial, llegó con su laptop llena de stickers motivacionales y se sentó en la mesa de al lado.
—¿Industrial, no? —preguntó Soobin con una sonrisa traviesa, al ver el logo de la facultad en el cuaderno de Yeonjun.
—Sí… ¿por? —respondió Yeonjun, arqueando una ceja.
—Ah, nada… —Soobin se encogió de hombros—
Solo que me parece curioso que llamen “ingeniería” a eso.
Yeonjun casi se atraganta con su café.
Yeonjun apretó los labios, mirándolo como si acabara de insultar a su madre.
—¡Oye! No subestimes mi carrera. Nosotros optimizamos procesos, mejoramos la vida… ¡hacemos que el mundo funcione!
—Ajá… —Soobin contestó.
—¿Y tú qué estudias?
—Civil. Yo construyo puentes de verdad —contestó Soobin alzando su plano.
Yeonjun quiso levantarse e irse, pero algo lo detuvo..
Tal vez la sonrisa altanera de Soobin, o tal vez las migajas que se le quedaron pegadas en la mejilla, que lo hacían ver más tonto que arrogante.
Desde ese día, Yeonjun lo declaró su enemigo número uno.
Lo que Yeonjun no sabía en ese momento era que ese comentario iba a ser el inicio de algo que ni en sus más optimizados diagramas de flujo habría podido predecir.
Sin embargo, por cosas del destino ambos terminaron inscritos en la misma clase de “Gestión de Proyectos”.








