Marceline
Bonnibel Bubblegum:
Odió los hospitales pero aquí estoy de nuevo para una revisión. En cuánto el doctor dijo qué todo estaba bien, me levanté y me fui, porque no quería permanecer un minuto más en esté maldito lugar. Al salir evitaba cualquier contacto o cualquier mirada, prefería estar sola. Por un mini segundo desvíe mi mirada y encontré a una bella chica de cabello negro y ojos verdes, de piel un poco blanca, ella estaba sentada en la sala de espera. Ella también me vió a mí y me regaló una sonrisa, por un momento pensé en acercarme y entablar una conversación con ella pero sacudí esos pensamientos, no le devolví la sonrisa, sólo desvíe la mirada y me concentré en salir de aquí. No podía encariñarme con nadie. No quiero ser una maldita carga para alguien. Con esos pensamientos salí del hospital.
Suspiré y me pregunté ¿Porqué me había pasado esto?. Miré él bastón de mí manó y luego miré mi pierna derecha. Justo en ese momento apareció una de mis mejores amigas Arcoíris. Te he estado llamando -Dijo pero seguí caminando lo más rápido qué podía, había estado evitando a todo él mundo. No puedes seguir así Bonnibel, ya pasaron dos años. No deberías seguir alejando a la gente qué te quiere -Siguió diciendo pero seguí caminando, ignorando completamente lo qué dijo. ¡Bien! Cómo quieras quédate sola entonces...-Dijo ahora marchándose hacía al lado contrarío. Pare y sólo volteé en un poco para verla, no pude evitar llorar en ese momento. Lo haces por su bien me recordé, limpié mis lágrimas y continué caminando para llegar a mí casa. Cinco minutos después llegué a mí casa, todo estaba en silencio, me senté un momento para descansar y no pude evitar llorar de nuevo. ¡Si maldita sea, me sentía sola pero es por él bien de todo! Me regañé a mi misma. Me levanté y tomé las pastillas que me tocaban para calmar él dolor de mí rodilla. Luego me puse a estirarla un poco y a hacerme los masajes qué recomendó él doctor mientras escuchaba un poco de música para no sentirme sola.
Una hora después, me dió hambre y caminé a la cocina. Carajo -Dije al darme cuenta qué había olvidado comprar despensa. No tenía nada en él refrigerador. Tomé mi bolso, mi bastón y salí a la tienda más cercana. Mientras iba caminando no pude evitar notar cómo todos podían caminar más rápido qué yo, todos pasaban por un lado de mí y aunque tratara no podía, ni siquiera podía caminar bien sin él maldito bastón. Al llegar al supermercado, tomé un carrito y empecé a llenarlo con todo lo qué necesitaba. Mientras intentaba tomar una lata, escuché unas risas, volteé hacía un lado y puede observar que era la misma chica del hospital, estaba junto a otra chica riéndose mientras compraban cosas. Y se me terminó cayendo la lata, maldecí y traté de agacharme para tomarla pero no podía porqué si me agacho sería muy difícil para mí levantarme de nuevo. En ese momento alguien la levantó por mí, levanté mi mirada y era esa chica, me sonrió tímidamente. Gracias -Dije tomando la lata. De nada -Contestó alejándose. Por un momento creí qué se quedaría y hablaría conmigo. ¿Pero qué demonios te pasa Bonnibel? Ella sólo te tuvo lástima porque no podías agacharte a tomar la lata. ¿Porqué una chica cómo ella se quedaría a hablar con alguien cómo tú? me regañe mentalmente. Terminé de poner todo lo qué necesito en él carrito, me formé para pagar, y una vez qué salí de la tienda, me di cuenta qué eran demasiadas bolsas y si no tenía cuidado terminaría cayéndome. Pero soy demasiado orgullosa para pedir ayuda así qué por mí cuenta empecé a caminar rumbo a mí casa.
Apenas pude dar unos pasos lejos del supermercado y no pude con él pesó de las bolsa, iba caer pero choqué contra un cuerpo, miré hacía arriba ya que con la persona qué choque es unos centímetros más alta. Y me quise morir al darme cuenta qué era la misma chica del hospital, la misma qué me ayudó con la lata qué se me cayó. Lo siento -Me disculpe y me alejé de su cuerpo. Aunque se sintió bien estar a su alrededor. No te preocupes, ¿necesitas ayuda? -Preguntó mirando mis bolsas. No, gracias -Dije. Cómo siempre orgullosa, no permito que nadie me ayudé, quiero hacer las cosas por mi misma. ¿Segura? Esas bolsas se ven pesadas -Ella comentó con él ceño fruncido. No soy una mujer débil -Dije molesta. Tranquila, no dije qué fueras una mujer débil. Sólo quiero ayudarte -Ella levantó las manos fingiendo rendición. Pero ni siquiera té conozco -Dije. Ella me sonrió. Eso se puede solucionar -Estiró su manó. Soy Marceline Abadeer -Tomé su manó y nos dimos un apretón amistoso. Bonnibel Bubblegum -Conteste con una sonrisa. ¿Vez?...ahora ya no somos desconocidas -Bromeó. Eso me hizo reír a carcajadas. Había pasado mucho tiempo desde qué alguien me hizo reír así. Pero aun así no té conozco, puede qué seas una secuestradora o una asesina -Comente. Aquel comentario mío la hizo reír un poco. Tienes razón pero puede qué tú seas una secuestradora o una asesina. Sólo quiero ayudarte, es todo -Contraatacó encogiéndose de hombros. Nos quedamos viéndonos durante unos segundos, no habrá nada malo si ella me ayuda a con las bolsas. Pensé su propuesta, y me quedé mirándola, ella es realmente hermosa. Bien, aceptó tú ayuda -Dije. Bien -Dijo tomando casi todas las bolsas de mi manó. Sólo me dejó llevar una. Ella y yo comenzamos a caminar juntas y de repente recordé qué ella venía con una amiga. ¿No venías con una amiga? -Le pregunté. Si, la estaba ayudado con sus compras pero le acabó de enviar un mensaje diciendo qué te ayudaría con tus compras -Explico. No pude evitar sonreír. Aquella chica es realmente muy considerada, buena persona y muy amable. Gracias -Le susurré sonrojada. No es nada, en realidad es todo un placer ayudar a una señorita tan preciosa cómo tu -Coqueteó y aquello me hizo sonrojar más.
¿Pero qué carajos me está sucediendo?