Cita Con Mi Ídolo

Summary

Bill, un joven de la provincia alemana de Dusseldorf, gana la oportunidad de conocer a su gran ídolo de la musica. El increíble Georg Listing, su crush eterno. Sus amigos se emocionan por él, excepto uno...Tom Kaulitz. ¿Qué pasará en Berlin con el Ídolo?

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3
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n/a
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16+

Primera Parte

-¿Desde cuándo te preocupas tú por la caridad?- dijo con sorna.

Se aflojó la corbata y el saco, se descalzó de los zapatos bostonianos, estirando los pies cansados. Se sentó en su silla de cuero fino, descansando al fin después de un día ajetreado.


Miró sin ver la vista de su oficina; las ventanas le devolvían luces de la ciudad en medio de la negrura de la noche.

Entrecerró los ojos con expresión de desconcierto.

-¡Jajaja, qué bárbaro! ¿De quién ha sido esa idea?- le decía a su interlocutor del otro lado del teléfono. -Admito que vendría excelente a tu imagen; como tu manager me parece redituable, y como tu amigo, me parece que no te viene mal... podríamos ganar mucho dinero con tu idea, y tú podrías ser una... persona... ya sabes, de nuevo...

-Te visito mañana a primera hora; ya descansa- le contestaba detrás de la bocina una de las figuras más grandes de la música en Alemania.

Calificado también como uno de los cinco hombres más guapos de toda Europa.

Este acariciaba su Gramophone, premio que le habían entregado tan solo la semana pasada, uno de los más prestigiosos de la industria de la música.

Pasó el dedo índice por su nombre:

"Georg Listing, bajista, sintetizador, músico y productor."

Con tan solo 27 años, tenía en su haber unos 40 galardones.

Pero el Gramophone le había marcado. Cuando en la alfombra roja, una chica castaña había aparecido enfundada en un bikini diminuto. Se había bañado en pintura blanca y, después, evadiendo la seguridad a base de una agilidad poco común, le había abrazado, pintándole el smoking.

Tremendo espectáculo había dado a la prensa.

El ataque era resultado de una campaña encabezada con la bandera de que algunos famosos y poderosos volteen la mirada hacia causas justas.

-¿Por qué tendrían que hacerlo?- No le quedaba claro a Georg; después de todo, estaba donde estaba fruto de trabajar desde joven, y nadie había venido a ayudar... nunca.

Luego estaba Gustav, su prominente manager, diciéndole cosas como que se debía a su público y quién sabe qué cosas más... Y sí, se debía al público.

Un público que pronto emitió una opinión negativa. "De corazón duro", dijo la prensa sensacionalista. Ya les iba a enseñar que no tenía el corazón de piedra.

A la mañana siguiente, Gustav se encontró con Georg sentado en su silla de cuero, con los pies sobre su escritorio de ónix. Miraba el paisaje, perdido en sus pensamientos. En el rostro tenía una expresión preocupada.

-Llegaste- le dijo con su voz profunda.

Gustav se apoderó del lugar; vaya, era su oficina. Atravesó el espacio que los separaba y se paró a mirar por la ventana.

-Anoche tuve tiempo de pensarlo, e hice un par de llamadas- le dijo con seriedad. -Por supuesto que lo harás... pero debe ser masivo, y por eso hay rueda de prensa en un par de horas.

-Por supuesto- sonrió Georg- estoy listo, me alistaré.

-Nos vemos en el estudio en 40 minutos- le dijo Gustav, apretándole la mano- después beberemos un trago.

-Sin duda- le dijo, cerrándole el ojo.

Abandonó la oficina ya con una llamada iniciada a su estilista. Quería estar perfecto.

Dos horas más tarde, en medio de una rueda de prensa conformada por la prensa de espectáculos y algunos otros medios de comunicación masivos, recibían a Georg seguido de Gustav.

-Es una gran oportunidad de ayudar- Georg hizo una pausa para poner énfasis en lo siguiente- quienes compren su boleto podrán apoyar a una asociación de beneficencia y me darán la oportunidad de conocerles. Voy a aportar lo mismo que se recaude, y después sortearemos una cita conmigo...

Los fotógrafos, ni tardos ni perezosos, dispararon los flashes de sus cámaras sobre la sonrisa perfecta de Georg. Los periodistas se apresuraban a dar las exclusivas; la prensa amarillista se peleaba el turno para preguntarle cosas que jamás les respondería.

-Les haremos llegar todos los detalles, gracias por asistir- dijo Gustav, tomando el control y permitiendo que Georg desapareciera puertas adentro de la sala de prensa.

Este sonreía triunfante.

**DUSELDORF, Alemania.**


-El boleto cuesta 100 euros- lloriqueaba Bill sobre el hombro de Emma, su amiga y compañera de trabajo en el Pub-Café, Der Bulleit.

-Es mucho dinero...- le dijo, abriendo los ojos- ...pero tampoco es tanto dinero.

Añadió, suspendiendo la limpieza de las mesas por un momento. Parecía que una idea cruzaba por su cabeza.

-¡Ey, Tom!- le gritó al chico en el escenario que estaba acomodando micrófonos y conectando toda clase de detalles- Bill necesita 100 euros.

Tom elevó los hombros y procedió en su trabajo.

-¡Creo que podríamos ayudarle un poco, ¿no crees?!- dijo acercándose más a Tom.

Bill comprendió y abrazó fuerte a Tom por la espalda, secundado por Emma.

Le apretaban tan fuerte que Tom tuvo que soltar el cable que traía en la mano.

-... puff... no tengo 100 euros, Bill- dijo, cediendo al apretón.

-Ah, pero si tú pones una parte, y yo otra, y Bill otra, juntos podríamos completar ese dinero.

-¡Por favor!- Bill y Emma suplicaron al unísono, volviendo a apretar a Tom, que sentía la respiración de ambos.

-... puff... hagamos algo... suéltenme un poco- dijo, sacando un brazo del apretado sandwich humano en el que estaba- veamos cómo nos va hoy, y todo lo de hoy será tuyo...

Le tocó la nariz y le pasó el micrófono.

Bill aplaudió de gusto y subió al escenario.

-... uy, no sabes, Tom, me voy a esforzar como nunca...- Tom sonrió con ganas y comenzó a afinar su guitarra; Bill, a su vez, afinaba la voz.

Era viernes y Bill no pensaba perder la oportunidad de conseguir todas las propinas que pudiera. En pleno Oktoberfest, en el Rihn, con tantos turistas, se propuso sacarle jugo a su voz.


Comenzaron a llegar los asiduos; Emma los atendía con esmero. Bill comenzó su presentación con una canción de Frank Sinatra; al ver que los presentes comenzaban a aburrirse, le pidió a Tom:

**Für Immer Frühling**

de Soffie

Ich hab neulich geträumt

Von einem Land, in dem für immer Frühling ist

Hier gibt es Kaviar und Hummer im Überfluss

Keiner hier, der hungert, und niemandem ist kalt

Vanilleeis zum Nachtisch, alle sterben alt

In das Land, in dem für immer Frühling ist

Darf jeder komm'n und jeder geh'n, denn es gibt immer ein'n Platz am Tisch

Rot karierter Stoff, keine weißen Flaggen mehr

Alle sind willkomm'n, kein Boot, das sinkt im Mittelmeer

Se dejó todo en el escenario; el público bailaba y aplaudía. Al final de la noche, además de su salario, tenía 45 euros en propinas y sus amigos le habían dado 35 más.

Bill sonrió; 20 euros de su salario no afectarían demasiado su contribucion en casa.

Esa madrugada, antes de ir a dormir, hizo la compra de su boleto en línea. Miró la ventana frente a su cama y juntó sus manos.

No solía rezar; seguramente ayudaría solo pegar las manos y dejarlas fuertemente unidas. Así que se fue a dormir con una sonrisa de lado a lado.

Adoraba tanto a Georg; su música era mágica para Bill. Desde adolescente decoraba sus cuadernos, las paredes de su recámara; tenía toda clase de artilugios y, por supuesto, toda la música de Georg Listing.

¡Era su ídolo!

**7 días después...**

-¡Es increíble!- le abrazaba Emma con fuerza- Me tienes que contar todo: el tamaño de sus brazos, a qué huele, tienes que robarle un mechón de su cabello... ¡¡uuuy!!

-Ya basta, Emma- dijo Tom, molesto- va a perder el avión- Le estaban molestando los chillidos emocionados de sus amigos- anda, sube y toma muchas fotos, cuando vuelvas ya se ponen a chismorrear.

-¿Por qué estás tan gruñón?- le dijo la ojiverde, apretándole las mejillas completamente emocionada. Se dirigió confidentemente a Bill, diciendo al oído- te lo tienes que echar... ay, y de eso quiero pelos, señales y todo, literal.

-¡Jajaja, qué loca estás! Uy, si yo pudiera...- Bill se emocionó de imaginarlo, y una sonrisa atravesó su rostro- ¡Bueno, ese es mi vuelo!

-¡Qué emoción!- dijo Tom, sin emoción alguna, entregándole la bolsa de mano- Reportate para saber que estás bien... y ya, anda, súbete.

Bill se despidió arrastrando las maletas en dirección a la sala de abordaje, apunto de entrar se giro, les tiro besos y entro más feliz que nunca.

-Te mueres de envidia, ¿No es cierto?- le recriminó Emma dándole un jalón a las trencitas negras.

- ¡Auu!- dijo Tom y le jalo a su vez las trencitas rubias que portaba la ojiverde, se las habían hecho juntos- Claro que NO... no es envidia..tas LOCA jajaja.

3:30 minutos más tarde, en Berlín. Bill era recibido por un sujeto de traje negro,de cabello rubio y de ojos castaños.

Se le veía vivaz al teléfono.

El rubio sostenía al revés un letrero con el nombre mal escrito:

Billie Cauliz

Estaba tan afanado en su llamada que no noto la presencia del joven hasta que este le retiro el letrero de la mano.

-Soy yo- le dijo muy feliz- jajaja...pero no soy Billie Cauliz, soy Bill Kaulitz.

Bill sonreía ampliamente. Gustav le noto entonces, soltó la llamada y le sonrió.

-¿Asi que tú eres?...supongo que si, que había una posibilidad- dijo acomodándose el celular en el bolsillo y pasandose la mano por el cabello-...cielos esperaba a una dama...

-No- dijo Bill- yo especifique mi genero cuando compré mi boleto, mira aquí.

Le puso casi en la frente el celular.

-Esta bien, ...emm..ven conmigo...sigueme- dijo Gustav encaminado a Bill hacía un taxi que esperaba en la salida próxima.

Bill aplaudía de contento. Nunca había estado en Berlín y todo le sorprendía, los autos, la gente, el bullicio, las fuentes.

-Bill, escucha...-comenzo Gustav- ...mira, esperábamos a una chica...pero no lo eres. Obviamente. Entonces habíamos elegido ropa para ti...pero no la puedes usar. Obviamente ...así que no nos da tiempo a conseguirte algo mas...

-No importa- dijo Bill interrumpiendo- yo traje...

-Entonces te explico la dinámica- te llevaremos al hotel, te registras y entonces debes prepararte para la cita con Georg...emm...solo ponte lo mejor que traigas y el vendrá a buscarte.

-¡Oh por dios!- dijo Bill emocionado- Estaré listo...

Después de un rato Bill se encontraba acostado en la gran cama de la suite de un hotel de lujo en el corazón de Berlín. Estaba tan nervioso que no había notado el cansancio del vuelo.

Había sacado de su maleta su ropa favorita, una camisa de seda negra sin botones, un pantalón de vestir negro y un saco que se acomodaba por los hombros y que caía sin mangas alrededor de él.

Se había aplicado el esfumado negro alrededor de los ojos, rociado con perfume, lavado los dientes al menos 4 veces y las manos también.

Las botas parecían espejos, así recostados sonreía sin creerse lo que le estaba pasando.

El celular sonó y Bill lo tomó inmediato.

-¡Hola, Tom!-dijo rebozando nervio y energia- estoy bien.

- ..me alegra-su voz parecía un poco recelosa, pero Bill no reparo en eso, no había nada en este mundo que le arruinara el momento.-Solo quería saber que estabas bien...Emma te manda saludos...oye....se te extraña, cuídate.

-¡Uy, Tom, todo está yendo de maravilla!- dijo cantarin.

Tocaron a la puerta y eso puso en alerta a Bill, corrió al espejo mas cercano para arreglarse nuevamente el pelo.

-Tom...uy- dijo Bill nervioso-ya vinieron por mi te llamo luego

Corto. Tom se había quedado perplejo con el celular en la mano.

Bill se ajusto de nuevo el saco, respiro profundo y abrió la puerta. Del otro lado estaba Georg que al verlo se sorprendió.

-Creo que...creo que me equivoque- balbuceo al verlo.

Georg se veía increíble en un smoking que se notaba caro, llevaba, una rosa amarilla rodeada de pequeñas florecillas blancas. Un ramo muy sencillo y lindo.

Reviso el número en la puerta de la habitación. Luego el interior de esta, detrás de Bill, luego a Bill que sonreía impactado.

-Bill Kaulitz- le tendió la mano cuando reaccionó. Su ídolo en persona estaba frente a el y eso le cortaba la respiración -...esperaban a una chica...

- Estás son para ti- le tendió el ramo y le sonrió confuso, aquel chico era muy guapo admiro Georg, no había visto a alguien así de atractivo en largo tiempo- ¿Estás listo?

Bill asintió nervioso.

-¡Bien, vamos!- Georg le ofreció su brazo para que bajara una escalera larga. Afuera del hotel la prensa se amotinaba...




Continuará....