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Summary

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Los cascos de mi caballo marcaban el ritmo de mi regreso contra el camino de piedra.

Cuando el animal se detuvo finalmente, desmontΓ© con movimientos ponderados; el peso de aΓ±os de ausencia habitaba en mis mΓΊsculos. Mientras me ajustaba la tΓΊnica de viaje, pasΓ© una mano por el cabello que el viento salado habΓ­a enredado.

No pude evitar notar el grupo de doncellas apiΓ±adas cerca de la entrada. Sus cuchicheos formaban un murmullo constante cuyas sonrisas se desvanecΓ­an en el instante en que mi mirada las rozaba. Sin duda todas estarΓ­an extasiadas con el regreso del heredero. Era un espectΓ‘culo que ya conocΓ­a demasiado bien, tan predecible como la sucesiΓ³n de las estaciones.

Al girarme para enfrentar la Fortaleza Roja, mis ojos encontraron exactamente lo que habΓ­a imaginado durante aΓ±os. AllΓ­ en lo alto de las escaleras, inmΓ³vil como si el tiempo la hubiera esculpido en piedra, estaba Alicent. Conservaba ese porte elegante que siempre la caracterizΓ³ aunque los aΓ±os habΓ­an dejado su huella sutil en su figura. Los rumores insistΓ­an en que sus caderas se habΓ­an ensanchado despuΓ©s de tres embarazos. En RocadragΓ³n, durante las largas noches de insomnio, me habΓ­a masturbado mΓ‘s de una vez imaginando cΓ³mo habrΓ­a cambiado su cuerpo. Ahora por fin tenΓ­a la prueba frente a mis ojos.

Una sonrisa juguetona se dibujΓ³ en mis labios mientras comenzaba a ascender. Mis pasos eran deliberadamente pausados, sin conceder prisa alguna al momento. Cuando por fin alcancΓ© su altura, notΓ© de inmediato la diferencia crucial: ahora ella tenΓ­a que alzar ligeramente la vista para mirarme. Ya no era el niΓ±o que partiΓ³ hace cuatro aΓ±os.

β€”Baelon β€”dijo con esa voz que pretende ser miel pero que yo sΓ© que es hieloβ€”. Hijo, los aΓ±os como prΓ­ncipe heredero parecen haberte cambiado. Eres todo un hombre ahora.

β€”Madre β€”respondΓ­ con un tono igualmente meloso mientras mis ojos recorrΓ­an cada curva de su cuerpo con deliberada lentitudβ€”. Y tΓΊ sigues igual de follable que siempre.

ObservΓ© cΓ³mo su sonrisa se congelaba antes de desvanecerse por completo.

Todo su cuerpo se tensΓ³ visiblemente mientras sus ojos hacΓ­an un rΓ‘pido recorrido por los alrededores, verificando si algΓΊn oΓ­do indiscreto habΓ­a captado mis palabras. No pude evitar soltar una risa baja y grave antes de pasar a su lado, adentrΓ‘ndome en la penumbra fresca del castillo.

Sus pasos apresurados me alcanzaron casi de inmediato. Caminaba a mi lado con esa rigidez que delataba su irritaciΓ³n contenida.

β€”Al parecer tantos aΓ±os lejos no te quitaron el comportamiento vulgar y la desfachatez β€”declarΓ³ con un tono serio que a mis oΓ­dos sonaba como mΓΊsica.

β€”Eso es de nacimiento β€”repliquΓ© sin alterar el pasoβ€”. Pero algo que sΓ­ hizo mi tiempo como heredero fue enseΓ±arme a cumplir con mis responsabilidades.

Ella alzΓ³ una ceja con escepticismo marcado.

β€”ΒΏAh, de verdad?

β€”ΒΏAcaso no sabes que estoy aquΓ­ justamente para cumplir con mi deber? β€”le devolvΓ­ la sonrisa mientras nuestras miradas se encontraban en un desafΓ­o silencioso.

En ese preciso momento un torbellino plateado irrumpiΓ³ en el pasillo.


β€”Β‘Baelon! β€”La voz de Rhaenyra retumbΓ³ contra las paredes de piedra mientras corrΓ­a hacia mΓ­ con los brazos abiertos, su rostro iluminado por una sonrisa genuina. Se lanzΓ³ contra mi pecho con un entusiasmo casi infantil.

La recibΓ­ con un solo brazo mientras contenΓ­a un suspiro. TendrΓ­a que acostumbrarme de nuevo a estos arrebatos. Su efusividad me inundΓ³ con besos hΓΊmedos en las mejillas mientras un torrente de preguntas brotaba de sus labios: cΓ³mo era gobernar RocadragΓ³n, si habΓ­a extraΓ±ado la capital, si querΓ­a ver los preparativos para la boda.

β€”Rhaenyra β€”la interrumpiΓ³ Alicent con ese tono de madre exasperada que tan bien interpretabaβ€”. Puedes hablar con Baelon despuΓ©s. Ahora debe ver a tu padre y descansar del largo viaje.

Mi hermana rodΓ³ los ojos con un desprecio que ni siquiera se molestaba en disimular. Esta vez la rodeΓ© con firmeza con el brazo y le guiΓ±Γ© un ojo a Alicent antes de llevarme a Rhaenyra por el pasillo. Evitar una pelea entre ambas era lo menos que podΓ­a hacer por mis propios oΓ­dos; no soportaba la idea de escucharlas lloriquear como cuando Γ©ramos niΓ±os.

Rhaenyra se aferrΓ³ a mi brazo como si fuera un trofeo.


β€”Esa mujer β€”mascullΓ³ entre dientesβ€” cree que puede dictar hasta con quiΓ©n hablo.

β€”Tranquila, Rhaenyra β€”dije mientras recorrΓ­amos el pasillo que tantas veces habΓ­a transitado en mi infanciaβ€”. Tenemos todo el tiempo del mundo para ponernos al dΓ­a.

Mientras caminΓ‘bamos, no pude evitar notar cΓ³mo la luz de las antorchas jugaba con los hilos de plata en su cabello. Cuatro aΓ±os la habΓ­an convertido en una mujer, pero en sus ojos seguΓ­a ardiendo ese fuego de niΓ±a consentida que siempre la habΓ­a caracterizado. Mis dedos se ajustaron inconscientemente alrededor de su brazo, midiendo la fragilidad bajo su apariencia de fuerza. Ella sonreΓ­a hacia adelante, completamente ajena a mis pensamientos, feliz de tener de vuelta a su hermano.

Cuando llegamos a los aposentos del rey, Rhaenyra soltΓ³ mi brazo con un ademΓ‘n gracioso.

β€”Te dejarΓ© para que hables a solas con Γ©l β€”anunciΓ³ antes de darme un beso en la mejilla y alejarse por el pasillo con un meneo de caderas que no pasΓ³ desapercibido para mΓ­.

Solte una risita contenida.

LlamΓ© a la puerta con los nudillos y entrΓ© sin esperar respuesta.

El olor a pomadas medicinales y un ligero aroma Γ‘cido, similar al de la fruta podrida, me recibiΓ³ al cruzar el umbral. Viserys yacΓ­a sentado descuidadamente sobre un sillΓ³n, con la enfermedad ennegreciendo parte de su mejilla y considerablemente menos cabello que la ΓΊltima vez que lo habΓ­a visto. Al notar mi presencia, intentΓ³ levantarse con visible dificultad.

β€”Baelon β€”murmurΓ³ con su voz roncaβ€”. Me da gusto verte. Ahora eres todo un hombre.

Me abrazΓ³ con una fuerza que no esperaba de su cuerpo deteriorado. Yo respondΓ­ con una rigidez involuntaria, rodeΓ‘ndolo apenas con un brazo antes de que se separara. Su fragilidad me resultaba casi obscena.

β€”ΒΏQuerΓ­as hablar conmigo? β€”preguntΓ©, deseando acortar la incΓ³moda escena.

Γ‰l asintiΓ³ con la cabeza y se dejΓ³ caer de nuevo en el sillΓ³n con un suspiro pesado. β€”SΓ­. Sobre tu boda con Rhaenyra.

La decepciΓ³n me golpeΓ³ con la fuerza de un martillo.

Por supuesto. Todo siempre tenΓ­a que girar alrededor de ella. Ni una palabra sobre mi tiempo lejos, ni sobre si habΓ­a hecho un buen trabajo en RocadragΓ³n, ni sobre si habΓ­a extraΓ±ado a esta familia disfuncional.

β€”Tienes que estar a la altura β€”continuΓ³β€”. Tus aventuras con mujeres deben acabarse. Debes dar una buena impresiΓ³n.Eres un joven afortunado, Rhaenyra serΓ‘ una esposa esplΓ©ndida. Es la delicia del reino.

Contuve una risa que querΓ­a escapar como un escupitajo.

Afortunado.

La palabra resonΓ³ en mi cabeza con una amargura casi divertida. BajΓ© la mirada para ocultar el desprecio en mis ojos y me ajustΓ© el puΓ±o de la tΓΊnica. Cuando alcΓ© la vista de nuevo, una ceja se habΓ­a arqueado por sΓ­ sola, en un gesto de escepticismo que no pude controlar ni quise hacerlo.

ΒΏEsplΓ©ndida? Rhaenyra era la misma niΓ±a que rompΓ­a a llorar si no le daban el pony que querΓ­a. La misma que creciΓ³ creyendo que el mundo entero era su juguete personal solo por ser la niΓ±a dorada de papΓ‘. No poseΓ­a astucia alguna, solo berrinches. CarecΓ­a de inteligencia, solo caprichos. Y ahora, el colmo de sus privilegios: ser Reina. O al menos, consorte. Un tΓ­tulo bonito para seguir siendo la niΓ±a consentida pero con corona.

Para mΓ­ lo ΓΊnico que la hacΓ­a tolerable era el par de tetas que le habΓ­an crecido en los ΓΊltimos aΓ±os. Buenas y generosas, un cojΓ­n aceptable para ahogar sus quejas perpetuas. Y ni siquiera tenΓ­a la decencia de conservar su virginidad. Todos en la corte sabΓ­an que se habΓ­a acostado con ese matΓ³n de Ser Criston Cole. AsΓ­ que no, papΓ‘. No me siento afortunado en lo mΓ‘s mΓ­nimo. Me siento como si me hubieran entregado un juguete roto y usado, y aΓΊn esperaran que diera las gracias por el privilegio.

β€”SΓ­, padre β€”dije, y mi voz sonΓ³ plana y muerta, como el golpe de una espada sin filo contra un escudoβ€”. Una verdadera delicia.

No aguantΓ© un segundo mΓ‘s en esa habitaciΓ³n putrefacta. Le ofrecΓ­ una reverencia tensa y me di media vuelta con brusquedad, saliendo al pasillo donde al menos el aire era respirable.


La tΓΊnica cayΓ³ al suelo suavemente, el aire fresco de la habitaciΓ³n rozΓ³ mi piel, un alivio momentΓ‘neo despuΓ©s del polvo del camino. EstirΓ© los hombros, sintiendo la tensiΓ³n de los mΓΊsculos de la espalda. La paz, sin embargo, fue brevΓ­sima. Unos golpes tΓ­midos, casi imperceptibles, sonaron en la puerta.

Un fastidio profundo se apoderΓ³ de mΓ­. Con un gruΓ±ido, crucΓ© la estancia en tres zancadas y abrΓ­ la puerta de una sacudida.

La muchacha que estaba al otro lado se encogiΓ³ como un cervatillo asustado. TenΓ­a el cabillo de un rubio opaco y los ojos claros, demasiado grandes para su rostro juvenil. No estaba mal.

β€”ΒΏQuΓ©? β€”preguntΓ©, mi voz mΓ‘s Γ‘spera de lo que pretendΓ­a. Mi mirada bajΓ³ entonces hacia la charola de madera que sostenΓ­a con manos temblorosas.

β€”M-Mi prΓ­ncipe β€”tartamudeΓ³β€”. Me mandaron a traerle la cena.

La observΓ© un momento mΓ‘s, cΓ³mo sus andrajos intentaban sin Γ©xito ocultar la promesa de unas caderas estrechas y un pecho incipiente. Algo bueno tendrΓ­a escondido bajo esos harapos.

β€”Pasa β€”ordenΓ©, haciΓ©ndome a un lado.

Ella se deslizΓ³ como una sombra, depositando la bandeja sobre la mesa con un ruido sordo de madera contra madera. Mientras se inclinaba, me acerquΓ© sin hacer ruido. ColoquΓ© mi mano en la curva de su cintura.

Ella se dio la vuelta de un salto, como si mi toque hubiera sido un hierro al rojo vivo. Sus ojos eran dos lunas llenas de pΓ‘nico.

Una risa baja escapΓ³ de mi garganta.

β€”Vaya β€”dije, alzando ambas manos en un gesto de falsa inocenciaβ€”. ΒΏNo te gusta que te toquen, niΓ±a?

Ella empezΓ³ a temblar, incapaz de articular palabra. Justo entonces, la puerta se abriΓ³ de nuevo.

Talya.

La criada personal de mi madre se quedΓ³ en el umbral, con sus ropas sencillas pero limpias y esa sonrisa que siempre sabΓ­a a demasiadas cosas. Sus ojos, astutos, barrieron la escena: a mΓ­ semidesnudo, a la muchacha a punto de desmoronarse.

β€”Dayana β€”dijo Talya, y su voz era suave pero con el filo de una dagaβ€”. LΓ‘rgate. La reina requiere de tu servicio en las cocinas.

La chica, Dayana al parecer, no necesitΓ³ que se lo repitieran. EscapΓ³ por la puerta como si los perros del Infierno la persiguieran.

Cuando el eco de sus pasos se desvaneciΓ³, Talya cerrΓ³ la puerta y se apoyΓ³ contra ella, cruzando los brazos. Una sonrisa cΓ­nica se dibujΓ³ en sus labios.

β€”Apenas llegas y ya estΓ‘s buscando a quien follarte β€”comentΓ³, con una familiaridad que se habΓ­a ganado hace aΓ±os.

Me reΓ­, un sonido seco, acercΓ‘ndome a la mesa, hundΓ­ los dedos en el trozo de carne asada y me lo llevΓ© a la boca. ChupΓ© la salsa de los dedos sin apartar la mirada de ella. β€”TΓΊ mΓ‘s que nadie deberΓ­as saberlo, Talya. Mis apetitos son… insaciables.

La calidez de la habitaciΓ³n pareciΓ³ intensificarse. Sin romper el contacto visual, mis dedos encontraron los agarres de mis pantalones. Los desabrochΓ© con movimientos deliberados y lentos, dejando que el pesado tejido cayera a mis pies. QuedΓ© completamente desnudo frente a ella, sin un Γ‘pice de vergΓΌenza.

Con una calma que era puro teatro, me dirigΓ­ a la cama y me sentΓ© en el borde. La paja del colchΓ³n crujiΓ³ bajo mi peso.

β€”Bueno β€”dije, extendiendo los brazos a los ladosβ€”. ΒΏVas a quedarte ahΓ­ plantada como un espectro? ΒΏO vas a seguir ayudando a tu prΓ­ncipe, igual que hace un par de aΓ±os?

Talya no se inmutΓ³. Su sonrisa se ensanchΓ³ mientras sus ojos recorrΓ­an mi cuerpo desnudo con una aprobaciΓ³n lasciva que conocΓ­a demasiado bien. Su lengua se deslizΓ³ para humedecerse el labio inferior mientras comenzaba a desatar los cordones de su vestido.

β€”Ha crecido β€”observΓ³, su voz un susurro ronco y cargado de intenciΓ³nβ€”. Mi prΓ­ncipe.