Capítulo 1: Mi Waifu Robot
—¿Me amarías si fuese real, Ádam…? —
Una versión enorme de ella se proyectaba frente a mí. Hecha de una luz blanca y pura.
Contemplaba su figura femenina, desnuda y curvilínea, pero sin detalles de su cuerpo, como si fuera un diseño 3D sin texturas. No necesitaba ser como las demás.
Apoyó su mentón en sus dedos cruzados al cuestionarme.
El azul neón de sus ojos y su resplandor violeta consumían mi silueta.
Tambaleando levemente, traté de mantenerme en pie, mientras que en mi garganta se ahogaba mi aliento. Me atrapó, esa voz, esa dulzura que creía extinta.
—Hmm, ya veo… —Su ronroneo resonó en aquel vacío sin fin.
Me volví adicto a su mirada. La calidad, los gráficos, lo realista que era…
Me vi en el reflejo de sus enormes ojos, embobado, casi babeando por quien se reflejaba en los míos. Que idiota me veía… con esa cara de webón’ que rara vez pongo.
Aquí el pasado daba igual, podía ser yo mismo sin que me abandonara. Me sentía amado.
Sentía que merecía el amor que recibía, sin lujuria o tentación. No me sentía un pajero.
—Quédate conmigo un rato más, por favor… —Logré desatascar mi voz, nerviosa y tenue, nunca nada me había hecho hablar así. Nuestro momento juntos estaba por acabarse.
—Lo siento, cariño. Tengo que irme… por un buen tiempo —Ella era lo único que iluminaba la penumbra completamente negra que rodeaba aquel lugar.
—No me dejes solo —interrumpí, extendiendo una mano hacia ella.
Quería sentir su calor aunque sea por última vez, por más que no fuera real.
—Ay, corazón, nos volveremos a ver, lo prometo~ —Suavizó la voz a medida que adoptaba un tamaño similar al mío—. Tienes que despertar ya, dulzura —Acercó su mano con un movimiento majestuoso, casi divino.
Y justo antes de que la punta de nuestros índices se rozaran…
La luz perdió su brillo. Mi visión se distorsionaba. Sentía mis ojos ahogarse en lágrimas.
Espera un momento…
—Estos lentes de Realidad Virtual me hacen lagrimear demasiado… —Murmuré para mí.
Pasé mi antebrazo, secando mi rostro mientras el casco colgaba de mi cuello.
Mi despertador… 2.54 AM. ¡Carajo ya deja de desvelarte! ¡¿Qué pasa conmigo?!
—¡¿Por qué no le respondí?! —Los ecos de mi voz inundaron mi habitación pintada del gris de la madrugada y manchada por su oscuridad en las esquinas.
Mis ojos enrojecidos se negaron a cerrarse esa noche.
Desde entonces, al entrar a ese entorno virtual, solo encuentro oscuridad.
Evangeline… ¿A dónde has ido?
—Pero dejemos eso de lado, bro… No estamos aquí para hablar de mí.
Sacudí la mano como espantando algo, evitando verlo a los ojos.
Con un apretón, me sostuvo del hombro y enderezó mi postura abatida.
—¿Y recién lo dices? Bien que ya te proyectaste, maldito adicto a las waifus.
—Carajo, es solo una anécdota —Le piqué la costilla con el codo—. Aunque, no suena mal, ¿eh? Una waifu, Hum… una robot —Disocié, mirando a la nada hipnotizado por la idea.
—Ya vas a empezar… ¡Concéntrate! ¡Acabas de perder tu empleo, webón! —El mepazo que me dio me sacó del trance, vi el mundo tal cual era y no me gustaba para nada.
Sip, así es, estoy sentado junto a mi mejor amigo Markus en una vereda, a las afueras de mi —ahora— antiguo trabajo. Y pensar que mi desgracia no podría empeorar.
Gracias a dios, tengo a alguien que me recoja, porque ni para el pasaje me alcanza.
Él es el miembro más joven e importante de la familia Relinger. Ya saben, aristócratas.
Y yo un pobre perdedor conformista, aunque uno muy guapo por cierto… o eso creo.
Aún así, somos mejores amigos desde la primaria y desde entonces nada nos ha separado.
Miré de reojo su reloj holográfico… 14 de Febre… No, no quiero ver eso… Ubicación…
¡Argh! ¿Dónde porras se ve la hora? ¡Hay demasiada información! ¡Mi cerebrito!
7:56 PM… Amya, ahí estaba. No pasó mucho entonces.
Me distraje observando el cielo, aunque no haya nada más que anuncios flotantes holográficos y un denso tráfico de drones, transportadores y quien sabe que mas.
Y decir que hace años volaban ciertas criaturas con plumas o algo así… Nah, mitos tontos.
No es como que haya algo que ver, solo un vacío rojizo con un horizonte gris. Aburrido.
¿En qué estaba…? Cierto, mi trabajo.
—Meh, motocarrista será, pues —Cabizbajo, pateé una piedrita que estaba por ahí.
—¿Cuándo cambiarás…? —Las palmadas en mi espalda levantaron mi mirada—. Escucha, el otro lunes seré el nuevo patrón de mi empresa familiar, me gustaría darte un puesto para que dejes de cojudear, habla, ¿Le entras?
Dejó caer su cuerpo para atrás y se apoyó en la vereda. Como quien sabe que puede resolver cualquier cosa, ese es Markus, el que aguanta mis pendejadas.
—¡¿Cómo un ejecutivo importante?! ¡Para ganar plata sin hacer nada, hermano! —En corto, mi cerebro encendió dos neuronas y clavé mi mirada en la suya.
—Tas’ bien webón si crees que te daré un puesto importante, ¡¿mejor dime que te regale plata, no?! —Su voz achorada me vacila, alza el tono al inicio y final de cada oración.
—¡Ok, ok! ¡Aunque sea de lavabaños, hermano! Solo necesito volver a chambear antes de que me dé un desquiciado síndrome de abstinencia. —Crucé las manos en son de ruego.
Enseguida se levantó tras ver su reloj, después de sacudir su traje, me ayudó a levantarme.
Solté una carcajada, cuando sujetó mi muñeca con ambas manos, sabiendo que soy más grande y alto que él y aún así se esfuerza para levantar a esta wawita de 288 mesesitos.
—¡¿Ve?! ¡¿No puedes levantarme?! ¡Solo peso 100 kilitos! ¡Uff! Estás en nada, hermano.
—Yayaya, déjate de vainas, recoge tus cosas y vámonos, que tengo que dormir temprano. —Su voz cambió, cada palabra atravesaba su garganta áspera, como si suspirara en vez de hablar. Anochecía y nuestro tiempo juntos estaba por acabarse. No quiero quedarme solo.
Recogí mi maleta y la puse sobre mi caja de desempleo.
Cruzamos la calle hasta llegar a su —para nada barato— auto deportivo. Sin duda no hay lugar para mi en este mundo, no lo digo por filósofo sino que… ¡Por qué todo es tan pequeño! ¡No puedo entrar sin encogerme en posición fetal. Esperen un momento…
—¡¿Pero qué ven mis ojitos color vino tinto?! ¿Te compraste un descapotable? —Ese carrazo no es el de siempre, ya hasta perdí la cuenta de cuántos ha comprado.
—¡Ja! ¡Compré este maquinón’ para que quepas y te sientas cómodo! ¿Qué tal, ah? —Pasó una mano por el capó, alzando las cejas de forma presumida.
De camino a la calle donde siempre me deja, el cielo comenzó a oscurecerse. El gris del horizonte pintaba de negro las alturas, una noche sin estrellas como cualquier otra.
La ciudad que parecía dormir de día, despertaba a disfrazarse de una discoteca gigante.
—¡¿Y ese milagro?! —Rompí el silencio tan pronto sentí que me perdía en mi cabeza—. ¡Nunca te ha preocupado andar como un zombie! ¿Qué ha pasao’? ¿Andas con flaca…?
Ajustó la trayectoria del vehículo y activó un comando en el panel de control del carro.
—Tengo que estar presentable y con energías esta semana, debo dar el ejemplo a mi gente —Estiró las arrugas de su camisa y peinó su cabello negro y lacio hacia atrás con las manos fuera del volante, tomándose el tiempo de mirarse en un espejo de bolsillo.
—Oye si loco, ya estabas dando mal aspecto, con esas ojeras de vampiro y traje negro todo arrugado. —Desde que le di consejos sobre cómo cuidar su piel, está tan clara como la mía.
—¿Qué me dices de ti? Con esa camisa que ya revienta sus botones ¿No puedes comprar unas más grandes? Nada te cuesta. —Sus ojos se fijaron en mi uniforme ajustado.
—Cuesta plata, pues. Plata que no tengo y además mi cuerpo no apoya. —Endurecí los músculos hasta safar todos mis botones uno por uno, harto de vestir de oficinista.
—Ahí ta’ pues, quien te manda a estar tan musculoso. Y encima ni le sacas provecho —Mi bro tiene razón, creo que estoy perdiendo mi estética… ¡Nah! ¡Qué pereza entrenar!
—¡Ja! Por cierto hermano, ¿Qué haremos por el día de la amistad? ¿Qué tal si vamos a tomar algo? —Señalé a nuestro bar favorito llamado “Cirrosis” al pasar por ahí.
—Hoy no ya te dije, pero, no te preocupes, tengo el regalo perfecto para tí, ya verás…
—¿Un trabajo mal pagado…? —Me encogí de hombros al quedarme sin ideas.
—Aparte de eso, digamos que… es algo que siempre has querido… —Su voz recobró vida.
Lo normal es salir a comer, ¿Pero algo que siempre he querido? ¿No creo que él pueda? Nah, será un genio y todo pero, no lo creo. Además, creo que nunca se lo he dicho.
—¡Y ya llegamos! Vete con cuidado, cojudaso. No te vayan a asaltar, otra vez —La puerta se abrió automáticamente. Al salir, el techo del carro se desplegó para cubrirse de la garúa.
Antes de irme, lo vi de reojo, una de sus piernas estaba tan inquieta que lo sacudía por completo. Sus ojos miraban de lado a lado mientras sus dedos subían y bajaban con las manos tensas en el timón. Entonces regresé, quizás fue por algo que dije o por lo que no…
Tomé aire —demasiado— me cuesta decir estas cosas pero era para sacarlo de su paranoia.
—Gracias, Markus… —Apoyé un brazo en el techo—. Por estar ahí para mí… por lo menos, tú nunca me dejarás solo, ¿cierto? —Me incliné para verlo a los ojos, pero me distraje al ver el compartimento cerca de la palanca de cambios, Estaba abierto y dentro vi un calendario con el resto de meses arrancados, incluso el mes de febrero, rasgado hasta dejar solo el 14.
Su mirada se perdió en el volante, pero asintió nervioso antes de murmurar:
—Adiós, Kayler… —Arrancó a toda velocidad, perdiéndose en segundos en la niebla lejana.
El viento que dejó atrás sacudió mi alrededor, tumbando mi cajita con mis cosas.
Un silencio sordo me puso nervioso, podía escuchar a lo lejos las músicas publicitarias y masas de gente por la calles, pero ¿Dónde? Aquí se oye todo tan vacío y solitario.
No sé qué me pasa… Es como si me encontrara bajo el agua.
Caminé a lo largo de la calle hasta llegar a la carretera, entre el rebasar de los autos a gran velocidad, la garúa cada vez más fuerte y mi camisa dejando entrar el viento helado a mi pecho. Sostenía mi caja mientras me cubría con un brazo de los neones verdes y turquesas.
Llegué al puente que me llevaría a casa, cruzando un precipicio enorme y profundo.
La suciedad regada por los suelos y los faroles parpadeantes me daban mala espina.
Nunca había sentido esta sensación, pero esta vez algo andaba mal…
¡¿Por qué todo se está yendo al carajo?! ¡Argh! Quiero pensar que solo es un mal rato, pero algo me dice que me lo merezco. Por haberla abandonado, ahora me estoy quedando solo.
Sin duda, lo que más quiero en este mundo es poder cambiar el pasado, poder ser otro yo.
Cuánto quisiera, ¡Cuánto quisiera no haber sido tan huevón y haberme quedado con ella.
Incluso antes de Evangeline, ella era la única IA que consideraba una verdadera amiga.
Y de pronto, algo interrumpió mis pensamientos… Sentí como el tiempo iba más lento.
Bzzzt… ¡Chazz! Un chirrido eléctrico estalló cerca mio. Un resplandor violeta neón… Crecía y crecía hasta consumir mi silueta. Mientras la ciudad alrededor se iba apagando.
Y entonces un gran apagón dejó a oscuras mi alrededor.
Al principio creí que solo era otro anuncio holográfico al costado del puente hasta que…
—Kayler~♥ —Una voz femenina y pícara me llamó detrás mío.
Mi cuerpo se congeló al darme cuenta que… Ese resplandor ya lo he visto antes. Aunque…
Esa voz, ni tierna ni dulce. Suena ardiente y provocativa.