La mesera y la boxeadora
-Beaufort, Carolina del sur, 2016-
Bonnibel Bubblegum:
Limpiaba una de las mesas, suspiré, talle más fuerte para quitar las manchas de la mesa y no quería ser chismosa pero un grupo de mujeres estaban en la mesa de al lado y podía escuchar los chismes qué sé contaban. En esté pueblo es normal qué te enteres de cosas por chismes. Por eso mismo trató de no llamarla atención, simplemente me dedicó a hacer mí trabajó cómo mesera de esté restaurante. Murtens y Garcia se van a enfrentar otra vez está noche -Dijo una de ella, llamando la atención de las demás amigas de ella. Entonces no podemos perdérnoslo. Seguramente será una buena pelea -Comentó otra dé ellas. Por si fuera poco, en esté pueblo él boxeó es él deporte favorito de todos. En lo personal no soy fan de ver a dos salvajes golpearse así qué mejor aprovechó mi tiempo en otras cosas en vez de ir a ver él boxeó. Me quité el sudor de mí frente, acomodé las servilletas y los condimentos en la mesa qué acabó de terminar de limpiar mientras aquellas mujeres seguían hablando. Escuché qué Abadeer después de su victoria la semana pasada, hizo una gran fiesta y la policía llegó en medio de la madrugada para callar su escándalo -Trató de susurrar aquella mujer de cabello castaño cómo si fuera un secreto pero alcancé a escuchar todo, no había mucha gente así qué se podía oír perfectamente su conversación. También oí qué Abadeer terminó tan borracha que armo un poco de alboroto a los policías por tratar de terminar con su fiesta. Y lo peor es qué la policía casi la encuentra desnuda teniendo una especie de orgia con dos mujeres -Finalizó. Las demás mujeres empezaron a hacer comentarios cómo "Esa muchacha va por muy mal caminó" "Lastima qué es una muy buena boxeadora. Seguramente terminará en él infierno" "Ojalá Dios la ayudé" etc etc... Incluso algunas de ellas sé persinaron y dijeron qué oraran por su alma.
No es la primera vez ni la última qué escuchó a alguien hablar cosas malas de Marceline Abadeer, todo él mundo la conoce, y si es muy buena boxeadora, ha ganado ya cinco veces consecutivas en él torneo de boxeó qué se organiza cada año y qué participan otros 3 pueblos. Así qué la campeona Marceline Abadeer nos ha enorgullecido trayendo él trofeo al pueblo por cinco años consecutivos y todos esperan él sexto para esté año. Pero lo qué las personas dicen de ella es qué es una persona muy peligrosa, una alma fiestera qué cada vez qué puede se emborracha, siempre está con diferentes chicas y cada vez qué puede causa un alboroto. Algunas personas la admiran pero la mayoría temen de ella. Personalmente la he visto un par de veces pero ella a mí no, y no puedo dar una opinión de ella porqué nunca hemos tenido un intercambio de palabras pero a mí parecer sólo quiere divertirse pero aquí las personas suelen exagerar los chismes, aunque muchos aseguran qué ella es peligrosa.
Y qué lo mejor es no involucrarte con ella.
La mañana transcurría con normalidad, atendía las mesas qué me tocaban, era una mañana muy tranquila, no había demasiado gente aún. Mientras esperábamos a qué llegarán más clientes platicaba con mí compañera Grumosa. Es una muy buena amiga también, aveces incluso ella misma me cuenta muchos chismes del pueblo aunque trató de no hacerles mucho casó a eso. ¡Oh por Dios! -Dijo ella sorprendida mirando hacía la puerta, al mismo tiempo qué está se abría y sonaba una pequeña campana que avisaba la llegada de un nuevo cliente.
Volteé y fue en ese momento qué parecía qué todo había sido detenido. Sus ojos verdes se encontraron con los míos. Curveó un poco sus labios, dándome a mí una pequeña sonrisa. Parecía qué duramos eternamente viéndonos pero en realidad fueron apenas unos segundos.
Ella caminó, se sentó en una de las mesas y tomó él menú. Algunas personas empezaron a murmurar pero luego cada quién volvió a lo suyo. ¡No puedo creerlo! ¡Marceline Abadeer está aquí! -Chilló emocionada mi amiga. Ella es muy fan del boxeó por eso la trata cómo si fuera una celebridad. Amiga. Qué envidia, vas a atender a Marceline -Me tomó de los hombros y me sacudió. Eso me hizo reír. Efectivamente Marceline se sentó en una de las mesas qué me toca atender. Está sería la primera vez qué hablaría con ella. Cálmate. Ahora vuelvo -Tomé él pequeño libro dónde anotamos las órdenes y la pluma. Caminé hasta su mesa. Buenos días, ¿Desea ordenar ya? -Pregunté dándole una pequeña sonrisa. Ella me miró por un momento cómo si estuviera analizándome. Si. Quiero una orden de Hot Cakes con tocino. Y café -Respondió con una voz ronca pero linda. Muy linda en realidad. Anoté todo mientras asentía con la cabeza. ¿Desea ordenar algo más? -Pregunté. Se quedó pensando un momento, miró el menú y luego a mí. Ah si, y a ti preciosa -Dijo con una estupida sonrisa en su rostro. Aquello me molestó mucho. ¿Quién se cree qué es para decirme algo así? ¿Cree qué soy una chica fácil qué se meterá en su cama por decir cosas tan vulgares?. Apreté mi libreta, ella notó esa acción, conté hasta diez en mí mente para no insultarla. Lo siento. Pero no estoy en él menú, ¿Desea algo más? -Pregunté apretando los dientes. Ella sonrió divertida. Le gusto verme molesta por alguna razón y aquello sólo me hace molestarme más. No, gracias -Respondió. Asentí y caminé a todo prisa hasta la cocina, dejé la orden
Y Grumosa me detuvo de repente. ¡¿Qué te dijo?! -Preguntó curiosa, otra vez sacudiéndome. La verdad Grumosa no entiendo cómo alguien tan idiota puede ser tú idola -Comente molesta. Logré escaparme del interrogatorio de Grumosa, le lleve su cafe y minutos después su orden. No intercambiamos más palabras pero de repente la sentía observarme. Me miraba seriamente mientras atendía a algunos otros clientes. Cuándo ella terminó su comida pidió la cuenta, se la entregué me dió él dinero exacto. Fui a dejarla a la caja. Regresé en la mesa dónde se sentó y ella ya no estaba. Pero dejó una muy buena propina para mí y una rosa.
Marceline Abadeer aún sigue siendo un gran misterio para mí...