leap year

Summary

Adaptación chaelisa Créditos a @-sooyaaaa (wattpad) Una mujer va a Irlanda para proponerle matrimonio a su novio, pero ella termina varada en el otro lado de la Isla Laois con una hermosa, pero hosca mujer.

Genre
Lgbtq
Author
r
Status
Ongoing
Chapters
5
Rating
n/a
Age Rating
18+

1

Seúl, Corea del Sur. "Paul's Restaurant"


El aroma de la gastronomía italiana dominaba el ambiente del restaurant cinco estrellas ubicado en la calle Eoulmadang-ro. El sitio perfecto para aquellas parejas que desean pasar un íntimo momento a solas, degustando la selecta variedad del mejor vino y el mejor ambiente romántico para entrar en sintonía con tu pareja.


Así es, lo mejor de lo mejor. La noche perfecta, el sitio perfecto, el ambiente perfecto y el novio perfecto.

Todo era ideal para el momento más esperado por Roseanne Park. Había esperado tanto esta noche, que el día anterior pasó la mayor parte de la tarde recorriendo las calles de la ciudad y observando cada vitrina en busca del vestido perfecto para lucir en la cena con su novio desde hace cuatro hermosos años, Cha Eunwoo quién la había citado en el lugar pues, "tenía una propuesta que hacerle". Sí, leyeron bien. "Propuesta" es la palabra clave aquí.


Todo iba de acuerdo al plan. Luciría el mejor vestido que Chanel le pudiese ofrecer, se colocaría sus "Stilettos Dior" y completaría su vestuario con sutiles ondas en su castaña cabellera junto a una ligera capa de maquillaje para acentuar sus facciones. Nada podría desencajar esa noche, ni en ella.


—Dos copas de Moet Chandon, y tráenos la botella a la mesa, por favor —el mesero tomó nota del pedido y se retiró no sin antes despedirse con una leve reverencia.


—Vaya, ¿Qué celebramos esta noche?


—Cariño, ¿Te he mencionado ya lo esplendida que te ves esta noche? —el halago logró ruborizar un poco las mejillas de la castaña, quien solo atinó a sonreírle por el cumplido —Es una hermosa noche, perfecta como tú.


—Eunwoo, por favor no sigas. Sabes todo lo que me cuesta aceptar cumplidos, pero gracias cariño tu tampoco lo has hecho mal esta noche.


Y era cierto. El joven cirujano vestía de etiqueta como siempre. Traje Kiton (K-5) color gris plomo, camisa blanca a rayas azul oscuro complementado a la perfección con una corbata Winston's azul marino. Era inevitable suspirar con su presencia, el traje solo lograba resaltar las fuertes facciones que marcaban su rostro y haciendo notar aún más la profundidad de su mirada color miel.


El joven castaño agradeció el halado con una media sonrisa para su novia.


—Me encanta que aún después de todo este tiempo, sigas ruborizándote por un simple cumplido. Deberías estar acostumbrada, mi novia es la mujer más hermosa de toda la ciudad —sonrió nuevamente y tomó su mano para dejarle un suave beso en los nudillos —Te he invitado esta noche porque tengo algo muy importante que decirte y espero que estés de acuerdo conmigo, con que esto es lo mejor que nos pueda ocurrir y que ya es hora de dar el siguiente paso.


La joven castaña se encontraba ansiosa por lo que estaba a punto de escuchar, el momento había llegado.


—Esta tarde estuve en una reunión con los coordinadores del Korean Surgical Care y me ofrecieron una propuesta que era imposible de rechazar. La proposición se trata de convertirme en el nuevo cirujano plástico principal de la clínica, trabajaría de la mano con los mejores especialistas en estética —toda la información fue expuesta por el castaño con una sonrisa gigante y ojos llenos de brillo.


Rosé no sabía cómo reaccionar, esta era una gran oportunidad para su novio, esto le traería reconocimiento en todo el país y podría ser un hombre sumamente exitoso. Debía sentirse feliz, y lo estaba, pero no era ese el sentimiento que esperaba tener en ese momento. Se suponía que su felicidad sería en base a una propuesta diferente. Esperaba una proposición de matrimonio.


Le tomó unos segundos regresar de sus desilusionados pensamientos y recobró la compostura suficiente para mirarlo con una sonrisa que no llegaba a sus ojos, pero sonrió para su emocionado novio.


—Wow, eso es genial cariño. Es increíble que algo así este sucediendo, felicidades amor —tomó una de sus manos y la apretó suavemente para hacerle sentir su emoción.


—Lo es ¿Verdad?, estoy tan feliz. Mañana debo tomar un vuelo con destino a Dublín para agilizar el papeleo y culminar las negociaciones con los socios de la clínica. Lo más probable es que me tome el fin de semana para finalizar todo y regresar a Seúl —la expresión de sorpresa de la castaña era innegable, eso no se lo esperaba.


—¿Dublín? ¿Y qué sucederá con la cena que habíamos planeado con mi padre? Sabes que hace meses que no lo veo y él estaba ilusionado con vernos este sábado.


—Lo sé, lo sé, pero no puedo cancelar esto cariño, es necesario que esté presente, los irlandeses son estrictos con respecto a las personas y faltar a una reunión tan importante por una cena no sería bien visto. Tal vez, puedas planear un fin de semana para que visitemos a tu papá el próximo mes.


—Sí, quiza haga eso. Lo siento, no sé en que estaba pensado, claro que debes ir —el castaño sonrió nuevamente y llevó su mano hasta el bolsillo interno de su chaqueta mientras el mesero se acercaba con las copas y la botella de Champangne.


—Sé que no te gusta cuando tengo que viajar por negocios, pero siempre eres comprensiva y no me reprochas. Sabes que estoy agradecido por cómo eres conmigo. Soy un hombre muy afortunado por tenerte y es por eso que quiero regalarte algo con lo que puedas recordarme mientras no estoy aquí —sacó de su bolsillo una pequeña caja de terciopelo rojo.


"Oh. Por. Dios. Éste es, este es el momento. Me propondrá matrimonio" La castaña miraba a su novio con los ojos muy abiertos y con gran expectación.


—Eunwoo, ca...


—Rosé...compré esto pensando en ti, para que lo lleves con orgullo y siempre te acuerdes de mi y lo mucho que te amo— tomó la pequeña caja y la abrió para mostrar su contenido.


—Eunwoo, es pre... ¿Aretes? —preguntó entre confundida y decepcionada —¿Me compraste unos aretes de diamante?


—Sé lo mucho que te fascina ese tipo de accesorios. Te ví como los observabas la vez pasada cuando estábamos en ese local de joyería fina. Lucías tan ilusionada que quise complacerte y regalártelos —sonrió con ternura a su novia.


Y no era mentira, Rosé si estaba ilusionada observando la pedrería de esa tienda en especial, pero no precisamente miraba los zarcillos, no. Ella estaba sumergida en la belleza de la colección de anillos de compromiso que allí exhibían.


—Vaya... Son...—sentía un vacío en el pecho y no lograba dialogar con fluidez —Son preciosos cariño, me encantan. Muchas gracias, Eunwoo —sonrió, pero ni ella sabía por qué lo hacía. Un reflejo, tal vez.


—Me alegra que te gustaran, es mi manera también de disculparme por estar lejos estos días —levantó su copa y con una sonrisa le dijo con su mirada a la castaña para que lo imitara —Brindemos por este nuevo comienzo, y por el futuro exitoso que nos espera. Soy feliz de que puedas acompañarme en el proceso. ¡Salud!


—¡Salud! —coreó Rosé y chocó su copa con la del castaño.


—¿Y por qué no te los pones?


—Oh, lo siento —tomó uno de los pendientes y lo colocó en su oreja izquierda, hizo lo mismo con el derecho —Vale, listo.


—Estupendo, te quedan hermosos cariño.


—Gracias —musitó.


El móvil del castaño vibró en la mesa y él lo tomó para revisar.


—Vaya, es un mensaje de Bill, quiere que vaya hasta su oficina.


—¿Debes ir? Pero si ni hemos comido —el móvil vibró nuevamente y el castaño ya no le prestaba atención a la chica —Eunwoo, te estoy hablando.


—Lo siento, lo siento. Es que dice que me tiene nuevas noticias sobre el ascenso —dijo sin mirarla a los ojos.


—Eunwoo, ¿Podrías mirarme al menos?—dijo con el enojo ya mezclándose con la decepción anterior —

¿Qué es tan importante que no puede esperar hasta después de cenar?


—Cariño, debes entenderme. No llamaría si no fuese important...—el móvil sonó nuevamente y el castaño miro a su novia como pidiendo permiso.


—Vale, supongo que podemos seguir celebrando en casa.


—¡Gracias cariño! Por eso es que soy tan feliz junto a ti, siempre haces lo mejor para nosotros, aun tomando en cuenta mi caótica agenda —El joven cirujano se levantó de su asiento y le dio un corto beso a su novia —Lo siento, de verdad cariño. Te lo compensaré. Adiós, te quiero.


Tomó la llamada, dejó su tarjeta de crédito en la mesa y se fue rapidamente sin siquiera mirar atras.


—Adiós. Yo también te quiero —dijo la castaña a nadie en particular pues ya se encontraba sola en la mesa con una botella de champagne y copas a medio consumir. "Hermosa velada". Llamó con un sutil movimiento de muñeca al mesonero y le indicó que se cobrara la cuenta de la tarjeta.



—Buenos días princesa, ¿Cómo estas hoy? —la voz un poco áspera y grave se escuchó a través del auricular telefónico.


—Hola papá. Estoy bien. ¿Cómo has estado tú?


—Oh, bien querida. Sabes que tu padre es fuerte como el roble. Cuéntame cariño, ¿A qué debo tu llamada?


La castaña no sabía el por qué pero sentía nostalgia cada vez que escuchaba a su padre y el hecho de tener que informarle que la cena que con ilusión había preparado para él sería cancelada, la hacía sentir aun peor.


—Lo dices como si yo no te llamara seguido papá. No seas tan exagerado.


—Cariño, seamos honestos. Tú no llamas a menos que tengas algo importante que notificar y no es que me moleste, ya eres una mujer adulta y tienes muchas cosas más importantes que hacer que estar al pendiente de este viejo.


—Papá, no hables así por favor. Tu sabes cuánto te amo y que siempre tengo tiempo para ti.


—Está bien, querida. Yo también te amo a ti, pero cuéntame, ¿Qué tienes para decirme que no puede esperar a la cena del sábado?


—Hemm... Bueno, papá. Es que uhm...no sé cómo decirlo.


—Dímelo cariño, no puede ser tan malo.


—Papá, sobre el sábado...


—Eunwoo se irá de viaje de nuevo y no se podrá realizar la cena.


Vaya eso si que no lo esperaba. La castaña alejó la bocina de su teléfono y lo miró con ojos sorprendidos.


—¿Tan predecible es la situación?


—Sí. ¿Cómo lo supiste? —preguntó sin poder ocultar su sorpresa.


—Es normal querida, tu novio es un hombre ocupado. No es la primera vez. ¿Qué le surgió esta vez?


—Nada malo. Irá a formalizar las negociaciones con los socios en Dublín para convertirse en el cirujano principal del centro estético en Corea del Sur. La propuesta se la informaron ayer y me lo contó en la noche cuando cenábamos. Fue... lindo —dijo y terminó con un suspiro decepcionado.


—¿Dublín? Vaya, no imaginaba que esa clínica tuviera esa clase de conexiones en Irlanda. Dale felicitaciones de mi parte. Pero dime algo hija, ¿Por qué no te noto emocionada con este hecho? ¿Está bien su relación?


—No, todo está bien papá. Nuestra relación es perfecta—y con esas palabras sintió nuevamente el vacio en su pecho —Es solo que, esperaba otro tipo de propuesta ayer por la noche, no sé. Tal vez solo estoy siendo exagerada.


—Entiendo. Después de cuatro años de relación es natural que desees que lleguen al siguiente paso y que te pida matrimonio —Rosé volvió a impresionarse por la perspicacia de su padre —Pero ten en cuenta hija, que ya no estamos en la edad media. Es el siglo veintiuno, ya las mujeres de hoy en día no esperan a que su novio les compre un anillo y se lo proponga. Si tanto deseas comprometerte, ¿Por qué no das el primer paso tú?


—¿Qué? ¿A que te refieres con "Dar el primer paso"?

¿Insinúas que le proponga yo casarnos?


La castaña no salía de la sorpresa que le dio al escuchar esas palabras de su padre. Claro que lo había pensado antes, pero no era así. Se supone que el hombre es que haga ese protocolo, no la mujer. Eso es inaceptable, no tiene sentido.


—Tampoco es para que lo tomes como si te dijera que te le arrodilles y le ruegues que se case contigo, Rosé. Sólo digo que las cosas ya no son como antes y ese tradicionalismo se ha perdido —la castaña iba a contestar pero su padre volvió a hablar —Aunque, hablando de tradición. En Irlanda existe un día del año en el que las mujeres pueden pedirles matrimonio a sus novios y serán bendecidas con un matrimonio fructífero y felicidad infinita. Llámalo superstición, pero es una tradición que acostumbran celebrar los veintinueve de febrero en ese país desde el siglo V.


Rosé se encontraba impactada con la información que acababa de recibir. ¿Es normal en otro país que la mujer sea la que proponga el matrimonio? Y no solo eso, sino también que es bien visto por la comunidad irlandesa. Tal vez debería considerarlo, de igual manera eso sería una grata sorpresa para su novio al llegarle de improvisto en Dublín. Tal vez... ¡No! Pero, que estaba pensando ella. No se rebajaría a ese nivel, si ha esperado tres años, un poco mas no tiene por qué ser tan tortuoso.


—De ninguna manera papá. No viajaré a Dublín para pedirle que se case conmigo. No estoy desesperada, nuestra relación está muy bien así —espetó a su padre

por teléfono.


—Bueno querida, yo solo quería decirlo para que no te sintieras tan mal, no es como que el cielo se vaya a caer por que una mujer haga lo que normalmente el hombre de la relación haría. Digo, ¿No es por ello que las féminas han luchado tantos años ante la ley y la sociedad? Igualdad, a eso me refiero.


—Bueno, sí. Pero no es igual papá. Es algo con lo que he soñado toda mi vida, la vida perfecta con el novio prefecto, el matrimonio perfecto después de una propuesta perfecta. Comprar mi propio anillo no entra en mis planes.


—Está bien hija, no insistiré, pero deberías considerarlo. Yo te apoyaré sea cual sea la decisión que tomes, eres mi niña y yo solo quiero verte feliz.


—Gracias papá, y en verdad discúlpame por lo de este sábado. Podemos hacer algo el próximo mes, Eunwoo ha mencionado sobre ir a visitarte un fin de semana luego que regrese de Dublín.


—Me parece bien princesa. Hablamos luego hija, el señor Boris ha llegado y debo tener una reunión con él. Te quiero.


—Yo también te quiero, papi. Llamaré pronto —y colgó la llamada.


La tradición irlandesa le había trastornado los pensamientos.


Esa tarde mientras consultaba algunas páginas web para obtener información sobre el veintinueve de febrero, empezó a cambiar su forma de razonar con respecto a la propuesta.


Es cierto, ya no es la edad media y estamos en pleno apogeo del siglo XXI, por que esperar tanto si ella también es una mujer adulta de veintiocho años, capaz y exitosa. Y bueno sea o no una superstición, el hecho de que al hacerlo ese día en ese país en específico, le traería bendiciones a su matrimonio, eso era un plus.


Se retiró sus gafas de pasta gruesa estilo vintage y miró hacia el techo de su habitación.


Tal vez no sea una idea tan descabellada, definitivamente, tal vez...