Chapter 1 : El SILENCIO ES MÍ SALVACIÓN
Un solo recuerdo me saca de quicio, una sola idea tiene el poder de arruinar el mármol pulido de mi existencia. No soporto la noción de que ella vuelva un día, como si nada hubiera pasado. Jamás la perdonaría. Y en esta vida, el perdón es una debilidad que me niego a cultivar.
Mi éxito y mis ambiciones siempre han sido una cosa solitaria. Para mí, solo existimos yo y Sofía. Porque todas esas personas que compartimos apellidos, que presumen de ser mi sangre, no son mi familia. Mi única familia, la única lealtad que reconozco, es mi mejor amiga ,mi única ancla en el caos.
Y eso es mas que suficiente para mí. El resto son solo ruido de fondo.
—¡Listo!
Dejé mi diario cuidadosamente cerrado sobre la mesa de ébano. Revisé mi estuche, asegurándome de que tuviera todo lo necesario: un lápiz de diseño, un bolígrafo de tinta fina y, lo más importante, mi botella de agua de cristal de roca. Todo lo guardé en mi mochila.
Me dirigí a ducharme, luego de media hora, me puse a vestirme. Dado que estábamos en plena época de calor, la escuela había impuesto el uniforme de verano. era un traje de lino y seda fresca que se sentía como una caricia helada.
Un uniforme de verano que, al igual que el resto de mi vestuario, gritaba: “Soy igual a ti, pero mejor.”
Bajé a desayunar.
Yo sola en una mesa inmensa. Ya me había acostumbrado a las cosas en esta casa. El comedor era lo suficientemente grande como para celebrar una boda, pero solo había un plato de crepés perfectamente hechos y un vaso de jugo de naranja recién exprimido.
Mi padre, por supuesto, ya se había ido en su jet, dejándome a cargo de la mansión y de mi inminente martirio educativo.
mi chófer, ya estaba esperando. Su presencia me daba una paz extraña. Ya me acostumbré a su silencio; a su forma de mezclar la seriedad de su trabajo con un humor seco que solo yo entiendo. Y esa era la clave: nadie más.
Me apresuré a terminar mi desayuno. Ya estaba mentalizada para ir a la escuela, y cuanto antes llegara y me escondiera en la biblioteca. La gente ruidosa me agota.
Mi querida nona que se había acostumbrado a que yo nunca sonriera, me ofreció una sonrisa cálida mientras me ponía un poco de perfume francés.
—Que le vaya muy bien, señorita jennifer.Olvide todo lo que ha ocurrido. Nuevo año, Nueva mentalidad.
—te lo agradezco nona, sabes…es un buen consejo. —dije, ajustándome el cuello de la camisa.
Salí disparada. No tenía ganas de ir a la escuela, y menos de hacer un "Grand Tour" para encontrar mi casillero.
Mi objetivo para el día: sobrevivir a las primeras tres clases sin que me hicieran preguntas estúpidas. Me bastaba con ser un fantasma bien vestido.
Mientras camino apresurada, llegando un poco tarde a clases y no vi venir el impacto.
¡BAM!
Choqué contra algo duro y alto. Mi móvil se resbaló de mis dedos y cayó al suelo, aterrizando con un golpe sordo contra el azulejo.
—¡Disculpa! —dije, sin intención real de disculparme.
Levanté la vista. Era un chico. Un chico alto ,tenía el pelo oscuro y revuelto, como si acabara de salir de una ducha y no le hubiera importado secarse. Parecía... normal. Y esa era la peor ofensa que podía haber cometido.
Me arrodillé con desinterés para recoger mi móvil.
—No te molestes en levantarlo —dije, mi voz manteniendo ese tono plano que utilizo para alejar a la gente.
Él no me hizo caso y lo recogió primero. Sus dedos rozaron los míos cuando me lo entregó.
—Fue mi culpa. Estaba en las nubes. —Dijo con una sonrisa fácil.
—No te preocupes. Llego tarde. —Corté la interacción de raíz.
Le di la espalda inmediatamente, sin esperar su respuesta, y me fui caminando con la calma y la cadencia de alguien que acaba de terminar una conversación telefónica aburrida.
Mi corazón, sin embargo, latía un poco más rápido. No por el chico, sino por la vergüenza del accidente. Yo no cometo errores de ese tipo.
*
Horas después, almorzando en la cafetería con el tipo de comida gourmet ,mi amiga (y la única persona que mi padre me permite llamar 'contacto social') se sentó a mi lado. Con su grupito.
—¡Y cuéntanos! ¿Algún chismecito, Jennifer? —preguntó Clarissa, con una sonrisa demasiado grande y unos ojos llenos de esa clase de curiosidad que no es genuina, solo está interesada en mi apellido.
Clarissa es rica, pero nosotros somos más ricos.
Y esa es la única razón por la que estamos en la misma mesa.
—No, Clarissa. Es el primer día.no pasa nada interesante, hasta ahora.
El grupito de Clarissa se rio de forma forzada.
—Ay, ¡qué graciosa eres, jennifer! Siempre tan… fría.
—Es mi salvación —repliqué, dándole un sorbo a mi agua.
—Si fuera tan cálida como ustedes, probablemente ya me habría derretido bajo el sol de la falsedad.
—ya, chicas dejen en paz a mi jennifer— me sonrió.
Mi mejor amiga es la única que tiene cerebro, ese grupito nada que ver.
—chicas! Tengo una idea, hoy día maratón de películas—propuso Clarissa.
—me parece buena idea, yo me apunto—respondió Katherine.
—yo igual —Dijo mi mejor amiga mirándome con suplica. Solo faltaba yo decir “si”.
—Vale, cuenten conmigo.
—sabes, hoy ingreso una chica nueva , es mi compañera de la clase—me susurro sofia.
—que bien, y ¿ como te fue?, ¿te cae bien?.
—eh... No tanto, es amable pero su amabilidad me da un poco de asco—se rió—
—entonces lo tomare como un no.
—me contó que viene de Londres—lo decia desinteresada—no me dio la razón, tampoco quiero saberlo, en fin.
—lo que tú digas—le di una sonrisa.
—y que hay de ti,¿ hay personas nuevas en tú clase?
—a decir verdad, hay un chico nuevo,es medio raro,nada de importancia.
—ya decía yo, a ti nada te sorprende, así venga un sunami.
—ya basta, dejemos de hablar de personas insignificantes.
—¡tus deseos son órdenes!, mi querida musa.
—yaa dejaron de hablar entre ustedes, algo del cual me perdí—exclamó katherine.
—clarissa parece que tienes una nueva víctima— en tono burlona sofía se lo dijo.
—y ¿donde está?, no lo veo.
— es compañero de jennifer, nuevo estudiante,jenni ¿como se llama el chico?.
—nose... No me acuerdo— y es verdad, suelo olvidar los nombres cuando recién conozco, y más aún si no me interesa.
Me levanté de la mesa, dejando mi comida casi intacta. No tolero la sobremesa con extras.
—Voy por más agua.
Mientras caminaba hacia la máquina expendedora, sentí una mirada punzante en la nuca. Me giré casualmente.
Ahí estaba él. El chico nuevo de mi clase. Estaba sentado solo en una mesa alejada, comiendo una hamburguesa que se veía lamentablemente común. En lugar de estar ofendido por mi rechazo matutino.
me estaba mirando directamente.
Y por primera vez en todo el día, no pude mantener mi expresión de 'glaciar'. Sentí un ligero escalofrío en la espalda. Su mirada no era la de un 'normal'. Él me analizaba.