º•·․Un Sirviente Leal․·•º

Summary

Un pobre omega logra escapar de los secuestradores del reino de la luna, y ahora se encuentra en el reino de la serpiente, trabajando de sirviente. El príncipe/futuro rey esta cansado de su esposa, sabe que ella se acuesta con otros alfas, y es la razón porque la ignora y la evita. Lo único que agradece de ese matrimonio forzado es su pequeña hija, quien es golpeada por su madre. ¿como será la vida para este joven omega? ¿Podrá volver a su hogar? Ni puta idea así que lee y averigua.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1

La guerra de los 11 reinos.


El reino de la luna, uno de los reinos más fuertes y grandes, estaba peleado por conquistar todos los reino ajenos, quienes estos, no lograban defenderse. Las tropas del reino lunar, estaba armando una masacre. Muertos, heridos y niños secuestrados o perdidos, familias separadas y tristes.

El reino del sol, estaba fuera del alcance de las manos del enemigo, pero eso no quitaba que su pueblo y familia estén en peligro.

Las tropas avanzaban, y las plegarias de los príncipes y princesas continuaban. Solo quedaba ayudar a los que siempre considero amigos y compañeros para atacar al enemigo.

¡La guerra contra el reino rebelde fue un excito!, los nueve reinos estaban agradecidos con el reino del sol, el más fuerte, quien solo negaba que le pagaran, que solomen quería ayudar.

Pero...


No termina ahí...

El príncipe de la luna quería venganza, y la conseguiría. Mandó a dos de sus guardias personales y las instrucciones que les dejó fueron claras, solo quedaba esperar de esos dos "inútiles" hicieran su trabajo y no llegarán con las manos vacías.

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Era una noche muy oscura y fría, la única luz de ese bosque era la de la luna, las hojas de los árboles temblaban por el viento que golpeaba con fuerza, y las flores se marchitaban por el frío del invierno cercano. Era un lugar con mucho silencio.

Debajo de la luz de la luna, se encontraba una silueta trotando lento, pero con miedo, temblando por el frio. Sus cabellos rojizos, que estaban despeinados sobre su rostro y tapaban su cicatriz del lado izquierdo de su frente, brillaban por la luz blanca del cielo, y la respiración agitada que demostraba que estaba cansado. El joven era un omega de ojos rojizos que, trataba de no tropezase con el camisón femenino, ya que era largo para tal estatura. Estaba cansado de escapar, y solo llevaba la esperanza de encontrar un lugar donde esconderse hasta volver a su hogar, del que él había sido arrebatado en una emboscada.

Después de tanto trotar, logró divisar luces de un pueblo. Pensaba que era su reino. Su hogar. Pero no esperaba que el lugar llevará un símbolo de una serpiente enroscada en una espada ondulada. Reconocía ese símbolo....

—El reino de la serpiente...— susurro temblorosamente. No sabía qué hacer. No tenía opción.

Se adentro al reino ajeno, mirando como faltaban estructuras por reconstruir. Solo siguió caminando para adelante, viendo como se acercaba al palacio. El viento lo golpeaba fuertemente, su rostro lleno de tierra, cortes y algún que otro moretón. Su ropa sucia y algo rota. Sus pies adoloridos y piernas cortadas y manchadas de su propia sangre. Solo quería que alguien en ese lugar lo ayude.

Ya estaba al frente de la puerta de atrás del palacio. Tocó de tres a cinco veces y la puerta se abrió. Detrás de ella, se encontraba una beta de cabello negro y ojos amarillos con toques negros. Vestía de un uniforme de sirvienta, largo, pero ajustado. Esta miró con curiosidad su alrededor, hasta que se encontró con los ojos rojos con amenaza de querer llorar. La beta, asustada e impactada por como estaba el omega, lo dejo pasar. Lo tomó de la mano y lo llevó a una habitación.

—¿Donde...?, ¿Donde estamos?— pregunto miedoso y entre tartamudeos, mirando como ella estaba en cuchillas y buscaba algo.

—En mi cuarto...— respondió con voz suave, tratando de calmar al omega.— ¡Oh! Disculpa mis modales...- se disculpó, pero el omega no entendía el porque, solo vio como ella se paraba y giraba mirando a su dirección. - ¡Me llamo Eimy Takahashi, un gusto!— dijo sonriente, ganando la confianza poco a poco del joven. — ¿Y tú, cómo te llamas?— pregunto amable, acercándose, con lentitud, al joven con unas cosas para poder curarlo.

El peli-rojo solo quedo callado. Pensó unos segundos. Estaba inseguro de decir su nombre real, solo se digno a estar callado un momento hasta que hablo.

—Himari...— mintió como respuesta, tartamudeando y miedoso.

La joven beta solo le dió una sonrisa y procedió a curarlo. El de ojos carmín solo miraba, sin sentimiento alguno, cada movimiento que hacia Eimy.

El omega sentía un poco de confianza ante la beta, ya que el aroma natural de la beta la delataba. Su olfato era muy desarrollado, y mucho, la mayoría de los olores le molestaba, su omega interno era muy exigente y era la razón de su olfato super desarrollado.

Una vez que Eimy terminara de curarlo, se levantó y se fue al baño a lavarse las manos que estaban manchadas y con un poco de olor a la sangre. El oji-rojo ya estaba acostumbrado a el olor a la sangre, así que no le molestaba. Se quedo sentado en la silla que había en la habitación, esperando a la beta. Sin expresión alguna. Eimy volvió al campo visual del omega. En sus manos llevaba unas prendas que llevaron a la curiosidad al joven.

—Bien, Himari.— dijo acercándose con calma.— ¿Te puedo preguntar algo?— preguntó, sentándose a su lado. Este solo la seguía con la mirada y asintió en forma de aceptación— ¿Tienes a donde ir o quedarte?— preguntó nuevamente, inclinando su cabeza a un lado.

Himari nego.

—Oh... Bueno, qué tal si te quedas aquí, conmigo. Pero, tienes que trabajar como una sirvienta. ¿Que opinas?— El omega solo bajó la cabeza, mirando sus manos, las cuales estaban vendadas, dudoso de aceptar la oferta o no.

—Esta bien... Acepto— Respondió bajo. Era muy tímido, no estaba acostumbrado a este tipo de cosas, y era cuestión de tiempo, hasta que pueda volver a su hogar. La beta estaba que daba saltitos por tener un nuevo amigo.

—¡Super! ¡Ay tu voz es super tierna e igual que tu, eres muy lindo!— halagó, Himari solo se sonrojo un poco por los halagos que soltaba la beta. Ella se puso de pie adelante del omega, mirándolo con ternura, como si fuera una criatura pequeña e indefensa.

—Gracias...— dijo en un susurro.

—Oh... ¡No hay de que!— habló con energía.— ten— dijo extendiendo sus brazos al frente del omega las prendas que tenía en su regazo ya hace tiempo.— Es tu nuevo uniforme, espero que te quede— estaba insegura que le quedara grande, el era muy pequeño a comparación de ella.

— Mmm.. Esta bien— Tartamudeo.

Se fue al baño y se cambio. Se sacó las prendas rota, miro como su cuerpo estaba todo marcado, una que otra venda pasaba por su figura pequeña. Se colocó el liguero con el corset para luego tratar de ajustarlo, pero era un caso perdido.

—Eimy... ¿me ayudas?— Pidió vergonzoso.

—¡Claro!— dijo llendo al baño.

Casi se le fue el alma cuando vio lo delgado y pálido que era.

—H-himari... ¿Como puedes ser tan delgado y pálido...?¿como te hiciste todas esas marcas y heridas...?— preguntaba mientras le retiraba lentamente el corset. Y cada vez que miraba el cuerpo ajeno, cada vez se le iba el aire. Miraba con miedo y tristeza, no sabía como reaccionar. Solo se digno a ayudarlo a ponerse el uniforme, pero no podía dejar de sentir pena por el.

Una vez ya vestido, le dijo que tendrían que ir a organizar la cena para sus amos. Himari solo asintió. El ayudaba en lo que podía, pero los tacones le molestaba, y ya los sentía inchados a sus pobres pies.

—(Maldita sea... como detesto estos zapatos, tengo los pies hinchados...)— Pensaba con rabia. Aunque sea un omega, no significa que tenga la costumbre de ocupar zapatos de taco bajo o alto.

—¿Todo bien, Himari?— preguntó su compañera de ojos dorados.

—Si... solo me duelen los pies— respondió como un susurro. Miraba la bandeja que llevaba para la mesa principal, mirando que no le falte nada.

—Tranquilo, ¡te acostumbraras!— dijo tratando de darle ánimos.

El solo asintió y continúo caminando de forma rápida, quería que ese dolor terminara. Ya había dejado la bandeja de plata en el centro de la mesa. Miró a su alrededor, no había nadie cerca. Aprovecho la oportunidad y se quitó los tacones. Sus pies ya no estaban siendo apretados, solo disfrutaba sentir el suelo frio de cerámico blanco con detalles grises entre otros. Que alivio le daba sentir esa frescura en la planta de sus pies, el único problema eran su zapatos, "¿¡Donde mierda los escondía?!".

—Mierda, mierda, mierda...— maldecía en voz baja. Luego recordó donde se ubicaba el cuarto de Eimy, así que solo los iba a dejar allí hasta que se termine el trabajo. Pero no todo saldría al plan.

—¡Oye Himari!— llamó la azabache.

—¿Si?...—

—¿Puedes acompañarme a decirle a los amos que la cena esta lista?— preguntó con un brillo en los ojos.

—¡Claro!— respondió un poco energético.

—Bien, ¡vamos!— Tomo la mano y lo guió a las alcobas de sus superiores. Subieron por unas largas escalera, algo agotador para el joven. Fue difícil para llegar al segundo piso, sin tropezarse con el "estúpido" vestido.

—Bien, tu ve por el lado derecho y yo el izquierdo, ¿va?— El omega solo asintió y se fue por el lado que le dijo su amiga.

Ya cerca de la primera puerta, toco tres veces, es eso solo escucha como alguien se queja y abre la puerta de forma brusca.

—¿Que quieres Mitsuri...?— al comienzo de su frase lo dijo como si la persona lo fuera a molestar cada dos por tres, pero al ver al pequeño peli-rojo su frase fue desvaneciendo se.

—Disculpe la molestia, pero la cena ya esta lista...— decía mientras hacía una reverencia.

—Eh... Si, claro, ya voy.— dijo nervioso, no sabia lo que le pasaba, no lograba quitar la mirada del omega, quien, se enderezo y lo miro a los ojos.

El omega se percato que el contrario era un alfa, sus ojos eran de dos colores distintos: el lado derecho era de un amarillo y el izquierdo de un turquesa. Su cabello azabache hasta los hombros con una serpiente, pequeña, albina sobre ellos. Pero no fue lo único que se dio cuenta, el alfa no quitaba la mirada sobre el, su mirada era como confundida, y le resulto raro.

—¿Todo... esta bien, mi lord?— pregunto con cautela, y ante la pregunta, saco al alfa de los pensamientos ajenos a la realidad.

—... Si, todo esta en orden, ya ire a la cena...— ante la respuesta de forma cortante, el joven no dijo nada, solo asintió por decima vez , y se fue.

El azabache solo lo seguía con la vista, lo examinaba de arriba para abajo, sabia que lo conocia de algun lado, pero... "¿de donde?". No importaba eso ahora, solo quería que ese omega sea para el. Mientras lo examinaba, vio el borde del vestido.

—¿El esta... descalzo?— susurro, ante la situación, no pudo soltar una risa pequeña.— parece que no te quedan los zapatos— solo se ríe ante su comentario y vuelve al interior de su cuarto.

El peli-rojo se fue hasta la siguiente puerta, e hizo lo mismo que la anterior. Esta vez, fue recibido por una pequeña niña de 4 a 6 años, una pequeña azabache con ojos de distintos colores también: del lado derecho verde manzana y el izquierdo un turquesa.

—(Que... parecido tiene con el lord)— pensó fugazmente.— Disculpe la molestia, pero la cena esta lista— repitió la frase y el gesto nuevamente.

—¿Oh...? esta bien, ¡gracias por avisarme!— agradeció e hizo una reverencia breve y salió por el lado derecho del omega y bajo las escaleras. Su vestido plateado se mersia con ella, como su cabello negro.

—(Que curioso...)— no esperaba eso de la pequeña niña.—(me recuerda a mis hermanitos...)— pensaba con melancolía. Los extrañaba.

Al ver como ya no había puertas de ese lado fue bajando las escaleras apresuradamente, tenía que ayudar a servir la cena.

—Oye...— Escucho una vocesita que lo llamaba, pensaba que era su imaginación, que no le dio importancia.— ¡No bajes tan rápido!— Eso ya no era su imaginación, se giro y vio a la pequeña azabache de ojos mixtos con una mirada de miedo y preocupación.— Te puedes caer, y más con ese vestido—

—mmm.. esta bien, no lo haré más— dijo en forma de disculpa bajando la cabeza.— pero tengo que ayudar a los demás a servir la cena para ustedes— hablo aun con la cabeza baja.

—Ven— ordeno la menor. El omega solo acató la orden y se acerco a ella, quien estaba a 5 escalones más arriba.— Toma mi mano, bajaras a mi ritmo, ¡así no te caerás!— dijo con una sonrisa de amistad.

—Bien— susurro el joven de 19 años. Con eso, tomo la mano de la menor y comenzaron abajar.

—Me llamo Kokone, ¿y tu?— pregunto, esperando una respuesta y poder comenzar una conversación

—mmm...— dudaba decir le una mentira, pero también la verdad.— (solo es una niña, creo que podrá mantener un secreto...)—

—¿Y?— musito con ojitos suplicantes.

—Tu me dijiste el tuyo, así que, yo te diré el mío— Dijo, la pequeña estaba por chillar, pero el joven levanto un dedo — Pero con una condición...—

—¿Cual es?— pregunto ansiosa por hacer un nuevo amigo.

—No le dirás a nadie, ¿promesa?— dijo, de forma infantil, levanto su dedo meñique y espero una respuesta.

—¡Hecho!—Respondió y enlazo su pequeño dedo meñique con el del joven de cabellos rojos.

—Bueno, es...—

—¡Kokone, deja de jugar con la sirvienta y baja a cenar!— la voz provenía de una mujer de cabello rosado con puntas verdes, ojos verdes manzanas y atributos grandes. Se escuchaba enojada, su ceño estaba fruncido, sus manos estaban arrugando su vestido negro con detalles blancos.

—Ya bajo madre— habló con voz temblorosa.

El joven tampoco se salvó, la mirada penetrante solo consiguió darle un escalofrío por toda su columna.

—Deja de distraer a mi hija, estúpida— insulto mientras bajaba por a lado de él.

—Si, mi lady.— susurro entre dientes.

La omega solo lo ignoro. El de ojos rojizos solo suspiro pesadamente y bajo minutos después de ver que ella se fue.

—Himari, ¿Donde estabas?, ¡te estaba buscando!— interrogó su amiga, Eimy.

—Perdón...— se disculpó con la cabeza gacha.

—No importa, solo hay que ir y servir la cena a los Iguro, ¿va?— el omega asintió y ayudó a su compañera beta.

—(vamos, deja de distraerte, tienes que entrar en el papel...)— pensaba el de cabellos carmín.


—(tu puedes... Eres hermano mayor de 5 hermano... Tu puedes... tu puedes hacerlo...


Porque tu eres...


Tanjiro Kamado, príncipe del reino solar...)


¿Otro capítulo?