job la prueba final

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Summary

Jacob es un hombre común cuya fe y resistencia son llevadas al límite cuando una serie de tragedias inexplicables destruyen su vida. Al perder a su familia, su estabilidad y toda certeza sobre el bien y el mal, se ve obligado a enfrentar no solo el dolor humano, sino también una prueba espiritual que desafía a Dios y a las fuerzas que operan en las sombras. En medio del sufrimiento, Jacob deberá decidir si su fe sobrevivirá a la prueba final o si la oscuridad consumirá todo lo que alguna vez creyó.

Genre
Scifi
Author
kiba2025
Status
Excerpt
Chapters
10
Rating
n/a
Age Rating
16+

Chapter 1

Nota del autor:

Esta historia es una muestra de la novela completa.

La versión íntegra está disponible en Amazon Kindle.

JOB: LA PRUEBA FINAL

CAPÍTULO 1 — La Sombra Sobre los

Justos

El amanecer llegó con un silencio extraño, un silencio pesado, como si el mundo

contuviera el aliento. Jacob se despertó antes del sonido de su alarma, empapado en

sudor, respirando rápido, con el corazón golpeándole el pecho como un tambor

desesperado. La habitación estaba oscura, pero él podía sentir la presencia del sueño

que acababa de abandonar, un eco frío que aún agitaba su espíritu.

En la visión, una voz profunda había hablado desde una montaña envuelta en fuego:

“La prueba regresa, hijo de Job.”

No era la primera vez que Jacob soñaba con aquella voz. Pero esta vez había sido

distinta. Más fuerte. Más real. Más cercana. Como si la misma tierra la hubiera

pronunciado.

Sara se removió a su lado. Aún dormida, murmuró algo inaudible. Por un instante,

Jacob sintió el impulso de despertar a su esposa y contarle lo que había visto, pero algo

se lo impidió. Una sensación de que, si decía las palabras en voz alta, la profecía se

apresuraría a cumplirse.

El sol empezaba a filtrarse por los bordes de la cortina, pero la luz tenía un tono

enfermizo, rojizo. Jacob se incorporó, tratando de ignorar la inquietud que lo invadía. Se

vistió en silencio y bajó a la cocina. El olor del café siempre le devolvía una sensación

de normalidad. Pero hoy el aroma parecía débil, casi ausente, como si la realidad

misma estuviera perdiendo consistencia.

Mientras servía la taza, un susurro tenue recorrió la habitación, como si el viento

hubiera atravesado las paredes. Jacob se volvió de inmediato, atento, inquieto. No

había nadie. El sonido desapareció tan rápido como había llegado.

—Hoy no, Señor —murmuró—. Por favor, hoy no.

Pero el cielo no respondió.Daniel bajó primero, bostezando, arrastrando los pies. Rebeca lo siguió poco después,

con su usual energía, aunque Jacob notó que sus ojos tenían un brillo extraño, como si

hubiera llorado durante la noche.

—¿Papá, pasó algo? —preguntó la niña, frunciendo el ceño.

Jacob forzó una sonrisa.

—Nada, pequeña. Solo un mal sueño.

Rebeca lo observó por unos segundos más, con esa intuición que solo los hijos

poseen, capaz de detectar los silencios que los adultos intentan esconder.

Sara finalmente bajó las escaleras, hermosa incluso en la simpleza del amanecer. Sus

ojos se suavizaron al verlo sentado a la mesa.

—Jacob… estás pálido. ¿Otra vez el sueño?

Él no respondió de inmediato.

—Fue diferente —admitió—. Más real.

Sara se sentó a su lado y lo tomó de la mano.

—Dios te protegerá como siempre.

Jacob quería creerlo. Había vivido toda su vida bajo la sombra de un legado imposible:

ser descendiente de Job, el hombre que enfrentó la mayor prueba jamás otorgada a un

mortal. Su familia lo repetía generación tras generación, como si fuera un honor. Pero

Jacob lo percibía como una espada suspendida sobre su cabeza. Y hoy, esa espada

parecía comenzar a descender.

El camino hacia el trabajo transcurrió entre una niebla espesa que parecía surgir del

pavimento. Las personas caminaban con prisa, como si presintieran algo sin poder

explicarlo. Un perro aulló a lo lejos, un sonido prolongado y desesperado que hizo

temblar a Jacob.

Al llegar a su oficina, notó algo inusual: las luces titilaban como si estuvieran a punto

de apagarse, y el aire estaba frío, demasiado frío para un edificio moderno.

Rick, su mejor amigo, apareció desde su cubículo, levantando la mano en un saludo

distraído.

—Hermano, ¿también sentiste ese ambiente raro? Parece que el mundo quiere

decirnos algo.Jacob dejó escapar una risa nerviosa.

—¿Tú también lo sentiste?

—Yo, y todos aquí. Hay algo… pesado —Rick bajó la voz—. Y no quiero preocuparte,

pero he estado soñando cosas. Sombras. Un rostro sin ojos. Y siempre escucho el

mismo nombre en mis sueños: Robert.

Jacob sintió un escalofrío.

—Mi hermano —susurró.

Rick asintió.

—Sé que te dije que debías tener cuidado con él, pero ahora lo digo en serio. Hay

algo… oscuro a su alrededor. Como si lo estuvieran mirando, o guiando.

Jacob tensó la mandíbula. Su hermano nunca había sido un hombre sencillo.

Millonario, arrogante, siempre creyéndose superior. Pero, ¿oscuro? ¿Poseído por

sombras? ¿Influencias demoníacas?

Era una idea ridícula. ¿O tal vez no?

A media mañana, el cielo se oscureció de forma repentina. No había nubes, pero el sol

se apagó como si algo gigantesco hubiera pasado frente a él. La gente corrió a las

ventanas, murmurando con preocupación.

Jacob fue el primero en verlos.

Cuervos. Cientos. Miles. Un enjambre negro cruzando el cielo, cubriendo la luz como

un velo de muerte. Volaban en círculos, como si esperaran algo. Algo que aún no había

ocurrido.

—No es normal —murmuró Rick—. Ni siquiera en películas de terror he visto algo así.

Antes de que Jacob pudiera responder, su teléfono sonó. Era un mensaje de Sara:

“Jacob, ven a casa. Algo está pasando con Rebeca.”

El corazón se le congeló.

Cuando llegó, encontró a su hija en el suelo, temblando, con los ojos en blanco. Sara

lloraba, tratando de sostenerla.

—¡Rebeca! ¡Mi amor! ¡Respira!La niña dejó de convulsionar de golpe. Su cuerpo quedó inmóvil. El silencio fue terrible.

Jacob casi dejó de respirar.

De pronto, Rebeca abrió los ojos lentamente… y habló con una voz que no era la suya.

Viene por ti, Jacob…

La prueba regresa… como regresó para nuestro ancestro…

Y si caes… caerá el mundo con tus manos…

Sara gritó y retrocedió. Jacob sintió que el alma se le desgarraba. Pero la voz no

terminaba.

El Adversario ha pedido tu nombre ante el Trono…

Y se le ha concedido…

Rebeca cerró los ojos y se desmayó.

Jacob cayó de rodillas.

La misma frase que oyó en su sueño.

La prueba regresa.

Esa noche, Jacob se quedó sentado en la sala, inmóvil, con las manos temblorosas.

Afuera, los cuervos seguían dando vueltas sobre la ciudad como heraldos de

desgracia. Rick llamó varias veces para saber si todo estaba bien, pero Jacob no

respondió. No sabía qué decir. No sabía si alguien, exceptuando su familia, soportaría

escuchar lo que había ocurrido.

Sara se sentó junto a él.

—¿Crees que… es el inicio? —preguntó en un hilo de voz.

Jacob no respondió. Sus ojos estaban fijos en la ventana, en la sombra que lentamente

se formaba al final de la calle. Una figura humana, inmóvil, observándolos desde la

distancia. No se movía. No respiraba. Solo estaba allí.

Y Jacob sintió, con un terror indescriptible, que esa figura lo conocía.

Que había venido por él.

Que la prueba había comenzado.