DESPUƉS DEL SHOW [KOOKMIN]šŸ”„ ONE SHOTšŸ”„

Summary

DespuĆ©s de aƱos de miradas contenidas, roces intencionales y silencios que gritaban deseo… Jimin y Jungkook ya no pueden esconder lo evidente. Una noche. Una habitación. Y el calor que se desata cuando nadie los estĆ” viendo. Porque lo que se reprimió demasiado tiempo… no se perdona en silencio. [ONESHOT]

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1
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n/a
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18+

CapĆ­tulo 1

El camerino estaba lleno de voces, de alegrĆ­a, mĆŗsica sonando de fondo. HabĆ­a sido un concierto duro, el Ćŗltimo de esta gira.

Pero, habƭa llegado a su fin, y vendrƭa el merecido descanso. DespuƩs de tantos meses de trabajo.

Jimin terminó de quitarse la chaqueta empapada de sudor. La energía del concierto aún le vibraba en la piel. Pero lo que verdaderamente lo mantenía inquieto era otra cosa: Jungkook.

Desde el escenario, sus miradas se habĆ­an cruzado demasiadas veces. La tensión entre ambos no era nueva. Era una llama encendida desde la primera vez que se conocieron en esa sala de practicas hace aƱos. AƱos de contención, por la empresa, por la imagen del grupo… pero hace tres dĆ­as, en esa sala de estudio… donde respiraron demasiado cerca…

Mientras se desmaquillaba, escuchando a Tae cantar en voz alta mientras Namjoon lo regañaba, Jungkook se acercó a él, susurrÔndole en el oído:

—Ven a mi habitación esta noche, solo una copa, para celebrar el fin de la gira.

Su mirada le decĆ­a otra cosa.

ā€œEsta noche se acaba todoā€

Solo lo miró y asintió.

Cuando llegaron al hotel, cada uno se fue a su habitación, bajo la orden del manager que mañana temprano estuvieran preparados para volver a Seúl.

Jimin se acercó a la puerta de Jungkook, llamando suavemente para no llamar la atención de nadie del staff… o de Namjoon.

Jungkook le abrió, aun envuelto en el sudor del concierto, y sonriéndole de lado, se aparto para que él pasara. Cuando Jimin cruzó la suite, sintió el aire espeso de una espera prolongada.

La luz era cÔlida, y el abrigo de Jungkook colgaba descuidadamente del respaldar del sillón. Dejó el suyo en el mismo sitio, y al girarse para buscarlo, lo encontró de pie frente a la ventana que daba al centro de Tokio, con una copa de whisky en la mano.

—Sabes que esto no es solo una copa—murmuró Jungkook.

Jungkook se giró con una lentitud medida, los ojos bajos, pero encendidos. Se acercó hasta quedar a un paso de él.

—Sabes porque estas aquĆ­, Āæverdad? —le preguntó.

¿Lo sabía? Claro. Siempre había tenido esa tensión con él. Siempre con él. Nunca lo vio como al resto de sus hermanos. Pero, ¿estaba preparado para romper esa línea?

—Sí—dijo, en voz baja, pero mirĆ”ndolo fijamente.

—¿Lo quieres? —dijo Jungkook, con las mirada dilatada de deseo contenido.

Jimin lo miró. Sí lo quería. Siempre lo había querido. Y asintió.

No hizo falta mas palabras. Jungkook soltó el vaso encima de la mesa que había al lado y lo besó. Fue brutal, sin preÔmbulos. Una descarga de todos esos años de contención.

Lo empujó contra la pared, apretÔndolo contra su cuerpo, dominando, marcando el ritmo con su lengua y sus dientes. Jimin jadeó en medio del beso, aferrÔndose a su nuca mientras sentía como las manos de Jungkook bajaban por su espalda hasta apretar sus glúteos.

Jungkook se separo del beso, mirƔndolo, mientras empujaba sus caderas aun mƔs, haciendo gemir mas alto a Jimin por el roce de las zonas intimas, ya preparadas y dispuestas.

—Siempre me has mirado así—gruñó Jungkook, haciendo movimientos con sus caderas, simulando embestidas—. Como si supieras que en algĆŗn momento iba a partirte la boca de todo lo que quiero hacerte.

Jimin sonrió de lado, embistiendo también con sus caderas, sacando gruñidos de Jungkook, mientras desabotonaba lentamente su camisa.

—¿Y a quĆ© esperas?

Jungkook gruñó mÔs alto, apartÔndose y rompiendo la camisa de Jimin con las manos. Sentía demasiada urgencia en probar su cuerpo, tan blanco, tan perfecto.

Le dio la vuelta, empujÔndolo contra la cama. Empezó besando su cuello, marcÔndolo. Bajó por su pecho y se paro en esos pezones, tan rosas, que la boca se le hacía agua. Los chupó, jugó con ellos, mientras Jimin solo podía gemir y arquease para estar mas cerca de esa lengua que lo estaba haciendo delirar.

Jungkook siguió descendiendo, por su estómago, caderas, hasta que llegó a la línea donde estaba los pantalones de Jimin. Jugó con el borde, mirÔndolo desde abajo. La imagen que Jimin le estaba dando le bastaba para correrse. Con los labios entreabiertos, rojos de los besos que se habían dado.

Lamió el borde, y Jimin gimió mas fuerte.

—Quiero oĆ­rte gemir mi nombre, fuerte.

Entonces, abriendo el botón del pantalón, se lo arrancó con fuerza, junto con los bóxer. Lo que vio le hizo salivar. La polla de Jimin estaba dura, liquido caía de su punta rosada, esperÔndolo. Jungkook sacó su lengua, degustando, y tarareando de placer. Jimin gimió, agarrando en un puño el pelo de Jungkook, empujÔndolo para acercarlo ahí.

Jungkook rĆ­o bajito.

—No tanta prisa, hyung, voy a disfrutar mucho de este momento.

Y se lo metió en la boca. Jimin se arqueó, empujando su cadera para profundizar en la boca de Jungkook. Su boca comenzó a trabajar con lentitud provocadora, mientras sus ojos se mantenían fijos en los de Jimin. Cada movimiento era una declaración de poder. Jimin solo podía retorcerse bajo él, respirando entrecortado, con las piernas tensas. Jungkook lo sostenía de las caderas, impidiéndole moverse, subiendo y bajando la cabeza lentamente, disfrutando de cada gemido de Jimin, que rogaba entre jadeos, con palabras rotas que se escapaban de su labios entreabiertos.

—MĆ”s Jungkook… mĆ”s… Kookie… por favor…

Jungkook disfrutaba esa súplica. Se tomaba su tiempo, acariciÔndolo con la lengua, tomÔndolo cada vez mÔs profundo, jugando con los límites. Jimin gemía, se arqueaba, lloraba y suplicaba. Jungkook aprovechó para prepararlo.

Dios, como había esperado este momento. Ver a su hyung debajo de él, suplicando que se enterrara mas fuerte en él, que lo rompiera, que lo devorarÔ. Se apartó ligeramente para coger lubricante. Jimin lo miraba desde la cama, con las piernas abiertas, invitÔndolo.

se volvió a arrodillar ante él, lubricando sus dedos, a la vez que volvía a meterse el pene de Jimin en la boca. Metió el primer dedo en esa entrada rosada. Sitió como Jimin se tensó, pero empezó a chupar mas fuerte su pene, para distraerlo. Cuando sitió que Jimin se relajó lo suficiente, empezó el movimiento, metiendo el segundo dedo, hasta que tocó lo que estaba buscando.

Jimin se arqueó llamÔndolo, suplicando. SacÔndose de la boca su polla, Jungkook lo miró, sonriendo, mientras mantenía el vaiven de su mano.

—Voy a hacerte suplicar mucho hyung, vas a pagarme todos estos aƱos de contención que he tenido.

Siguió en vaivén de su mano, disfrutando de ver a Jimin retorcerse, y justo cuando vio que su polla palpitaba, paro.

Jimin gimió frustrado. Había estado tan cerca. Vio como Jungkook se levantaba, parÔndose al pie de la cama, lamiéndose los dedos que habían estado dentro de él.

—Hyung—le dijo—. Yo tambiĆ©n necesito ayuda aquĆ­.

Jimin se levantó, quedÔndose sentado en el filo de la cama, delante de él. Se lamió los labios. Era su turno.

Primero, le quitó la camisa a Jungkook, entre besos. Lamió cada parte de su abdomen, admirando todo el trabajo que hacia en el gimnasio. Bajando sus besos hasta el filo de los pantalones, y mirÔndolo, se los quitó.

Cuando la polla de Jungkook fue liberada, salto, como llamÔndolo a llevÔrselo a la boca. Y eso hizo, primero lamió la punta sin quitar la mirada de Jungkook, que lo miraba desde arriba con fascinación. Después chupó, introduciéndolo en su boca. Jungkook agarró del pelo a Jimin, y lo empujó duramente para estar dentro completamente de Jimin, importÔndole poco las arcadas que este daba. Después lo separó, mirando como los ojos de Jimin tenían lÔgrimas en los filos.

—No sabes cuantas veces me he corrido solo pensando en este momento.

Y volvió a empujarlo. Jimin se sujetaba de las caderas de Jungkook, dejando que hiciera lo que quisiera, porque estaba disfrutando de esta faceta del maknae. Y Jungkook empujaba con precisión, gruñendo de placer, mirando los ojos de Jimin.

Cuando sintió que estaba llegando, se apartó, empujando a Jimin para que llegarÔ al centro de la cama. Se subió encima de él, de rodillas entre las piernas de Jimin, y se las abrió lentamente, disfrutando del espectÔculo.

Jimin solo lo miraba, mordiéndose el labio, provocando a Jungkook. Este alcanzó el bote de lubricante, y se lo extendió por su polla, acariciÔndose, provocando a Jimin, que jadeaba mirÔndolo fijamente, disfrutando de como Jungkook se tocaba, como si fuese la escena mÔs erótica que había visto en su vida. Y lo era.

Mientras seguía acariciÔndose, deleitÔndose con la mirada e Jimin, con su otra mano volvió a meter dos dedos en Jimin. Este se arqueó, gimiendo el nombre de Jungkook.

Después, Jungkook se tumbó encima de él, sobre sus antebrazos, con las narices demasiado juntas, y sus intimidades rozÔndose.

—Voy a follarte muy duro, Jiminshi. Tan duro que maƱana no vas a poder caminar. Cada paso que des, vas a recordar como estuve dentro de ti, como te hice gemir, como te toqué…

Mientras hablaba en su oĆ­do, simulaba embestidas. Jimin solo deliraba, murmurando su nombre.

—Jungkook, por favor—suplicó.

—¿Por favor quĆ©, Hyung?

—”FOLLAME!

Y Jungkook no lo hizo esperar. Entró en él de una sola estocada, mientras con una mano se mantenía erguido, y la otra cogía del cuello a Jimin, sin apretar. Comenzó con un ritmo firme, profundo. Sus cuerpos chocaban con fuerza, piel contra piel, en una sinfonía de respiraciones entrecortadas y gemidos profundos.

—Eres mĆ­o—susurró Jungkook—. Desde la primera vez que te vi.

Jimin solo podƭa gemir, apretando las sƔbanas mientras sentƭa cada embestida como un golpe elƩctrico. El placer lo recorrƭa como una corriente, llevƔndolo al borde una y otra vez.

Jungkook se alzó sobre sus rodillas, levantando las caderas de Jimin para llegar mas profundo, tocando ese punto que hacía que Jimin no solo gimiera, sino que gritarÔ por todo el placer que estaba sintiendo.

Cuando Jimin se corrió por primera vez, Jungkook no lo dejó descansar. Con un movimiento casi coreografiado, le dio la vuelta, alzÔndolo a cuatro patas, y volviendo a su interior, con una embestida que hizo que Jimin cayera hacia delante, con el torso pegado al colchon. Jungkook embestía con fuerza, sujetÔndolo de las caderas.

Su mano derecha dejó su cadera, buscando la polla de Jimin para volver a acariciarla. Esta estaba lÔnguida, después de su primer orgasmo. Había sido devastador, pero cuando sitió que Jungkook le tocó ese punto tan delicioso dentro de él, junto con las caricias en toda su longitud, volvió a despertar.

Cuando Jungkook lo sintió, sonrió de lado, embistiendo mÔs fuerte, mas duro, y soltando las caderas de Jimin por completo, le sujeto la nuca, para poder entrar en él de manera mas bestial.

Jimin gemía, delirando. Ya no sabía si podía hablar, si podía siquiera tener un pensamiento lógico. El placer lo dominaba, y solo podía pedirle a Jungkook que no parara. Quería sentirlo, desquitarse de todos esos años de tensión sexual acumulada.

Y volvió a girarlo, haciéndolo sentar sobre él.

—Móntame hyung. Quiero cumplir todas mis fantasĆ­as.

Y eso hizo Jimin. Se sentó encima de él, ajustando su entrada, sintiendo como la polla de Jungkook palpitaba. No les quedaba mucho tiempo antes de que volvieran a correrse, pero haría que mereciera la pena.

Se deslizó por la longitud de Jungkook con lentitud, deleitÔndose de los gemidos de este, jadeando al sentirlo de nuevo en su interior. Comenzó a moverse con un ritmo lento, ondulante, provocador. Jungkook lo sujetó de la caderas, admirando su cuerpo con deseo desenfrenado.

Se miraron a los ojos mientras el ritmo aumentaba. El sudor resbalaba por sus cuerpos, sus respiraciones salvajes, descontroladas. Jimin se inclinó hacia delante, besÔndolo con desesperación, gimiendo en su boca.

—No pares… Dios Jimin… no pares… quiero sentirte mĆ”s…

Jimin le obedeció, aumentando el ritmo, llevÔndolos al límite. Jungkook levantaba las caderas, buscando mÔs profundidad, hasta que el climax se apoderó de ambos en una ola de gemidos rotos, espasmos y respiraciones entrecortadas.

Cayeron juntos, exhaustos, entrelazados entre las sÔbanas húmedas y revueltas.

Jungkook lo abrazó, pegÔndolo a su cuerpo, acariciando su espalda sintiendo como a respiración de Jimin aún temblaba.

—Ojala no tuviĆ©ramos que contenernos nunca mĆ”s.

Jimin sonrió, con los ojos cerrados.

—Ojala existiera otro universo donde pudiĆ©ramos estar juntos.

SabĆ­an que cuando acabara la noche, y el sol saliera, se separarĆ­an. No era posible en este universo que existiera un ellos. No con la vida que tenĆ­an, pero siempre recordarĆ­an este momento. Esta noche estarĆ­a en sus cabezas siempre.

Y en la calma despuƩs de la tormenta, se sintieron en casa. Sin miedos. Sin lƭmites. Solo por esta noche, se dejarƭan llevar. MaƱana serƭa otra historia.

Y así fue como, después del show, empezó lo real.