Capitulo 01: Donde la flor aprende a doler
El dolor no tenía voz, pero dejaba marcas, como un invierno que se aferra a la piel.
Ella caminaba despacio, como si tuviera el alma envuelta en gris oscuro, aprendiendo a ocultar sus grietas. Se decía que la fortaleza era silencio, que llorar era un lujo que no podía permitirse.
El mundo seguía girando y ella, quieta, sostenía un jarrón que ya no sabía cómo recomponer.
Había noches en que el negro la abrazaba más de lo que la vida lo hacía. Aun así, seguía avanzando, por inercia o por costumbre.
Hasta que una duda, pequeñísima, abrió una fisura en su sombra.
“¿Quizás no todo estará perdido al final? ¿No?”