El legado del zorro

Summary

En una noche oscura en las montañas de Kioto, un joven guerrero de la familia Uchiha, se encuentra con un enigmático Demonio zorro que le ofrece un pacto tentador: poder y fuerza para su familia, a cambio de un oscuro tributo. Mientras el joven se arrodilla, temblando de frío y miedo, el demonio le advierte: "El poder tiene su precio, joven Kazuya. ¿Estás dispuesto a pagarlo?" Con la ambición de proteger a su gente, el joven acepta, sin saber que su decisión podría sellar el destino de su linaje. En un mundo donde los alfas dominan, el oscuro secreto del demonio amenaza con desatar una tragedia que cambiará su vida para siempre.

Genre
Fantasy
Author
Air19am
Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
16+

Prologo

La noche se cernía sobre las montañas que rodeaban Kioto, un manto oscuro salpicado por el brillo distante de las estrellas. El viento azotaba el rostro de Kazuya, arrebatándole el poco calor que conservaba su kimono azul oscuro, sucio y desgastado por años de penurias.

El tejido raído apenas ocultaba la delgadez de su cuerpo, y su cabello negro, despeinado por la brisa, enmarcaba un rostro delgado, con ojeras profundas que delataban el peso de sus responsabilidades. Sus ojos, negros como la obsidiana, estaban fijos en la figura que se sentaba sobre una roca imponente, bañada por la pálida luz de la luna.

El Kitsune, una figura imponente que desafiaba la misma oscuridad de la noche, se erguía sobre la roca. Su belleza era sobrenatural, una mezcla de fuerza bruta y elegancia refinada. Músculos definidos, esculpidos bajo la piel bronceada, se insinuaban bajo el kimono, prometiendo una potencia formidable. Sin embargo, esa fuerza no anulaba su atractivo; la acentuaba, la realzaba, convirtiéndolo en una visión cautivadora, una encarnación de la belleza masculina en su máxima expresión. Tres marcas, finas como hilos de oro, surcaban cada mejilla, añadiendo un toque misterioso a su rostro.

Sus ojos azules, intensos como zafiros, brillaban con una luz interna que parecía contener siglos de sabiduría y un poder inmenso. El largo cabello rubio, con reflejos dorados que captaban la pálida luz lunar, caía en cascada sobre sus anchos hombros, enmarcando un rostro perfecto, esculpido por el paso del tiempo y la fuerza misma de la naturaleza. Su kimono naranja, un tejido suntuoso ricamente bordado con detalles negros, se movía con gracia, contradiciendo la poderosa constitución de su cuerpo.

La larga cola blanca y mullida, que se ondulaba con un ritmo lento y majestuoso, marcaba su presencia sobrenatural, un aura de poder y misterio que dominaba el paisaje y lo convertía en el único foco de atención, incluso en la vasta inmensidad de la noche.

Kazuya se arrodilló en la tierra húmeda, su cuerpo temblando no solo por el frío, sino por la tensión del momento. Sus manos, ásperas y callosas por años de trabajo, se apretaban con fuerza alrededor del pomo de su katana, la única compañía que lo había acompañado en sus noches de soledad. La espada, símbolo de su fracaso, reflejaba tenuemente la luz de la luna, como un espejo que mostraba la desesperación en sus ojos.

El Kitsune observaba cada uno de sus movimientos con una calma inquietante. Una de sus manos reposaba sobre una rodilla, mientras la otra descansaba sobre el suelo rocoso. De vez en cuando, la cola se movía con un suave vaivén, como si estuviera midiendo la desesperación del hombre que tenía frente a él. Sus ojos azules, profundos y penetrantes, parecían leer los pensamientos de Kazuya.

Kazuya con su voz era un susurro, apenas audible sobre el viento:

- Honorable Kitsune-sama, me atrevo a acercarme a usted en busca de su ayuda. Mi clan, los Uchiha, es pequeño y frágil, como una hoja llevada por la tormenta. Estamos a merced de los clanes más fuertes que nos rodean. Ruego por su poder, su benevolencia... para poder proteger el futuro de mi gente.

El kitsune se inclinó ligeramente, su larga cola se arqueó en un movimiento elegante. Su sonrisa, sutil y enigmática, no llegaba a sus ojos, que conservaban su frialdad impasible.

Con una voz suave, como el susurro del viento a través de los pinos, resonaba con una dulzura engañosa:

- El poder tiene su precio, Kazuya. ¿Estás dispuesto a pagarlo?

El agarre de la mano de Kazuya se apretó en su espada.

- Cualquier precio, Kitsune-sama. Mi gente... su futuro... es lo único que me importa.

El demonio sonrió, pero su mirada permaneció fría como el acero.

- Te concedo tu anhelo. A partir de este instante, en tu clan solo nacerán alfas. Hombres y mujeres de fuerza inigualable, líderes por naturaleza. Tu linaje se transformará en una potencia formidable, temida y reverenciada por todos los que osen cruzar su camino.

Kazuya abrió la boca para expresar su gratitud, pero el Kitsune levantó una mano, silenciándolo.

- Sin embargo, Kazuya, debo advertirte que hay un precio que se alza como sombra sobre tu linaje. - Pronuncio el demonio - Un tributo que las generaciones venideras deberán afrontar. Cuando un omega venga al mundo entre los tuyos, ese ser será mío, destinado a ser parte de mi esencia. No importa cuán lejos se extienda el tiempo, el pacto se mantendrá firme, y ese omega, querido amigo, será mi posesión eterna.

Kazuya sintió un escalofrío. La idea de entregar a un miembro de su clan a un demonio le heló la sangre, pero la promesa de poder era demasiado tentadora.

Kazuya trago saliva.

- ¿Un... un omega? ¿Y qué ocurrirá con él...?

Los ojos azules del kitsune centelleaban con una luz inquietante.

- Se le considerará un auténtico tesoro, querido Kazuya. Deberán protegerlo y colmarlo de atenciones, pues su bienestar será la prioridad.

El silencio cayó sobre el prado de la montaña, roto solo por la lluvia. Kazuya sabía que había hecho un trato con el diablo, pero la sed de poder era más fuerte que su miedo.

Kazuya inclinándose profundamente.

- Acepto, honorable Kitsune-sama. Estoy dispuesto a pagar el precio.

Levantándose de la roca donde se posaba, su kimono resplandecía bajo la tenue luz.

- Así sea. El destino de tu clan queda sellado. Recuerda el costo de tu ambición, Kazuya, y protege al omega. Mi paciencia es vasta como el cielo, pero mi ira... es legendaria.

Y con una última mirada penetrante, sus ojos azules centellearon como estrellas en la penumbra. Luego, con un ligero gesto de su mano, se desvaneció entre los árboles, como si nunca hubiera estado allí. La brisa se llevó su presencia, dejando solo un eco de su risa en el aire fresco de la noche.

Kazuya, de pie en el claro, sintió el peso del silencio que lo envolvía. Su corazón latía con fuerza, y en su mente se agolpaban dudas y temores. ¿Había hecho lo correcto al pactar con una criatura tan poderosa? La imagen del Kitsune, tan imponente y sublime, lo perseguía.

Mientras la oscuridad se cerraba a su alrededor, Kazuya se preguntó si había comprometido el futuro de su clan por un deseo de poder. La soledad del bosque parecía intensificar su incertidumbre, y cada sombra que se movía entre los árboles le susurraba las consecuencias de su decisión.

Con un suspiro profundo, se dejó caer de rodillas sobre el suelo cubierto de hojas, sintiendo el frío de la tierra bajo él. La luna, testigo silencioso de su dilema, iluminaba su rostro mientras reflexionaba sobre el camino que había elegido, esperando que la ambición no se convirtiera en su perdición.