ANIMAE REBELLIS

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Summary

En un mundo corrompido por divinidades crueles, la humanidad vive oprimida bajo la indiferencia, la vanidad y la violencia de los dioses. Pero siete almas rebeldes nacerán para romper ese destino. Unidos por heridas, secretos y profecías, estos siete elegidos descubrirán que los problemas de los mortales no vienen de las bestias... sino del cielo mismo. Y juntos iniciarán una revolución que cambiará el mundo para siempre. Siete almas. Un propósito. Un grito contra los falsos dioses.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capitulo 1- luna bañada de rojo

El mundo… un espacio lleno de detalles impredecibles para los mortales.

Una obra maestra creada por los dioses: entidades que gobiernan desde lo más alto, arquitectos de todo lo existente.

A pesar de ser seres superiores, están lejos de ser perfectos.

A lo largo de la historia, los dioses olímpicos, nórdicos y egipcios han librado guerras por conflictos personales, traiciones y rivalidades tan intensas que han puesto en peligro el equilibrio del mundo incluso antes de que la humanidad existiera.

Y fue precisamente la humanidad quien heredó ese caos.

Por miles de años, los humanos han sido simples títeres: diversión, pasatiempo o sacrificio de sus divinidades.

Seres diminutos e indefensos… obligados a resignarse.

Con una excepción.

Los semidioses, seres mitad divinos y mitad humanos, capaces de caminar entre dos mundos y luchar en guerras que no les pertenecen.

Y también existen las bestias, criaturas irracionales enviadas como castigos divinos.

Entre ellas destaca una cuyo nombre genera temor incluso entre los propios dioses:

El León de Nemea.

Y es ahí… donde nace esta historia.

En lo profundo del bosque de Nemea

Kaito, un niño de apenas siete años, vivía entre una manada de lobos.

Su madre adoptiva era la líder: una loba gigantesca, creada por Artemisa, capaz de hablar y tan fuerte como la luna misma.

Pero ella no solo era la líder de la manada…

también era la protectora del pueblo de Nemea durante las noches.

Cuando las bestias rondaban el pueblo, ella y sus hijos defendían a los humanos desde las sombras.

Mientras cumplía ese deber, Kaito pasaba las noches en el templo del pueblo, bajo el cuidado del sacerdote nemeano.

Allí aprendió a:

convivir con humanos,

no temerles,

hablar lo básico,

entender sus costumbres.

Por eso, aunque vivía en el bosque, el pueblo jamás le fue desconocido.

Pero un día, Kaito fue más lejos de lo permitido.

Se perdió.

Aulló desesperado, llamando a su madre.

La loba escuchó el llamado y corrió a toda prisa hacia él.

Sin embargo, un estruendo rompió la calma del bosque. Algo venía arrasando árboles, más rápido y más grande que cualquier criatura conocida.

No era su madre.

Era algo mucho peor.

Un león gigantesco emergió de la oscuridad.

Sus ojos, profundos y oscuros, brillaban con un tono morado que parecía contener las almas inocentes que había devorado.

—Así que tú eres el humano que vive en lo más profundo del bosque… —dijo la bestia alzando una pata en señal de amenaza.

Kaito intentó correr, pero fue inútil.

Como un rayo, el león apareció nuevamente frente a él.

—Eres rápido, pequeño. Ahora veamos qué tan resistente eres.

Elevó su pata dispuesto a matarlo.

Justo en ese instante, la madre loba llegó.

Al ver a su hijo acorralado, no dudó. Se lanzó frente al león y recibió de lleno el golpe.

Kaito escuchó un chillido.

Cuando volteó, la vio en el suelo, herida.

—¡MAMÁAAA! —gritó, corriendo hacia ella.

—Este asunto no es contigo, loba estúpida —gruñó el león—. Mira lo que haces… la bestia de la luna herida por salvar a un mocoso.

—Tú no entenderías el amor, león. —respondió ella, levantándose con dificultad—. Eres una bestia solitaria. Nadie te quiere.

El león frunció el ceño.

—Sabes muy bien que estamos encargados de destruir lo que perturbe el equilibrio. Sentimientos como esos… nos hacen fallar.

Intentó avanzar directo hacia Kaito.

La loba se interpuso y lo mordió.

El león, actuando por instinto, le dio un zarpazo brutal en el rostro, desfigurándola.

Una gota de sangre cayó sobre el rostro del niño, dejándolo paralizado.

—¡Deja de defenderlo! ¡No quiero matarte! —rugió la bestia.

—¿Por qué haces esto? —gimió la loba—. ¿Qué ganas con matar a mi hijo?

El león bajó la mirada.

—Órdenes divinas. No puedo decir más. Sabes que no lo haría por gusto.

Se acercó a Kaito.

Pero un pequeño tirón lo detuvo: la loba, en agonía, le mordía una pata intentando impedirlo.

El león abrió los ojos sorprendido.

Incluso al borde de la muerte… ella desobedecía a los dioses por un niño.

—No tenías que morir así… loba. —susurró.

Y con una patada final, le arrebató la vida.

Kaito quedó inmóvil.

Su madre, la única familia que había conocido, yacía muerta frente a él.

Algo dentro de él se rompió.

Con un grito desgarrador se lanzó contra el león.

La bestia ni siquiera se defendió. Solo lloraba en silencio la muerte de su compañera.

Kaito golpeó su pecho, pero el león no se inmutó.

De un simple movimiento lo envió volando contra un árbol, dejándolo inconsciente.

—Te dejaré vivir, pequeño —dijo la bestia mientras se alejaba—. Espero que algún día vuelvas por mí… y seas fuerte suficiente para matarme. Venga a tu madre, niño.

Miro a su compañera muerta con nostalgia , Rugió de ira una última vez y desapareció entre los árboles.

Horas después

Aullidos despertaron a Kaito.

Se levantó, aún aturdido, con la esperanza de ver a su madre…

pero el olor a hierro lo golpeó.

—Mamá… —susurró, corriendo hacia el cadáver.

—¡AHHHHHHHHH! —gritó al cielo, reclamándole a la luna por habérsela arrebatado.

Más tarde, la enterró con sus propias manos.

Cubierto de sangre, roto, vacío… ya no quedaba nada del niño inocente que había sido.

De rodillas, miró sus manos manchadas.

—Lo mataré… te lo juro, madre… lo mataré.

Alzó su puño hacia la luna.

—¡Te juro que lo mataré!

El león, desde su cueva, escuchó aquel grito.

—Esperaré ese día con ansias, pequeño. —murmuró.

Kaito vagó por el bosque, buscando el camino a casa.

Llevaba horas caminando, temblando, sin saber cómo explicarles a los demás lo que había ocurrido.

La sombra de un árbol lo cubría cuando uno de sus hermanos, Shu, lo vio.

—¡Kaito! Por fin llegas! Mamá salió a buscarte. ¿Dónde estabas?

Los demás lobos se acercaron.

Kaito no aguantó más.

Al escuchar esa palabra —mamá— se derrumbó en llanto.

La sombra se apartó, revelando su figura.

Tenía el cuerpo cubierto de sangre.

Los lobos la olfatearon.

Era la sangre de su madre.

Shu gruñó.

—Kaito… ¿qué le pasó a mamá?

Toda la manada erizó el pelaje, furiosa, temblando.

Kaito no pudo responder.

El miedo lo cegó.

Y sin pensarlo… corrió.

Queriendo huir de la verdad.

NOTA:

gracias por leer el primer capítulo de animae rebellis.

Pronto un nuevo capitulo ,sigueme y no te pierdas ninguna novedad .