Capítulo 1: El inicio de algo que no imaginaba
El taxi se detuvo frente a la residencia universitaria, un edificio color crema con ventanales grandes y un jardín pequeño pero bien cuidado. Liz respiró hondo antes de bajar. Su maleta azul estaba más llena de ilusiones que de ropa.
Era su primer día de universidad. Su primer día lejos de casa. Su primer día de… una vida nueva.
Mientras caminaba hacia la entrada, ajustó la correa de su mochila. Sentía nervios, pero también una emoción cálida en el pecho. Siempre había sido alguien que buscaba ver el lado bonito de todo, incluso cuando algo dolía. Y hoy tenía la esperanza de que algo bueno la estaba esperando.
En la recepción la guiaron hacia su habitación. Un cuarto sencillo con dos camas, dos escritorios y una ventana que dejaba entrar mucha luz.
La habitación ya tenía música sonando: algo pop, alegre, movido.
Y en la cama de la derecha, sentada con las piernas cruzadas, estaba una chica retocándose el delineado frente a un espejo pequeño.
Cuando escuchó la puerta, levantó la vista. Sus ojos negros, vibrantes, brillaron en cuanto vio a Liz.
—¡Ay! —dijo la chica, dejando el espejo a un lado—. Tú debes ser mi roomie. Yo soy Ximena… pero dime Xime.
Liz sonrió, algo tímida.
—Sí… soy Liz. Mucho gusto.
Ximena la observó con interés, de arriba abajo.
—Eres linda —dijo sin rodeos—. Pensé que sería alguien súper seria o aburrida, pero no, te ves muy buena vibra.
Liz, que no estaba acostumbrada a los halagos tan directos, se sonrojó un poco.
—Gracias… yo… bueno, espero que nos llevemos bien.
—¡Obvio! —respondió Ximena, levantándose y acercándose para ayudarla con su maleta—. Si vamos a vivir juntas, mínimo que haya buena energía. ¿Qué estudias?
—Administración.
—¡Ah! Eres de las inteligentes —dijo Ximena con una sonrisa pícara—. Yo voy a estudiar artes escénicas. Soy más… ¿cómo decirlo? Menos números, más drama.
Liz rió por primera vez desde que llegó.
—Creo que eso te queda perfecto.
En cuestión de minutos, Ximena empezó a contarle de todo: qué cafetería era la mejor, dónde vendían el café más rico, qué profesores eran estrictos, qué fiestas eran imperdibles, y cómo ella ya estaba involucrada con una banda que tocaba en un bar de la ciudad.
—Yo organizo presentaciones, hago contactos, cosas así —explicó—. No soy exactamente la manager, pero debería serlo, porque hago todo.
Liz la escuchaba fascinada. Ximena era sociable, energética, divertida. El tipo de persona que podía volverse el centro de cualquier lugar con solo entrar.
Y Liz… bueno, Liz era lo contrario: amable, discreta, muy inteligente, algo tímida. Pero tenía una fuerza interior que a veces ni ella misma entendía. También tenía un sueño: encontrar a alguien que la amara de verdad. No solo un noviecito pasajero, sino algo real.
Ximena, mientras colgaba una blusa brillante en el clóset, dijo de pronto:
—¿Y tú, Liz? ¿Qué esperas de esta nueva etapa de tu vida?
Liz se acomodó en su cama y miró por la ventana.
Pensó un momento antes de hablar.
—Creo que quiero… un nuevo comienzo. Hacer amigos. Ser más valiente. Y… —hizo una pausa, un poco apenada—. Tal vez encontrar el amor. Ya sabes, ese tipo de amor bonito que sale en las películas… pero sin lo dramático.
Ximena soltó una carcajada.
—Ay, Liz… eres tan tierna. Me caes bien.
Luego se acercó y le dió un golpecito amistoso en el hombro.
—Mira, si lo que quieres es un romance universitario, estás en el lugar correcto. Aquí las historias se escriben solas.
Liz sonrió, aunque no estaba muy segura.
Ximena, sin embargo, sí lo estaba.
—Yo te voy a ayudar —afirmó como si fuera ley universal—. Te voy a conseguir un novio universitario decente, no un patán. Pero primero lo primero: mañana pasas por tu salón, yo por el mío, y en la tarde te llevo a Dennis Show a conocer a mi banda. Ahí hay chicos buena onda… y guapos.
Liz levantó la vista con un poco de timidez.
—¿De verdad… crees que pueda tener algo así? Un buen romance, digo.
Ximena la miró como si se lo tomara muy en serio.
—Claro que sí, Liz. Se nota que eres de esas chicas que alguien podría amar con facilidad. Tienes esa luz… ya sabes, de las que no cualquiera tiene.
Liz sintió un calorcito en el pecho.
Sabía que no todo en la vida era perfecto, pero estaba dispuesta a creer en las cosas buenas.
Y sin saberlo… esa decisión cambiaría todo.
Cuando apagaron las luces para dormir, Liz se quedó viendo el techo, escuchando la respiración tranquila de Ximena a su lado.
Sonrió.
Tal vez, pensó, este sería el comienzo de algo más grande de lo que imaginaba.