Outside — El Ataque de los Óbices ©

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Summary

Hace mucho tiempo, en una antigua China desgarrada por lo inexplicable, un poder siniestro arrasó con todo lo que una joven conocía. Única sobreviviente de un desastre que desafía toda lógica, carga ahora con un propósito inquebrantable: descubrir qué fuerza destruyó su mundo... y evitar que vuelva a despertar. Mientras atraviesa imperios, montañas y secretos sepultados por siglos, aprenderá que la magia no es un arma ni un milagro, sino un tejido vivo que une a todos los seres humanos. Un misterio tan antiguo como la existencia, capaz de liberar... o de aniquilar. En su viaje hallará aliados, enemigos que desafían lo natural y verdades que podrían reescribir la historia misma. Y, en medio del caos, quizá descubra algo que creía perdido para siempre: que incluso después de perderlo todo, el amor puede renacer. Pero cada paso la acerca a una revelación mayor. Porque el desastre que la dejó sola no fue un accidente... y su supervivencia tampoco. Algo en ella responde a fuerzas que trascienden este mundo. Y cuando finalmente descubra quién es realmente... el destino de todos cambiará. © Todos los derechos reservados. 2021-2025.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1: Cuando los astros caen del firmamento

Eurasia vivía un período de prosperidad tras los conflictos que habían marcado a fuego el continente. El mundo, dividido en dos fuerzas opuestas, la luz y la oscuridad, danzaba en un equilibrio incierto, entrelazado en un juego de halos y sombras, donde ambas habían olvidado cómo brillar por sí solas.

En la antigua China, en una era donde la historia aún se escribía con sangre y cenizas, se gestaban acontecimientos que cambiarían el destino del mundo para siempre. Estas son las memorias de una joven en apariencia ordinaria, pero destinada a desafiar lo imposible.

El tiempo, la ignorancia, el miedo a lo desconocido y la vanidad han sido y seguirán siendo las cadenas de la humanidad hasta su último aliento sobre la tierra. Y, sin embargo, la magia persiste. Oculta, eclipsada por el temor a un propósito compartido y corrompida por el abuso de quienes la han manipulado. Fuimos nosotros quienes la sepultamos. Esta es la historia que nadie te contará. Esta es la historia del Argi-Iluna: la luz y la oscuridad.

La magia no yace en artilugios esotéricos ni en rituales olvidados; es inherente al ser humano, una esencia latente que nos define más allá de lo que comprendemos. No es truco ni ilusión. Quien posea el conocimiento adecuado puede manifestarla, moldearla, enseñarla. Su poder no radica en su existencia, sino en la forma en que transforma la mirada de quien la descubre. Porque, de un modo u otro, la magia siempre fluye dentro de ti.

Y en un instante, puede revelarse como un destello de salvación... o de ruina. O quizás, como ambas cosas a la vez. Así ocurrió con nuestra protagonista. Cuando las siniestras estrellas se desgajaron del firmamento y redujeron a cenizas todo cuanto amaba, un resplandor fugaz emergió entre la devastación. La luz flotante la guió, le otorgó un sendero improbable para escapar de aquellas entidades. La transportó lejos del desastre, y cuando su propósito se cumplió, sus alas efímeras se disiparon... al igual que todo lo que alguna vez le dio razón a su existir.

En un sitio gélido, con un desagradable hedor, la alborada temprana filtraba su luz entre las rendijas de las puertas. A pesar de la penumbra, la mañana mantenía su fría melancolía. Zura había dejado de llorar hace horas; sus lágrimas ya habían secado sobre su rostro. No había logrado conciliar el sueño. De pronto, las puertas del almacén chirriaron al abrirse, y un semblante desconocido se acercó preocupado.

-Buenos días. Supuse que podrías necesitar algo para comer.

-¡¿Quién eres tú?!

Zura retrocedió asustada, arrastrándose hacia atrás.

-¿Qué estoy haciendo aquí?

-Escucha, sé que tienes muchas preguntas ahora mismo, pero no es momento para gritar...

La joven, con una apariencia relajada, le ofreció un plato de estofado, Aunque Zura seguía jadeando nerviosa, ni siquiera esperaba estar viva al día siguiente. Simplemente sabía que lo había perdido todo, y quizás era hora de dejarlo ir también.

Echó un vistazo al plato de comida y lo aceptó:

- Está bien... Gracias.

La joven se sentó frente a ella, esforzándose por transmitir confianza.

-Buen provecho. Soy Zafiro, sin acento. Fui quién te dio refugio anoche, te encontré desmayada en mi jardín y hacia mucho frío, así que decidí ofrecerte resguardo. ¿Cómo te llamas?

- Soy Zura, Zura Fevergreen. Muchas gracias.

Al saber que Zafiro le había salvado la vida, se relajó un poco y se mostró más receptiva. Siguió comiendo lentamente mientras Zafiro le hacía preguntas:

- ¿De dónde vienes?

-De Fenjing, al sureste del Río Amarillo.

-Ah, de allí...-Zafiro reflexionó por un momento-. Esa es la zona del misterioso genocidio de ayer. No entiendo como has llegado aquí tan rápido, ni como has sobrevivido.

-Si quieres, puedo contarte lo que recuerdo. Depende de ti si creerme o no.

-Vale, estoy lista para escucharte.

-Ayer, todo era común. Barría el porche hasta que un destello cegador en el cielo me petrificó. Eran estrellas cayendo muy rápido. Cuando una de ellas tocó el piso, desató una explosión que me expulsó por el aire, cuando abrí de nuevo los ojos, me había arrojado entre escombros y fuego. El cielo azul se convirtió en negrura, envuelto de nubes y ceniza.

Sus lágrimas recorrían su rostro mientras revivía el horror que eclipsó su vida:

- Vi una luz flotante en un templo. Sangrando, apenas levantando mi cuerpo, gateé hasta allí. Un hombre en túnica me abrió, sereno en medio del caos. Me dijo que me esperaba, que me concedería poder para escapar, si hacía una promesa: proteger a quién más amara y no abandonar nunca.

La emoción se reflejaba en sus ojos mientras continuaba:

-Una extraña sensación invadió mi cuerpo y, ¡tenía alas! Salí volando de ahí cuando el templo se derrumbaba. En el lugar del impacto, vi siluetas siniestras en una plataforma de otro mundo. Con miedo, huí lo más lejos posible. Llegué aquí, devastada. Lo perdí todo y ni siquiera pude despedirme... creo que soy la única superviviente.

Las lágrimas de Zura se mezclaron con sus palabras mientras se secaba con el pliegue del codo. Zafiro, con gesto comprensivo la apoyo:

-Entiendo, créeme, estás a salvo aquí conmigo.

Zura, aún conmocionada, asintió y secó sus lágrimas en ella.

- Gracias por creerme.

Zafiro rompió la tensión con una sonrisa familiar.

- ¿Quieres explorar un poco la ciudad, tomar aire?

Ella asintió devolviéndole la sonrisa. La hospitalidad de Zafiro le pareció extraña en primera instancia. Aun así. Aceptó.

Mientras caminaban, Zura la observaba; cabello azul oscuro como la noche, despeinado y con un gran flequillo cubriendo su ojo derecho. Era unos años mayor, tenía una presencia imponente, masculina y voluptuosa.

- Aquí es una ciudad portuaria clave de la dinastía, y, la única de hecho-explicó Zafiro, al salir de los pastizales que rodeaban el galpón.

-Nunca había estado en un lugar así. Siempre viví en zonas rurales y sin tanto gentío.-Admitió.

-Entiendo, el campo podría ser más tranquilo, pero en la ciudad, hay más cosas que hacer y descubrir.-Arguyó.

Zura señaló unas plataformas de madera en el muelle y preguntó sobre ellas:

-Zafiro, ¿Qué son esas plataformas? ¿Una especie de muelle de carga o algo así?

-No, son plataformas de entrenamiento del ejército de Haigang, son específicamente para la manipulación de magia.

Quedó cautivada con el paisaje de la bahía, las olas golpeando las murallas, la gente caminando por la rambla, entrando y saliendo de ostentosos comercios orientales, vio soldados a la lejanía, parecía estar muy sincronizados, Zafiro siguió su mirada y le surgió una gran pregunta.

-Tengo el presentimiento de que podrías hacerlo bastante bien.

-¿Lo qué?-Preguntó Zura sin saber a lo que se refería.

-La magia, tienes suerte. Mi padre es el jefe de guerra de la dinastía, conozco un lugar donde pueden chequearte para ver si estás lista para hacerlo.

- Espera, ¿La magia? Yo. Nunca lo he intentado...

-No hay problema, sígueme.

Zafiro se alejó hacia el muelle, y ella la siguió sin objetar. La caminata continuó hasta llegar a un consultorio, se sentaron a esperar. Zura, intrigada por el peinado tan extravagante de ella, finalmente preguntó sobre su ojo cubierto.

-Zafiro, este, disculpa la pregunta pero ¿Por qué ocultas tu ojo derecho?

Ella suspiró, es una pregunta que ha contestado hasta el hartazgo, sin embargo compartió la historia.

-Lo perdí hace tiempo en un accidente, desde ese entonces trato de ocultarlo.

-Ah, es así, no debería darte vergüenza, ¿sabes? ¿Puedes enseñármelo?

-Este... está bien.

Zafiro apartó su cabello y dejó ver su ojo, estaba entrecerrado, con una profunda perforación justo en el centro de su pupila, que estaba rodeada de sangre seca. Zura aspira hacia adentro de la impresión.

-Cielos...

-A veces me gustaría ser, un poco más normal...- Vuelve a tapar su ojo ofuscada.

-Pero, supongo que eso es lo que te hace especial, diferente. ¿No?

-Es que ese no es el punto realmente, es otra cosa. Como quizá ya dedujiste, soy de instral oscuro. Soy oscuridad, pero hay un pequeño gran problema.

-¿Cuál es?

-Mi hemisferio derecho del cerebro es de instral de luz, lo cual parece no tener sentido, es una enfermedad extremadamente rara que afecta todo mi cuerpo, incluyendo mi mente.

Ella asintió receptiva.

Zura nunca había oído escuchar de dicha enfermedad, normalmente cuando alguien nace de un instral determinado es imposible cambiar o desarrollar otro, simplemente se determina incluso antes de que nazcamos.

Finalmente el magiólogo termina su consulta anterior , y voltea a mirar a las dos.

-Zafiro, ¿tú de nuevo? Sabes que aún no estás lista para volver a entrenar con el ejército.

-Lo sé doctor, solo vine a acompañar a esta chica nueva, creo que puede tener condiciones para aspirar a ser guerrera.- Zura discrepó con lo último, aún no se lo había propuesto al cien por ciento ser guerrera, sin embargo le atrae la magia.

-Muy bien, ¿Tú edad y nombre?

-Me llamo Zura Fevergreen, tengo trece años.- El doctor la miró de arriba abajo, tiene una cabellera pelirroja resplandeciente hasta los hombros, ojos como perlas celestes y pecas cándidas, definitivamente de rasgos no asiáticos.

-Vale, ¿tú identidad mágica? ¿Qué instral eres?

-Este... No lo sé aún.

-Eres de raza blanca, probablemente eres de luz, déjame tomar tu muñeca para confirmar.- Zura le cedió la muñeca, y este pasa su dedo por sus venas presionándolas-. Efectivamente eres luz, Argia.

Confirma soltando su mano.

-Bien, comenzaré con el chequeo físico, ponte de pie y levanta los brazos.

El magiólogo toca su torso entre su onceavo par de costillas y las flotantes por unos segundos.

-¿Para qué es esto?- pregunta incómoda.

-Es para chequear el estado del aparato de Mern, uno de los cinco órganos bulares encargados de la magia, el tuyo está en óptimas condiciones.

-Oh, ya veo.

-Si quieres aprender a manifestar magia, lo primero que debes saber es lo que hay dentro de tu cuerpo, y el desarrollo de la magia son procesos largos y complicados. Esta funciona gracias a la energía mágica que hay en el ambiente, no debes confundir la magia con la energía mágica, son complementarios pero no son lo mismo.

-Claro, lo entiendo.- Le dio una profunda curiosidad, ¿tenía órganos específicos para la magia, y no lo sabía?

-Ahora escucharé las vibraciones de tu corazón mágico.- agarra un tubo de papel de la mesa.

-¿Corazón mágico?

-Así es, todos tenemos uno, esta a la derecha de nuestro corazón convencional, está hecho de fibras ligeras y dilatables, no se siente ni se ve a simple vista, posee un núcleo y varias partes más.

-Fascinante-el doctor le coloca el tubo de papel en su pecho, y escucha detenidamente- ¿Qué funciones tiene el corazón de magia?

-En realidad se llama de otra forma, pero le decimos así coloquialmente, este transforma los componentes de la sangre para así poder manifestar magia.

-¿Cómo? No entiendo.

-La sangre circula por un punto determinado del órgano, este carga las plaquetas con carga positiva y las redirige por el resto del cuerpo. Luego esas plaquetas emanan la carga a través de los tejidos para liberar lo que llamamos «magia», solamente por las manos.

-Así es, él siempre explica las cosas muy bien.- Añadió Zafiro. Zura estaba muy confundida ¿Qué se supone que son las plaquetas?

El magiólogo se coloca unos guantes de carnaza.

-¿Puedes sacarte los zapatos? Este es el último chequeo.

-Está bien.

Zura se retira los calzados, que yacen en el piso con una notable sordidez, la vergüenza de esta no se haría esperar.

Se sienta y el doctor le sujeta los dos pies, y presiona su parte inferior con fuerza, Zura intenta ocultar sus cosquillas, mientras que Zafiro se aguanta la risa.

-Los pies desechan toda la negatividad de la magia y del cuerpo, por eso sentimos satisfacción al caminar descalzos.

-Eso no lo sabía.

-Cumplen un rol bastante importante, si no lo hicieran el cuerpo se saturaría de energía negativa.

-Tiene bastante sentido, ¿pero que ocurre si pasa eso?

-Anomalías y fluctuaciones, en fin, eso es todo, ya terminó la consulta.- El doctor ordena sus libros, Zura se vuelve a calzar, ambas esperan la respuesta del magiólogo.

-Es una chica con bastante potencial, con un cuerpo equilibrado y saludable, puedo ofrecerle una vacante en el ejército para su formación. Aunque antes Zafiro... Trata de enseñarle la finegación.

-Vale, ¡muchas gracias!- ambas se retiran del consultorio.

-¿Finegación?- Pregunta Zura extrañada, mirando el horizonte pintado al óleo por el crepúsculo.

-Quizá te explique luego-camina unos pasos-¿vamos a casa? Zura se había detenido mirando a la nada. Inexpresiva.

-Sí, sí...

-Ya sé lo que estás pensando-le toca el hombro- sigues conmocionada.

Zura asintió con la cabeza apretando el mentón, aún le resulta muy difícil asimilar todo lo que ha vivido, se siente extraña junto con Zafiro a pesar de todo, no es fácil cambiar de aires tan abruptamente, y más sabiendo que no tienes a ninguna de las personas que te vieron crecer.