El eco de Anantashesha

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Summary

Un periodista investiga con su colega fotógrafo un extraño culto en la India que conecta a gente acaudalada y cabezas de las más importantes religiones, lo que descubrirá tendrá perturbadora consecuencias para toda la humanidad.

Genre
Horror
Author
J
Status
Ongoing
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
16+

Chapter 1

Un viento inusualmente frío se deslizaba por encima de las cálidas aguas del río Ganges que fluían oscuras bajo el cielo gris. Nadie presto atención al inesperado clima de ese día, ni siquiera los pobladores de la antigua ciudad de Varanasi, donde templos milenarios se alzaban como testigos de incontables historias, solo una persona pareció notar el cambio climático pero sabía que nadie le haría caso a cualquier advertencia que hiciera.

Por todo lo sagrado Aarav, presta atención a la ceremonia – le retaba el fotógrafo a su lado en voz baja – el jefe espera que hagamos el reportaje sin ninguna variación y evitemos problemas con los jefes locales.

Si, si, no te preocupes, tengo tus fotos para ayudarme en eso Martin – contesto el hombre de enormes ojos caoba esgrimiendo una mueca mientras regresaba a tomar anotaciones en su libreta sobre el culto a la serpiente.

El fotógrafo lanzo un suspiro y continuo tomando más fotos sobre ese culto secreto a y su ceremonia, no era el mejor trabajo del mundo para ninguno de los dos, en especial para el periodista de investigación Aarav Mehta,pero desde que fue desacreditado en su último reportaje sobre la corrupción en las esferas políticas de Pakistán tuvo que aceptar cualquier trabajo que se le presentara y cuando su viejo amigo de la universidad le propuso este reportaje su curiosidad y sus bolsillos vacíos pudo más que su orgullo.

Dicen que esta gente adora a un reptil del caos muy antiguo – susurro Martin haciendo un par de tomas extras – tuvimos suerte que nos dieron el dato sobre el lugar y fecha en la que se reunirían.

El periodista de piel cobriza apenas le puso atención, estaba demasiado ocupado memorizando sus acciones, ritos y los rostros de las personas que allí se encontraban, algunos fácilmente reconocibles.

Ya tengo las fotos necesarias, vámonos antes de que nos descubran – siseo el fotógrafo dando un pequeño empujoncito a su camarada.

¿Eh? Ah sí, claro – contesto Aarav levantándose con cuidado y siguiendo a su compañero.

Una leve sonrisa se dibujó en el rostro del periodista. Sabía que lo que tenía entre manos era una bomba periodística. Las imágenes captadas por su amigo, junto con las notas que él mismo había recopilado, lo confirmaban. Varios políticos y celebridades —algunos de renombre internacional— aparecían participando en el ritual fuera del peculiar templo. Ocultos ambos corresponsales fueron testigos de los extraños ritos que incluyeron sacrificios de animales y torturas usando serpientes venenosas. Con ese material, su regreso a los principales medios estaba asegurado. Podría así recuperar la carrera que, hasta hace pocos meses, lo había mantenido en lo alto. Sin embargo, cuando el editor recibió el material, convocó a ambos reporteros a una reunión privada sobre la última asignación.

¿Cómo que el reportaje será modificado y las fotos editadas? – inquirió molesto Aarav luego de que el editor hablar con ellos y les entregara un sobre de dinero con el doble de lo ofrecido.

Miren chicos, ustedes deben entender que nos veríamos inundados en demandas si esto saliera a la luz. –aseguro el editor recostándose en su silla – claro que publicaremos la nota pero eliminaremos y difuminaremos a los más destacados, recibimos solicitud de arriba que algunos de ellos salgan a la luz, ya saben, como sacrificio a las masas.

¡Eso es absurdo! – exclamo Martin – las pruebas están ahí, la verdad debe publicarse.

En ese momento, el editor soltó una carcajada al escuchar al joven fotógrafo. Tras unos minutos de sonoras risotadas, les aseguró a ambos que el pago ya había sido depositado, junto con un bono extra por su silencio.

Esto no puede quedar así, después de lo que vimos – murmuró el fotoperiodista mientras salía del edificio.

Lo sé – respondió su compañero –. Pero tenemos que ir con cautela y seguir investigando. ¿A qué se refería cuando dijo que “recibieron una orden desde arriba”? Él es quien decide qué se publica y qué no en este periódico.

A pesar de su crianza privilegiada, Aarav siempre mantuvo un firme compromiso con la verdad. Ese impulso lo había llevado a revelar redes de corrupción en distintos países, ganándose el respeto de periodistas y escritores. Por eso no fue difícil convencer al fotógrafo Martin Adler de continuar con la investigación.

¿Y si tu familia se entera? – quiso saber Martin inquieto.

Ellos nunca aprobaron mi trabajo, así que si están involucrados, son tan culpables como los demás – sentenció el reportero con el ceño fruncido, mientras la imagen de su extensa familia regresaba a su mente, esa sombra que siempre lo rodeaba aunque él intentara huir de ella.

Durante las semanas siguientes, los dos reporteros abrieron varias cuentas en redes sociales para exponer al culto.

Viejo, esto no está funcionando – comento un día Martín apareciendo en el departamento de su amigo con un enorme bolso de viaje.

¿De qué hablas?

Viajar desde Londres hasta aquí cada quince días es una maldita pesadilla – aseguró Martin al entrar, lanzando la maleta sobre el piso antes de dejarse caer en el sofá –. Por eso dejé la mayoría de mis cosas con la abuela, cancelé el contrato con mi casero y me quedaré aquí hasta que terminemos esta investigación.

Una sonrisa de satisfacción se dibujó en el rostro cobrizo de Aarav, por unos cortos instantes pensó que estaría solo cuando más necesitaba a su amigo.

Por supuesto viejo, quédate aquí el tiempo que quieras – suspiro el periodista – después de todo necesito a mi mejor fotógrafo para documentar esta noticia.

Oh viejo, soy el único que te aguanta – contesto con algo de ironía en su voz.

Los siguientes días la averiguación sobre ese extraño culto continuó entre antiguas villas, bibliotecas, archivos olvidados y entrevistas con historiadores. Sin embargo, poco a poco, sus cuentas fueron cerradas, bloqueadas o invadidas por mensajes que los ridiculizaban, tachándolos de fanáticos de teorías conspirativas.

Tras seis meses de gastos constantes y apenas comiendo lo necesario, ambos estaban al borde de rendirse. Fue entonces cuando una breve nota en un periódico digital llamó su atención: mencionaba la desaparición de varios políticos locales de la ciudad de Jaipur. Las autoridades, atrapadas en una red de corrupción, reaccionaban con una pasividad inquietante. El periodista sacudió a su camarada emocionado señalando la discrepancia entre la nota y la importancia que tenían esos políticos en la comunidad.

Esta es la señal que buscábamos, debemos ir a Jaipur.

La ciudad de Jaipur los recibió con un calor seco y sofocante. Las fachadas rosadas de la vieja metrópoli reflejaban una luz polvorienta que se pegaba a la piel como una segunda capa. En los mercados, el aire estaba cargado de incienso, sudor y especias; una mezcla embriagadora que mareaba al principio, pero que Martin, cámara en mano, capturaba con fascinación. Aarav, en cambio, no podía evitar observar cómo algunos rostros se giraban con demasiada frecuencia en su dirección.

Deja de gastar memoria en fotos turísticas, debemos tener en mente lo que vinimos a hacer – dijo Aarav inquieto.

Cálmate un poco viejo, estas fotos son geniales y tengo aun suficiente memoria para captar lo que necesites – aseguro el fotoperiodista.

Luego de preguntar a las autoridades locales sobre las desapariciones y recibir respuestas secas decidieron hacer caso a los rumores sobre un templo abandonado en las afueras y después de varias horas encontraron casi oculto entre la maleza el santuario con extraños murales y manuscritos corroídos por el moho. Mientras Martin captaba cada detalle del lugar su compañero empezó a revisar los textos tratando de recordar las lecciones de sus padres de griego, latín y dravidian hasta dar con el nombre: Anantashesha, la serpiente infinita, aquella que sostiene el universo mientras flota sobre el océano primordial. Aarav tomó nota en tanto que Martin fotografiaba un mural que mostraba a un grupo de figuras humanas adorando a una criatura de múltiples cabezas.

Esa misma noche, cuando intentaban salir del recinto, los interceptaron. Cuatro hombres, de movimientos secos y ojos extraños, los rodearon sin decir palabra. Martin retrocedió, pero uno de ellos se abalanzó con una velocidad inhumana, siseando con la lengua partida. Parecían reptar más que correr. Lograron escapar gracias a una distracción provocada por el destello del flash de Martin, pero desde entonces supieron que los seguían de cerca.

Huyeron corriendo hasta que sus pulmones estuvieron a punto de estallar, luego tomaron distintos buses y taxis deteniéndose en una villa remota. Allí, un ladrón intentó arrebatarle la cámara a Martin. En el forcejeo, el fotógrafo fue apuñalado en el estómago y terminó internado en un viejo hospital. La actitud de los doctores y enfermeras era extraña, tensa, susurrándose frases mientras los observaban haciendo que ambos empezaran a sentirse incómodos en ese lugar.

No sé si debería seguir aquí, viejo. Esta gente me observa demasiado – murmuró Martin, recostado en una cama de metal.

Es normal, casi te desangras – intentó tranquilizarlo Aarav.

No lo sé… el asaltante, los doctores. Todo esto me huele mal. Toma mi equipo y ve a la ciudad más cercana – dijo, entregándole la cámara con esfuerzo.

¿Estás seguro?

En este momento, es mejor separarnos. Lo importante es mantener el material a salvo.

Intrigado y preocupado, Aarav aceptó. Guardó todo en su mochila e hizo prometer a Martin que lo alcanzaría en su departamento en cuanto se estabilizara. Durante el trayecto en bus, comenzó a revisar las fotografías y notas. Entre símbolos y textos antiguos, halló paralelismos perturbadores con la figura de Anantashesha, el leviatán de la biblia cristiana y Jörmungandr, uno de los tres hijos de Loki, los tres seres, según antiguos relatos, provocan el fin de todo y quienes se acercaban a su presencia el olvido, la confusión y la locura.