One
El agua caliente recorría mi cuerpo con una calidez abrasadora. Mis extremidades cansadas lo agradecían.
Era el último en bañarme. Bueno, casi el último.
Siempre evitaba ducharme con los demás, pero no con él. Con él todo era extraño.
Esta rutina extraña que habíamos creado se sentía de otro mundo. No todos los días mirabas como la persona con la que compites por un puesto en el baile principal se bañaba.
No solo eso...
Era...
La puerta del baño se abrió, mi cuerpo se tensó. El sonido del agua había sido mi único acompañante, ahora podía escuchar los pasos de Jungkook chapoteando.
De todas las duchas, siempre usaba la que estaba detrás mío. Lo hacía a propósito, desde la primera vez. Él sabía que yo lo escuchaba, y él sabía que yo lo miraba.
Así que no sabía quien empezó con esto tan... raro. Me daba vergüenza admitir que hacíamos esto. Porque nunca pasaba a más. Parecíamos dos adultos con miedo a pecar.
Abrió la ducha, no me di vuelta aun no. Esperaba la señal. Esa que siempre hacía.
Solo escuchaba el movimiento de agua. Seguí esperando, hasta que lo hizo.
Soltó el primer jadeo.
Me di vuelta.
Sus ojos negros me miraban como si yo fuera una escultura de arte. El agua seguía corriendo sobre su cuerpo y pensé si la obra de arte no sería él.
Lo recorrí por cada área de su cuerpo. Sus ojos negros con las pupilas dilatadas. Sus labios rozados, con ese lunar debajo. Sus hombros anchos. Su brazo tatuado haciendo contraste el otro que no tenía ni una pizca de tinta pero que de igual forma eran tan calientes.
Su abdomen ese que se contraía con cada bocanada de aire que daba.
Su mano. Esa que tenía alrededor de su miembro. Que subía y bajaba con paciencia tortuosa. Pero no me detenía ahí.
Sus piernas, marcadas por la practica de toda una vida. Sus pantorrillas que se marcaban por el esfuerzo que hacía por mantenerse pegado a la pared mientras se masturbaba.
Soltó un gemido que me obligó a verlo a los ojos y luego a sus labios. Apretaba el inferior entre sus dientes. Su rostro era un poema de gestos lujuriosos.
¿Y si hacía lo mismo yo? ¿Le gustaría? ¿Se detendría él?
Nunca hacía nada más que observarlo hasta que él terminaba. ¿Y si cambiaba la rutina?
Nunca hablábamos, no teníamos nada que decir, todo se reducía a ese momento.
Me apoyé en la pared detrás de mí. Cerré los ojos por un momento y me toqué el abdomen. Abrí los ojos, y la mirada de Jungkook estaba sobre mis manos. Viendo como me tocaba, el ritmo de su mano se aceleró, y entendí que le gustaba.
Esta vez no cerré los ojos, subí mi mano hasta mi cuello, con movimientos lentos acaricié y toqué con deleite, imaginé que esa era su mano.
Baje mi mano hasta mi pecho, roce con la yema del dedo mi pezón, solté un siseó. Jungkook bajó el ritmo de su mano, pero el movimiento parecía más duro, más agresivo.
Rodeé con mis dedos mi pezón haciendo que se endureciera. Por inercia cerré los ojos, y escuché un gemido de él.
Abrí los míos, mi mano bajó hasta mi abdomen. Jungkook aceleró el ritmo. Su rostro se frunció. Ya casi.
Pase mis manos por mi abdomen, tocándome con lentitud. Pero hasta ahí lo hice, me toque con esmero, como si mi cuerpo fuera el suyo. Jungkook aceleró más, hasta que terminó con un gemido ronco.
Deje de tocarme. Mi miembro dolía pero no hice nada al respecto. Deje que la ducha recorriera mi cuerpo, mientras lo miraba a él. Con la respiración agitada, con sus labios entreabiertos.
Pero lo más importante, con esa mirada intensa que parecía saber que algo en mi también se deleitaba aunque no hiciera nada.
No dijimos nada, el silencio lo era todo. Ambos no enderezamos, como si nos diéramos cuenta que nos habíamos congelado en el tiempo.
Me di vuelta y terminé de ducharme. Salí del baño dejando que hiciera lo suyo y me cambié en los vestidores. Él llegó unos minutos después, pero aún así no hablamos.
Salí de los vestidores dejándolo atrás. Sin una despedida. Nada.
Solo con la certeza de que mañana sería otro día donde podríamos apreciar la belleza del otro.









