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Venimeux-Kookmin

Summary

Un Bully y su victima se reencuentran 15 años más tarde. Pero todo es diferente ahora y ellos no se recuerdan... *Romance *Gym *Drama *Misterio *Bdsm *+21 *Kookmin Disfruta la lectura 🩷

Status
Ongoing
Chapters
29
Rating
5.0 8 reviews
Age Rating
18+

Manzana envenenada

El otoño llegó con ese típico olor a hojas mojadas y tierra húmeda; que para algunos tenía efecto calmante y para otros, solo aumentaba la melancolía.

En esa escuela, la diferencia entre una chaqueta perfecta y una camiseta parchada no se medía en dinero: sino en lo fuerte que se reían.

El niño de la camiseta remendada llevaba una manzana roja, brillante, envuelta en una servilleta que al apretarla tanto terminó arrugada. Esperó junto a los casilleros, donde siempre hacía más frío; donde siempre estaba más oscuro.

Hasta que al cabo de un rato, él apareció. Uniforme impecable, sonrisa blanca, y un grupo de amigos siguiéndolo como si él fuera el imán y ellos el metal. Su gesto no era de felicidad; era de satisfacción.

— ¡Hola! ¿Quieres? — preguntó el de la camiseta vieja, extendiendo la manzana como si fuera lo más valioso. Tenía los dedos morados del frío y sus ojos decían más de lo que era capaz de salir de su boca.

El otro lo miró y sonrió — ¿Qué es eso? ¿Una manzana? seguramente está contaminada por tus sucias manos — dijo y los demás se soltaron a reír.

Con tristeza bajó la fruta y clavó las uñas en ella, controlando las ganas de llorar — Solo quiero que seamos... — empezó a decir, pero no terminó. Una patada en la pierna lo dejó sin aire.

La manzana salió rodando por el piso, hasta quedar justo debajo de la zapatilla de lujo del otro — No te acerques. Nunca — susurró inclinándose para que nadie más lo escuchara. Su aliento olía a chicle de menta... — no somos de la misma clase. Mis padres pagan esta escuela, lo tuyo lo paga el gobierno. Jamás aceptaría ser amigo de alguien como tú...

Cuando el niño agredido bajó la mano para recoger la manzana, el otro la pisó, haciéndola crujir junto a sus dedos; dejando claro quién mandaba ahí, y quizás, quién iba a mandar por mucho tiempo.

No hubo lágrimas, solo un silencio que tragó el dolor entero.

Ya estaba acostumbrado a ser tratado así. Su hermano mayor también lo hacía... todos lo hacían.

El niño del uniforme se fue con sus amigos, riéndose, mientras el otro quedaba en el suelo, arrodillado, sosteniendo lo que quedaba de la fruta rota. Viendo como se alejaban; como nuevamente era rechazado.

15 años más tarde...

— El golpe de las pesas contra el piso cubierto de alfombra de goma era lo único que Jungkook necesitaba para sentirse vivo. Cada repetición en el press de banca le quemaba los brazos, como si estuviera peleando contra la gravedad solo para demostrar que podía ganarle.

Tenía el torso desnudo bajo una sudadera sin mangas; la piel caliente y sudada vibraba con el esfuerzo. Sus tatuajes se movían con cada contracción; tinta oscura sobre músculos que parecían tallados. Alto, fuerte, con una presencia imposible de mantenerle la mirada fijamente a los ojos por más de un segundo.

El gimnasio estaba lleno y muchos necesitaban ese espacio pero no se atrevían a molestarlo. Su energía era un muro: frío, seco, difícil de atravesar.

Llevaba los audífonos como un letrero de “no me hables”, ignorando cualquier saludo de compromiso. Después de todo, no iba a hacer amigos.

Pero entonces pasó algo raro.

Un olor dulce, caro, demasiado fuera de lugar, se metió de golpe en su cabeza. Vainilla con un toque cítrico. Era tan fuerte que le cortó la concentración.

— ¿Quién mierda usa esa porquería en un jodido gimnasio? — frunció el ceño.

El aroma se acercó y su reflejo en el espejo desapareció detrás de una silueta. Jungkook levantó la mirada, preparado para mandar a quien fuera bien lejos, quedando de frente con alguien que nunca había visto. Un chico rubio. Delgado, sí, pero con unas piernas marcadas que hablaban por él. El pelo platino le caía alrededor de una cara... jodidamente bonita. De esas que uno piensa que solo existen en fotos retocadas o algo hecho con IA.

El pelinegro se quedó quieto un segundo, agarrado a la barra, sin entender por qué esa cara le había reiniciado el cerebro.

Pero antes de soltar el comentario pesado que ya tenía listo, el rubio se inclinó un poco hacia él, entrando en su espacio como si nada — Estás haciendo mal el ejercicio, cariño...

Jungkook se arrancó los audífonos con un chasquido molesto.

La cercanía, la forma en que ese aroma dulce invadía su espacio personal, era una agresión sensorial. Aunque por una una fracción de segundo, se perdió en la simetría perfecta de su rostro, en el destello sugerente de sus ojos... Pero el control que había tardado años en construir volvió.

— Llevo toda mi vida entrenando — su voz era grave, ronca, cansada. Pero firme — nadie va a decirme que estoy haciendo algo mal.

El rubio sonrió lentamente con dientes perfectos, demasiado confiado. Se pasó los dedos por el cabello, echándolo hacia atrás con un movimiento elegante — Con esa pronación podrías destrozarte el manguito rotador — dijo. Y sin pedir permiso, su mano fría se posó en el hombro de Jungkook, justo donde terminaba el tatuaje de un dragón. El contacto fue ligero, pero el más alto sintió una punzada de la electricidad — Estás bloqueando la articulación. El objetivo es tensar el pectoral, no empujar el peso muerto.

Jeon se apartó de golpe con la sangre hirviendo, no solo por la corrección, sino por la descarada e íntima intrusión. Se puso de pie, su altura y la masa de sus músculos tensos proyectaron una sombra sobre el chico — No sé de qué estás hablando ni de dónde diablos saliste — escupió, midiendo el cuerpo más delgado del rubio — Ni siquiera tienes la musculatura para saber de qué hablas. Además, si me lesiono, créeme, no es asunto tuyo.

El más bajo ladeó la cabeza. Su sonrisa seguía ahí, inalterable. La arrogancia era densa a su alrededor — Como quieras — murmuró, sin quitarle los ojos de encima.

Se dio la vuelta con un movimiento fluido y se dirigió a la máquina de press de banca adyacente, la misma que usaba Jungkook. Cargó las pesas con una facilidad que no cuadraba con su físico, con más peso del que Jeon estaba usando.

Se recostó, y mientras el cuerpo del pelinegro aún palpitaba por la ira, comenzó la serie con una técnica impecable. El movimiento era fluido, lento en la bajada, explosivo en la subida, aislando el músculo a la perfección. Con cada repetición, la tela fina de su camiseta se tensaba sobre su pecho, revelando unos leves pectorales y unos bonitos pezones erectos.

La cara de Jungkook pasó de roja a vinotinto. No podía ser posible esa técnica y control tan espectaculares.

Tomó la toalla que había dejado tirada y con enojo se dirigió hasta el casillero; se enganchó el bolso y salió hasta la recepción.

— ¿Ya te vas?

— No estoy de humor.

— Nunca lo estás, pero no cumpliste tus dos horas diarias, eso es raro.

— ¿Tienes idea de quién es ese chico rubio que está en la banca?

— Oh — sonrió el hombre detrás de la computadora — Es Jimin... nunca había venido en el día.

— Es un jodido entrometido.

— Es el dueño del gimnasio...

Eso lo tomó por sorpresa pero respondió lo contrario — Me importa una mierda. Espero no vuelva a corregirme mientras entreno — se quejó, sintiendo un dolor en su hombro — joder — salió como alma que lleva el diablo, pensando que quizá se había lesionado — nunca me he lastimado y justamente hoy me pasa esto. Tiene que ser su culpa... es un gato negro, una manzana envenenada; la mala suerte en persona.

Solo que, con la maldita cara más hermosa que había visto y el cuerpo más sensual que presenció jamás.

Lo humillaron sin saber que era el dueño del Ignacio - like para parte dos xd

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Good Writing

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Compelling Plot

6

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Great Character

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Strong Dialog

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View 1 previous comment…
author

EL IGNACIO AJSJJAJAKAJAJAJ

6 months
author

JAJAJAJAJAJJAJAJAJJAJAJAJAJAJA ME MATA DE RISA

6 months
author

No la quiero leer porque no está terminada y luego me da ansiedad 😭😭

22 days

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