Prólogo
El sol ese día no tenía clemencia alguna con los pobres extras que debían de ir al trabajo, peleando en una guerra constante por quitar al otro del camino para ver si hoy sera su dia de suerte y podrán llegar a tiempo a sus prisiones psicólogicas, mejor conocidas como trabajo.
"Peleando, berreando insultos de manera insulsa, como si de esa forma pudieran retrasar o descargar el estres de un dia de trabajo como prisioneros sociales.
“Apresurate imbecil”. Exigen
“Fijate por donde vas”. Ordenan
“¡Vete a la mierda, bastardo!”. Insultan
Un ciclo repetitivo cada mañana, para al final permanecer en la ignorancia de nuestros actos al final del dia."
Suspira, cierra la pestaña del programa Word, no sin antes guardar los últimos cambios que hizo a su próximo libro. Lanza el computador a un lado de su cama y se levanta para hacer algo de comer y tomar un baño.
A pesar del calor en su apartamento permanecía un clima agradable gracias a la calefacción, camino descalzo por la habitación mientras se deshacía de la pijama y entraba al baño, llenando la tina con sales y agua tibia, sumergiéndose y relajando su agotado cuerpo.
Suspiro, y luego de media hora ahí decidió salir. Tomó una de las toallas limpias y se dispuso a secar su cuerpo para luego cubrirse con unos pantalones holgados y una camisa ancha.
Salió de la habitación, encendiendo el televisor y poniendo el canal de noticias en lo que preparaba algo para el almuerzo.
Katsuki Bakugou, 24 años de edad y un prodigio de la Literatura. Uno de los escritores más destacados de la Editorial Japonesa de sus padres, ExplotionBook. Una editorial famosa a nivel mundial, dejando en claro que, obviamente, dinero no le falta. — Dice la presentadora del canal de chismes puesto en su TV — Tiene todo lo que quiere, un apartamento propio, un trabajo cómodo y dinero en el que pudrirse
Tuerce la boca mientras escucha el canal de chismes. Lo tiene todo, pero aun así no está satisfecho. Por eso se esfuerza en mejorar la calidad de escritura en sus libros. Quiere vender más, ser más reconocido y sentir en sus venas el orgullo propio de lograr sus metas y objetivos. Sin embargo nada hasta el momento lo ha hecho sentir que algo valga la pena.
Prepara un delicioso Curry picante y se dispone a comer todo, preparo también un poco de arroz por aparte y unos rollos de sushi, una vez termina de lavar los platos se dirige al para lavarse los dientes. Una vez limpio y fresco procede a tomar su teléfono celular y ver las notificaciones, todavia con el programa de chismes puesto en la TV sonando de fondo.
Kirishima
› Blasty, Voy a tu apartamento en la tarde.
› ¿Estas ocupado? Quería pedirte un favor
› Te tengo una sorpresa, por cierto.
Recibido a las 12:50pm.
Tuerce el rostro en un gesto de fastidio, detesta que la gente se auto invite a su casa. Suspiró cansado, las sorpresas de Kirishima solian muy exageradas y recurrentes, lindas, pero pareciera que todo el tiempo intentara hacerle olvidar a alguien que no existe.
Alguien que esta demasiado lejos. Se corrige nostálgico.
Esta es su rutina diaria, algo aburrido, pero Kirishima siempre esta para sacarlo de su casa y nido de sufrimiento con cualquier tontería de excusa.
Son las dos cuarenta y cinco cuando la puerta de su apartamento se abre de golpe, dejando ver a un pelirrojo teñido con una sonrisa tan dulce que compite con el azúcar glass.
—¡Blasty! ¿Viste las noticias? — pregunta entusiasmado.
— Sí, esos jodidos paparazzi saben más de mi que yo mismo — rueda los ojos con verdadero fastidio, sentado en el sofá mientras apagaba el televisor.
— Aunque dijeron apartamento, cuando la realidad es que prácticamente todo el edificio está a tu nombre — comento con gracia tomando asiento en el sofa mientras dejaba una bolsa con tinte rojo en la mesita ratonera —. Quería saber si podrias aplicarme el tinte, Sero esta ocupado y Kaminari esta de Aniversario —
—¿Aniversario? — ¿Desde cuando el imbecil tenía pareja? — Esta bien vamos al baño — acepto levantándose, guiando al teñido.
— Aniversario de soltero, no se porque celebrar algo asi, es deprimente. — dijo, despojandose de su camisa para no mancharla y se sentó en el bater, viendo a su amigo destapar el paquete y sacar el tinte junto al agua.
Tomó la brocha para llenarla del tinte y empezar a aplicarselo desde la raiz hasta las puntas con mucho cuidado.
—Porque es un imbecil, aunque eso ya lo sabíamos. — se burló.
— No digas eso, Blasty, es nuestro amigo — rezongo, sintiendo el ardor del tinte en su cuero cabelludo. Solía tener caspa así que en su afán por mitigar la picazón se abría costras.
— Eso no quita lo imbecil que es, Shitty Hair. — apuntó.
El pelirrojo lanzo una carcajada — En eso puede que tengas algo de razón, pero Kaminari es nuestro bro, no me siento cómodo simplemente diciendo esto a sus espaldas.
— Yo siempre tengo razón — Sonrio altanero —. Y no es como que yo lo diga a sus espaldas, ¿como crees?.
— Por cierto, adivina que te regale — sonrió entusiasta el teñido.
— Aun no me has dado nada, Idiota — señalo lo obvio.
— De hecho sí, ¿Quieres ver las fotos? — saco su celular y busco en la galería la foto que necesitaba. Una vez encontrado le paso el celular, sosteniéndolo con una sola mano.
En la foto se podia apreciar un edificio, un casa de campo mejor dicho, pero lo que descolocó al rubio fue que la ubicación de la casa de campo era en Londres.
— ¿Y bien? ¿Te gustó o no? Aun puedo remodelarlo sino te gusta — comento inseguro de haber hecho algo mal, de seguro Katsuki se enojo por comprar tremenda casa sin su permiso.
— Esta increíble... — susurro, ya que la casa era en un lugar apartado, y aparte el amaba Londres — Te haz ganado un premio, Kiri~. Felicidades — Sonrió conmocionado, jamas se imagino que Kirishima haria algo así, o que recordaría siquiera que amaba Londres y era su sueño mudarse a allá algún día.
— En cuanto termines con mi cabello, bebé — canturreo alegre el mayor, dando ligeros brinquitos de alegria.
Estaba bien, su rutina diara estaba muy bien como estaba. No podia quejarse. Aún si era aburrido, repetitivo, así estaba bien.
Kirishima lo ama muchísimo, y se preocupa por él, pero no puede evitar las ganas de vomitar cada vez que lo llama bebé.