I: ¡Ah, con que ese es Zee!
El Decano Vachiravit, de la prestigiosa CEDART de Tailandia, era un hombre imponente, pero en presencia de Nunew, parecía un admirador extasiado.
Nunew, con dieciocho años recién cumplidos y un expediente académico resplandeciente, estaba sentado en una silla de cuero frente a un escritorio de caoba. Su sonrisa, esa arma secreta que utilizaba para suavizar voluntades, estaba en pleno despliegue.
-Permítame ser sincero, Joven Chawarin. Usted no es solo talentoso. Usted es un prodigio. Su audición fue, francamente, la más sublime que hemos escuchado en diez años. La Junta está de acuerdo: Usted es el futuro de las artes vocales en Tailandia. Por eso, hemos creado esta beca especial. Queremos su talento.
-Es muy amable, Decano. Aprecio mucho el reconocimiento – comentó Nunew con una modestia calculada - Por supuesto que acepto, ¿Qué apasionado del arte no querría estudiar aquí?
-¡Estupendo! Y la joya de la corona que le ofrecemos, es que no recibirá clases en grupo, Joven Nunew. Usted tendrá sesiones de tutoría privada con nuestro instructor más estricto y aclamado: el Maestro Pruk Panich. Usted lo conoce, por supuesto. Es una leyenda.
Nunew inclinó la cabeza, fingiendo pensar. Por supuesto que había oído hablar del Maestro Zee, el vocalista de ópera y coach más solicitado del país, famoso por su exigencia y por su belleza sobria.
-El nombre me suena un poco, sí. ¿Es el que trabajó con el Coro Real?
-El mismo. Pero permítame mostrarle algo...
El Decano giró su monitor y amplió una foto. Era una imagen profesional y en blanco y negro del Maestro Zee. Llevaba un traje oscuro, el cabello peinado hacia atrás, y su mirada era intensa, casi severa. Pero lo que cautivó a Nunew no fue la severidad, sino las líneas perfectas de su rostro y la forma en que el traje se ajustaba a sus hombros anchos.
La respiración de Nunew se detuvo. Era... espectacular.
¡Ah, con que ese es Zee! ¡Dios mío, es tan guapo! Adiós a mi plan de estudiar en paz. Hola, oportunidad de novio famoso y sexy.
-Vaya. Entiendo por qué es famoso. Se ve... muy dedicado. Estoy seguro de que será un desafío. Un desafío que estoy muy ansioso por tomar – comentó Nunew con la voz repentinamente más dulce.
-Eso espero. El Maestro Zee es muy exigente. No tolera la pereza. Pero creo que, con su talento, Sr. Nunew, él también verá un potencial... irresistible. Confío en que establecerán una relación de trabajo muy productiva.
Nunew sonrió. Una relación productiva, pensó. Sí. Una relación muy productiva a su manera.
Una semana después, Nunew llegaba a la universidad con su equipaje y una maleta de cuero llena de partituras. El Decano había asignado a un estudiante de último año, un chico alto y amable llamado Gawin, para darle un recorrido por el campus antes de su primera clase.
-Y por aquí tenemos el ala de música y el conservatorio. Es el edificio más antiguo, pero la acústica es inmejorable. En serio, Nunew, eres la envidia de todos. Conseguir clases privadas con Zee... es como ganar la lotería.
Nunew caminaba con un aire despreocupado - Sí, supongo que tengo suerte. Solo espero que no sea el tipo de maestro que se toma a sí mismo demasiado en serio, ¿Sabes?
Gawin soltó una tímida risita - Oh, Nunew. Él es exactamente ese tipo de maestro. Es genial, pero es hielo puro. Nadie se atreve a flirtear con él. Es profesional hasta la médula.
Nunew ignoró la advertencia. Nadie, pensó, hasta ahora.
Mientras doblaban una esquina del jardín central, que daba a la entrada del conservatorio, Nunew se detuvo en seco. Su corazón dio un vuelco.
A lo lejos, cerca de una fuente de piedra, estaba él.
El Maestro Zee estaba de pie, con el mismo semblante serio de la foto, aunque vestía de manera más casual: pantalones oscuros, una camisa de cuello mao. Estaba hablando con dos estudiantes que lo escuchaban con una mezcla de respeto y evidente nerviosismo. La luz de la tarde resaltaba su silueta. Incluso de lejos, irradiaba una autoridad silenciosa.
Oh. Dios. Mío. Es aún mejor en persona. Se ve mucho más apetecible.
Nunew no pudo evitarlo. Enderezó la espalda, pasó una mano por su cabello y se apoyó con estudiada gracia contra un pilar, asegurándose de que la luz lo golpeara en el ángulo correcto. Era su pose de “Mírame, soy la persona más bella del campus”.
-¿Qué pasa, Nunew? ¿Has visto algo?
-Solo... estoy admirando la vista. ¿Ese de allá es el Maestro Zee? – preguntó con fingida inocencia.
-Sí, es él. Probablemente está destripando su pobre técnica. Venga, vámonos antes de que nos vea merodeando.
Pero Nunew no se movió ni un centímetro.
Mientras hablaba con las alumnas, Zee pareció sentir la mirada. Levantó la cabeza y sus ojos oscuros recorrieron el jardín. Por un instante fugaz, sus ojos se cruzaron con los de Nunew.
Nunew le dedicó su sonrisa más radiante, la que le había garantizado todo lo que quería en la vida. Era una promesa sutil, un “Vamos a divertirnos” codificado en un simple gesto.
Zee lo miró durante un segundo, y luego... frunció el ceño. Se giró de nuevo hacia las estudiantes, como si Nunew fuera una distracción trivial, un simple pájaro ruidoso en un árbol. La sonrisa de Nunew se congeló, pero no se desvaneció. Se convirtió en algo más agudo, más determinado.
-Gawin, ¿Dónde está el aula de Canto Aplicado? Necesito saber dónde es. Lo antes posible.
-Está en ese edificio, en el segundo piso, pero tu primera clase es hasta mañana...
-Quiero ir ahora. Necesito saber exactamente dónde está la primera línea de batalla. Y, por cierto - miró la espalda de Zee con una nueva ambición - Dile a la bibliotecaria que se prepare. Voy a estudiar la técnica vocal del Maestro Zee hasta que pueda cantar mejor que él.
El juego había comenzado, y Nunew estaba impaciente por su primera clase. Esperaría hasta mañana para usar su voz, pero su mente ya estaba componiendo la melodía de su conquista.