Capítulo 1
El inicio de todo fue tan simple que nadie habría imaginado lo que vendría después.
Mia caminaba por el pasillo principal de la preparatoria, ese que siempre olía a desinfectante barato y a caramelos recién abiertos. Su amiga Carla, una chica que siempre se juntaba con los más grandes, la jaló del brazo con esa emoción exagerada que la caracterizaba.
—Mia, ven, te voy a presentar a unos amigos —dijo con una sonrisa cómplice.
Mia rodó los ojos. No le encantaba convivir con los chicos mayores, pero tampoco quería quedarse sola.
Carla la llevó a una de las mesas de la zona de estudio. Ahí estaban dos chicos.
Uno, alto, delgado y con sonrisa fácil: Conrad.
El otro, de ojos intensos y actitud un poco misteriosa: Daniel, el mejor amigo de Conrad.
Carla habló primero:
—Miren, esta es Mia. No la asusten, ¿eh?
Daniel levantó la vista y le dedicó una sonrisa leve pero encantadora.
Conrad, en cambio, saludó con una mano y una sonrisa amplia.
—Hola, soy Conrad —dijo él, como si su interés fuera genuino desde el primer segundo.
Pero el corazón de Mia no reaccionó ante Conrad... sino ante Daniel.
Él sí le gustaba, y desde el primer momento.
Aun así, Mia sabía algo:
Si quería acercarse a Daniel... tenía que empezar por Conrad.
Ese fue el error. O tal vez la suerte disfrazada.
Los días se convirtieron en semanas.
Las pláticas tontas en mensajes nocturnos.
Las miradas casuales en sonrisas que duraban más de lo normal.
Mia creía que estaba jugando con la situación, acercándose a Conrad solo para llegar al amigo...
Pero un día, sin darse cuenta, todo cambió.
Estaban sentados en la cancha, viendo cómo los últimos rayos del sol pintaban de naranja el pavimento.
—No sé por qué siempre terminas cerca de mí —dijo Conrad, riendo suavemente.
—Porque eres un imán, yo creo —respondió Mia, sin pensar.
Y cuando se escuchó a sí misma, sintió ese pequeño vuelco en el pecho.
Conrad la miró de una forma diferente esa tarde.
No como la amiga presentada al azar, sino como algo más.
Y cuando acordaron... cuando los días se volvieron meses...
ya estaban enamorados.
Enamorados a lo tonto.
Enamorados sin planearlo.
Enamorados sin querer.
Así empezó su historia:
con un error, una intención equivocada... y dos corazones jóvenes que no sabían en lo que se estaban metiendo.