Cap 1-La Primera Mirada
El bus se ddetuvo frente a ese gran portón del colegio con un chirrido que me dio escalofríos.
Era mi primer día. Me presento soy Jimena tengo 16 años ,
Nueva.
Sin amigos.
Con la barriga hecha un nudo y la sensación de que todos me iban a mirar como si tuviera un letrero gigante en la frente que dijera: recién llegada.
Apreté las correas de la maleta y bajé. El aire olía a tierra mojada y a ese perfume extraño que tienen los colegios viejos. Frente a mí, un montón de estudiantes caminaban como si conocieran ese lugar desde siempre. Yo trataba de no tropezar.
Pasé por la entrada, vi a una maestra y pregunte - ¿a donde tengo que ir ? la maestra me indico y crucé el patio. Cada vez que alguien volteaba a mirarme, mi cabeza pensaba mil cosas.
¿Tengo algo en la cara? ¿Me ven rara? ¿Me van a hablar? ¿O me ignorarán todo el año?
Entonces lo vi.
Un chico al cual no detalle mucho recostado contra la baranda del patio , con el uniforme medio desordenado y una mirada seria en su ojos rasgados que parecía leer a la gente sin pedir permiso.
No sé por qué, pero sus ojos se quedaron un rato en mí.
Largos segundos.
Como si tratara de descifrarme.
Yo miré al piso rápido, fingiendo que revisaba el horario, pero por dentro sentí ese pequeño golpe del corazón que da cuando alguien te observa de verdad.
—¿Buscas el salón de 9? —preguntó una voz a mi lado.
Me giré. Era una chica de mi edad, bajita, con una sonrisa enorme y una energía que parecía brillar.
—Sí… soy nueva —dije, tratando de no sonar nerviosa.
—Lo sabía. —La chica rió—. Soy laura. Caminemos juntas antes de que te pierdas, porque este colegio es un laberinto.
Mientras avanzábamos entre los grupos, Laura me explicaba cosas: el profe grita mucho pero es buena gente, la coordinadora es estricta, la cafetería vende empanadas ricas, cosas así.
Yo intentaba retenerlo todo, pero mi cabeza volvía una y otra vez al chico de la baranda.
Justo cuando estábamos subiendo las escaleras, él bajó.
De cerca era peor.
O mejor.
No sé.
Tenía el cabello algo desordenado, y una mirada tan intensa que parecía cortar el aire. Cuando pasó junto a nosotras, Laura me empujó con el codo.
—Ese es Nicolás —susurró—. Está en noveno pero no nuestro noveno . Casi no habla con nadie… pero te estaba mirando desde arriba, ¿no lo viste?
Yo tragué saliva.
—¿Mirándome? No, yo… yo solo estaba…
Laura se rió.
—Ajá. Claro.
Nicolás dio dos pasos más, pero se detuvo.
Miró sobre su hombro.
Directo hacia mí.
Fue un segundo.
Pero un segundo suficiente para que mis piernas se sintieran ligeras como aire.
Después siguió caminando como si nada.
Entramos al salón y Laura me mostró mi puesto. Me senté, saqué mis cuadernos y traté de concentrarme, pero mi mente estaba en otro lado.
¿Quién era él? ¿Por qué me miró así? ¿Fue idea mía?
La profesora entró dando instrucciones, pero yo estaba atrapada en ese único instante del pasillo.
El primer día como “la nueva” apenas estaba empezando…
y sin querer, ya había alguien que me había notado.