P R E F A C I O
De la Crónica de las Lunas de Plata
En los anales del reino, se cuenta que hubo un tiempo en que la luna no era una simple espectadora del mundo, sino su guardiana. Que su luz, pura y fría, podía encarnarse en el linaje de los mortales, eligiendo a un alma entre miles para mirar a través de ella. A este elegido se le conocía como el Portador de los Ojos de la Luna.
No era un don, sino un destino. Una carga tallada en plata y lágrimas.
Quienes poseían esa mirada —un brillo lechoso, profundo como el cielo nocturno— veían más allá de la carne y la piedra. Se decía que percibían los hilos del devenir, los susurros de las conspiraciones y el peso verdadero de los corazones. Pero esa visión los condenaba. Porque en la corte del Sol de Hierro, donde la ambición se medía en acero y veneno, ver demasiado era el pecado capital. La profecía ancestral dictaba que, cuando el eclipse negro devorara al sol, el Portador reclamaría el trono legítimo, disipando las sombras de la traición.
Por eso, cada vez que un niño nacía con esos ojos de astro plateado, el palacio se estremecía. No con alegría, sino con un temor silencioso y homicida. El Portador se convertía en el blanco de sus propios sangre, un fantasma vivo en los pasillos, un recordatorio andante de que el poder que su familia aferraba con uñas y dientes podía, algún día, ser arrebatado por la fría luz de la noche.
Esta es la historia del último de esos Portadores.
Un príncipe convertido en espectro, un niño llamado Taehyung, cuyo nombre significaba «todo ventaja», pero cuya existencia era un nudo de desventuras. Y es también la historia del hombre que fue enviado para ser su carcelero matrimonial, y que terminó por convertirse en su único bastión: Jungkook, el Señor de los Valles de Acero, un guerrero forjado en batallas reales, pero completamente analfabeto en la guerra silenciosa de las alcobas y los venenos.
Esta crónica no narra solo un matrimonio de conveniencia. Narra el choque entre la luz lunar y la fuerza solar, entre el deber ciego y la lealtad elegida, entre la mentira más cruel y la verdad más desgarradora.
Es un relato sobre lo que sucede cuando un guerrero, acostumbrado a confiar en el filo de su espada, debe aprender a confiar en el corazón de un niño-luna. Y sobre lo que un niño, acostumbrado a la traición, debe arriesgar cuando decide, por primera vez, tender la mano… solo para tener que soltarla.
Así comienza la danza bajo el eclipse: un juego de tronos, un lazo de mentiras, y una verdad que solo podía florecer en la oscuridad.
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Bajo la luna plateada, el escenario está listo. El príncipe espera, el guerrero cabalga, y la traición ya ha echado raíces.